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La basílica de San Juan de Letrán es la catedral del Papa como obispo de Roma. Fue erigida por el emperador Constantino, hacia el año 330, durante aquel breve período de euforia que conoció la Iglesia al salir de la gran persecución y antes de padecer los embates del arrianismo, que negaba la divinidad de Jesucristo. Surgieron entonces iglesias por todos los pueblos, hacia las que convergían gozosas las muchedumbres para celebrar su dedicación. La basílica de Letrán fue testigo, a lo largo de dieciséis siglos, de muchos acontecimientos. Hoy, el Papa celebra en Letrán la misa de la tarde del jueves santo, en el transcurso de la cual renueva el gesto de Cristo de lavar los pies a sus discípulos. El sucesor de Pedro es, al mismo tiempo, obispo de Roma y obispo de la Iglesia católica. Ambos ministerios son inseparables. Por esta razón, todas las iglesias de rito romano diseminadas a través del mundo tienen como cosa propia el celebrar el misterio de la única Iglesia de Cristo en la fiesta de la dedicación de la catedral de Roma. Numerosas reconstrucciones La historia de la
Basílica es compleja, puesto que con el paso de los siglos ha sufrido
terremotos, incendios y reconstrucciones. Debe su fundación a la
voluntad de Melquiades (o Milcíades), Papa entre los años 311 y 314, y
se erigió sobre los restos del antiguo cuartel de los "Equites
Singulares", terreno regalado al Papa por el emperador Constantino
para que levantase en ella la Catedral de Roma. Símbolo de la Iglesia Sobre la fachada de la Basílica
encontramos 15 estatuas de 7 metros de altura. La central representa a
Cristo, teniendo a los lados a san Juan Bautista y san Juan Evangelista.
Las demás representan a los Doctores de las Iglesias griega y latina,
aquellos que nos han explicado, profundizado y hecho amar la Palabra de
Dios. La basílica de San Juan de Letrán
es el símbolo de la misma Iglesia, la cual no propone sus propias
palabras, antes bien continúa proponiendo la Palabra de Dios en el
tiempo y en la historia, a través de la voz de los ministros y los
fieles.
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El altar papal La parte más interesante
del crucero es el hermoso baldaquino realizado por Giovanni di Stefano en
la segunda mitad del siglo XIV. Debajo, en el interior del altar papal, se
conservan las reliquias de lo que, según la tradición, es el antiguo
altar de madera sobre el cual en las edades paleocristiana y medieval
habrían celebrado los Papas.
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Santos
y Difuntos ¿Adónde van los que mueren? |
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Desde
niños creemos, para evitarnos traumas en relación con la muerte, que
morir es prácticamente lo mismo que irse al cielo, cuando en verdad este
lugar está reservado, por su propia naturaleza, sólo para los santos; es
decir, para las almas que ya no arrastran las secuelas que inevitablemente
deja el pecado. Las celebraciones católicas del 1º y el 2º de noviembre El primero de noviembre es
la celebración de Todos los Santos, es decir, de todos aquellos que,
suponemos, ya están en el cielo, gozando de Dios junto a los ángeles, la
Virgen María, los Apóstoles y todos los santos que conocemos. Lo cierto es que en esos días, además de las celebraciones particulares de cada región del mundo, los católicos acostumbran visitar los cementerios para arreglar las tumbas, colocarles flores y rezar «in situ» por las almas de los difuntos. Éstas acciones son ciertamente loables, por cuanto reflejan el cariño por los seres queridos que ya partieron, y que sin duda no pasan a ser una mera curiosidad antropológica cuando les falta lo esencial; es decir, cuando no van acompañadas de la oración, que es lo que realmente esas almas necesitan ahora. Oraciones por los difuntos La Iglesia siempre ha
difundido entre sus fieles la tradición de orar por las almas de los
difuntos. Estas pobres ánimas no pueden orar por su propia salvación , y
en cambio, oran incansablemente por la salvación nuestra. Seamos pues
solidarios al mismo tiempo que agradecidos y oremos por ellas. - Por el alma más
abandonada del Purgatorio. Independientemente que vayas a elevar oraciones personales y otros rezos por tus difuntos, te ofrecemos a continuación algunas plegarias para que intercedas por tus seres queridos que ya partieron Por los padres Oh Dios, que nos mandaste honrar a nuestro padre y a nuestra madre, sé clemente y misericordioso con sus almas; perdónales sus pecados y haz que un día pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Amén. Por los parientes y amigos Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, imploramos tu clemencia a favor de todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores que partieron de este mundo, para que, mediante la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, hagas que lleguen a participar de la bienaventuranza eterna; por Jesucristo, nuestro Señor, Amén. Por un difunto especial: Haz, Oh Dios omnipotente, que el alma de tu siervo o sierva ... (nombrar a la persona) que ha pasado de esta vida a la otra, purificada con estos sacrificios y libre de pecados, consiga el perdón y el descanso eterno. Amén. Por todos
los difuntos: O también: Dales Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua, que descansen en paz. Así sea. Visitando el cementerio Yo me postro sobre esta tierra, donde reposan los restos mortales de mis queridos padres, parientes, amigos y de todos mis hermanos en la fe que me han precedido en el camino de la eternidad. Mas ¿qué puedo hacer yo por ellos? ¡Oh Divino Jesús, que padeciendo y muriendo por nuestro amor nos compraste con el precio de tu sangre la eterna vida!; Yo sé que vives y escuchas mis plegarias, y que es copiosísima la gracia de tu redención. Perdona, pues, oh Dios misericordioso, a las almas de estos mis amados difuntos, líbrales de todas las penas y de todas las tribulaciones, y acógelas en el seno de tu bondad y en la alegre compañía de tus Ángeles y Santos, para que, libres de todo dolor y de toda angustia, te alaben, gocen y reinen contigo en el Paraíso de tu gloria por todos los siglos de los siglos. Amén. Graciela Fernández Criado |
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