¿Por qué veneramos el crucifijo si ya Jesús ha resucitado?
El amor a la Cruz nos comunica la gracia para ser fieles en nuestras cruces unidas a la suya. Para el cristianismo siempre ha sido la cruz un signo de la victoria.

El hecho que Cristo ha resucitado es central en nuestra fe. Pero no podemos olvidar jamás su pasión, que es parte del mismo misterio pascual. Es con su muerte en la cruz que Cristo nos salvó.
La cruz siempre ha sido central para la fe cristiana. San Pablo proclama la cruz sin cesar. ¿Acaso no sabía él que Cristo ha resucitado?. Claro que sí, pero comprendía la importancia de tenerla siempre presente porque ella es el poder de Dios contra todas las fuerzas infernales que nos dominan: las fuerzas de la carne, es decir de nuestro ego. La carne tiende a su placer, su conveniencia, su engrandecimiento; la cruz pone a muerte todo eso para que reine el Amor
"Lo que es a mi, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mi, y yo para el mundo." - Gálatas 6,14
La Cruz, sea que tenga representado el cuerpo de nuestro Salvador o no, es el mismo signo. Pero los católicos solemos representarla con su cuerpo por el valor que tiene contemplar su pasión, el amor con que nos salvó.
La Cruz, es mencionada explícitamente 29 veces en el Nuevo Testamento. Muchas más veces se refiere a ella sin usar la palabra exacta. No es el madero en su sentido material en lo que ponemos nuestro corazón sino en Jesús que por nosotros colgó de él. Él es quién nos atrae. Jesús nos dijo:
"Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí". -Juan 12,32
Cristo transformó el sentido de la Cruz. Antes era la vergüenza e ignominia más grande posible, ahora es la gloria y la victoria máxima.
Al contemplar a Jesús en la Cruz tomamos conciencia de la seriedad de nuestros pecados, del amor que nos tiene y de la redención. El amor a la Cruz nos comunica la gracia para ser fieles en nuestras cruces unidas a la suya.
Los cristianos siempre han tenido la Cruz como signo de la victoria. Hay amplia evidencia que desde los primeros siglos se levantaban cruces como signo de la fe en Cristo.
A los que nos atacan por llevar la cruz en el cuello o tenerla en un lugar de honor en nuestras casas o por erguirla sobre un lugar visible, hemos de responder con San Pablo:
Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios. -I Corintios 1,18
Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. -I Corintios 1,23-24

Amigos de la Cruz

El tratado de san Luis María Grignion de Montfort sobre la necesidad y la práctica de la cruz está lleno de sabiduría divina, necesaria para la santidad y sin embargo rechazada por casi todos. Aquí se encuentra el secreto para ser verdaderos discípulos de Jesucristo.
El santo escribió una carta (1714) a la Asociación de los Amigos de la Cruz que él mismo fundó. Fue escrita al final de un retiro donde meditaba la Pasión mientras estaba obligado por la Iglesia al silencio. Su propósito era ayudarles a ver la centralidad de la cruz y cómo vivirla.
Todas las referencias de los párrafos siguientes le pertenecen, si no se advierte lo contrario. Decía Grignion que un Amigo de la Cruz:
-Es un hombre escogido por Dios.
-Entre mil personas que viven según los sentidos y la sola razón, vive con la luz pura de la fe y un amor vehemente a la cruz.
-Es un hombre que pasa por la tierra como extranjero
-Combate en el mundo, pero no huye de él.
Para estar Unidos,
-Los amigos de la cruz son más fuertes que los ejércitos del mundo.
-Los demonios se unen para perderos; uníos para derribarlos.
-Los avaros se unen para hacer negocio; únanse ustedes para conquistar los tesoros de la cruz.
Para triunfar sobre el demonio, el mundo y la carne:
-Con el amor a las humillaciones se derriba el orgullo de Satanás.
-Con el amor a la pobreza, se triunfa sobre la avaricia del mundo.
-Con el amor al dolor, se mortifica, la sensualidad de la carne.
¿Tienes verdadero deseo y voluntad de obrar así, con la gracia de Dios, con el poder de la Cruz y de Nuestra Señora de los Dolores?.
¿Utilizas los medios necesarios para conseguirlo?
¿Has entrado en el verdadero camino de la vida, que es el camino estrecho del Calvario o vas, sin darte cuenta, cediendo al camino ancho del mundo que conduce a la perdición?
¿Sabes que existe un camino que al hombre le parece recto y seguro pero en realidad lleva a la muerte?.
¿Sabes distinguir con certeza entre la voz de Jesús y su gracia y la del mundo y de la naturaleza? -"El que me sigue a mi no andará en tinieblas" (Jn. 8,12) "!Animo yo he vencido al mundo!" (Jn. 16,33).

Padre Jordi Rivero.


Oraciones de Santa Brígida
La patrona de Suecia y reformadora de las costumbres de la Iglesia medieval, recibió numerosas revelaciones del Altísimo.

Santa Brígida nació en la península escandinava hacia el siglo XIV. Decidida a dedicar su vida al Señor, tuvo una visión de Cristo crucificado. Cada día se levantaba al alba para orar frente a su crucifijo. Una mañana oyó que Jesús le decía: "Brígida, hija de Suecia, cumple el mandato de tus padres". El deseo de ellos era casar a Brígida con el joven Birger, de la casa de Nericia, no creyente, con quien tuvo cuatro hijos, el primero de los cuales cuando ella todavía contaba catorce años.
En tren de beneficencia y devota peregrinación por parte de Brígida, los esposos llegaron a Francia y España, donde Birger muere luego de convertirse e ingresar como monje cisterciense. Muere en febrero de 1344.
Brígida peregrinó luego a Tierra Santa y a Roma. Mediante cartas de inspiración divina instó a sucesivos Papas, residentes en Avignón, a retornar la Cátedra de Pedro a Roma y trabajar por la paz del mundo. Murió el 23 de julio de 1373. Sus obras, bajo el título de Revelaciones, abarcan ocho tomos conteniendo divinas inspiraciones y piadosas meditaciones.

Las siete oraciones

Oh, Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste esta oración en tu corazón. Tómala de mis labios hasta tu sagrado Corazón. Mejórala y complétala para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta oración. Que ésta se derrame sobre tu santa humanidad para la glorificación de tus dolorosas heridas y la preciosísima sangre que derramaste de ellas.

La Circuncisión
Padre Nuestro. Ave María

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de sangre como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente entre mis parientes.

1. La agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de su sudor de sangre como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno.

2. La Flagelación.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la preciosísima sangre de la flagelación como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y la preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes.

3. La Coronación de Espinas.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la Coronación de Espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra.

4. Cargando la Cruz.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el Camino a la Cruz, especialmente la santa herida en su hombro y su preciosísima sangre como expiación de mi negación de la Cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un verdadero amor a la Cruz.

5. La Crucifixión de Jesús.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y pies y los tres hilos de la preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las Santas Misas de la Tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre, por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la diáspora.

6. La Llaga del Costado de Jesús.
Padre Nuestro. Ave María.

Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Santa Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su Sagrado Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás! ¡Agua del costado de Cristo, lávame totalmente de las penitencias del pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las almas del Purgatorio! Amén.
Estas oraciones, como le han sido dadas por el Señor a Santa Brígida de Suecia, deben rezarse durante doce años. Él le prometió a todo el que las rezara las cinco gracias que se enumeran más abajo. En caso de que la persona que las rece muera antes de que pasen los doce años, el Señor aceptará estas oraciones como si se hubieran rezado en su totalidad. Si se salteara un día o un par de días con justa causa, podrán ser compensados luego.
Esta devoción ha sido declarada buena y recomendada tanto por el Sacro Collegio de Propaganda Fidei como por el Papa Clemente XII. Y el Papa Inocencio X confirmó esta revelación como venida del Señor.

Las Gracias prometidas son:
1. El alma que las reza no sufrirá ningún Purgatorio.
2. El alma que las reza será aceptada entre los mártires como si hubiera derramado su propia sangre por la fe.
3. El alma que las reza puede elegir a otros tres a quienes Jesús mantendrá luego en un estado de gracia suficiente para que se santifiquen.
4. Ninguno de las cuatro generaciones siguientes al alma que las reza se perderá.
5. El alma que las reza será consciente de su muerte un mes antes de que ocurra.


Cementerio y Catedral de Santa Brígida.

Home Page

Todo Jesús archivo