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Fiesta

El misterio de la Navidad
 

Mensaje de S. S. Benedicto XVI durante la
Audiencia General del 19 de diciembre de 2007

Queridos hermanos y hermanas: En estos días, a medida que nos acercamos a la gran fiesta de Navidad, la liturgia nos invita a intensificar nuestra preparación, poniéndonos a disposición muchos textos bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, que nos estimulan a comprender cada vez mejor el sentido y el valor de esta celebración anual.
La Navidad, por una parte, nos hace conmemorar el prodigio increíble del nacimiento del Hijo unigénito de Dios de la Virgen María en la cueva de Belén; y, por otra, nos exhorta también a esperar, velando y orando, a nuestro Redentor, que en el último día "vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos".
Quizá hoy también nosotros, los creyentes, esperamos realmente al Juez; ahora bien, todos esperamos justicia. Vemos tantas injusticias en el mundo, en nuestro pequeño mundo, en casa, en el barrio, así como en el gran mundo de los Estados, de las sociedades. Y esperamos que se haga justicia. La justicia es un concepto abstracto: se hace justicia. Nosotros esperamos que venga concretamente quien puede hacer justicia. En este sentido, oramos: "Ven, Señor Jesucristo, como Juez. Ven a tu manera".
El Señor sabe cómo entrar en el mundo y crear justicia. Pedimos que el Señor, el Juez, nos responda; que realmente cree justicia en el mundo. Esperamos justicia, pero no puede ser sólo expresión de una exigencia con respecto a los demás. Esperar justicia en el sentido cristiano significa sobre todo que nosotros mismos comenzamos a vivir ante los ojos del Juez, según los criterios del Juez; que comenzamos a vivir en su presencia, realizando la justicia en nuestra vida. Así, realizando la justicia, poniéndonos en presencia del Juez, esperamos la justicia en la realidad.
Este es el sentido del Adviento, de la vigilancia. La vigilancia del Adviento quiere decir vivir ante los ojos del Juez, preparándonos así nosotros mismos y preparando al mundo para la justicia. Por tanto, de esta manera, viviendo ante los ojos del Dios-Juez, podemos preparar al mundo para la venida de su Hijo, disponer el corazón para acoger "al Señor que viene".
El Niño, a quien hace unos dos mil años adoraron los pastores en una cueva en la noche de Belén, no se cansa de visitarnos en la vida cotidiana, mientras como peregrinos nos encaminamos hacia el Reino. En su espera, el creyente se hace intérprete de las esperanzas de toda la humanidad; la humanidad anhela la justicia; así, aunque frecuentemente de una manera inconsciente, espera a Dios, espera la salvación que sólo Dios puede darnos. Para nosotros, los cristianos, esta espera se caracteriza por la oración asidua, como se muestra en la serie particularmente sugestiva de invocaciones que se nos proponen durante estos días de la Novena de Navidad tanto en el aleluya de la misa, como en la antífona antes del cántico del Magnificat en las Vísperas.
Cada una de las invocaciones, que imploran la venida de la Sabiduría, del Sol de justicia, del Dios-con-nosotros, contiene una oración dirigida al Esperado de los pueblos para que apresure su venida. Ahora bien, invocar el don del nacimiento del Salvador prometido significa también comprometerse para preparar el camino, para predisponer una digna morada no sólo en el ambiente en torno a nosotros, sino sobre todo en nuestra alma.
Dejándonos guiar por el evangelista san Juan, tratemos por tanto de dirigir en estos días nuestro pensamiento y nuestro corazón al Verbo eterno, al Logos, a la Palabra que se hizo carne y de cuya plenitud hemos recibido gracia sobre gracia (cf. Jn 1, 14.16). Esta fe en el Logos Creador, en la Palabra que creó el mundo, en Aquel que vino como un Niño, esta fe y su gran esperanza, por desgracia, hoy parecen alejadas de la realidad de la vida de cada día, pública o privada. Parece que esta verdad es demasiado grande. Nosotros mismos nos arreglamos según nuestras posibilidades, al menos eso es lo que parece. Pero así el mundo resulta cada vez más caótico e incluso violento: lo comprobamos cada día. Y la luz de Dios, la luz de la Verdad, se apaga. La vida se vuelve oscura y sin brújula.
¡Qué importante es, por tanto, ser realmente creyentes! Como creyentes, reafirmemos con fuerza, con nuestra vida, el misterio de salvación que trae consigo la celebración de la Navidad de Cristo. En Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad. Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene festejar la Navidad? La celebración se vacía. Ante todo nosotros, los cristianos debemos reafirmar con profunda y sentida convicción la verdad del Nacimiento de Cristo para testimoniar delante de todos la conciencia de un don inaudito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos. De aquí brota el deber de la evangelización, que es precisamente comunicar este eu-angelion, esta "buena nueva". Es lo que ha recordado recientemente el documento de la Congregación para la doctrina de la fe titulado: "Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización", que quiero presentar a vuestra reflexión y profundización personal y comunitaria.
Queridos amigos, en esta preparación inmediata a la Navidad, la oración de la Iglesia se hace más intensa, para que se realicen las esperanzas de paz, de salvación, de justicia, de las que el mundo tiene necesidad urgente. Pidamos a Dios que la violencia sea vencida con la fuerza del amor, que los enfrentamientos cedan el paso a la reconciliación, que la prepotencia se transforme en deseo de perdón, de justicia y de paz. Que los deseos de bondad y de amor que nos intercambiamos en estos días lleguen a todos los ambientes de nuestra vida cotidiana. Que la paz esté en nuestros corazones, para que se abran a la acción de la gracia de Dios. Que la paz reine en las familias, para que pasen la Navidad unidas ante el belén (pesebre) y el árbol lleno de luces. Que el mensaje de solidaridad y de acogida que brota de la Navidad contribuya a crear una sensibilidad más profunda ante las antiguas y nuevas formas de pobreza, ante el bien común, en el que todos estamos llamados a participar. Que todos los miembros de la comunidad familiar, en especial los niños, los ancianos, las personas más débiles, puedan sentir el calor de esta fiesta, y que se dilate después durante todos los días del año.
Que la Navidad sea para todos la fiesta de la paz y de la alegría: alegría por el nacimiento del Salvador, Príncipe de la paz. Como los pastores, apresuremos ya desde ahora nuestro paso hacia Belén. Así, en el corazón de la Nochebuena también nosotros podremos contemplar al "Niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre", junto con María y José (Lc 2, 12.16).
Pidamos al Señor que abra nuestra alma para que podamos entrar en el misterio de su Nacimiento. María, que donó su seno virginal al Verbo de Dios, que lo contempló niño entre sus brazos maternos, y que sigue ofreciéndolo a todos como Redentor del mundo, nos ayude a hacer de la próxima Navidad una ocasión de crecimiento en el conocimiento y en el amor de Cristo. Este es el deseo que expreso con afecto a todos vosotros, que estáis aquí presentes, a vuestras familias y a vuestros seres queridos.
¡Feliz Navidad a todos!

 

Testimonios

La “noche oscura” de Teresa de Calcuta
 

Según el postulador de su causa de canonización


MÉXICO (ZENIT.org-El Observador).- La capilla votiva de la antigua basílica de Guadalupe fue el escenario donde se llevó a cabo la presentación del libro "Ven, sé mi luz. Las cartas privadas de la Santa de Calcuta", por su editor el padre Brian Kolodiejchuck, M.C., publicado por la editorial Planeta Testimonio.
En esta recopilación, el editor, que se encargó de recopilar la información sobre la religiosa de origen albanés para su causa de beatificación, descubrió aspectos escondidos de la vida espiritual de la Madre Teresa.
Acompañado de monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz, rector de la antigua basílica de Guadalupe, explicó que en 1942 la religiosa hizo un voto privado de nunca negar a Dios. Más tarde, al hacer su trabajo en las calles de Calcuta la madre experimentó la oscuridad espiritual y la aceptó.
En el ejemplar se recogen las cartas, en su mayoría inéditas, de la religiosa que escribió a sus más cercanos confidentes durante sesenta años, en las que se descubre su desolación al sentirse rechazada por Dios (una especie de noche del alma).
El también postulador de la causa de la canonización de la madre Teresa explicó al auditorio que "Jesús compartió con ella el sufrimiento que experimentó en el Huerto de los Olivos, en la Cruz, y de esta manera se puede entender la unión con Jesús a través de la oscuridad".
"Ahora sabemos que ella estaba experimentando esa unión con Jesús, y también con las muchas personas que estaban en la misma situación de falta de amor y de cariño", aclaró.

Entrevista

Al término de la presentación del libro, el padre Kolodiejchuck, concedió entrevista a Zenit-El Observador, en la que aclaró en qué consiste esta experiencia del "rechazo de Dios".
"Estas experiencias de rechazo llamadas noches oscuras, también las experimentaron otros santos. La madre Teresa llegó a la unión mística con Dios y experimentó este sentimiento", aclaró.
Sin embargo, añadió, "esta oscuridad es apostólica, es decir, es diferente a lo que estaba pasando en sus sentimientos, en su mente y en su voluntad, que estaban enfocados a Dios".
Según el sacerdote la clave para entender este "rechazo" está en "una carta dirigida a Jesús en la que aceptó aún por toda la eternidad no negar nada a Dios".
Esto implicaba que no le negaba ni siquiera el sentimiento de sentirse rechazada por él.
"En otra misiva escribió que estuvo a punto de quebrar, sin embargo recordó su voto y siguió", aclara.
Con la edición de este libro, afirma el misionero, ha querido que "todos puedan entender algo de su intimidad", "entender de sus propias palabras cómo vivió su amor y su fe en Jesús".
"Este libro es para todos, pero especialmente para los que se encuentran en algún tipo de oscuridad, los más pobres entre los pobres", concluye.


Sergio Estrada

Centro de Difusión de la Buena Prensa Nueva Lectura - Ediciones Anteriores