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Testigos

Santa María Magdalena de Pazzi
El tesoro escondido en la Iglesia
Por Chiara Vasciaveo (*)

A los cuatrocientos años de su muerte, algunos estudios y documentos inéditos arrojan nueva luz sobre la espiritualidad “pascual” y gozosa de la santa mística de Florencia

El 25 de mayo de 2007 se celebró el cuarto centenario de la muerte de santa María Magdalena (1566-1607), carmelita florentina, maestra de vida espiritual. Era tanta la fama de su santidad difundida entre el pueblo y el clero que, muy pronto, en 1611, comenzaron los procesos para su beatificación. El 8 de mayo de 1626 fue proclamada beata por Urbano VIII y el 28 de abril de 1669 fue canonizada por Clemente IX.
Importantes estudiosos afirman que «María Magdalena de Pazzi, con Angela de Foligno y Catalina de Siena, es la escritora espiritual italiana más conocida»1. Muchos testimonios importantes del catolicismo han estimado su testimonio y su palabra. Venerables como Diomira del Verbo Encarnado (Margherita Allegri, 1651-1677) de las Hermanas Establecidas en la Caridad (Filipinas de Florencia), beatos como Hipólito Galantini († 1619) o santos como Alfonso María de Ligorio (1696-1787)2 y Teresa de Lisieux (1873-1897)3, sintieron una significativa veneración por la mística de Florencia.
A Pablo VI le gustaba releer sus obras, mientras que don Divo Barsotti, en su última visita a las monjas de Careggi, no sentía temor a la hora de declarar, con intensos toques autobiográficos: «Santa María Magdalena vive su misión de amor por nosotros… Por eso quisiera confiar mi persona y toda la comunidad de San Sergio a santa María Magdalena… Ella fue la amiga, la ayuda, la luz de mi camino. Le estamos muy agradecidos por esto. Nunca hubiera pensado que se nos diera aquí abajo una experiencia viva y profunda, especialmente divina»4.
Por desgracia, una devoción poco iluminada y cultores impróvidos de su testimonio divulgaron con textos e imágenes la visión barroca de la santa (es decir, una especial interpretación de sus vivencias, indulgente sobre los hechos extraordinarios) descuidando sus palabras. Estas, fuertes e incisivas, son capaces de imprimirse a fuego en quienes las escuchan en una perentoria petición de renovación eclesial. Quizá por esto, son pocos los que acuden a los textos auténticos de la carmelita incluso en este centenario, con los riesgos que pueden intuirse.
En la santidad cristiana existen modelos diferentes de santidad. Generalmente son más “fáciles” y comprendidas las misiones caracterizadas por el servicio de la caridad y de la misericordia. Más compleja es la acogida de dones proféticos, caracterizados no tanto “por el anuncio del futuro”, cuanto por auténtico misterio espiritual, en la escucha de la Palabra, autentificado por la coherencia de la vida.

Una vida escondida

La biografía de santa María Magdalena está caracterizada por pocos acontecimientos. Catalina nació en una de las familias más importantes de la nobleza florentina, de Maria Buondelmonti y de Camillo di Geri de’ Pazzi, el 2 de abril de 1566. Era la segundogénita. En dos períodos (de 1574 a 1578, y de 1580 a 1581) fue educanda en San Giovannino de las Cavalieresse de Malta. Quizá todavía demasiado joven decidió convertirse en monja carmelita, entrando en Santa María de los Ángeles a la edad de dieciséis años (27 de noviembre de 1582), al poco de terminar el Concilio de Trento (1545-1563).
Los primeros cinco años de vida monástica son los más conocidos de su biografía. “Abstracciones”, “raptos”, dramatizaciones de episodios evangélicos se entrelazaban con la vida ordinaria de la joven carmelita. En realidad, bajo estas etiquetas se agrupa una variedad de fenómenos muy distintos fundados en la meditación orante de la Palabra. En el gran Carmelo de Santa María de los Ángeles (el más antiguo de la Orden), que contaba con casi ochenta monjas en el período en el que vivió Magdalena, había varias con un alto perfil cultural, como la madre Evangelista del Giocondo y Pacifica del Tovaglia, amiga y una de las principales “secretarias” de la santa.
Durante unos veinte años estuvo ocupada silenciosamente en la oración y las labores propias de la vida monástica. Fue vicaria en la acogida de las jóvenes que venían a la forestería (1586-1589), se dedicó también a la formación de las jóvenes a partir de 1589, y luego fue subpriora desde 1604. Cayó enferma y pasó los últimos tres años de su vida afligida en el cuerpo y el espíritu, apagándose el 25 de mayo de 1607, a los cuarenta y un años.

«Si Dios es comunicativo»

El Carmelo de Santa María de los Ángeles llevaba varios años ligado a los círculos femeninos savonarolianos. Hacía tiempo que circulaban en él testimonios y fuentes manuscritas sobre mujeres célebres y estimadas como las dominicas santa Caterina de los Ricci de Prato (1522-1590) y la beata Maria Bartolomea de los Bagnesi (1514-1577), cuyo cuerpo sigue venerándose todavía en el Carmelo florentino. Su confesor se convirtió a partir de 1563 en el gobernador del monasterio.
Se ha aludido a la importancia de la Escritura. Una testigo precisaba durante el testimonio canónico: «Me acuerdo especialmente que ella cada sábado, tomando el libro de los evangelios, del evangelio que caía el domingo siguiente tomaba dos o tres puntos a su elección y sobre ellos se ejercitaba en la meditación toda la semana, en la cual meditación consumía alrededor de dos horas por la mañana y una por la noche» (Sum 57). De esa familiaridad, crecida en contextos franciscanos y dominicos, brotó su personal comprensión de Dios como Dios comunicativo.
La efusión sobreabundante del Espíritu, acogida especialmente en Pentecostés de 1585, llevó a la joven carmelita por los caminos austeros de un desierto hecho con la fatiga de la criatura y de la Iglesia al dar cabida a esa gracia y a la necesidad de crecer en la misericordia de un Dios que es «arrebatadísimo Padre», Verbo dador de un «beso de paz» y Espíritu, fuego transformador5. Con toda seguridad, más allá de los exagerados sentimentalismos, inopinadamente absolutizados por sus devotos, es la centralidad de la Trinidad en la vida espiritual y en la vida eclesial el don más grande que ella puede ofrecerle a nuestro tiempo.
De este modo, en el encuentro con el Dios comunión, santa María Magdalena fue enriquecida no solo por un gozo profundo, sino también por una gradual toma de conciencia de lo inadecuadamente que tantos hombres y mujeres, incluidos los externamente cristianos y a veces, aún peor, religiosos y curas, responden a la ofrenda del Hijo y de su Espíritu. Amar a Cristo, para santa María Magdalena, no significó detenerse solo afectivamente en la consideración de sus llagas físicas, sino hacer crecer un amor apasionado por el cuerpo herido y lacerado de Cristo que es la Iglesia. Acoger a Cristo supuso para ella, por ejemplo, abrir los ojos al desencanto de sus expectativas sobre una vida religiosa pobre de relaciones fraternales, aunque rica en ritos.
Amar a Cristo y a su Iglesia, pese a la mediocridad –ella decía la «maldita tibieza»– de muchos bautizados y «cristos» (sacerdotes), fue para ella desde luego «Infierno y Paraíso juntos». Y se comprende entonces cómo el único don del Espíritu la “obligó”, como a santa Catalina y a Savonarola, a una obra estimada pero de hecho desoída de «renovatione de la Iglesia».
Pese a ello, tanto mediante los encuentros interpersonales como mediante las cartas dictadas (aunque no siempre enviadas) incluso al Papa y a los cardenales, ella respondió por su parte a la misión recibida, llamando a todos a una vida personal y eclesial fundada en la desnudez del Evangelio.

«Para ser esposa y no sierva»

La mística magdaleniana, en la escuela de Catalina de Siena, es mística eclesial que llama a la conversión a todo el pueblo de Dios, no para “reprobarlo”, como sostienen algunos, sino para que ante el Espíritu que llama, alguien «se abra a ese don».
Es hermoso el testimonio (encontrado en original) que el 1 de mayo de 1595 daba la priora Evangelista: «Yo, sor Vangelista, en honor del eterno Padre. Yo recuerdo cómo sor María Magdalena hoy este día primero de mayo de 1595 le ha prometido a Dios querer ser su esposa y no sierva para mayor honor suyo y para que se complazca en ella y mayor ayuda de su donación, ha prometido caminar desnuda con su Dios y oír solo su voz y de quienes cuidan su lugar y cuando tuviere alguna duda tomar consejo antes que nada del Cristo desnudo y del alma más desnuda que vieren sus ojos y de sus superiores»6.
Según los textos y no los comentarios, parece ser que el centro de la experiencia magdaleniana no se concentraba en el sufrimiento (creado también por los problemas de salud y por una ascesis poco equilibrada), sino que consistía en profundizar teologalmente en una alianza esponsal con el Señor, repleta de “amor puro”, a ella le gustaba decir «muerto», es decir, de esposa. Ella vivió de este amor pascual, arraigado en la sangre divinizadora de la Eucaristía, gracias al soplo del Espíritu. De esta acogida surgió su frágil palabra de mujer, moldeada por la fuerza del Evangelio. De todo esto es humilde testimonio su cuerpo incorrupto, venerado en el carmelo florentino de Santa María de los Ángeles, y guardado por la presencia orante, aún hoy, de sus hermanas de hábito.
Un tesoro escondido que redescubrir para la Iglesia florentina y para la Iglesia universal. Don Barsotti esperaba que un día santa María Magdalena fuera reconocida doctora de la Iglesia. Los muchos peregrinos que desde varios continentes, por caminos casi impensables, la “encuentran” y se acercan a su cuerpo hacen reflexionar sobre la necesidad de que se oiga su voz y se cumpla su misión.

(*) Docente y estudiosa de santa María Magdalena de Pazzi
Tomado de 30 Giorni

 

Iglesia

Las riquezas de la Iglesia
Por el Pbro. Dr. Eduardo Volpacchio (*)

Si la Iglesia posee tesoros ¿por qué no los vende y ayuda a los pobres?
¿En verdad esto sería la mejor solución? Conoce las respuestas.
Los tesoros vaticanos... ¿Por qué la Iglesia tiene tantos tesoros en el Vaticano mientras hay tantos pobres en el mundo?
Esta sencilla frase hace sufrir a muchos católicos. Se sienten mal al escucharla y no saben qué pensar, contestar, explicar... ellos mismos se quedan un poco confundidos.



Con el asunto de las riquezas de la Iglesia, no es claro qué es lo que se cuestiona o critica. Lo primero que se observa al analizar la cuestión es la falta de datos y acusaciones concretas. Estamos frente a un cuestionamiento difuso, nada claro, sin datos. Porque nunca es claro a qué riquezas se refiere, qué es lo malo de esas riquezas hipotéticas, quiénes son los culpables (porque los pobres también son parte de la Iglesia), y exactamente cuál es la culpa, qué es lo que se espera que la Iglesia debería hacer, etc.
A simple vista lo primero que se intuye es que se trataría de una acusación a la Iglesia de insensibilidad ante el problema de la pobreza: ¿cómo es posible que la Iglesia viva con tantas riquezas cuando hay tantos pobres en el mundo? Esta acusación se presentaría como hecho que desacreditaría a la Iglesia en cuanto tal: es decir, una institución que vive semejante hipocresía (decir que ama a los pobres, mientras está llena de riquezas que no pone al servicio de los mismos) no sería digna de ser tomada en cuenta, ni creída, ni aceptada. Ésta sería una de las mayores vergüenzas de la Iglesia, ante la cual no habría defensa ni explicación posible.
Lo real ¿De qué riquezas estamos hablando?
Seamos serios, que alguien aporte datos. Si se da por supuesto que en el Vaticano hay grandes tesoros que se diga ¿qué tipo de tesoros? ¿joyas, cuentas bancarias...? ¿dónde están? ¿cuánto es su valor? Pero uno comienza a preguntarse, ¿acaso alguien considera a la Iglesia como una institución millonaria? ¿Quién pensaría encontrar obispos en las revistas con listas de millonarios tipo Fortune? ¿Tiene la Iglesia fines de lucro? ¿Da dividendos...? ¿Cotiza en bolsa?
La acusación, de entrada, sugiere cosas falsas: la vida lujosa del Papa, obispos, curas, monjas, etc., que serían quienes usufructuarían de esos tesoros. Afán de lucro escondido bajo la excusa de la religión... Además estimula imaginaciones frondosas: al hablar de “tesoros” uno imagina cuartos llenos de lingotes de oro, cofres llenos de joyas, películas de piratas...
Pero en la realidad, ¿a qué “riquezas” se refieren? Basta que mires las pertenencias de la Iglesia que están a tu alcance -tu parroquia, tu catedral...- para no encontrar cosas lujosas por ningún lado. Los “tesoros” -como los llaman- son un tesoro cultural, espiritual, histórico, pues se trata de iglesias, imágenes, cuadros, frescos, cálices, ornamentos, ... Esos “tesoros” no tienen ningún valor comercial, ni financiero. Están dedicados al culto divino en iglesias o expuestos en Museos que conservan el patrimonio cultural de dos mil años de cristianismo.
¿Una solución al problema de la pobreza?
Desde el punto de vista económico.. .y si rematamos todo ¿qué pasa?
Antes de entrar en el problema de fondo y demostrar que estamos frente a un debate artificial y sin sentido... detengámonos a considerar el tema desde el mero punto de vista utilitario: lo inútil de una supuesta venta del Vaticano. Porque el anónimo acusador insinúa que la Iglesia debería deshacerse de todo... para el bien de los pobres... y de los millonarios que participarían del remate... Bueno, hagamos números.
Cuánto representa en plata todo lo contenido en el Vaticano? No tengo ni idea... pero digamos ¿cien millones de dólares? ¿mil? ¿diez mil?... ¿Qué es eso para el problema del hambre o del subdesarrollo? ¿Alguien de buena fe puede pensar que sería una solución real para los problemas de los pobres? Si se vendiera todo... ¿a cuántos ayudaría durante un día? ¿serviría para algo? ¿No sería más bien un empobrecimiento inútil de la Iglesia? ... (lo que en realidad estarían deseando los acusadores... aunque se contentan con sembrar desprestigio con argumentos sentimentales y vacíos de valor racional).
En realidad, desde el punto de vista económico, el solo hecho de plantear el problema de las riquezas del Vaticano es algo prehistórico, ya que hoy en día la riqueza no está dada por la propiedad de algunos terrenos o piezas de museo sino por marcas (¿cuánto valen los logos de Mc Donald’s, Shell, Coca o Telefónica?), acciones en Bolsa, etc. Y de este género de riqueza -la que es real riqueza hoy- la Iglesia no tiene nada (ni siquiera tiene la Biblia patentada...).
Cualquier Estado del mundo con un pequeño porcentaje de su presupuesto anual podría posiblemente aportar mucho más que la venta total de todo el Vaticano, territorio incluído.
Además, el problema de la pobreza no se arregla con una donación: es un problema de desarrollo y requiere un flujo permanente de recursos. Por ejemplo, ¿de qué serviría la donación de un hospital a un país que no contara con recursos para mantenerlo, pagar sueldos, comprar medicinas...? Hacer funcionar un hospital en no mucho tiempo es más caro que el hospital mismo... La deuda externa argentina ha llegado a los 250 mil millones... Si se tratara de vender todo lo que existe en Argentina para pagarla... no alcanzaría... Esto muestra que nadie puede seriamente proponer que vendiendo cuatro imágenes, tres iglesias y unos cuadros... se podría arreglar algún problema de pobreza.
Es como proponer que le vendamos a los ingleses las Malvinas a cambio de una disminución de la deuda externa... No creo que los mexicanos sientan mucha felicidad cuando piensan que vendieron Texas a los Estado Unidos... Desprenderse de la tierra que contiene la propia historia y valores artísticos y culturales... no es un gran negocio para nadie. La pérdida del patrimonio cultural conduce a la pérdida de la propia identidad.
El patrimonio de los pobres
Además, contrariamente a lo que la acusación sugiere, las supuestas riquezas de la Iglesia son patrimonio de los pobres, que lo sienten como suyo, porque realmente lo son.
Un botón de muestra. Cuando Juan Pablo II hizo su primer viaje a Brasil, después de una ceremonia salió del protocolo, se metió en medio de una favela y visitó una familia. Conmovido, les dejó de regalo su anillo de Papa. ¿Vos pensás que fueron lo suficientemente idiotas como para venderlo por su peso en oro y comprarse unas cocas...? Es su tesoro, lo conservan en la capillita de la favela. Los pobres son pobres, pero no tontos...
¿Y qué pobre argentino no se siente orgulloso de la basílica de Luján? ¿Acaso preferiría vendérsela a los musulmanes para que la transformen en una mezquita y que el fruto de la venta se reparta entre los pobres argentinos a los que tocaría quizá menos de un peso a cada uno... para comprarse un “choripán”? ¿Pensás que sería un buen negocio para los pobres?
Nunca he escuchado a un pobre quejarse de supuesta riqueza de su parroquia o capilla.., en cambio los he visto trabajar y sacrificarse duramente para mejorarla. Son los que con más orgullo muestran sus “tesoros”.
Además, la experiencia también enseña... En los ‘60 y ‘70 hubo algunos sacerdotes que, quizá víctimas de esta acusación, vendieron imágenes, cálices, custodias... ¿Qué pasó con el fruto de su venta? Lo único claro es que no existe más...
¿Alguien puede pensar que esos cálices están mejor en vitrinas de las casas de los ricos que en un altar de cualquier iglesia?
¿Por qué la Iglesia tiene bienes?

Yendo al fondo de la cuestión. ¿Cuál es el problema de los supuestos tesoros vaticanos? ¿Es malo que la Iglesia tenga bienes? ¿Qué conserve obras de arte? ¿De dónde los saca? ¿A quién perjudica el tenerlos? ¿Es acaso contrario a la enseñanza de Cristo?
En realidad no existe ningún problema. Basta recordar el elogio de Jesús a María por haber derramado un perfume carísimo sobre sus pies y a la viuda que puso todo lo que tenía como limosna al templo. Es más, es lógico que necesite bienes materiales. Como no está compuesta sólo por ángeles, para enseñar a la gente el camino al cielo necesita edificios, bibliotecas, computadoras, autos... Para dar culto a Dios necesita templos, altares... Para ayudar a la piedad necesita imágenes, libros... Para enseñar a las gentes necesita escuelas, universidades... No parece que en estos dos mil años la Iglesia se haya dedicado a acumular dinero: esos “tesoros” acumulados en dos mil años de donaciones... son objetos de culto, etc. Normalmente quienes han cuidado de esos bienes han sido personas que vivieron voluntariamente la pobreza, que dejaron todo por seguir a Cristo, que no han tenido nada de patrimonio personal.
¿Qué bienes tiene la Iglesia? Los que juzga necesarios para el cumplimiento de su misión, que es de orden exclusivamente espiritual.
Si lees la Sagrada Escritura descubrirás que la magnificencia del culto divino es un mandato que la Iglesia ha recibido de Dios. Tratando de dar a .Dios cosas buenas... está siendo fiel a lo que su Señor le ha pedido.
La tan vapuleada riqueza está compuesta por cosas que no se guardan con avaricia, sino que se usan en el ejercicio de la misión de la Iglesia. Por ejemplo, anualmente por la basílica de San Pedro pasan cuatro millones de peregrinos..., se celebran veinte mil misas, hay ochenta ceremonias solemnes... de las que unas treinta son presididas por el Santo Padre... O sea que tiene un uso bastante más intenso que la cancha de River... ¿Te parecería razonable vender la Pietá de Miguel Angel y poner en su reemplazo una copia de plástico inflable para que la gente le rece?
Por otro lado los cuida, los usa y les saca el jugo bastante bien. La Basílica de San Pedro tiene 500 años... lo que mostraría que está bastante amortizada... que fue una idea genial hacerla con buenos materiales.., que la hacen tan barata a largo plazo...
Por otro lado, la acusación parece sugerir una conexión entre las “riquezas” y la pobreza de los pobres. Pero, no hay relación alguna entre la belleza de la Basílica de San Pedro y la pobreza de una villa de Buenos Aires... Creo que es suficientemente claro que la primera no es la causa de la segunda. Por tanto no veo porqué conectar ambas cosas. Carece de sentido hacerlo. El problema es inventado, no es real.
Si se fuera coherente con el planteo, ¿porqué no poner también en tela de juicio al Islam y las mezquitas; el judaísmo y las sinagogas.., y hasta el edificio del congreso, la casa rosada, todos los museos, los Mc Donalds, shopping centers, el parque de la costa, los boliches.., en fin, con todo lo que no sea un rancho miserable?... Y comenzando por tu propia casa: ¿cómo puedes vivir ahí mientras haya gente que se muere de hambre? Este cuestionamiento carece de sentido.
¿Por qué podría estar mal que la Iglesia tenga templos lindos? ¿Qué aportaría a la bondad de la Iglesia la fealdad y la pobretería?
¿Es necesaria la belleza? ¿la historia?
Como los “tesoros” de los que se habla son básicamente artísticos y forman parte del patrimonio histórico de la Iglesia, parece necesario plantearse si la belleza es buena o mala, si tiene alguna función en la vida humana.
Definitivamente, la belleza mueve al espíritu. Eleva del materialismo... Hace un gran bien al alma. Rezar frente a una imagen linda inspira, eleva el alma. Como criaturas espirituales, el arte es una de las manifestaciones más altas del espíritu humano. Nos eleva y dignifica.
La historia es parte de nuestro ser: a través de la obra de quienes nos precedieron -su arte, trabajo, etc.- entramos de alguna manera en comunión con ellos. Necesitamos permanecer unidos a nuestras raíces, a nuestros antepasados en la fe... y el cuidado de lo que nos legaron cumple una misión muy importante al respecto.
Los museos vaticanos muestran que la Iglesia siempre ha fomentado la cultura y todas las manifestaciones del espíritu humano, llegando a ser en ciertos casos la mejor protectora del arte, la ciencia y la cultura. La historia humana le debe mucho al respecto, ya que ha protegido el patrimonio cultural de las ochenta generaciones que nos separan de la época de Cristo.
¿Y en cuanto a la legitimidad de esas propiedades...?

Parece al menos curiosa la pretensión de disponer de bienes ajenos. Es decir, ¿quién es el que critica y ataca para decidir qué debería hacer la Iglesia con sus bienes? (bienes que evidentemente no pertenecen al acusador). Porque en el fondo, los bienes que causan tanto escándalo son una propiedad legítima de una institución con dos mil años de historia. No han sido robados ni saqueados, como por otro lado sí lo han sido muchos de los tesoros históricos, artísticos y culturales de los más grandes museos del Mundo como el Louvre, el Británico... (Cualquier duda preguntar a los franceses por los “regalitos” que Napoleón les llevó de Egipto o los “recuerdos” que los ingleses se llevaron del Partenón...). En este caso, han sido fruto de donaciones explícitamente hecha para ese fin: gente que ha donado sus propios bienes para que fueran usados para el culto divino, la educación, la formación del pueblo fiel, el Santo Padre, etc. Es decir, su legitimidad está fuera de toda duda.
Pero, al final, la Iglesia ¿hace algo por los pobres?
Lo más curioso e insostenible de la acusación, es la insinuación de inacción frente al problema de la pobreza.
Te desafío a buscar una institución que haya aportado tanto bien al mundo -y si quieres, en particular a los pobres- como la Iglesia Católica. Si bien su fin es espiritual -la salvación de las almas-, ninguna institución con fines temporales podría haber representado tanto bien desde el mero punto de vista humano.
No te olvides de quién “inventó” los hospitales y universidades. Quién promovió la educación a través de los siglos. Quién luchó contra la esclavitud. Quién se ha dedicado a atender a los minusválidos, a los huérfanos, inmigrantes, moribundos, leprosos, chicos de la calle... Quién atiende la mitad de los enfermos de SIDA que hay en el mundo... Una visita al Pequeño Cotolengo Don Orione no te vendría mal. O a algún comedor infantil de alguna villa, o a algún hogar de la MadreTeresa, o cualquier local de Cáritas parroquial, o ... En nuestro país, a la hora de catástrofes naturales, la única institución fiable para repartir ayudas es Cáritas.., la gente no confía en nadie más.
Algunos datos. Veamos la contabilidad del objeto del ataque de las riquezas del Vaticano. El presupuesto anual de la Santa Sede es de 145 millones de dólares. A esto se debe añadir el Óbolo de San Pedro: 60 millones que se destina enteramente a obras de caridad y ayuda a necesitados. Es decir, estamos hablando de una institución que destina el 29,26% de sus ingresos brutos sólo a obras de caridad... No contemos los millones de dólares que instituciones católicas (muchas pertenecientes a Conferencias Episcopales) dan de ayuda a los países pobres: Adveniat, Ayuda a la Iglesia Necesitada, Manos Unidas, Cáritas, y un largo etc.
Busca una institución que hoy haga más por los pobres que la Iglesia Católica. ¿No parece una burla esta crítica a la institución que -por lejos- hace más por los pobres? La lista de las labores asistenciales de la Iglesia Católica es realmente impresionante: mírala despacio y piensa un poco. Después saca tus propias conclusiones.
En resumen y como conclusión: el cuestionamiento es ridículo.
¿Hay alguna relación entre las obras de arte de los Museos Vaticano y las imágenes de las iglesias con la pobreza? La respuesta no admite ninguna duda: ¡NO!
1. No existe una relación causal. Los primeros no son la causa de la segunda.
2. Si el Vaticano no existiese, la situación de los pobres sería peor, porque desaparecería el mayor benefactor de los necesitados.
3. La existencia de bienes artísticos y religiosos, ¿afecta de alguna manera la pobreza? No, en absoluto.
4. ¿Es ofensivo? En el sentido que sería una cachetada a la pobreza... No, a los pobres también les gustan la cosas lindas y gozan con ellas.
5. ¿Es verdad que la Iglesia tenga grandes tesoros económicos en la actualidad? No.
6. Si se vendiese todo lo que tenga algún valor, ¿mejoraría la situación de los pobres del mundo? No afectaría en lo más mínimo la situación económica de los pobres
7. ¿Es quizá una muestra de indiferencia ante el problema de la pobreza? En absoluto, ya que el trabajo de la Iglesia en favor de los pobres está absolutamente fuera de duda.
8. ¿El mantenimiento de esos bienes no supondrá gastos extraordinarios que podrían destinarse a la lucha contra el hambre? No, porque se auto-mantiene con el valor de la entrada a museos... y contratos como los que facilitaron la restauración de la Capilla Sixtina sin poner un peso.
9. ¿Se invierten actualmente grandes sumas de dinero en incrementar esos bienes? No, es el fruto de dos mil años de cristianismo... Esperemos que nosotros sepamos dejarle a nuestros descendientes algo de valor y buen gusto.
Me parece que en este artículo queda suficientemente demostrado, que las supuestas riquezas del Vaticano, no representan ningún problema real ni amenaza para los pobres. Es más, que la tan mentada crítica es una tomada de pelo. Una burla que no resiste el más elemental análisis racional. Usar a los pobres para atacar a la Iglesia es, al menos, una broma de mal gusto... Y más todavía que sea hecho por quienes nunca han hecho nada por los pobres...

Publicación del Secretariado del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la República Argentina. 

 
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