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Sor Ana Catalina
Emmerich nació y vivió en Alemania entre 1774 y 1824.
Sufrió en su propia carne los estigmas y dolores de Jesús
crucificado, y
recibió una serie de revelaciones mediante las cuales "vio"
no pocos
momentos de la vida de Jesús. Aquí extractamos y presentamos párrafos
referidos al nacimiento del Señor, recogidas de su boca por el
poeta
Clemente Brentano:
José y María ³entraron entonces en Belén, cuyas casas están
separadas unas
de otras por intervalos bastante largos. Se entraba a través de
escombros y
como por una puerta derruida. María se quedó tranquilamente junto
al asno al
principio de la calle, y José buscó inútilmente un alojamiento en
las
primeras casas, pues había muchos extranjeros en Belén y se veía
muchas
personas corriendo de un lado para otro. José volvió junto a María
y le dijo
que allí no era posible encontrar posada, y que era necesario
penetrar más
en la ciudad. Condujo al asno por el cabestro, mientras la Santísima
Virgen
caminaba a su lado.
"Esto se repitió varias veces, y con frecuencia tuvo la Santísima
Virgen que
esperar durante largo tiempo. En todas partes se le rechazó y
finalmente
tuvo que decir a María que era necesario ir a otra parte de Belén,
en la
cual hallaría sin duda lo que buscaba... Allí también fueron inútiles
todas
las tentativas. José lloraba, y María lo consoló.
"Le dijo que todo era inútil; pero que él conocía un sitio
fuera de la
ciudad donde los pastores se reunían a menudo cuando venían a Belén
con sus
rebaños, y que en aquel sitio podrían encontrar por lo menos un
abrigo. Él
conocía aquel lugar desde su juventud; cuando sus hermanos lo
atormentaban
se retiraba allí frecuentemente, para rezar fuera del alcance de
sus
persecuciones.
Un lugar en Belén
"En la extremidad meridional de la colina, alrededor de la cual
daba vuelta
el camino que conducía al valle de los pastores, se encontraba,
además de
varias otras abiertas en la roca, la gruta en la que José buscó un
abrigo
para la Santísima Virgen. La entrada que miraba hacia Poniente,
conducía por
un estrecho pasaje a una especie de habitación, redondeada por un
lado,
triangular por el otro, situada en la parte oriental de la colina.
La gruta
había sido abierta en la roca por la naturaleza, pero se habían
hecho
algunas reparaciones por medio de un tosco trabajo de mampostería.
"La entrada habitual de la gruta del Pesebre miraba hacia
Poniente. Desde
allí podían verse los techos de algunas casas de Belén. Saliendo
y dando
vuelta a la derecha, se llegaba a la entrada de una gruta más
profunda y más
oscura, en la cual se escondió una vez la Santísima Virgen.
³Delante de la entrada abierta al Poniente, había un techo de
junco apoyado
sobre unas estacas, que cubría también la entrada que se hallaba
de ese
lado, de manera que se podía estar a la sombra delante de la gruta.
En su
parte meridional, la gruta tenía tres aberturas enrejadas por donde
entraban
el aire y la luz; una abertura semejante se encontraba en la bóveda
de la
roca. Estaba cubierta de césped y formaba la extremidad de la
altura sobre
la cual estaba situada Belén².
El aposento
"El interior de la gruta era más o menos así: hacia el lado
del Poniente, se
entraba por una puerta de ramas entrelazadas, a un corredor no muy
ancho, el
cual terminaba en una habitación de forma irregular, mitad redonda,
mitad
triangular, que se prolongaba sobre todo hacia el lado del Mediodía,
de
manera que el plano de la gruta entera podía ser comparado a una
cabeza
reposando sobre el cuello.
³Cuando se pasaba del corredor -que era menos alto- a la gruta
abierta por
la naturaleza, se descendía a un piso más bajo; sin embargo, el
suelo se
alzaba alrededor de la gruta, la cual se hallaba rodeada como por un
banco
de piedra de anchura variable. Las paredes de la gruta, sin ser
completamente lisas, eran sin embargo bastante llanas y limpias, y
tenían
algo que me era agradable a la vista².
³Al Norte del corredor estaba la entrada de una gruta lateral más
pequeña.
Pasando delante de esta entrada, se llegaba al sitio en el que san
José
encendía el fuego; luego la pared daba vuelta al Noreste en la otra
gruta,
que era más espaciosa y más alta.
"En la parte oriental de esta gruta, frente a la entrada, fue
donde se
hallaba la Santísima Virgen cuando salió de Ella la luz del Mundo.
En la
parte que se extendía al Mediodía, estaba el Pesebre donde fue
adorado el
Niño Jesús. El Pesebre no era otra cosa que una gamella excavada
en la
piedra, que servía para dar de beber a los animales².
La Sagrada Familia en la gruta
³José condujo al asno bajo el alero que estaba delante de la boca
de la
gruta; preparó un asiento para la Santísima Virgen, que se sentó
mientras él
buscaba alguna luz y penetraba en la cueva. La entrada estaba algo
obstruida
por atados de paja y esteras apoyadas contra las paredes. Había
también
dentro de la gruta diversos objetos que estorbaban el paso, y José
la
despejó, preparando un sitio cómodo para la Santísima Virgen por
el lado del
Oriente. Colgó de la pared una lámpara encendida e hizo entrar a
María, la
cual se acostó sobre el lecho que él le había preparado con
algunas colchas
y envoltorios. José pidió humildemente perdón por no haberle
podido procurar
algo mejor que ese mal albergue; pero María, en su interior, se
sentía feliz
y llena de alegría.
"Cuando empezó el sábado, se puso José junto a la Santísima
Virgen, bajo la
lámpara, y recitó con Ella las oraciones correspondientes,
saliendo luego
para la ciudad. María se envolvió en sus ropas, preparándose al
descanso. La
Santísima Virgen pasó el sábado en la gruta del Pesebre rezando y
meditando
con gran fervor. José salió varias veces; probablemente fue a la
sinagoga de
Belén. Los vi comiendo alimentos preparados días antes, y rezar
juntos.
María había dicho a su esposo que el alumbramiento del niño tendría
lugar
aquel mismo día, a medianoche; pues en esa hora vencían los nueve
meses
transcurridos desde la salutación del Ángel del Señor. Ella le
había pedido
que estuviera dispuesto todo, de manera que pudiesen honrar lo mejor
posible, la entrada en el mundo del niño prometido por Dios y
concebido en
forma sobrenatural".
"Pidió también a José que rezara con Ella por las gentes de
duro corazón que
no habían querido darles hospitalidad. José le ofreció hacer
venir, para que
la asistieran, a dos piadosas mujeres de Belén que él conocía. La
Santísima
Virgen le dijo que no tenía necesidad del socorro de nadie².
³En cuanto se puso el sol, José fue a Belén y compró allí
algunos objetos
necesarios: una escudilla, una mesa pequeña, baja, frutas secas, y
pasa de
uvas, trayéndolo todo de vuelta a la gruta².
³La Santísima Virgen se sentó sobre su colcha. José continuó
preparando los
alimentos. Comieron y rezaron juntos. Cuando la Santísima Virgen le
dijo que
se acercaba la hora, y lo instó a ponerse a rezar, José colgó de
la bóveda
varias lámparas encendidas².
³Cuando volvió a ésta, y antes de entrar en su rincón, miró a
la Santísima
Virgen; la vio rezando de rodillas sobre su lecho. Estaba de
espaldas, y
miraba hacia el Oriente. Le pareció rodeada de llamas, y toda la
gruta
estaba como bañada por una luz sobrenatural. José miró todo esto
como Moisés
delante del zarzal ardiendo; luego, sobrecogido por un terror santo,
entró
en su celda y allí se prosternó.
Nacimiento de Jesucristo
"Vi la luz que envolvía a la Santísima Virgen tornarse cada
vez más
deslumbrante; el resplandor de la lámpara encendida por José ya no
era
visible. María, con su amplio vestido desceñido estaba arrodillada
en su
lecho, con la cara vuelta hacia el Oriente. Cuando llegó la
medianoche, fue
arrebatada en éxtasis. Yo la vi suspendida en el aire, a cierta
altura de la
tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho. El esplendor
luminoso
crecía a su alrededor; todo parecía sentir una emoción jubilosa,
hasta los
seres inanimados. La roca de que eran hechos el suelo y el atrio de
la gruta
parecían palpitar bajo la luz. Pero pronto ya no vi más la bóveda;
una vía
luminosa cuyo resplandor aumentaba sin cesar, iba desde María hasta
lo más
alto de los Cielos. Había allí un movimiento maravilloso de
glorias
celestiales, que al acercarse más y más, aparecían con toda
claridad bajo la
forma de coros de ángeles".
"La Santísima Virgen, alzada de la tierra en medio de su éxtasis,
oraba y
bajaba sus miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en
madre. El
débil niño recién nacido estaba acostado en el suelo delante de
Ella.
³Vi a nuestro Salvador bajo la forma de un pequeño niño luminoso,
cuyo
brillo eclipsaba todo el esplendor circundante, acostado sobre una
alfombra
ante las rodillas de la Santísima Virgen. Parecía que era muy
pequeñito y
que crecía bajo mis ojos; pero todo esto no era más que la
irradiación de
una luz tan deslumbradora, que no me es posible explicar cómo pude
verla.
"La Santísima Virgen quedóse todavía algún tiempo en medio
de su éxtasis.
Luego la vi cubrir al Niño con un paño, pero sin tocarlo y sin
tomarlo aún
en sus brazos. Poco después, vi al Niño Jesús que se movía y lo
oí llorar,
fue en ese instante cuando María pareció recuperar el uso de sus
sentidos.
Tomó al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto
y lo tuvo en
sus brazos contra su pecho. Se sentó luego, ocultándose toda Ella
con el
Niño bajo su velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces
alrededor de ella
a ángeles bajo forma humana, prosternarse ante el recién nacido y
adorarlo.
³Habría transcurrido ya una hora desde el nacimiento del Niño,
cuando María
llamó a san José, quien oraba todavía con el rostro contra la
tierra. Cuando
se hubo acercado, se prosternó lleno de júbilo, de humildad y de
fervor.
Solamente cuando María lo instó a apretar contra su corazón el
don sagrado
del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño Jesús entre sus
brazos y dio
gracias a Dios con lágrimas de alegría².
³Colocaron luego al pesebre, que habían llenado de cañas y lindas
plantas,
con una colcha tendida por encima. El Pesebre estaba sobre la
gamella cavada
en la roca, a la derecha de la entrada de la gruta, que se
ensanchaba allí
en dirección del Mediodía. Cuando hubieron colocado al Niño en el
Pesebre,
quedáronse los dos a su lado derramando lágrimas de alegría y
cantando
cánticos de alabanza. José colocó entonces el lecho de reposo y
el asiento
de la Santísima Virgen al lado del Pesebre. Yo la vi, antes y después
del
nacimiento de Jesús, arropada en un vestido blanco que la envolvía
por
entero".
"Pude verla allí durante los primeros días, sentada,
arrodillada, de pie, o
acostada sobre un lado y. durmiendo, pero jamás enferma ni fatigada².
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