La negación de Simón-Pedro
Tras negar dos veces a Jesús, creció en Pedro esa náusea que revuelve al hombre en odio contra sí mismo cuando toma conciencia de sus errores.

Mientras se desarrollaba el interrogatorio, algunos de los discípulos de Jesús, tras un momento de pánico, se recobraron. Se enteraron de adónde lo habían llevado y vinieron a merodear alrededor del palacio de los Sumos Sacerdotes. En Oriente, los patios de las casas ricas se pueblan de holgazanes, de clientes y de servidores. La noche primaveral era fría; satélites y criados habían encendido fuego en medio del patio. Alrededor de la hoguera, el círculo comentaba las noticias. Uno de los Apóstoles -Juan, sin duda, pues es el único que da este detalle en su Evangelio-, conocía un poco a Caifás y pudo mezclarse sin dificultad al grupo. Pedro lo había seguido y se calentaba también entre los demás. 

Un gallo en la madrugada

Llegó en esto una criada del Sumo Pontífice, una de esas muchachas que, según la costumbre judía, estaban encargadas de guardar la puerta. Vio a Pedro, se acercó a él y le observó con atención: "¡Aquí hay uno -dijo- que estaba con el Nazareno!". Y luego, mirándole bien a la cara, prosiguió: "Si, ¡tú estabas con Jesús de Galilea!". Todo el grupo esperó la respuesta de Pedro. Pero éste negó: "Mujer, no lo conozco. Ni siquiera entiendo lo que quieres decir".
Luego se apartó, salió del patio y fue hacia el vestíbulo. Cuando llegaba a él, otra criada le observó y gritó a los siervos: "¡Aquí hay uno que estaba de cierto con Jesús de Nazareth!". Y en este momento cantó el gallo. El Apóstol, demasiado absorto por la inquietud que le atenazaba el estómago, no paró mientes en ello. Volvió junto al fuego, como por bravata, y negó una vez más ser de Cristo. "¡No, os digo que no! No conozco para nada a ese hombre!". E incluso lo confirmó con juramento.
Pasó una hora; el incidente parecía olvidado. Pedro se mezcló en la conversación. Pero los campesinos de Galilea tenían un acento del terruño tan particular, que en Jerusalén se hacían reconocer en cuanto abrían la boca, lo mismo que en París uno de Auvernia. Confundían las letras del alfabeto y sus trabucamientos eran legendarios; se pretendía que no podían distinguirse, pronunciadas por ellos, las palabras 'inmar (cordero), camar (lana), hamar (vino) y hamor (asno).  

No era un cobarde

Los circunstantes le dijeron, pues: "¡Vamos, tú eres de la banda! Tu lenguaje te traiciona. ¡Tú eres galileo!". Y uno de los criados del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, concretó la acusación: "¿No te he visto yo con Él en el huerto?". Apretado así a preguntas por todas partes, el discípulo se arrojó de cabeza en la mentira. Multiplicó juramentos y protestas y, con grandes alardes de imprecaciones, siguió repitiendo: "¡Que no! ¡Que no! ¡Yo no conozco a ese hombre! ¡No sé lo que queréis decir!".
Sin embargo, Simón-Pedro no era cobarde. Lo había probado cuando el prendimiento. Pero hay naturalezas que, seguras de sí cuando el peligro se presenta, soportan mal sus proximidades. En su Epístola a los Gálatas, san Pablo refiere un incidente que tuvo por marco Antioquía y en el que san Pablo parece haber cedido a un movimiento anímico análogo, e incluso según la cruda expresión de san Pablo, resbalado en la "hipocresía", aceptando "vivir a la manera de los gentiles" (2, 11, 14). La falta de Pedro fue quizá menos cobardía física que respeto humano, ¡porque humana lo fue en demasía y cuán semejante a las nuestras! Por lo menos tuvo el mérito de autentificar perfectamente ese pasaje del Evangelio, pues ¿qué falsario lo hubiese inventado? ¿Y cómo lo hubiese aceptado san Marcos, que proporcionó el relato más detallado del episodio, si no lo hubiese sabido de excelente fuente, verosímilmente del mismo Pedro?. 


Caravaggio. La negación de Pedro.

Arrepentimiento

"En ese momento cantó el gallo por segunda vez". Según testigos, como el P. Lagrange, que han comprobado el canto del gallo en Judea al comienzo de abril, debían ser las dos y media o las tres. ¿Despertó la conciencia del apóstol aquel grito gutural en la noche? En aquel mismo instante apareció Jesús, rodeado por los guardias, saliendo de la sala de deliberación y atravesó el patio. No es necesario admitir que oyó las últimas negaciones del discípulo, pues para Aquel que atravesó a Natanael con una mirada, el secreto de los corazones se le entregaba siempre. Esa misma mirada alcanzó a Pedro. Y de pronto, le volvió el recuerdo de la predicción que le había sido hecha: "Antes de que el gallo haya cantado dos veces...". Creció en él esa náusea que revuelve al hombre en odio contra sí mismo cuando de pronto mide su abyección. Salió y, una vez fuera, se deshizo en lágrimas. 

La iglesia del pecado

Hoy, sobre el emplazamiento de una vieja basílica del siglo V cuyo nombre ha vuelto a tomar, se eleva una nueva iglesia que se llama San Pedro de Galicanto. Está a trescientos metros del Cenáculo, bastante lejos del emplazamiento tradicional del palacio de Caifás, lo cual se presta a discusión. "¡San Pedro del canto del gallo!". Ésta es, sin duda alguna, la única iglesia que en el mundo se haya elevado en memoria de un pecado, o de su arrepentimiento. Si tuvieran que edificarse otras por semejantes intenciones, la tierra estaría erizada de ellas... Pero quizá hay que evocar menos la traición del primero de los Apóstoles, por consoladora que sea para cada cual, que aquella mirada de justicia y de misericordia que Cristo le lanzó en la noche: "¡Ya ves tú, Pedro, lo que vales, presuntuoso de ti, que hablabas de defenderme! ¡No eres más que un hombre y, sin embargo es por ti, como por todos y por toda la debilidad de los hombres, por lo que voy a ofrecer mi vida y mi sufrimiento! ¡También tú estás perdonado!" (San Mateo, 26, 58, 69, 75; San Marcos 14, 54, 66, 72; San Lucas, 22, 55, 62; San Juan, 18, 17, 18; 2, 27).
Daniel-Rops: Jesús en su tiempo. 


Nicolás Tournier. Negación de Pedro.


La colina de las cruces
Cercana a una ciudad lituana, un promontorio natural expone una increíble demostración de fe tradicional.

En Lituania, ubicada a l3 Km. al noreste de la ciudad de Siauliai, y anunciada por puestos de artículos religiosos (sobre todo cruces, naturalmente) de todos los materiales posibles, se presenta a los visitantes una modesta altura sobre la cual se amontonan una sobre otra, en una selva impresionante, de cruces clavadas sobre el terreno o colgadas a las más grandes. En el ensanche frente a la colina está la gran cruz de leño con el Cristo de bronce, donada por Juan Pablo II en ocasión de su visita a la colina, el 7 de septiembre de 1993. 
La tradición de poner cruces en este sitio se remonta al resurgimiento nacional y a las revueltas antizaristas de la segunda mitad del siglo XIX. En la época soviética las cruces simbolizaban la resistencia lituana; por esto la colina era regularmente allanada por topadoras por las autoridades, tratando de derivarlas; sin embargo al día siguiente nuevamente estaban de pie, y así fueron aumentando las cruces, ya que no podían derrumbarlas, pues la fe era más grande que la fuerza de la policía.

Así fue que hasta el día de hoy, se puede ver cómo la gente sigue poniendo cruces que no dejan de ser nuevos actos de fe. Cuando el lugar fue visitado por el Santo Padre en 1993, el Pontífice bendijo toda la población de Lituania y toda la Europa cristiana. Un año después, la Colina de las Cruces recibió un valioso regalo del Papa, un crucifijo. 
La mirada del Cristo nos habla de pensar en los misterios y sentido de la Cruz. En el pasado, en el presente y futuro, la Cruz como centro de la vida del hombre. 

La vista del lugar es muy impresionante, se ve desde unos Kilómetros, esas cruces de victoria que se elevan en lo más alto del lugar como demostración del triunfo de Cristo ante los comunistas. Hoy hay más de 50.000 cruces, imágenes, cuadros de santos, y mástiles con estatuillas, muchos adornados con numerosos rosarios. La colina está decorada con bellísimas cruces ornamentadas. Cada cruz tiene su propia historia. 
Esta "colina de las cruces" es un medio para que muchas personas puedan demostrar la fe que tienen, pues el que peregrina lo hace sabiendo que hay cruces y la cruz representa a Cristo, También por los que llevan sus cruces porque hay otro que la hizo y el acto de fe es doble, de parte del que la hace y de parte del que la lleva.

Así se puede ver que se hacen cruces a costa de cualquier cosa; por ejemplo hay hechas de piedritas, de dos tronquitos atadas con una soga, de madera trabajada, de metal, de plástico, de bronce, de cualquier cosa que se pueda utilizar, pero se deja una cruz, como representación de la que se lleva o ha de llevarse.

Algo también muy bueno es que la cruz no espanta ni asusta, y así se puede ver que los judíos dejaron una estrella precedida por una cruz, los chinos, también pusieron un memorial al cual ya se encargaron de llenarlo de cruces; por lo tanto desde los lugares mas recónditos de la tierra, llegan a poner la cruz, pues la cruz no es una novedad, la cruz es parte de vida del hombre, sin la cual seria muy difícil alcanzar la vida eterna, ya que es el camino que Cristo nos muestra para poder luego gozar de su misma vida. 
Por lo tanto, el peregrino puede asegurar que una vez mas se puede ver que pase lo que pase, sea donde sea, gobierne quien crea gobernar, el mundo se olvide o no... la cruz siempre vence, pues es el modo de amar.

"Ave crux!" "Bienvenida, Cruz!". Un símbolo de fe, amor y sacrificio!".

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