LA
TAPA
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Las
visiones de Ana Catalina Emmerich refieren paso a paso a la
presencia de
la Santísima Virgen en cada momento de la pasión de Jesús. |
Sor Ana Catalina Emmerich nació y vivió
en Alemania entre 1774 y 1824. Su
vida de entrega y humildad la llevó a consagrarse al Señor a los 28
años de
edad como religiosa agustina. Tanta era su compenetración con el Señor
que
sufrió en su propia carne los estigmas y dolores del Crucificado, al
punto
de pasar buena parte de su vida postrada en cama alimentándose de la
sagrada
Comunión y muy poca comida.
En tales circunstancias tuvo visiones que le revelaron con extraordinario
detalle la pasión y muerte de Jesús, aún más de lo que refieren los
evangelios. El relato de su experiencia se lo dictó al poeta Clemente
Brentano, quien le puso por título "Revelaciones de la Pasión y
Muerte de
Jesús". Las visiones de Ana Catalina -quien está próxima a ser
declarada
beata- recobraron actualidad en los últimos meses cuando el actor y
director
cinematográfico Mel Gibson se basó en la obra de Brentano para realizar
su
película "La pasión", que próximamente se verá en las salas
de cine.
Aquí extractamos algunos párrafos del relato de sor Emmerich que
refieren la
presencia de María junto a su Hijo en las horas del Sacrificio.
En el huerto de los Olivos
"Durante esta agonía de Jesús, vi a la Virgen Santísima llena de
tristeza y
de amargura en casa de María, madre de Marcos. Estaba con Magdalena y
María
en el jardín de la casa, encorvada sobre una piedra y apoyada sobre sus
rodillas. Había enviado un mensajero a saber de Él, y no pudiendo
esperar su
vuelta, se fue inquieta con Magdalena y Salomé hasta el valle de Josafat.
Iba cubierta con un velo, y con frecuencia extendía sus brazos hacia el
monte de los Olivos, pues veía en espíritu a Jesús bañado de un sudor
de
sangre, y parecía que con sus manos extendidas quería limpiar la cara de
su
Hijo.
"Los Apóstoles se levantaron asustados, mirando alrededor con
inquietud.
Cuando se serenaron un poco, Pedro dijo con animación: OMaestro, voy a
llamar a los otros para que os defendamos". Pero Jesús le mostró a
cierta
distancia del valle, del lado opuesto del torrente de Cedrón, una tropa
de
hombres armados que se acercaban con faroles y le dijo que uno de ellos le
había denunciado. Les habló todavía con serenidad, les recomendó que
consolaran a su Madre, y les dijo: OVamos a su encuentro: me entregaré
sin
resistencia entre las manos de mis enemigos¹. Entonces salió del jardín
de
los Olivos con sus tres discípulos, y vino al encuentro de los soldados
en
el camino que estaba entre el jardín y Getsemaní".
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"¿Qué ha sido de Jesús, mi Hijo?"
"La Virgen Santísima, hallándose constantemente en comunicación
espiritual
con Jesús, sabía todo lo que le sucedía, y sufría con Él. Estaba como
Él en
oración continua por sus verdugos; pero su corazón materno clamaba
también a
Dios, para que no dejara cumplirse este crimen y que apartara esos dolores
de su santísimo Hijo. Tenía un vivo deseo de acercarse a Jesús, y
pidió a
Juan que la condujera cerca del sitio donde Jesús sufría (...) La Madre
de
Jesús contemplaba interiormente el suplicio de su Hijo, y lo conservaba
en
su corazón como todo lo demás, sufriendo en silencio como Él. Al llegar
a la
casa de Caifás, atravesó el patio exterior y se detuvo a la entrada del
interior, esperando que le abrieran la puerta. Ésta se abrió, y Pedro se
precipitó afuera, llorando amargamente. María le dijo: OSimón, ¿qué
ha sido
de Jesús, mi Hijo" Estas palabras penetraron hasta lo íntimo de su
alma. No
pudo resistir su mirada; pero María se fue a él, y le dijo con profunda
tristeza:"Simón, ¿no me respondes?". Entonces Pedro exclamó,
llorando: OOh,
Madre, no me hables. Lo han condenado a muerte, y yo le he negado tres
veces
vergonzosamente". María estaba en espíritu con Jesús; quería oír
los
suspiros de su Hijo y los oyó con las injurias de los que le rodeaban.

Pietá. Sandro Boticelli.
Origen del Via Cucis
"Durante esta discusión, la Madre de Jesús, Magdalena y Juan
estuvieron en
una esquina de la plaza, mirando y escuchando con un profundo dolor.
Cuando
Jesús fue conducido a Herodes, Juan acompañó a la Virgen y a Magdalena
por
todo el camino que había seguido Jesús. Así volvieron a casa de
Caifás, a
casa de Anás, a Ofel, a Getsemaní, al jardín de los Olivos, y en todos
los
sitios, donde el Señor se había caído o había sufrido, se paraban en
silencio, lloraban y sufrían con Él. La Virgen se prosternó más de una
vez,
y besó la tierra en los sitios en donde Jesús se había caído. Este fue
el
principio del Vía Crucis y de los honores rendidos a la Pasión de
Jesús, aún
antes que se cumpliera. La meditación de la Iglesia sobre los dolores de
su
Redentor comenzó en la flor más santa de la humanidad, en la Madre
virginal
del Hijo del hombre. La Virgen pura y sin mancha consagró para la Iglesia
el
Via Crucis, para recoger en todos los sitios, como piedras preciosas, los
inagotables méritos de Jesucristo; para recogerlos como flores sobre el
camino y ofrecerlos a su Padre celestial por todos los que tienen fe².
La flagelación
"Vi a la Virgen Santísima en un éxtasis continuo durante la
flagelación de
nuestro divino Redentor. Ella vio y sufrió con un amor y un dolor
indecibles
todo lo que sufría su Hijo. Muchas veces salían de su boca leves
quejidos y
sus ojos estaban bañados en lágrimas. Las santas mujeres, temblando de
dolor
y de inquietud, rodeaban a la Virgen y lloraban como si hubiesen esperado
su
sentencia de muerte. María tenía un vestido largo azul, y por encima una
capa de lana blanca y un velo de un blanco casi amarillo (...) La cara de
la
Virgen estaba pálida y desencajada, sus ojos colorados de las lágrimas.
No
puedo expresar su sencillez y dignidad (...) María, viendo a su Hijo
despedazado, conducido por los soldados, extendió las manos hacía Él y
siguió con los ojos las huellas ensangrentadas de sus pies. Habiéndose
apartado el pueblo, María y Magdalena se acercaron al sitio en donde
Jesús
había sido azotado; escondidas por las otras santas mujeres. Se bajaron
al
suelo cerca de la columna, y limpiaron por todas partes la sangre sagrada
de
Jesús.
"La dolorosa Madre de Jesús había salido de la plaza después de
pronunciada
la sentencia inicua, acompañada de Juan y de algunas mujeres; había
visitado
muchos sitios santificados por los padecimientos de Jesús; pero cuando el
sonido de la trompeta, el ruido del pueblo y la escolta de Pilatos
anunciaron la marcha para el Calvario, no pudo resistir al deseo de ver
todavía a su Divino Hijo (...)
María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni
verdugos;
no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la
casa en
medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su
lado, y
se abrazó a Él. Yo oí estas palabras: OHijo mío!¹ O¡Madre mía!¹
Pero no sé
si realmente fueron pronunciadas o sólo en el pensamiento. Hubo un
momento
de desorden: Juan y las santas mujeres querían levantar a María².
Crucifixión y muerte
"La Virgen se fue a casa de Lázaro, donde estaban las
otras santas mujeres,
y diecisiete de ellas se juntaron con Ella para seguir el camino de la
Pasión. Las vi cubiertas con sus velos, ir a la plaza, sin hacer caso de
las
injurias del pueblo, besar el suelo en donde Jesús había cargado con la
cruz, y así seguir adelante por todo el camino que había llevado. María
buscaba los vestigios de sus pasos, y mostraba a sus compañeras los
sitios
consagrados por alguna circunstancia dolorosa. De este modo la devoción
más
tierna de la Iglesia fue escrita por la primera vez en el corazón
maternal
de María (...) Subieron al Calvario... ¡Qué espectáculo para María el
ver
este sitio del suplicio, los clavos, los martillos, las cuerdas, la
terrible
cruz, los verdugos, empeñados en hacer los preparativos para la
crucifixión
(...)
La Virgen Santísima sentía todos los dolores de su Hijo: estaba cubierta
de
una palidez mortal y exhalaba gemidos de su pecho. Los fariseos la
llenaban
de insultos y de burlas (...)
Jesús levantó un poco la cabeza y dijo: O¡Padre mío, perdonadlos,
porque no
saben lo que hacen!¹ Gesrnas gritó: "Sí tú eres Cristo, sálvate
y sálvanos".
Dimas, el buen ladrón, estaba conmovido al ver que Jesús pedía por sus
enemigos. La Santísima Virgen, al oír la voz de su Hijo, se precipitó
hacia
la cruz... Mientras tanto la Virgen se sintió fortificada con la oración
de
su Hijo (...)
"Las tinieblas se aumentaban, y la cruz fue abandonada de todos,
excepto
María y por los más caros amigos del Salvador (...) María pedía
interiormente que Jesús la dejara morir con Él. El Salvador la miró con
una
ternura inefable, y volviendo los ojos hacia Juan, dijo a María: OMujer,
este es tu hijo". Después dijo a Juan: OEsta es tu Madre¹. Juan
besó
respetuosamente el pie de la cruz del Redentor. La Virgen Santísima se
sintió acabada de dolor, pensando que el momento se acercaba en que su
divino Hijo debía separarse de ella (...)
"A las tres, Jesús gritó en alta voz: "¡Eli, Eli, lamna
sabacthani!", lo que
significa O¡Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?¹² (...)
Cuando
María oyó la voz de su Hijo, nada pudo detenerla. Vino al pie de la cruz
con
Juan, María, hija de Cleofás, Magdalena y Salomé".
Madre piadosa
"Todos estaban conmovidos profundamente a la vista de la sangre del
Salvador, que había caído en un hoyo de la peña, al pie de la cruz.
Casio,
María, las santas mujeres y Juan recogieron la sangre y el agua en
frascos,
y limpiaron el suelo con paños (...)
Habiendo descendido el santo Cuerpo, lo envolvieron y lo pusieron en los
brazos de su Madre, que se los tendía poseída de dolor y de amor. Así
la
Virgen Santísima sostenía por última vez en sus brazos el cuerpo de su
querido Hijo, a quien no había podido dar ninguna prueba de su amor en
todo
su martirio; contempló sus heridas, cubrió de ósculos su cara
ensangrentada,
mientras Magdalena reposaba la suya sobre sus pies (...) María se
despidió
de Él en los términos más tiernos. Entonces los hombres lo tomaron de
los
brazos de su Madre y lo llevaron a un sitio más bajo que la cumbre del
Gólgota, que ofrecía gran comodidad para hacer el embalsamamiento².
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La
imagen de tapa
A la imagen que ilustra la tapa de esta edición de Todo María
constituye un
fragmento de la denominada Cristo o Cruz de la Unidad. Esta bella
composición artística surgió en Bellavista, Chile, en 1960 como
una ofrenda
a la Virgen por parte de la primera generación chilena de
sacerdotes de los
Padres del Movimiento Apostólico de Schoenstatt. Querían expresar
la imagen
de Cristo vivida y anunciada por su fundador, el padre José
Kentenich y
pedir a la Providencia el don de una unidad semejante a la que
muestra la
cruz entre Jesús y María.
En 1980, una réplica de esta cruz es obsequiada al Papa Juan Pablo
II, en
cuyo escudo episcopal también puede verse a María unida a su Hijo.
Su significado
La cruz destaca tres aspectos fundamentales:
* Cristo con María. La Biblia nos enseña que el plan de Dios
unió
indisolublemente la vida de Jesús a la de María. Él vino a
nosotros por
Ella: en su seno se hizo hombre, hermano nuestro, Buen Pastor; que
dio su
vida por nosotros. En la cruz, María estuvo también a su lado, se
asoció a
su sacrificio redentor y recibió el encargo de ser nuestra Madre.
Como tal,
nos ayuda a crecer en Él.
* Bajo la mirada del Padre. Sobre la cruz puede verse un ojo en un
triángulo
que simboliza la presencia de Dios Padre. Jesús sabe que su Padre
Dios lo
acompaña y cuida siempre desde lo alto. Esta permanente unión con
Él es toda
su riqueza. Para compartirla con nosotros, vino a la tierra a
revelarnos el
amor de su Padre, a hacernos sus hijos y enseñarnos a confiar
ciegamente en
Él y en sus planes, aún en el dolor. Desde la cruz, Jesús nos
llama a no
temer, porque el Padre puede vencer todo mal, liberarnos de él y
convertirlo
en fuente de vida y bendición como lo hizo con su propia muerte.
María,
testigo de ello, nos ayuda a creerle.
* Como fuente de unidad. Cristo nos une, con el Padre Dios y entre
nosotros,
mediante su espíritu que brota como manantial desde su corazón
abierto. En
la cruz está simbolizado por la sangre y el agua que María recibe
en su
cáliz. El Espíritu Santo nos hace hijos y hermanos, familia de
Dios. Su
fuerza nos impulsa a unirnos en torno al Padre a todos los hombres.
María
estuvo siempre llena de Él: en el Cenáculo lo imploró para los
apóstoles;
hoy lo implora también para nosotros como Iglesia de Cristo. |
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LO
INEXPLICABLE
El
ícono de agua
En el siglo XI, en la ciudad
ucraniana de Kiev, el rostro de la Santísima
Virgen quedó "retratado" en el agua de un manantial.
Desde
hace muchos siglos, Ucrania ha mostrado siempre una tierna y filial
veneración por la Madre de Dios. En 1037, el gran príncipe
Jeroslao realizó
la solemne consagración de la capital y del país a María como ³Reina
del
pueblo ucraniano². Miles de iglesias, monasterios y capillas por
todo el
país puestos bajo la advocación de la Virgen, encierran centenares
de
maravillosos íconos como testimonio de la devoción de un pueblo
que a lo
largo de su historia ha sufrido las afrentas del paganismo.
Vladimir El
Grande
El propio Vladimir de Kiev, reconocido como El Grande, abrazó el
cristianismo cuando ya estaba encaramado en el poder. Aunque nieto
de santa
Olga, era hijo del duque Sviatoslav de Kiev, pagano, y de una
esclava eslava
llamada Malfreda. Recibió el bautismo de manos de sacerdotes
griegos y tras
él lo hicieron, en el año 998, los habitantes de Kiev.
Su seguimiento del rito occidental pero en lengua eslava para que
todos
pudiesen comprenderlo (algo inaudito en aquellos años de la
Iglesia) lo
convirtieron en el fundador del catolicismo en la república
ucraniana.
Vladimir murió el 15 de julio de 1015 y fue enterrado cerca de Kiev
en la
iglesia de María, erigida por él. Es reconocido como santo y su
fiesta se
celebra el 15 de julio.
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San
Vladimir, fundador del catolisismo en Ucrania.
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Reina
de Ucrania
Jeroslao el Sabio (hijo de Vladimiro) en 1037 consagró su pueblo y
la ciudad
"a la gloriosa y prontísima auxiliadora de los cristianos, la
Santa Madre de
Dios", y construyó una iglesia junto a la gran puerta de la
ciudad a la que
dio el nombre de la Anunciación..
Son numerosas y muy veneradas las imágenes de Ucrania. Objeto de
gran
veneración en fue la Virgen de Pocwez, que desde el 4 de noviembre
de 1696
estuvo derramando lágrimas hasta el 8 de diciembre del mismo año.
En el agua
Nos dedicaremos especialmente a un conmovedor suceso acaecido hace
casi
medio siglo. Después de la segunda guerra mundial, la iglesia católica
fue
sañudamente martirizada en Ucrania. Irritados por la activa oposición
del
pueblo ucraniano, los bolcheviques dieron rienda suelta a su furor
contra
los centros de veneración mariana, confiscaron muchas imágenes o
las
destruyeron, pero durante largo tiempo no osaron atacar el ícono
milagroso
de Nuestra Señora de Zarvanytzia. Habían, sí, cerrado el
santuario, pero no
se habían atrevido a tocar el ícono. Los fieles de Zarvanytzia hacían
guardia día y noche, venerando la imagen sagrada y, al mismo
tiempo,
protegiéndola.
Hasta que en 1957 un pelotón armado de la policía bolchevique se
presentó en
el lugar, irrumpió en el santuario y se llevó el ícono por la
fuerza, pese a
la encarnizada resistencia presentada por la feligresía. El tañido
de las
campanas atrajo a los habitantes de los pueblos vecinos que
concurrieron a
reforzar la resistencia, pero el intento fue en vano. Pero ese mismo
día el
manantial existente bajo la capilla, reflejó una imagen en todo
semejante a
la confiscada por los bolcheviques. Los curiosos pudieron ver
reflejado en
el agua del manantial "Der Brunnen" (en alemán, "la
fuente") la imagen que
semejaba asombrosamene el rostro de la Señora, impregnado de una
profunda
tristeza. La noticia de tal acontecimiento se extendió como el
viento por
toda Ucrania. Y la gente comenzó a llegar en multitud desde toda
Ucrania.
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El ícono
vuelve a casa
Este
extraordinario despertar de la fe en el pueblo perturbó hondamente
a
los comunistas. Una comisión investigadora gubernamental arribó a
Zarvanytzia, proveniente de Kiev y vieron el reflejo del ícono
milagroso en
el agua del manantial, lo cual debieron de aceptar públicamente.
Una segunda
comisión llegó en 1958 directamente desde Moscú y partió con la
promesa de
que el ícono sustraído sería devuelto a su lugar de origen. La
peregrinación
de los fieles a Zarvanytzia fue cada vez más abundante desde
entonces. Y al
fin llegó el tan anhelado día, el 14 de octubre de 1958: los
soviets
devolvieron al pueblo su ícono. Y ahora se halla otra vez en su
antiguo
lugar. Los fieles consideran su devolución como una gran victoria
de su fe,
confirmada por un milagro de la Señora.
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Donatello.
Anunciación. Basílica de santa Croce. Firenze.
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Feligreses,
con el fondo del templo.
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