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Oraciones de Santa
Brígida |
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Santa Brígida nació en la
península escandinava hacia el siglo XIV. Decidida a dedicar su vida al
Señor, tuvo una visión de Cristo crucificado. Cada día se levantaba al
alba para orar frente a su crucifijo. Una mañana oyó que Jesús le
decía: "Brígida, hija de Suecia, cumple el mandato de tus
padres". El deseo de ellos era casar a Brígida con el joven Birger,
de la casa de Nericia, no creyente, con quien tuvo cuatro hijos, el
primero de los cuales cuando ella todavía contaba catorce años. Las siete oraciones Oh, Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste esta oración en tu corazón. Tómala de mis labios hasta tu sagrado Corazón. Mejórala y complétala para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta oración. Que ésta se derrame sobre tu santa humanidad para la glorificación de tus dolorosas heridas y la preciosísima sangre que derramaste de ellas. La
Circuncisión Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de sangre como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente entre mis parientes. 1. La
agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de su sudor de sangre como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno. 2. La
Flagelación. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la preciosísima sangre de la flagelación como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y la preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes. 3. La
Coronación de Espinas. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la Coronación de Espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra. 4. Cargando
la Cruz. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el Camino a la Cruz, especialmente la santa herida en su hombro y su preciosísima sangre como expiación de mi negación de la Cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un verdadero amor a la Cruz. 5. La
Crucifixión de Jesús. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y pies y los tres hilos de la preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las Santas Misas de la Tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre, por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la diáspora. 6. La Llaga
del Costado de Jesús. Padre Eterno, acepta como
dignas, por las necesidades de la Santa Iglesia y como expiación de los
pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó
de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con
nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su Sagrado
Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás!
¡Agua del costado de Cristo, lávame totalmente de las penitencias del
pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las
almas del Purgatorio! Amén. Las Gracias
prometidas son: |
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