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Arte
Experiencia espiritual a través de la música
Por S S Benedicto XVI
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Queridos hermanos en el episcopado y
en el sacerdocio estimado obispo Gerhard Ludwig, distinguidos
invitados de Ratisbona, estimados músi cos del queridoDomspatzen
querido Georg, estimados amigos de lengua italiana:
Escuchando hace un momento la Misa en do menor de Mozart,
recordaba cuando, en el lejano 1941, por iniciativa de mi
querido hermano Georg, nos dirigimos juntos al Festival de
Salzburgo. Pudimos entonces asistir a algunos conciertos
espléndidos y entre ellos, en la Basílica de la abadía de San
Pedro, a la ejecución de la Misa en do menor. Fue un momento
inolvidable, el culmen espiritual, diría, de aquella excursión
cultural nuestra. Precisamente por ello ha sido para nosotros
motivo de particular alegría, con ocasión del cumpleaños de mi
hermano, poder volver a escuchar esta magnífica y profunda
composición sacra del gran hijo de la ciudad de Salzburgo,
Wolfgang Amadeus Mozart. También en nombre de mi hermano, os
agradezco por este estupendo regalo que nos ha permitido revivir
momentos de extraord inaria intensidad espiritual y artística.
Querido Georg, queridos amigos, han pasado ya casi 70 años desde
cuando tomaste la iniciativa de ir juntos a Salzburgo, y en la
espléndida iglesia de la abadía de San Pedro, escuchamos juntos
la Misa en do menor de Mozart. Aunque yo entonces era un simple
muchacho, me dí cuenta, contigo, de que habíamos vivido algo
distinto a un simple concierto: había sido música en oración,
oficio divino, en el que habíamos podido captar algo de la
magnificencia y de la belleza del mismo Dios, y nos había
impresionado. Después de la guerra volvimos otras veces a
Salzburgo para escuchar la Misa en do menor, y es por esto que
está inscrita profundamente en nuestra biografía interior. La
tradición pretende que Mozart compuso esta Misa para cumplir un
voto: en agradecimiento por sus bodas con Constanze Weber. Así
se explican también los importantes solos de la soprano, en los
que Constance era llamada a poner voz a la gratitud y a la
alegría -gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam-,
gratitud por la bondad de Dios que le había impactado. Desde un
punto de vista estrictamente litúrgico se podría objetar que
estos grandes solos se alejan un poco de la sobriedad de la
liturgia romana, pero por contra se puede uno preguntar: ¿No
sentimos acaso la voz de la esposa, de la Iglesia, de la que nos
ha hablado hace un momento monseñor Gerhard Ludwig? ¿No es
quizás precisamente la voz de la esposa, que hace resonar en
ellos su propia alegría de ser amada por Cristo y su propio
amor, y así nos lleva como Iglesia viva ante Dios, en su
gratitud y su alegría? Mozart expresó con la grandeza de esta
música y de esta Misa, que supera toda individualidad, su
personalísimo agradecimiento. En esta hora, junto a ti, que rido
Georg, hemos agradecido a Dios, en la armonía de esta Misa, por
los 85 años de vida que Él te ha dado. El profesor Hommes, en la
publicación preparada para este concierto, ha subrayado con
vigor que la gratitud expresada en esta Misa no es una gratitud
superficial, expresada con ligereza por un hombre del Rococó,
sino que en esta Misa encuentra expresión también toda la
intensidad de su lucha interior, de su búsqueda del perdón, de
la misericordia de Dios y después, de estas profundidades, se
eleva radiante más que nunca la alegría en Dios.
Los 85 años de tu vida no han sido siempre fáciles. Cuando
naciste, acababa de terminar la inflación y la gente, también
nuestros padres, habían perdido todos sus ahorros. Después vino
la crisis económica mundial, la dictadura nazi, la guerra, la
prisión. Después, con nueva esperanza y alegría, en una Alemania
destruida y desangrada, empezamos nuestro camino. Y tampoco ahí
faltaron difíciles paredes escarpadas y túneles oscuros, pero
siempre hemos sentido la bondad de Dios que te ha llamado y
guiado. Desde el principio, muy pronto, se manifestó en ti esta
doble vocación: a la música y al sacerdocio, una abrazaba a la
otra, y así fuiste guiado en tus pasos y recorriste tu camino,
hasta que la Providencia te dio el cargo en Ratisbona, con el
Regensburger Domspatzen, en el que has podido servir
sacerdotalmente a la música y transmitir al mundo y a la
humanidad la alegría por la existencia de Dios a través de la
belleza de la música y del canto. También allí tuviste muchas
penas -cada prueba es una fatiga, podemos intuirlo y lo sabemos;
también otras fatigas...- -. Pero después, cuando el coro
resonaba brillante y llevaba al mundo la alegr&iacu te;a, la
belleza de Dios, todo volvía a ser grande y hermoso. Por esto
hoy damos gracias al buen Dios, junto a ti, por su providencia,
y también te damos las gracias, porque has empleado todas tus
fuerzas, tu disciplina, tu alegría, tu fantasía y tu creatividad
en estos treinta años con los Regensburger Domspatzen,
llevándonos siempre de nuevo a Dios.
Naturalmente, y sobre todo, estamos también contentos en este
momento, porque este coro desde hace mil años sin interrupción
canta la alabanza a Dios en la catedral de Ratisbona, y aun
siendo el coro de iglesia más antiguo del mundo, es sin embargo
joven, y con fuerza y belleza jóvenes nos ha cantado las
alabanzas de Dios. A vosotros, queridos Domspatzen, un cordial «Vergelt's
Gott», al maestro de capilla, a todos, de modo particular a la
orquesta y a los solistas que nos han devuelto el sonido
original de los tiempos d e Mozart. Un cordial agradecimiento a
todos vosotros.
Y dado que la vida humana es siempre incompleta, mientras
estamos en camino, en todo agradecimiento humano siempre hay
expectativa, esperanza y oración; y así rezamos al buen Dios
para que te dé, querido Georg, aún años buenos en que puedas
seguir viviendo la alegría de Dios y la alegría de la música, y
en los que puedas servir aún a los hombres como sacerdote. Y le
pedimos que nos permita a todos, un día, entrar en el concierto
celeste, para experimentar definitivamente la alegría de Dios.
Mientras renuevo en nombre de los huéspedes de lengua italiana
un ferviente agradecimiento a los promotores y a los
realizadores de esta bellísima iniciativa, auguro que la
espléndida música que hemos escuchado, en el contexto único de
la Capilla Sixtina, contribuya a profundizar nuestra relación
con Dios, s irva para reavivar en nuestro corazón la alegría que
brota de la fe, para que cada uno llegue a ser testigo
convencido en su propio ambiente cotidiano. Y naturalmente, un
gran gracias al Obispo y al capítulo de la catedral y a todos
aquellos que han contribuido a la realización de este concierto.
Con estos sentimientos imparto a todos con afecto la Bendición
Apostólica.
Traducción de la versión italiana sobre el original alemán,
publicada por L'Osservatore Romano en su edición del 19 de
enero, realizada por Inma Álvarez |
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Testigos
El Cardenal Alojzije Stepinac
Puntal de la Iglesia de
Croacia
Por José Luis Orella
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Sirviendo a la Iglesia, a su nación y a la libertad |
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Alojzije Stepinac nació el 8 de julio de 1898 en Krasic, cerca de
Zagreb. Era el quinto de nueve hijos, del segundo matrimonio de un
acomodado viticultor, Josip Stepinac con Bárbara Penic, después del
fallecimiento de la primera esposa, con la cual había tenido los
tres primeros.
El joven Alojzije estudió en la escuela primaria de Krasic, y la
secundaria en Zagreb, desde el año 1909 hasta el 1915. El sexto año
se trasladó al liceo del Arzobispado donde esperaba ingresar en el
seminario para ordenarse sacerdote.
Pero la Primera Guerra Mundial había estallado en 1914 y fue llamado
a filas por el ejército Austro-Húngaro. Su primer destino fue Rijeka
(Fiume), a la Escuela para Oficiales de Reserva, donde recibió
durante seis meses su instrucción de oficial. Al finalizar el curso,
fue enviado como teniente al frente italiano en 1917, en los Alpes,
donde estuvo al mando de una unidad compuesta de soldados bosnios,
que tienen muy buena fama de ser buenos guerreros. Sin embargo, su
captura por los italianos tuvo la desafortuna de informar a su
familia sobre su fallecimiento en combate. El cautiverio italiano
duró poco, hasta el 6 de diciembre 1918, pasando por los campos de
prisioneros de Mestre, en Venecia, Ferrara y Nocere-Umbre.
En aquel tiempo que coincidió la disolución del Imperio
Austrohúngaro y la creación del primer estado yugoeslavo del "Reino
de serbios, croatas y eslovenos", aunque bajo el control de los
serbios, se presentó voluntario para la legión yugoeslava, unidad
formada por los aliados con prisioneros eslavos. El nuevo recluta
Stepinac fue enviado al frente de Tesalónica, en Grecia, para luchar
con los búlgaros, que eran aliados de los imperios centrales.
En 1919 fue dado de baja, regresó a su casa y se inscribió en la
Facultad de Agronomía de Zagreb. Sin embargo, regresó a su pueblo,
donde trabajó en los viñedos de su padre. Tuvo novia, con la cual
estuvo a punto de casarse, pero ella rompió la relación. En 1924,
con 26 años, Stepinac volvió a sentir firmemente la vocación
sacerdotal que tuvo que abandonar cuando fue llamado a filas en
1915. El joven croata ingreó en el colegio Germanicum de Roma.
Estuvo siete años en la Universidad Pontificia Gregoriana, donde
gracias a una beca americana, terminó sus estudios de filosofía y
teología con dos doctorados. Para entonces hablaba el serbocroata,
el italiano, el francés, el alemán y el latín. En 1930, con 32 años,
era ordenado sacerdote en Roma, aquello colmaba la máxima ilusión de
su madre, quien había ayunado dos días a la semana durante su vida
para pedir que le llegase la vocación a su hijo.
Cura y obispo
El joven sacerdote trabajó en primer lugar en la Catedral de Zagreb
y después fue administrador transitorio de las parroquias de Samobor
y San Juan Zelina. Su buena labor llevó a que el Arzobispo de
Zagreb, el Dr. Antun Bauer, confiase en él para su sucesión, pero se
encontró con la negativa de Stepinac, quien no se consideraba apto
todavía para el episcopado. Sin embargo, el arzobispo no cejó, y con
la aprobación de Roma e incluso del gobierno yugoeslavo de Belgrado,
tuvo que aceptar finalmente.
El 30 de mayo de1934 el Papa Pío XI nombraba al Dr. Alojzije
Stepinac arzobispo adjunto con derecho a heredar la sede del
Arzobispado de Zagreb, y se convertía en el arzobispo más joven del
mundo. En ese mismo año fallecía su padre, pero su madre aún vivirá
hasta 1948.
En diciembre de 1937 después de la muerte del Arzobispo Bauer,
Stepinac asumió la dirección del Arzobispado de Zagreb. Aquellos no
eran buenos momentos, el mundo sufría la fuerte recesión económica
del crac de 1929, y en Yugoeslavia la represión serbia contra los
croatas se había acentuado después del asesinato en el parlamento
del líder de la minoría croata Stepan Radic. Por su parte, los
nacionalistas croatas habían asesinado junto a los macedonios al rey
de Yugoeslavia en Marsella en 1934. La situación era por tanto muy
delicada, con la nefasta regencia del príncipe Pablo.
El joven arzobispo de Zagreb quería celebrar en condiciones en 1941,
los festejos de los 1.300 años de la conversión de los croatas al
cristianismo romano occidental. En ese año, la neutralidad del país
se perdió, un golpe de estado propició un gobierno probritánico que
actuaría contra la retaguardia italiana en Albania, en aquel momento
territorio italiano.
Aquello motivó la invasión por parte del III Reich que se hizo con
el país, pero no pudo evitar su desmembramiento. Parte fue ocupado
por Alemania, Italia, Hungría y Bulgaria. Serbia reducida a un
territorio mínimo se mantuvo con un gobierno militar proalemán. Por
su parte, Croacia obtuvo la independencia albergando en su seno a
Bosnia-Herzegovina. El gobierno fue otorgado a Ante Pavelic,
nacionalista croata exiliado en Italia, quien basó el régimen de sus
ustachas en los principios del corporativismo católico. Sin embargo,
la pluralidad social de los habitantes del nuevo país planteaba
problemas.
Guerra civil
Los musulmanes hicieron una buena armonía con los católicos croatas,
pero la minoría serbia ortodoxa, alimentó las guerrillas
nacionalistas serbias y las comunistas. A su vez, el gobierno croata
presionó de forma agresiva por la conversión al catolicismo de los
cismáticos serbios. Aquello se decantó en una dura guerra civil,
donde no se hacían prisioneros por ninguna parte. Entretanto, los
alemanes conseguían buenas relaciones por haber destinado
funcionarios de origen austríaco a la zona balcánica, conocedores de
su antiguo imperio. No obstante, Stepinac, quien como defensor de la
persona, de la verdad y de la moral, no tenía problemas con el
gobierno croata, si lo tuvo cuando los alemanes procedieron a las
deportaciones de la minoría judía.
Stepinac se convirtió en el portavoz y defensor de todos los
perseguidos durante la guerra. Cuando terminó la guerra mundial,
Yugoeslavia resucitó de su cenizas como república federal comunista,
donde estaba integrada Croacia.
Genocidio
El mariscal Tito “pacíficó” Croacia cometiendo uno de los mayores
genocidios, asesinando en Bleiburg a 200.000 croatas y eslovenos. El
arzobispo Stepinac fue respetado en un principio, siendo tentado de
formar una “iglesia patriótica”, a lo que se negó por su fidelidad a
la Santa Sede. Entonces se le acusó por su protección a los débiles,
de ser la cabeza de los ustachas en el interior del país.
La difamación se hacía de manera pública, intentando acusarlo de
motivaciones políticas contra el orden comunista. Finalmente el 18
de septiembre de 1946 fue arrestado y enjuiciado. Sus acusaciones
fueron de cooperación con los alemanes, ocupación de cargo con los
ustachas (como arzobispo de Zagreb fue capellán-jefe de las fuerzas
armadas croatas), y oponerse al gobierno comunista. Como los
testigos eran favorables, el tribunal rechazo a 27 de 35, siendo
arrestados algunos de ellos por contrarrevolucionarios. Entre ellos
había declaraciones de judíos perseguidos y de serbios que habían
sido protegidos por el arzobispo.
Prisionero
En octubre fue condenado a 16 años de trabajos forzados y
encarcelado en Lepoglava hasta el 6 de diciembre de 1951. Fue
entonces cuando fue trasladado y condenado a arresto domiciliario en
su lugar natal, Krasic, donde la policía evitó su contacto con los
fieles. Sin embargo, los comunistas intentaron que pidiese un
amnistía a Tito y se exiliase en el extranjero, pero el arzobispo se
negó a abandonar a su gente, y exigió un nuevo juicio por parte de
un tribunal independiente.
Por su parte, el Papa Pío XII le nombró el 29 de noviembre de 1952
nuevo cardenal de la Iglesia Católica, hecho que causó la ruptura de
relaciones diplomáticas del Vaticano con la República comunista de
Yugoeslavia. Fue en aquel momento cuando el nuevo príncipe de la
Iglesia empezó a sentirse peor. Para entonces dos obispos, el uniata
y el Dubrovnik, el Dr. Janko Imrak y el Dr. Josip Caric,
respectivamente habían sido asesinados por orden del gobierno. Al
cardenal Stepinac se le recomendó seguir un tratamiento médico en el
extranjero, a lo cual se negó, por creer con fundamento que se le
negaría la vuelta. El resultado fue que enfermó de policitemia vera,
de lo cual murió el 10 de febrero de 1960, entre graves sospechas de
haber sido envenenado por orden de los comunistas. En 1988 fue
beatificado por el Papa Juan Pablo II.
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