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Testimonios
Llamados del judaísmo por Jesucristo
Por la Madre María del Cielo, S.S.V.M. (*)
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En un mundo que niega la existencia de Dios,
su Providencia, y por ende, la vida sobrenatural; donde
cada día se da más autoridad (o
autoritarismo) al relativismo, llegando a una indiferencia
total y, en tantos casos, a una abierta postura negativa
hacia todo lo religioso, seguramente los
hechos que relataremos a continuación carecerán
de sentido o importancia. |
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Como dice el P. Cornelio Fabro, ³al
descartar la perspectiva absoluta de la
metafísica que sostenía la existencia del Absoluto y de sus
derechos, el
hombre se balancea entre perspectivas opuestas de olvido o
indiferencia, de
angustia y desesperación. O sea que se mece insensiblemente al
compás de los
hechos, cualquiera que éstos sean, o se lanza contra todo y
contra todos².
Hoy por hoy, es más urgente que nunca la visión que nos da la fe
de todo
lo que pasa a nuestro alrededor, para poder comprender los
hechos grandiosos
que suceden diariamente. Me refiero a la obra de Dios en las
almas, que para
muchos pasa desapercibida, pero no por eso es menos real. Se
trata de
milagros continuos de Su gracia que toca suavemente los
corazones y los
atrae hacia Sí.
Esta obra Divina aun siendo siempre maravillosa en todas las
almas, suele
impresionar mucho más cuando la vemos en personas que,
profesando otra
religión, se sienten llamados a formar parte de la Iglesia
Católica. Es el
caso de aquellos hombres y mujeres que han sido atraídos por
Jesucristo
desde el Judaísmo.
Rabino
de Roma
Fue el caso, por ejemplo, de Israel Zolli, quien siendo rabino
de Roma se
convierte al catolicismo después de un largo camino de búsqueda
interior.
La imagen del Hombre crucificado que vio cuando tenía catorce
años le
impresionó profundamente. Con el tiempo se hizo aun más
llamativo para él la
concordancia entre el relato de la Pasión de Cristo en el
Evangelio y el
Siervo sufriente descrito por el profeta Isaías: Despreciado y
abandonado de
los hombres, varón de dolores y familiarizado con el
sufrimiento,
menospreciado sin que le tengamos en cuenta. Pero fue él
ciertamente quien
soportó nuestros sufrimientos y cargó nuestros dolores... Fue
traspasado por
nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados..., y en sus
llagas hemos
sido curados (Is 53, 3-5). Años después, estando en la Sinagoga
de Roma,
donde presidía la ceremonia de Yom Kippur (día de la expiación)
en calidad
de rabino, ³de repente -escribirá- contemplé con los ojos del
espíritu una
gran pradera, y de pie en medio de la verde hierba estaba Jesús,
vestido con
un manto blanco... Ante aquella visión sentí una gran paz
interior, y en el
fondo de mi corazón oí estas palabras: "Estás aquí por última
vez. En
adelante me seguirás". Las acogí con gran serenidad y mi corazón
respondió
enseguida: "Que así sea, que así se cumpla"...².
Días después, el Gran Rabino renuncia a su cargo y busca a un
sacerdote a
fin de completar su instrucción en las verdades de la fe. El 13
de febrero
de 1945, en la capilla contigua a la sacristía de Santa María de
los
Ángeles, Zolli fue bautizado y tomó el nombre de Eugenio, en
reconocimiento
a Pío XII, que tanto se había prodigado a favor de los judíos. Y
su esposa
añadió a su nombre, Emma, el de María.
Una semana antes de morir, Eugenio confió lo siguiente a una
religiosa
que le cuidaba: ³Moriré el primer viernes de mes, a las tres de
la tarde,
como Nuestro Señor². El viernes 2 de marzo, de madrugada, recibe
la Sagrada
Comunión. Al mediodía entra en coma y, a las tres de la tarde,
entrega su
alma a Dios. Al final de sus memorias había escrito:
³Sólo podemos confiarnos a la misericordia de Dios y a la piedad
de
Cristo, que la humanidad sacrifica porque no sabe vivir en Él.
Sólo podemos
confiar en la intercesión de Aquella cuyo corazón fue atravesado
por la
lanza que perforó el costado de su Hijo².
Intervención
de la Virgen
Es el caso también de Alfonso Ratisbona, quien había hecho
desinteresadamente una promesa a su amigo cristiano, Teodoro de
Bussière, de
llevar la medalla de la Virgen Milagrosa y recitar el
"Acordaos", la oración
de S. Bernardo a la S. Virgen.
Fue el 20 de Enero de 1842, esperando a su amigo en la Iglesia
de S.
Andrea delle Fratte (Roma) ³cuando de repente el edificio entero
desapareció
a mis ojos y no ví más que una sola capilla brillante de luz. En
aquel
esplendor apareció, de pie, sobre el altar, grande,
resplandeciente, llena
de majestad y dulzura, la Virgen María, como está en la Medalla.
Una fuerza
irresistible me atrajo hacia Ella. La Virgen me hizo señal con
la mano de
arrodillarme. No me habló, pero comprendí todo². Poco después
dirá: ³ante la
presencia de la Santísima Virgen, si bien no me dijo nada,
comprendí el
horror del estado en el cual me encontraba, la deformidad del
pecado, la
belleza de la religión Católica: en una palabra, ¡comprendí
todo!².
El 31 de enero, en la Iglesia del Gesù (Roma), Alfonso recibe el
bautismo
agregando a su nombre el de María. Después llegó a ser sacerdote
jesuita y
trabajó junto con su hermano Teodoro, también sacerdote,
fundador de la
Congregación Nuestra Señora de Sión, en Jerusalén.
Mártir
Muy cercano a nosotras está el ejemplo de Edith Stein
(1891-1942), de
familia judía ortodoxa quien llegó a ser una prominente
filósofa. Más tarde,
después de una intensa búsqueda de la verdad, se convirtió al
catolicismo y
se hizo monja carmelita tomando el nombre de Sor Benedicta de la
Cruz.
Esta hija del pueblo judío, cual otra Ester, se ofreció a Dios
³por todas
las intenciones del Sagrado Corazón de Jesús y de María y por la
Santa
Iglesia... en expiación por la incredulidad del pueblo judío y
para que el
Señor sea acogido por los suyos y venga su Reino en la Gloria².
Dios la
escuchó, y coronó con el martirio su gran amor a la cruz.
Visitando las comunidades de nuestra congregación en Holanda,
pudimos
peregrinar al Carmelo de Echt donde esta santa vivió sus últimos
años junto
con su hermana Rosa (quien también se convirtió al catolicismo y
se hizo
terciaria carmelita). Allí permanecieron hasta que fueron
detenidas junto a
otros miles de judíos católicos como reacción del Reich a la
protesta que
hicieran los cristianos ante la situación de injusticia que
sufrían las
familias judías. En el coro, que las carmelitas usan hasta el
día de hoy,
una gran foto de la santa señala el lugar que ocupaba. A pocos
metros del
Carmelo, una placa en el piso de la vereda indica el lugar, los
nombres y la
fecha en que fueron deportadas al campo de concentración: Rosa y
Edith
Stein, 2 de agosto de 1942 - 17 hs. El 9 de Agosto, las dos
hermanas daban
su vida en Auschwitz.
Años después, en la Homilía de su canonización Juan Pablo II dio
testimonio del amor martirial de esta santa: ³¡La Cruz de
Cristo! En su
constante florecimiento, el árbol de la Cruz produce siempre
renovados
frutos de salvación. Por eso los creyentes vuelven la vista
hacia la Cruz
con confianza, extrayendo de su misterio de amor la valentía y
la fuerza
necesarias para seguir las huellas de Cristo crucificado y
resucitado. Así
ha penetrado el mensaje de la Cruz en el corazón de tantos y
tantos hombres
y mujeres, transformando su existencia².
³Un elocuente ejemplo de esa extraordinaria renovación interior
es el
recorrido espiritual de Edith Stein, una joven que fue en busca
de la verdad
y que, gracias a la silenciosa labor de la gracia de Dios, ha
llegado a
convertirse en una santa y en una mártir. Se trata de Teresa
Benedicta de la
Cruz, que nos repite a todos desde lo alto del Cielo las
palabras que
marcaron su existencia: "En cuanto a mí, Dios me libre de
gloriarme si no es
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Ga 6, 14) [...] El amor
de Cristo
fue el fuego que encendió la vida de Teresa Benedicta de la
Cruz... El Verbo
hecho carne lo fue todo para ella².
Un encuentro
providencial
Pocos días después de nuestra peregrinación a Echt fuimos a Misa
a un
Monasterio Benedictino muy cerca de Heiloo. Cuando entramos en
la Iglesia,
nos llamó la atención una persona sentada en el último banco.
Supusimos que
era judío porque llevaba Kipá, pero esto no explicaba su
presencia allí, ni
la devoción con que rezaba. Al finalizar la Santa Misa,
después de la acción de gracias, cuando esta persona se levantó
para irse me
acerqué y le pregunté si él había sido judío. Me respondió: ³Soy
judío
católico². Su nombre era Hans. Al preguntarle por su familia,
emocionado me
contestó que habían muerto todos en Auschwitz. Se hizo un
silencio, se lo
notaba emocionado. Sólo pude decirle algunas palabras sobre el
Cielo y la
esperanza de encontramos algún día junto a Dios, con nuestros
seres
queridos.
Poco a poco Hans se fue abriendo. Sus respuestas eran concisas.
Se había
convertido al catolicismo hace 4 años. ¿El motivo? Jesucristo.
"El era
judío".
Hablamos del cumplimiento de la revelación en Jesucristo y de la
alegría
que significaba que Hans creyera en Él y que fuera parte de la
Iglesia
Católica; también mencionamos a Juan Pablo II y su amistad con
el pueblo
judío. El se refirió, además, con mucho cariño a Benedicto XVI y
dijo que
había tenido la gracia de conocerlo personalmente cuando era
Cardenal, en
una oportunidad en que fue a visitar a Mons. Gijsen.
Le comentamos también de nuestro monasterio contemplativo en New
York, el
cual tiene como intención particular, rezar por el pueblo judío.
Se puso muy
contento y dijo que las religiosas eran una bendición para la
Iglesia.
Nos contó que venía asiduamente a ese Monasterio benedictino
para
confesarse; estaba casado y tenía cuatro hijas, quienes hasta el
día de hoy
permanecen fieles practicantes de la religión judía.
Cuando una de ellas, estaba enferma de cáncer, Hans buscó en
Internet
direcciones de conventos para pedir oraciones y encontró la del
monasterio
de Santa Gema Galgani en Lucca (Italia). Les escribió y las
hermanas le
enviaron una reliquia de esta santa. Su hija se la colgó y
después de rezar
la novena quedó totalmente curada, de un modo tan admirable, que
el mismo
médico que la trataba (también judío) afirmó que se trataba de
un milagro.
Ahora Hans quiere peregrinar con su hija al santuario de S. Gema
en
agradecimiento por la gracia recibida.
Indudablemente que las razones de su conversión han quedado
profundamente
escondidas en su alma, pero hubo un detalle que nos hizo
comprender uno de
los motivos de su acercamiento a la fe católica. Nos contó que
de niño,
asistía a una escuela católica y que cada día, antes del inicio
de las
clases, solía entrar un momento en la Iglesia para hacer una
visita al
Sagrario. Le preguntamos admiradas si él sabía quién estaba
allí, a lo que
respondió que sí, que le habían dicho en la escuela que estaba
Jesús... Sin
duda que fue Dios quien lo guió desde pequeño hasta este momento
de un modo
del todo providencial.
Desde
la música
A raíz de esto, recordé el testimonio de otros judíos
convertidos que han
sido atraídos por la presencia eucarística de Nuestro Señor,
como Hermann
Cohen (1821-1871), joven de brillante inteligencia y
extraordinario talento
musical. Bajo la protección del famoso pianista Franz Liszt, fue
desarrollando aún más sus dones pero también rodeándose poco a
poco de un
mundo de fama y frivolidades, hasta que atraído por la
Eucaristía se
convirtió al catolicismo y, tiempo después, llegó a ser Padre
Carmelita
convirtiéndose en el Apóstol del Santísimo Sacramento.
Así expresaba su amor a la Eucaristía: ³Oh sí, mi Dios, cuando
te ofrezco
esta hostia de alabanza y de amor, escucho la voz del Padre de
lo alto del
Cielo descendiendo sobre Jesús en las aguas del Jordán,
diciendo: "Este es
mi hijo amado en quien me complazco² (Mt. 3, 17).
³Si, entonces, le ofrecemos a Él este Hijo bien-amado, hecho
nuestra
porción en la divina Eucaristía, presentamos al Eterno Padre una
acción de
gracias infinitamente agradable, una acción de gracias digna de
Él, igual a
Él y sobreabundante...Este es, mis hermanos, el modo en el cual
podemos dar
plenamente gracias a Dios, por medio de nuestro Divino Mediador,
Jesús, en
la Eucaristía, en el sacrificio del Altar...².
El Santo
de Israel
También es el caso de David Moss: ³Dios ha dado a nuestras vidas
su
último significado: la plenitud de la vida, ahora y eternamente,
en Jesús y
Su Iglesia con la gran comunión de los Santos...el
incomprensible privilegio
de entrar en una anticipada unión con Dios por medio del Santo
de Israel,
nuestro Creador y Salvador, nuestro Señor en la Santa
Eucaristía².
Pareciera que estas voces se elevan unánimes para tapar aquellas
palabras
pronunciadas contra Jesús dos mil años atrás en la sinagoga de
Cafarnaún:
³Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?². Nuestro Señor
se les
había revelado como el Pan vivo bajado del cielo. ³Si uno come
de este pan
vivirá para siempre; y el pan que yo le vaya dar es mi carne por
la vida del
mundo...Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna,
y yo le
resucitaré el último día² (Jn. 6,51). ³Desde entonces muchos de
sus
discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él² (Jn. 6,
66).
A lo largo de los siglos Dios sigue hablando de Sí a los hombres
y sus
palabras son acompañadas por gracias del todo particulares,
demostrándonos
que Él es quien obra, como quiere y cuando quiere... porque las
almas son
Suyas.
Que Él nos conceda la gracia de saber asombrarnos siempre, como
niños
pequeños, frente a la gran obra de Su gracia.
Que jamás pasen desapercibidos a nuestros ojos los milagros de
su
Omnipotencia y de su Misericordia que atrae a los hombres
irresistiblemente,
respetando al mismo tiempo nuestra libertad.
En el caso de Hans habrán pasado seguramente casi cincuenta años
desde
que solía realizar sus visitas al Sagrario en la Iglesia de su
escuela, pero
aquel recuerdo no se borró jamás. Jesús-Eucaristía lo esperó,
continuó
hablándole a su corazón con aquella misma voz que predicaba a
las multitudes
de Galilea y que seguirá hablando en lo más profundo de las
almas, aunque
muchos hombres se esfuercen por hacerla callar.
³Levantan los ríos Señor, levantan los ríos su voz, levantan los
ríos su
fragor; pero más que la voz de aguas caudalosas, más potente que
el oleaje
del mar, más potente en el cielo es el Señor² (Sal 92).
(*) Roma (Italia). En agradecimiento al R.P. Carlos Buela, por
enseñamos a
valorar la admirable obra de Dios en las almas. |

El rabino Eugenio Zolli. |
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Alfonso de Ratisbona. |
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Edith Stein, martir. |
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Apostilla a la historia
El drama que vivieron los niños
españoles que fueron deportados a la URSS durante la guerra civil
española.
Cinco mil niños al infierno
Por César Vidal (*).
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Uno de los episodios menos conocidos y sin embargo más terribles de
la historia reciente de España fue el trágico
destino de muchos de los niños enviados a la
Unión Soviética como refugiados durante la Guerra Civil. De su
infortunio fueron cómplices silenciosos los
dirigentes del Partido Comunista Español
instalados en el exilio de Moscú. |
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Habían pasado ya varios meses desde el estallido de la guerra civil
española
cuando, temiendo las víctimas civiles que podían ocasionar los
bombardeos
del arma aérea de Franco, se planteó la posibilidad de evacuar a un
determinado número de niños a distintos países extranjeros. Aunque
los
lugares de destino fueron variados -de Gran Bretaña a Bélgica
pasando por
Francia- la propaganda comunista logró que en la mente de buen
número de
españoles la protección de los niños quedara vinculada de manera
casi
exclusiva a la URSS. Esta actitud sirvió de arma propagandística,
pero sobre
todo tuvo el resultado de correr un siniestro velo sobre uno de los
episodios más trágicos de la historia reciente de España.
Los niños que llegaron a territorio soviético, unos cinco mil
aproximadamente, fueron inicialmente objeto de un buen trato. Se les
asignaron escuelas en las que conservaron maestros españoles y se
les
dispensó la enseñanza en su lengua natal. Sin embargo, la situación
cambió
radicalmente al producirse el final del conflicto, y especialmente
desde el
momento en que Stalin firmó su pacto de no agresión con la Alemania
de
Hitler. Para entonces, España había dejado de ser interesante para
el
dictador del Kremlin. No es extraño, por ello que, a la vez que
cerraba las
puertas a nuevos refugiados españoles, los niños fueran arrancados
de su
situación inicial para verse sumergidos en otra muy distinta.
Obligados a
estudiar predominantemente en ruso, debieron sumar a su actividad
escolar
trabajos físicos de notable envergadura. En invierno, semejante
deber se
tradujo en la tala de árboles previa al desayuno y en verano, en las
más
diversas faenas agrícolas.
Este sistema de vida tuvo terribles consecuencias para los niños. No
sólo
se resintió su rendimiento escolar, sino también su salud. En el
curso de
los años 1941-42, una inspección médica realizada por el Comisariado
de
Educación puso de manifiesto que más de un 50 % de los niños padecía
tuberculosis y otro 30 % se hallaba en un estado de pretuberculosis.
En ese
curso no menos del 15 % de los niños había muerto. Pero la desgracia
no se
limitaba a los niños ya escolarizados. En buena medida, el destino
de los
recién nacidos resultaba peor. En 1940, en Krematorsk, de los
catorce niños
nacidos trece murieron a las pocas semanas de desnutrición. El
cuadro
-repetido en lugares como Gorki, Jarkov y Rostov- se debía
fundamentalmente
a la actitud de las autoridades soviéticas, especialmente cicateras
a la
hora de entregar leche o medicinas a los españoles.
En lugares remotos
No resulta sorprendente que algún mando del Partido Comunista
Español
creyera conveniente hacer a los adolescentes la recomendación de
enrolarse
en el Ejército Rojo como la única manera de eludir el espectro del
hambre.
Lamentablemente, lo peor quedaba por venir.
La invasión de la URSS por Hitler dejó pronto de manifiesto las
peores
deficiencias del régimen soviético. Los ejércitos soviéticos
sufrieron el
efecto devastador de batallas de cerco en las que perecieron
centenares de
miles de sus hombres. Por lo que se refiere a las colonias
españolas, no
eran aún sospechosas y pudieron librarse de las deportaciones
étnicas que el
aparato represor de Beria realizó en paralelo a las derrotas
militares. Aun
así, su suerte distó de ser buena. Los niños fueron enviados a los
lugares
más remotos e inhóspitos de la URSS, que iban desde Samarkanda y
Kakan, en
Asia central, hasta las estribaciones de los Urales, ya en Siberia
central.
En Kransnoarmeinsk, dieciséis criaturas cayeron en manos de los
alemanes,
que los trasladaron al territorio del Reich con el fin de
entregarlos a la
Falange. No costó mucho trabajo convertirlos en baza
propagandística.
El futuro que esperaba a los niños españoles en sus distintos
destinos se
reveló horrible. Enfrentados al hambre y los malos tratos, no pocos
se
vieron obligados a someterse o a delinquir. En Tashkent
constituyeron bandas
dedicadas a perpetrar hurtos. En Samarkanda y Tiflis, las niñas
prostitutas
españolas -de las que no pocas quedaron embarazadas- - llegaron a
hacerse
célebres entre los jerarcas del partido. Ni siquiera los hijos de
los héroes
se vieron libres de aquella negra situación. Un hijo del coronel
Carrasco,
que había servido en el Ejército republicano y ahora enseñaba en la
escuela
militar Frunze, de Moscú, fue detenido mientras robaba en una
panadería en
Kakan. Murió en prisión de tuberculosis.
Para muchos se fue abriendo camino la idea de que la única esperanza
de
supervivencia se hallaba en poder abandonar la URSS. Países como
México
-donde se asentaba una importante colonia de exiliados- estaban más
que
dispuestos a recibir con los brazos abiertos a los niños. Sin
embargo, ni la
Unión Soviética ni el Partido Comunista Español estaban dispuestos a
que se
supiera la verdad del paraíso del proletariado y del trato que venía
dispensando a los niños desde hacía años. La Pasionaria (a) se
convirtió, al
parecer sin resistencia, en la pieza clave que impidió la salida de
aquellas
víctimas hacia otros países. Sus razones -reproducidas por Jesús
Hernández,
comunista y antiguo ministro republicano- no podían ser más obvias:
"No
podemos devolverlos a sus padres convertidos en golfos y en
prostitutas, ni
permitir que salgan de aquí como furibundos antisoviéticos" .
Constituía
toda una confesión de los resultados reales -ocultados por la
propaganda- de
vivir en la URSS.
Convertidos en delincuentes
Puestos a delinquir, los niños españoles difícilmente hubieran
podido
hacerlo en un medio más difícil. Desde su establecimiento, el
sistema
soviético se había mostrado especialmente riguroso con los niños. En
1926,
el Código Penal soviético ya había incluido condenas de campo de
concentración y de prisión para los niños que hubieran cumplido doce
años.
Los resultados de aquella norma fueron fulminantes. Al año siguiente
de su
promulgación, el 48 % de la población del "gulag" tenía entre 16 y
24 años.
Pese a todo, no pareció suficiente a los administradores del inmenso
sistema. El 7 de abril de 1935 se decretó la pena de muerte también
aplicable a los niños que hubieran cumplido doce años. La ferocidad
del
sistema no hizo ninguna excepción con los niños españoles. El campo
de
Karaganda, abierto en 1936, fue tan sólo uno de aquellos terribles
enclaves
donde los españoles -adultos y niños- fueron explotados como
esclavos y
murieron de frío, hambre y agotamiento. Los testimonios hablan de
sodomizaciones de niños en los traslados hasta Karaganda y de niñas
sometidas a lo que eufemísticamente se denominó tranvía, es decir,
una
violación colectiva a manos de otros reclusos o de guardianes. Solía
ser el
antecedente de una jornada de trabajos forzados de diez horas con
una dieta
de hambre. El régimen de trabajo no lo era todo: a él se sumaba un
universo
donde los niños se convertían en "malolietki" -miembros de una banda
de
ladrones en el campo- o en víctimas de cualquier "maloietka". La
alimentación nada tenía que envidiar a la de los campos de
exterminio nazis.
Frenkel, el funcionario encargado de fijar las raciones del "gulag",
había
sido estricto: los que realizaban menos del 30 % de la norma
recibían
diariamente 300 gramos de pan y una escudilla de ba landa; los que
conseguían entre el 30 % y el 80 % de la norma contaban con 400
gramos de
pan y tres escudillas. Los que recibían menos no cubrían su desgaste
físico,
pero los que recibían mayor cantidad morían antes, porque el
deterioro
físico era más acelerado y el aumento de ración no compensaba.
La suma de hambre, malos tratos y represión se tradujo pronto en
resultados sobrecogedores. En 1943, cuando José Hernández abandonó
la URSS,
cerca de un 40 % de los niños españoles había muerto. A los
supervivientes
aún les quedaba por recorrer un vía crucis. Contra lo esperado
ingenuamente
por millones de personas, el final del conflicto no se tradujo en
una
amnistía de los presos de la URSS ni tampoco en una reducción de la
represión. Pronto los tres millones y medio de reclusos que tenía en
1945 el
"gulag" (sin contar los de las colonias penales y los de las
cárceles)
comenzaron a recibir lo que Solzenitsin denominó nuevas riadas.
Fueron
trasvases de polacos y húngaros, de ucranianos y soviéticos, de
muchachas
que habían confraternizado con los alemanes y de niños españoles. En
1946-47, éstos contaron con su propia riada. No se les consideraba
seguros y
desde luego los jerarcas del PCE, siguiendo su trayectoria previa,
no
estaban dispuestos a arriesgar su estatus para salvarlos. Aquellos
seres a
los que se había arrancado la infancia insistían en abandonar el
paraíso
soviético y lo pagaron caro. Por regla general, se les aplicó el
art. 7-35
(socialmente peligrosos) o el terrible y polifacético 58-6,
acusándoseles de
espionaje... ¡en favor de Estados Unidos! En 1947, con ocasión del
décimo
aniversario de su llegada a la URSS, los antaño niños fueron
reunidos en el
teatro Stanislavsky de Moscú. No llegaban a dos mil. El resto -entre
el 50 %
y el 60 %- había muerto o se hallaba atrapado en las redes del
sistema
concentracionario.
Pero ni siquiera todos los supervivientes habían quedado convencidos
de
las excelencias del sistema. A pesar de que aquel año se les hizo
firmar un
documento en el que declaraban su voluntad de no abandonar la URSS y
de que
no faltarían los testimonios favorables al trato recibido (alguno
galardonado incluso con el premio Pushkin 1987), los ejemplos de
repulsa por
aquel régimen no fueron escasos. En septiembre de 1957, 534
españoles
lograron regresar a España.
La historia de los niños españoles en la URSS constituye un drama
sombrío, pero posiblemente uno de sus aspectos más escalofriantes
fue el de
la colaboración y el silencio de los jerarcas del PCE en aquel
proceso de
abandono, primero, y exterminio, después. Acomodados en condiciones
privilegiadas que no deseaban perder, las excepciones a aquella
norma de
vergonzante silencio fueron tan escasas que pueden mencionarse casi
al
completo. En primer lugar estuvo Valentín González "el Campesino",
que no
pudo soportar el choque con la realidad que significó su
conocimiento
directo de la URSS. Horrorizado por el trato que recibían los
españoles, no
dudó en manifestar sus opiniones. Lo pagó siendo condenado al "gulag".
Sus
captores pensaban en deshacerse de él pero logró evadirse. Para los
reclusos
soviéticos que lo conocieron se convirtió en un auténtico mito de
valentía.
Solzenitsin llegó a conocer a una tal Zhora, que, en el campo de
concentración, iba escribiendo una novela (nunca llegó a publicarse)
sobre
el Campesino. A su regreso a Occidente, el PCE hizo todo lo posible
por
silenciarlo.
El caso de Jesús Hernández fue aún más escandaloso. Horrorizado por
lo
que denominó el país de la gran mentira, en 1943 lo abandonó
-perdiendo a su
madre y a su hermana en él- y se atrevió a contar la realidad. Por
lo que se
refiere al secretario general del PCE, José Díaz, ya había sido
enviado a la
URSS antes de acabar la Guerra Civil. Progresivamente arrinconado
por los
soviéticos y por la Pasionaria, fue cayendo en una postración
progresiva al
comprobar que nadie atendía a sus quejas relacionadas con la
situación de
los españoles en la URSS. El 19 de marzo de 1942 cayó del cuarto
piso en el
que vivía, y murió en el acto. Se habló de suicidio -lo que encaja
con su
depresión ante la suerte de los compatriotas-, pero también de
asesinato,
por deseo de librarse de tan molesto testigo.
Demasiado para el PCE
Hernández y el Campesino fueron acusados de embusteros, de agentes
del
imperialismo, de traidores. De hecho, incluso los que continuaban su
lucha
contra el gobierno español de la época y podían jactarse de un
impecable
pasado antifascista levantaron su voz. En abril de 1948, José Ester
(deportado de Mauthausen, número 64553) y José Doménech (deportado
de
Neuengamme número 40202) convocaron una conferencia de prensa en
París en
nombre de la Federación Española de Deportados e Internados
Políticos. Su
finalidad era denunciar la presencia de 59 presos políticos
españoles en el
campo 99 de Karaganda, en Kazajstán. Su denuncia venía justificada
porque
"habían conocido la dominación inquisitorial de la Gestapo y de las
SS" y
para ellos tenían un sentido "las palabras libertad y derecho de
gentes".La
realidad resultaba terrible para el PCE como para que éste aceptara
desvelarla o, ya conocida, asumirla. Las condiciones en la URSS eran
tan
duras que no fueron pocos los que solicitaron abandonar el país con
la
intención incluso de regresar a una España gobernada por Franco. Por
regla
general, la respuesta de las autoridades fue radicalmente negativa.
De los
dramas que semejante actitud provocó es un claro paradigma la
historia de
Florentino Meana Carrillo y su hermano. Desesperado por salir de la
URSS -a
la que denominó "inmenso campo de concentración y de hambre"-
Florentino se
bebió un vaso de ácido sulfúrico. Su hermano decidió vengarlo.
Sabedor de
que la Pasionaria era la única persona autorizada por las
autoridades
comunistas para conceder o denegar los permisos de salida de los
españoles,
el joven se dirigió armado con un cuchillo al hotel Lux. Su
intención era
matar a la dirigente comunista. Para fortuna de la Pasionaria, aquel
día
estaba ausente y José Antonio Uribes, el suplente del buró político,
se
convirtió en su nuevo objetivo. No le costó mucho contener al
muchacho a la
espera de que lo redujeran. Después se lo tragarían las fauces del
sistema
represor soviético.
Fuentes:
Revista del domingo 14/06/ 98
(*) Historiador y profesor en universidades españolas y americanas,
César
Vidal (Madrid, 1958) es autor de obras como "La destrucción de
Guernica" o
"Los incubadores de la serpiente", en las que ha investigado
diversos
capítulos borrosos de la historia española y europea contemporánea,
desde
acciones bélicas de la guerra civil española hasta los orígenes
ideológicos
del nazismo. Conocedor del idioma ruso, Vidal se cuenta también
entre los
escasos historiadores españoles que han trabajado a fondo en los
archivos de
la antigua Unión Soviética, y de esta dedicación han surgido libros
como "La
ocasión perdida. Las revoluciones rusas de 1917"
a) Dolores Ibarruri, ³La Pasionaria² fue una activa militante
comunista
española de encendida verborragia y fanatismo. En un mitin en
Valencia en
1938 pronunció la polémica frase «Más vale condenar a cien inocentes
a que
se absuelva a un solo culpable». La Pasionaria era la encargada del
PC
español de velar por los niños y refugiados acogidos en Rusia.
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Josef Stalin. |
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Dolores Ibarruri, "La Pasionaria". |
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