Los días con Dios Noviembre 2018

Categoria: - Sep 22, 2018

Verdaderos hijos de Dios

Así lo expresa San Pablo en su reflexión sobre la oración, él nos dice que somos amados por Dios. Él nos dice que en su amor Dios nos ha destinado a ser sus hijos en Jesucristo. ¿Qué podría ser más asombroso que esto?

Por nuestro nacimiento natural, todos somos hijos de Dios, todos somos criaturas del único Creador. La imagen de Dios, la imago Dei, establece una profunda solidaridad natural entre todas las personas. Pero desde el principio, Dios destinó a la humanidad a algo más elevado: a convertirse en “hijos en el Hijo”. Dios llama a cada hombre y a cada mujer a ser atraídos a la Filiación divina de Jesucristo, y a nacer de nuevo, no por procesos naturales sino por el agua y por el Espíritu Santo. Es decir, por obra del Bautismo.

En este sacramento, el amor de Dios es derramado sobre nosotros a través de su Espíritu Santo y nuestro Padre nos dice las mismas palabras que le dijo a Jesús el día que en que fue bautizado en el río Jordán: “¡Tú eres mi hijo amado!” A la vez, nosotros podemos elevar nuestra voz a Él como lo hizo Jesús, clamando, “¡Abba! Padre.”

De modo que ésta es tu verdadera identidad: ¡Eres hijo de Dios! Jesús es tu hermano. Al haber renacido por el agua y por el Espíritu, todos somos ahora hijos de Dios, hermanos en su familia, que es la Iglesia.

Como todo buen padre, Dios tiene un hermoso sueño para tu vida: ¡el sueño de un Padre! Él sabe tu nombre, y tiene grandes planes para tu vida, ¡planes de amor y planes para tu gloria! Eres alguien especial para Dios, cada uno de nosotros lo es. ¡No hay nadie como tú y no hay nadie que pueda reemplazarte! Tenemos que creer esto y planear y vivir nuestras vidas en consecuencia.

Editorial