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Testigos
Santa María Magdalena de Pazzi
El tesoro escondido en la Iglesia
Por Chiara Vasciaveo (*)
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A los cuatrocientos años de su muerte, algunos estudios y
documentos inéditos arrojan nueva luz sobre la espiritualidad
“pascual” y gozosa de la santa mística de Florencia |
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El 25 de mayo de 2007 se celebró el
cuarto centenario de la muerte de santa María Magdalena
(1566-1607), carmelita florentina, maestra de vida espiritual.
Era tanta la fama de su santidad difundida entre el pueblo y el
clero que, muy pronto, en 1611, comenzaron los procesos para su
beatificación. El 8 de mayo de 1626 fue proclamada beata por
Urbano VIII y el 28 de abril de 1669 fue canonizada por Clemente
IX.
Importantes estudiosos afirman que «María Magdalena de Pazzi,
con Angela de Foligno y Catalina de Siena, es la escritora
espiritual italiana más conocida»1. Muchos testimonios
importantes del catolicismo han estimado su testimonio y su
palabra. Venerables como Diomira del Verbo Encarnado (Margherita
Allegri, 1651-1677) de las Hermanas Establecidas en la Caridad
(Filipinas de Florencia), beatos como Hipólito Galantini (†
1619) o santos como Alfonso María de Ligorio (1696-1787)2 y
Teresa de Lisieux (1873-1897)3, sintieron una significativa
veneración por la mística de Florencia.
A Pablo VI le gustaba releer sus obras, mientras que don Divo
Barsotti, en su última visita a las monjas de Careggi, no sentía
temor a la hora de declarar, con intensos toques
autobiográficos: «Santa María Magdalena vive su misión de amor
por nosotros… Por eso quisiera confiar mi persona y toda la
comunidad de San Sergio a santa María Magdalena… Ella fue la
amiga, la ayuda, la luz de mi camino. Le estamos muy agradecidos
por esto. Nunca hubiera pensado que se nos diera aquí abajo una
experiencia viva y profunda, especialmente divina»4.
Por desgracia, una devoción poco iluminada y cultores impróvidos
de su testimonio divulgaron con textos e imágenes la visión
barroca de la santa (es decir, una especial interpretación de
sus vivencias, indulgente sobre los hechos extraordinarios)
descuidando sus palabras. Estas, fuertes e incisivas, son
capaces de imprimirse a fuego en quienes las escuchan en una
perentoria petición de renovación eclesial. Quizá por esto, son
pocos los que acuden a los textos auténticos de la carmelita
incluso en este centenario, con los riesgos que pueden intuirse.
En la santidad cristiana existen modelos diferentes de santidad.
Generalmente son más “fáciles” y comprendidas las misiones
caracterizadas por el servicio de la caridad y de la
misericordia. Más compleja es la acogida de dones proféticos,
caracterizados no tanto “por el anuncio del futuro”, cuanto por
auténtico misterio espiritual, en la escucha de la Palabra,
autentificado por la coherencia de la vida.
Una vida escondida
La biografía de santa María Magdalena está caracterizada por
pocos acontecimientos. Catalina nació en una de las familias más
importantes de la nobleza florentina, de Maria Buondelmonti y de
Camillo di Geri de’ Pazzi, el 2 de abril de 1566. Era la
segundogénita. En dos períodos (de 1574 a 1578, y de 1580 a
1581) fue educanda en San Giovannino de las Cavalieresse de
Malta. Quizá todavía demasiado joven decidió convertirse en
monja carmelita, entrando en Santa María de los Ángeles a la
edad de dieciséis años (27 de noviembre de 1582), al poco de
terminar el Concilio de Trento (1545-1563).
Los primeros cinco años de vida monástica son los más conocidos
de su biografía. “Abstracciones”, “raptos”, dramatizaciones de
episodios evangélicos se entrelazaban con la vida ordinaria de
la joven carmelita. En realidad, bajo estas etiquetas se agrupa
una variedad de fenómenos muy distintos fundados en la
meditación orante de la Palabra. En el gran Carmelo de Santa
María de los Ángeles (el más antiguo de la Orden), que contaba
con casi ochenta monjas en el período en el que vivió Magdalena,
había varias con un alto perfil cultural, como la madre
Evangelista del Giocondo y Pacifica del Tovaglia, amiga y una de
las principales “secretarias” de la santa.
Durante unos veinte años estuvo ocupada silenciosamente en la
oración y las labores propias de la vida monástica. Fue vicaria
en la acogida de las jóvenes que venían a la forestería
(1586-1589), se dedicó también a la formación de las jóvenes a
partir de 1589, y luego fue subpriora desde 1604. Cayó enferma y
pasó los últimos tres años de su vida afligida en el cuerpo y el
espíritu, apagándose el 25 de mayo de 1607, a los cuarenta y un
años.
«Si Dios es comunicativo»
El Carmelo de Santa María de los Ángeles llevaba varios años
ligado a los círculos femeninos savonarolianos. Hacía tiempo que
circulaban en él testimonios y fuentes manuscritas sobre mujeres
célebres y estimadas como las dominicas santa Caterina de los
Ricci de Prato (1522-1590) y la beata Maria Bartolomea de los
Bagnesi (1514-1577), cuyo cuerpo sigue venerándose todavía en el
Carmelo florentino. Su confesor se convirtió a partir de 1563 en
el gobernador del monasterio.
Se ha aludido a la importancia de la Escritura. Una testigo
precisaba durante el testimonio canónico: «Me acuerdo
especialmente que ella cada sábado, tomando el libro de los
evangelios, del evangelio que caía el domingo siguiente tomaba
dos o tres puntos a su elección y sobre ellos se ejercitaba en
la meditación toda la semana, en la cual meditación consumía
alrededor de dos horas por la mañana y una por la noche» (Sum
57). De esa familiaridad, crecida en contextos franciscanos y
dominicos, brotó su personal comprensión de Dios como Dios
comunicativo.
La efusión sobreabundante del Espíritu, acogida especialmente en
Pentecostés de 1585, llevó a la joven carmelita por los caminos
austeros de un desierto hecho con la fatiga de la criatura y de
la Iglesia al dar cabida a esa gracia y a la necesidad de crecer
en la misericordia de un Dios que es «arrebatadísimo Padre»,
Verbo dador de un «beso de paz» y Espíritu, fuego
transformador5. Con toda seguridad, más allá de los exagerados
sentimentalismos, inopinadamente absolutizados por sus devotos,
es la centralidad de la Trinidad en la vida espiritual y en la
vida eclesial el don más grande que ella puede ofrecerle a
nuestro tiempo.
De este modo, en el encuentro con el Dios comunión, santa María
Magdalena fue enriquecida no solo por un gozo profundo, sino
también por una gradual toma de conciencia de lo inadecuadamente
que tantos hombres y mujeres, incluidos los externamente
cristianos y a veces, aún peor, religiosos y curas, responden a
la ofrenda del Hijo y de su Espíritu. Amar a Cristo, para santa
María Magdalena, no significó detenerse solo afectivamente en la
consideración de sus llagas físicas, sino hacer crecer un amor
apasionado por el cuerpo herido y lacerado de Cristo que es la
Iglesia. Acoger a Cristo supuso para ella, por ejemplo, abrir
los ojos al desencanto de sus expectativas sobre una vida
religiosa pobre de relaciones fraternales, aunque rica en ritos.
Amar a Cristo y a su Iglesia, pese a la mediocridad –ella decía
la «maldita tibieza»– de muchos bautizados y «cristos»
(sacerdotes), fue para ella desde luego «Infierno y Paraíso
juntos». Y se comprende entonces cómo el único don del Espíritu
la “obligó”, como a santa Catalina y a Savonarola, a una obra
estimada pero de hecho desoída de «renovatione de la Iglesia».
Pese a ello, tanto mediante los encuentros interpersonales como
mediante las cartas dictadas (aunque no siempre enviadas)
incluso al Papa y a los cardenales, ella respondió por su parte
a la misión recibida, llamando a todos a una vida personal y
eclesial fundada en la desnudez del Evangelio.
«Para ser esposa y no sierva»
La mística magdaleniana, en la escuela de Catalina de Siena, es
mística eclesial que llama a la conversión a todo el pueblo de
Dios, no para “reprobarlo”, como sostienen algunos, sino para
que ante el Espíritu que llama, alguien «se abra a ese don».
Es hermoso el testimonio (encontrado en original) que el 1 de
mayo de 1595 daba la priora Evangelista: «Yo, sor Vangelista, en
honor del eterno Padre. Yo recuerdo cómo sor María Magdalena hoy
este día primero de mayo de 1595 le ha prometido a Dios querer
ser su esposa y no sierva para mayor honor suyo y para que se
complazca en ella y mayor ayuda de su donación, ha prometido
caminar desnuda con su Dios y oír solo su voz y de quienes
cuidan su lugar y cuando tuviere alguna duda tomar consejo antes
que nada del Cristo desnudo y del alma más desnuda que vieren
sus ojos y de sus superiores»6.
Según los textos y no los comentarios, parece ser que el centro
de la experiencia magdaleniana no se concentraba en el
sufrimiento (creado también por los problemas de salud y por una
ascesis poco equilibrada), sino que consistía en profundizar
teologalmente en una alianza esponsal con el Señor, repleta de
“amor puro”, a ella le gustaba decir «muerto», es decir, de
esposa. Ella vivió de este amor pascual, arraigado en la sangre
divinizadora de la Eucaristía, gracias al soplo del Espíritu. De
esta acogida surgió su frágil palabra de mujer, moldeada por la
fuerza del Evangelio. De todo esto es humilde testimonio su
cuerpo incorrupto, venerado en el carmelo florentino de Santa
María de los Ángeles, y guardado por la presencia orante, aún
hoy, de sus hermanas de hábito.
Un tesoro escondido que redescubrir para la Iglesia florentina y
para la Iglesia universal. Don Barsotti esperaba que un día
santa María Magdalena fuera reconocida doctora de la Iglesia.
Los muchos peregrinos que desde varios continentes, por caminos
casi impensables, la “encuentran” y se acercan a su cuerpo hacen
reflexionar sobre la necesidad de que se oiga su voz y se cumpla
su misión.
(*) Docente y estudiosa de santa María Magdalena de Pazzi
Tomado de 30 Giorni |
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Iglesia
Las riquezas de la Iglesia
Por el Pbro. Dr. Eduardo Volpacchio
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Si
la Iglesia posee tesoros ¿por qué no los vende y ayuda a los pobres?
¿En verdad esto sería la mejor solución? Conoce las respuestas.
Los tesoros vaticanos... ¿Por qué la Iglesia tiene tantos tesoros en
el Vaticano mientras hay tantos pobres en el
mundo?
Esta sencilla frase hace sufrir a muchos católicos. Se sienten mal
al escucharla y no saben qué pensar,
contestar, explicar... ellos mismos se quedan un poco confundidos. |
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Con el asunto de las riquezas de la Iglesia, no es claro qué es lo
que se cuestiona o critica. Lo primero que se observa al analizar la
cuestión es la falta de datos y acusaciones concretas. Estamos
frente a un cuestionamiento difuso, nada claro, sin datos. Porque
nunca es claro a qué riquezas se refiere, qué es lo malo de esas
riquezas hipotéticas, quiénes son los culpables (porque los pobres
también son parte de la Iglesia), y exactamente cuál es la culpa,
qué es lo que se espera que la Iglesia debería hacer, etc.
A simple vista lo primero que se intuye es que se trataría de una
acusación a la Iglesia de insensibilidad ante el problema de la
pobreza: ¿cómo es posible que la Iglesia viva con tantas riquezas
cuando hay tantos pobres en el mundo? Esta acusación se presentaría
como hecho que desacreditaría a la Iglesia en cuanto tal: es decir,
una institución que vive semejante hipocresía (decir que ama a los
pobres, mientras está llena de riquezas que no pone al servicio de
los mismos) no sería digna de ser tomada en cuenta, ni creída, ni
aceptada. Ésta sería una de las mayores vergüenzas de la Iglesia,
ante la cual no habría defensa ni explicación posible.
Lo real ¿De qué riquezas estamos hablando?
Seamos serios, que alguien aporte datos. Si se da por supuesto que
en el Vaticano hay grandes tesoros que se diga ¿qué tipo de tesoros?
¿joyas, cuentas bancarias...? ¿dónde están? ¿cuánto es su valor?
Pero uno comienza a preguntarse, ¿acaso alguien considera a la
Iglesia como una institución millonaria? ¿Quién pensaría encontrar
obispos en las revistas con listas de millonarios tipo Fortune?
¿Tiene la Iglesia fines de lucro? ¿Da dividendos...? ¿Cotiza en
bolsa?
La acusación, de entrada, sugiere cosas falsas: la vida lujosa del
Papa, obispos, curas, monjas, etc., que serían quienes
usufructuarían de esos tesoros. Afán de lucro escondido bajo la
excusa de la religión... Además estimula imaginaciones frondosas: al
hablar de “tesoros” uno imagina cuartos llenos de lingotes de oro,
cofres llenos de joyas, películas de piratas...
Pero en la realidad, ¿a qué “riquezas” se refieren? Basta que mires
las pertenencias de la Iglesia que están a tu alcance -tu parroquia,
tu catedral...- para no encontrar cosas lujosas por ningún lado. Los
“tesoros” -como los llaman- son un tesoro cultural, espiritual,
histórico, pues se trata de iglesias, imágenes, cuadros, frescos,
cálices, ornamentos, ... Esos “tesoros” no tienen ningún valor
comercial, ni financiero. Están dedicados al culto divino en
iglesias o expuestos en Museos que conservan el patrimonio cultural
de dos mil años de cristianismo.
¿Una solución al problema de la pobreza?
Desde el punto de vista económico.. .y si rematamos todo ¿qué pasa?
Antes de entrar en el problema de fondo y demostrar que estamos
frente a un debate artificial y sin sentido... detengámonos a
considerar el tema desde el mero punto de vista utilitario: lo
inútil de una supuesta venta del Vaticano. Porque el anónimo
acusador insinúa que la Iglesia debería deshacerse de todo... para
el bien de los pobres... y de los millonarios que participarían del
remate... Bueno, hagamos números.
Cuánto representa en plata todo lo contenido en el Vaticano? No
tengo ni idea... pero digamos ¿cien millones de dólares? ¿mil? ¿diez
mil?... ¿Qué es eso para el problema del hambre o del subdesarrollo?
¿Alguien de buena fe puede pensar que sería una solución real para
los problemas de los pobres? Si se vendiera todo... ¿a cuántos
ayudaría durante un día? ¿serviría para algo? ¿No sería más bien un
empobrecimiento inútil de la Iglesia? ... (lo que en realidad
estarían deseando los acusadores... aunque se contentan con sembrar
desprestigio con argumentos sentimentales y vacíos de valor
racional).
En realidad, desde el punto de vista económico, el solo hecho de
plantear el problema de las riquezas del Vaticano es algo
prehistórico, ya que hoy en día la riqueza no está dada por la
propiedad de algunos terrenos o piezas de museo sino por marcas
(¿cuánto valen los logos de Mc Donald’s, Shell, Coca o Telefónica?),
acciones en Bolsa, etc. Y de este género de riqueza -la que es real
riqueza hoy- la Iglesia no tiene nada (ni siquiera tiene la Biblia
patentada...).
Cualquier Estado del mundo con un pequeño porcentaje de su
presupuesto anual podría posiblemente aportar mucho más que la venta
total de todo el Vaticano, territorio incluído.
Además, el problema de la pobreza no se arregla con una donación: es
un problema de desarrollo y requiere un flujo permanente de
recursos. Por ejemplo, ¿de qué serviría la donación de un hospital a
un país que no contara con recursos para mantenerlo, pagar sueldos,
comprar medicinas...? Hacer funcionar un hospital en no mucho tiempo
es más caro que el hospital mismo... La deuda externa argentina ha
llegado a los 250 mil millones... Si se tratara de vender todo lo
que existe en Argentina para pagarla... no alcanzaría... Esto
muestra que nadie puede seriamente proponer que vendiendo cuatro
imágenes, tres iglesias y unos cuadros... se podría arreglar algún
problema de pobreza.
Es como proponer que le vendamos a los ingleses las Malvinas a
cambio de una disminución de la deuda externa... No creo que los
mexicanos sientan mucha felicidad cuando piensan que vendieron Texas
a los Estado Unidos... Desprenderse de la tierra que contiene la
propia historia y valores artísticos y culturales... no es un gran
negocio para nadie. La pérdida del patrimonio cultural conduce a la
pérdida de la propia identidad.
El patrimonio de los pobres
Además, contrariamente a lo que la acusación sugiere, las supuestas
riquezas de la Iglesia son patrimonio de los pobres, que lo sienten
como suyo, porque realmente lo son.
Un botón de muestra. Cuando Juan Pablo II hizo su primer viaje a
Brasil, después de una ceremonia salió del protocolo, se metió en
medio de una favela y visitó una familia. Conmovido, les dejó de
regalo su anillo de Papa. ¿Vos pensás que fueron lo suficientemente
idiotas como para venderlo por su peso en oro y comprarse unas
cocas...? Es su tesoro, lo conservan en la capillita de la favela.
Los pobres son pobres, pero no tontos...
¿Y qué pobre argentino no se siente orgulloso de la basílica de
Luján? ¿Acaso preferiría vendérsela a los musulmanes para que la
transformen en una mezquita y que el fruto de la venta se reparta
entre los pobres argentinos a los que tocaría quizá menos de un peso
a cada uno... para comprarse un “choripán”? ¿Pensás que sería un
buen negocio para los pobres?
Nunca he escuchado a un pobre quejarse de supuesta riqueza de su
parroquia o capilla.., en cambio los he visto trabajar y
sacrificarse duramente para mejorarla. Son los que con más orgullo
muestran sus “tesoros”.
Además, la experiencia también enseña... En los ‘60 y ‘70 hubo
algunos sacerdotes que, quizá víctimas de esta acusación, vendieron
imágenes, cálices, custodias... ¿Qué pasó con el fruto de su venta?
Lo único claro es que no existe más...
¿Alguien puede pensar que esos cálices están mejor en vitrinas de
las casas de los ricos que en un altar de cualquier iglesia?
¿Por qué la Iglesia tiene bienes?
Yendo al fondo de la cuestión. ¿Cuál es el problema de los supuestos
tesoros vaticanos? ¿Es malo que la Iglesia tenga bienes? ¿Qué
conserve obras de arte? ¿De dónde los saca? ¿A quién perjudica el
tenerlos? ¿Es acaso contrario a la enseñanza de Cristo?
En realidad no existe ningún problema. Basta recordar el elogio de
Jesús a María por haber derramado un perfume carísimo sobre sus pies
y a la viuda que puso todo lo que tenía como limosna al templo. Es
más, es lógico que necesite bienes materiales. Como no está
compuesta sólo por ángeles, para enseñar a la gente el camino al
cielo necesita edificios, bibliotecas, computadoras, autos... Para
dar culto a Dios necesita templos, altares... Para ayudar a la
piedad necesita imágenes, libros... Para enseñar a las gentes
necesita escuelas, universidades... No parece que en estos dos mil
años la Iglesia se haya dedicado a acumular dinero: esos “tesoros”
acumulados en dos mil años de donaciones... son objetos de culto,
etc. Normalmente quienes han cuidado de esos bienes han sido
personas que vivieron voluntariamente la pobreza, que dejaron todo
por seguir a Cristo, que no han tenido nada de patrimonio personal.
¿Qué bienes tiene la Iglesia? Los que juzga necesarios para el
cumplimiento de su misión, que es de orden exclusivamente
espiritual.
Si lees la Sagrada Escritura descubrirás que la magnificencia del
culto divino es un mandato que la Iglesia ha recibido de Dios.
Tratando de dar a .Dios cosas buenas... está siendo fiel a lo que su
Señor le ha pedido.
La tan vapuleada riqueza está compuesta por cosas que no se guardan
con avaricia, sino que se usan en el ejercicio de la misión de la
Iglesia. Por ejemplo, anualmente por la basílica de San Pedro pasan
cuatro millones de peregrinos..., se celebran veinte mil misas, hay
ochenta ceremonias solemnes... de las que unas treinta son
presididas por el Santo Padre... O sea que tiene un uso bastante más
intenso que la cancha de River... ¿Te parecería razonable vender la
Pietá de Miguel Angel y poner en su reemplazo una copia de plástico
inflable para que la gente le rece?
Por otro lado los cuida, los usa y les saca el jugo bastante bien.
La Basílica de San Pedro tiene 500 años... lo que mostraría que está
bastante amortizada... que fue una idea genial hacerla con buenos
materiales.., que la hacen tan barata a largo plazo...
Por otro lado, la acusación parece sugerir una conexión entre las
“riquezas” y la pobreza de los pobres. Pero, no hay relación alguna
entre la belleza de la Basílica de San Pedro y la pobreza de una
villa de Buenos Aires... Creo que es suficientemente claro que la
primera no es la causa de la segunda. Por tanto no veo porqué
conectar ambas cosas. Carece de sentido hacerlo. El problema es
inventado, no es real.
Si se fuera coherente con el planteo, ¿porqué no poner también en
tela de juicio al Islam y las mezquitas; el judaísmo y las
sinagogas.., y hasta el edificio del congreso, la casa rosada, todos
los museos, los Mc Donalds, shopping centers, el parque de la costa,
los boliches.., en fin, con todo lo que no sea un rancho
miserable?... Y comenzando por tu propia casa: ¿cómo puedes vivir
ahí mientras haya gente que se muere de hambre? Este cuestionamiento
carece de sentido.
¿Por qué podría estar mal que la Iglesia tenga templos lindos? ¿Qué
aportaría a la bondad de la Iglesia la fealdad y la pobretería?
¿Es necesaria la belleza? ¿la historia?
Como los “tesoros” de los que se habla son básicamente artísticos y
forman parte del patrimonio histórico de la Iglesia, parece
necesario plantearse si la belleza es buena o mala, si tiene alguna
función en la vida humana.
Definitivamente, la belleza mueve al espíritu. Eleva del
materialismo... Hace un gran bien al alma. Rezar frente a una imagen
linda inspira, eleva el alma. Como criaturas espirituales, el arte
es una de las manifestaciones más altas del espíritu humano. Nos
eleva y dignifica.
La historia es parte de nuestro ser: a través de la obra de quienes
nos precedieron -su arte, trabajo, etc.- entramos de alguna manera
en comunión con ellos. Necesitamos permanecer unidos a nuestras
raíces, a nuestros antepasados en la fe... y el cuidado de lo que
nos legaron cumple una misión muy importante al respecto.
Los museos vaticanos muestran que la Iglesia siempre ha fomentado la
cultura y todas las manifestaciones del espíritu humano, llegando a
ser en ciertos casos la mejor protectora del arte, la ciencia y la
cultura. La historia humana le debe mucho al respecto, ya que ha
protegido el patrimonio cultural de las ochenta generaciones que nos
separan de la época de Cristo.
¿Y en cuanto a la legitimidad de esas propiedades...?
Parece al menos curiosa la pretensión de disponer de bienes ajenos.
Es decir, ¿quién es el que critica y ataca para decidir qué debería
hacer la Iglesia con sus bienes? (bienes que evidentemente no
pertenecen al acusador). Porque en el fondo, los bienes que causan
tanto escándalo son una propiedad legítima de una institución con
dos mil años de historia. No han sido robados ni saqueados, como por
otro lado sí lo han sido muchos de los tesoros históricos,
artísticos y culturales de los más grandes museos del Mundo como el
Louvre, el Británico... (Cualquier duda preguntar a los franceses
por los “regalitos” que Napoleón les llevó de Egipto o los
“recuerdos” que los ingleses se llevaron del Partenón...). En este
caso, han sido fruto de donaciones explícitamente hecha para ese
fin: gente que ha donado sus propios bienes para que fueran usados
para el culto divino, la educación, la formación del pueblo fiel, el
Santo Padre, etc. Es decir, su legitimidad está fuera de toda duda.
Pero, al final, la Iglesia ¿hace algo por los pobres?
Lo más curioso e insostenible de la acusación, es la insinuación de
inacción frente al problema de la pobreza.
Te desafío a buscar una institución que haya aportado tanto bien al
mundo -y si quieres, en particular a los pobres- como la Iglesia
Católica. Si bien su fin es espiritual -la salvación de las almas-,
ninguna institución con fines temporales podría haber representado
tanto bien desde el mero punto de vista humano.
No te olvides de quién “inventó” los hospitales y universidades.
Quién promovió la educación a través de los siglos. Quién luchó
contra la esclavitud. Quién se ha dedicado a atender a los
minusválidos, a los huérfanos, inmigrantes, moribundos, leprosos,
chicos de la calle... Quién atiende la mitad de los enfermos de SIDA
que hay en el mundo... Una visita al Pequeño Cotolengo Don Orione no
te vendría mal. O a algún comedor infantil de alguna villa, o a
algún hogar de la MadreTeresa, o cualquier local de Cáritas
parroquial, o ... En nuestro país, a la hora de catástrofes
naturales, la única institución fiable para repartir ayudas es
Cáritas.., la gente no confía en nadie más.
Algunos datos. Veamos la contabilidad del objeto del ataque de las
riquezas del Vaticano. El presupuesto anual de la Santa Sede es de
145 millones de dólares. A esto se debe añadir el Óbolo de San
Pedro: 60 millones que se destina enteramente a obras de caridad y
ayuda a necesitados. Es decir, estamos hablando de una institución
que destina el 29,26% de sus ingresos brutos sólo a obras de
caridad... No contemos los millones de dólares que instituciones
católicas (muchas pertenecientes a Conferencias Episcopales) dan de
ayuda a los países pobres: Adveniat, Ayuda a la Iglesia Necesitada,
Manos Unidas, Cáritas, y un largo etc.
Busca una institución que hoy haga más por los pobres que la Iglesia
Católica. ¿No parece una burla esta crítica a la institución que
-por lejos- hace más por los pobres? La lista de las labores
asistenciales de la Iglesia Católica es realmente impresionante:
mírala despacio y piensa un poco. Después saca tus propias
conclusiones.
En resumen y como conclusión: el cuestionamiento es ridículo.
¿Hay alguna relación entre las obras de arte de los Museos Vaticano
y las imágenes de las iglesias con la pobreza? La respuesta no
admite ninguna duda: ¡NO!
1. No existe una relación causal. Los primeros no son la causa de la
segunda.
2. Si el Vaticano no existiese, la situación de los pobres sería
peor, porque desaparecería el mayor benefactor de los necesitados.
3. La existencia de bienes artísticos y religiosos, ¿afecta de
alguna manera la pobreza? No, en absoluto.
4. ¿Es ofensivo? En el sentido que sería una cachetada a la
pobreza... No, a los pobres también les gustan la cosas lindas y
gozan con ellas.
5. ¿Es verdad que la Iglesia tenga grandes tesoros económicos en la
actualidad? No.
6. Si se vendiese todo lo que tenga algún valor, ¿mejoraría la
situación de los pobres del mundo? No afectaría en lo más mínimo la
situación económica de los pobres
7. ¿Es quizá una muestra de indiferencia ante el problema de la
pobreza? En absoluto, ya que el trabajo de la Iglesia en favor de
los pobres está absolutamente fuera de duda.
8. ¿El mantenimiento de esos bienes no supondrá gastos
extraordinarios que podrían destinarse a la lucha contra el hambre?
No, porque se auto-mantiene con el valor de la entrada a museos... y
contratos como los que facilitaron la restauración de la Capilla
Sixtina sin poner un peso.
9. ¿Se invierten actualmente grandes sumas de dinero en incrementar
esos bienes? No, es el fruto de dos mil años de cristianismo...
Esperemos que nosotros sepamos dejarle a nuestros descendientes algo
de valor y buen gusto.
Me parece que en este artículo queda suficientemente demostrado, que
las supuestas riquezas del Vaticano, no representan ningún problema
real ni amenaza para los pobres. Es más, que la tan mentada crítica
es una tomada de pelo. Una burla que no resiste el más elemental
análisis racional. Usar a los pobres para atacar a la Iglesia es, al
menos, una broma de mal gusto... Y más todavía que sea hecho por
quienes nunca han hecho nada por los pobres...
Publicación del Secretariado del Movimiento de Cursillos de
Cristiandad de la República Argentina.
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