Publicación mensual de 130 páginas. La liturgia del mes, los Evangelios comentados, artículos de reflexión y más…
Alimento del alma
Con el maná, pan del cielo, Dios alimentó al pueblo durante el camino. Con la Palabra que sale de Su boca, alimenta y nutre nuestro camino en la vida. Como el pan, la Palabra está allí dispuesta para ser saboreada, partida, masticada e incorporada a nuestro ser. Como el pan, no se trata de atragantarnos sin poder digerirla, sino de tomar cada día la porción necesaria, detenernos en ella y dejar que se vaya incorporando, que se vaya haciendo carne en nosotros, mientras la leemos en un clima de meditación y oración. Como el pan, la Palabra se hace más sabrosa cuando es compartida con alegría. Así los discípulos reconocieron a Jesús cuando Él partió el pan y entonces ellos se dieron cuenta que la Palabra les hacía arder el corazón.
Te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. (Dt 8,3) Palabra y pan, juntos, revelando a Jesucristo (cf. Lc 24, 30-32). Con alegría, entonces, compartimos la Palabra, este tesoro de Pan celestial, que nos fortalecerá cada día y para siempre.
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