logonlnew.JPG (11068 bytes)

Testimonios

Llamados del judaísmo por Jesucristo
Por la Madre María del Cielo, S.S.V.M. (*)

En un mundo que niega la existencia de Dios, su Providencia, y por ende, la vida sobrenatural; donde cada día se da más autoridad (o autoritarismo) al relativismo, llegando a una indiferencia total y, en tantos casos, a una abierta postura negativa hacia todo lo religioso, seguramente los hechos que relataremos a continuación carecerán
de sentido o importancia.

Como dice el P. Cornelio Fabro, ³al descartar la perspectiva absoluta de la
metafísica que sostenía la existencia del Absoluto y de sus derechos, el
hombre se balancea entre perspectivas opuestas de olvido o indiferencia, de
angustia y desesperación. O sea que se mece insensiblemente al compás de los
hechos, cualquiera que éstos sean, o se lanza contra todo y contra todos².
Hoy por hoy, es más urgente que nunca la visión que nos da la fe de todo
lo que pasa a nuestro alrededor, para poder comprender los hechos grandiosos
que suceden diariamente. Me refiero a la obra de Dios en las almas, que para
muchos pasa desapercibida, pero no por eso es menos real. Se trata de
milagros continuos de Su gracia que toca suavemente los corazones y los
atrae hacia Sí.
Esta obra Divina aun siendo siempre maravillosa en todas las almas, suele
impresionar mucho más cuando la vemos en personas que, profesando otra
religión, se sienten llamados a formar parte de la Iglesia Católica. Es el
caso de aquellos hombres y mujeres que han sido atraídos por Jesucristo
desde el Judaísmo.

Rabino
de Roma

Fue el caso, por ejemplo, de Israel Zolli, quien siendo rabino de Roma se
convierte al catolicismo después de un largo camino de búsqueda interior.
La imagen del Hombre crucificado que vio cuando tenía catorce años le
impresionó profundamente. Con el tiempo se hizo aun más llamativo para él la
concordancia entre el relato de la Pasión de Cristo en el Evangelio y el
Siervo sufriente descrito por el profeta Isaías: Despreciado y abandonado de
los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento,
menospreciado sin que le tengamos en cuenta. Pero fue él ciertamente quien
soportó nuestros sufrimientos y cargó nuestros dolores... Fue traspasado por
nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados..., y en sus llagas hemos
sido curados (Is 53, 3-5). Años después, estando en la Sinagoga de Roma,
donde presidía la ceremonia de Yom Kippur (día de la expiación) en calidad
de rabino, ³de repente -escribirá- contemplé con los ojos del espíritu una
gran pradera, y de pie en medio de la verde hierba estaba Jesús, vestido con
un manto blanco... Ante aquella visión sentí una gran paz interior, y en el
fondo de mi corazón oí estas palabras: "Estás aquí por última vez. En
adelante me seguirás". Las acogí con gran serenidad y mi corazón respondió
enseguida: "Que así sea, que así se cumpla"...².
Días después, el Gran Rabino renuncia a su cargo y busca a un sacerdote a
fin de completar su instrucción en las verdades de la fe. El 13 de febrero
de 1945, en la capilla contigua a la sacristía de Santa María de los
Ángeles, Zolli fue bautizado y tomó el nombre de Eugenio, en reconocimiento
a Pío XII, que tanto se había prodigado a favor de los judíos. Y su esposa
añadió a su nombre, Emma, el de María.
Una semana antes de morir, Eugenio confió lo siguiente a una religiosa
que le cuidaba: ³Moriré el primer viernes de mes, a las tres de la tarde,
como Nuestro Señor². El viernes 2 de marzo, de madrugada, recibe la Sagrada
Comunión. Al mediodía entra en coma y, a las tres de la tarde, entrega su
alma a Dios. Al final de sus memorias había escrito:
³Sólo podemos confiarnos a la misericordia de Dios y a la piedad de
Cristo, que la humanidad sacrifica porque no sabe vivir en Él. Sólo podemos
confiar en la intercesión de Aquella cuyo corazón fue atravesado por la
lanza que perforó el costado de su Hijo².

Intervención
de la Virgen

Es el caso también de Alfonso Ratisbona, quien había hecho
desinteresadamente una promesa a su amigo cristiano, Teodoro de Bussière, de
llevar la medalla de la Virgen Milagrosa y recitar el "Acordaos", la oración
de S. Bernardo a la S. Virgen.
Fue el 20 de Enero de 1842, esperando a su amigo en la Iglesia de S.
Andrea delle Fratte (Roma) ³cuando de repente el edificio entero desapareció
a mis ojos y no ví más que una sola capilla brillante de luz. En aquel
esplendor apareció, de pie, sobre el altar, grande, resplandeciente, llena
de majestad y dulzura, la Virgen María, como está en la Medalla. Una fuerza
irresistible me atrajo hacia Ella. La Virgen me hizo señal con la mano de
arrodillarme. No me habló, pero comprendí todo². Poco después dirá: ³ante la
presencia de la Santísima Virgen, si bien no me dijo nada, comprendí el
horror del estado en el cual me encontraba, la deformidad del pecado, la
belleza de la religión Católica: en una palabra, ¡comprendí todo!².
El 31 de enero, en la Iglesia del Gesù (Roma), Alfonso recibe el bautismo
agregando a su nombre el de María. Después llegó a ser sacerdote jesuita y
trabajó junto con su hermano Teodoro, también sacerdote, fundador de la
Congregación Nuestra Señora de Sión, en Jerusalén.

Mártir

Muy cercano a nosotras está el ejemplo de Edith Stein (1891-1942), de
familia judía ortodoxa quien llegó a ser una prominente filósofa. Más tarde,
después de una intensa búsqueda de la verdad, se convirtió al catolicismo y
se hizo monja carmelita tomando el nombre de Sor Benedicta de la Cruz.
Esta hija del pueblo judío, cual otra Ester, se ofreció a Dios ³por todas
las intenciones del Sagrado Corazón de Jesús y de María y por la Santa
Iglesia... en expiación por la incredulidad del pueblo judío y para que el
Señor sea acogido por los suyos y venga su Reino en la Gloria². Dios la
escuchó, y coronó con el martirio su gran amor a la cruz.
Visitando las comunidades de nuestra congregación en Holanda, pudimos
peregrinar al Carmelo de Echt donde esta santa vivió sus últimos años junto
con su hermana Rosa (quien también se convirtió al catolicismo y se hizo
terciaria carmelita). Allí permanecieron hasta que fueron detenidas junto a
otros miles de judíos católicos como reacción del Reich a la protesta que
hicieran los cristianos ante la situación de injusticia que sufrían las
familias judías. En el coro, que las carmelitas usan hasta el día de hoy,
una gran foto de la santa señala el lugar que ocupaba. A pocos metros del
Carmelo, una placa en el piso de la vereda indica el lugar, los nombres y la
fecha en que fueron deportadas al campo de concentración: Rosa y Edith
Stein, 2 de agosto de 1942 - 17 hs. El 9 de Agosto, las dos hermanas daban
su vida en Auschwitz.
Años después, en la Homilía de su canonización Juan Pablo II dio
testimonio del amor martirial de esta santa: ³¡La Cruz de Cristo! En su
constante florecimiento, el árbol de la Cruz produce siempre renovados
frutos de salvación. Por eso los creyentes vuelven la vista hacia la Cruz
con confianza, extrayendo de su misterio de amor la valentía y la fuerza
necesarias para seguir las huellas de Cristo crucificado y resucitado. Así
ha penetrado el mensaje de la Cruz en el corazón de tantos y tantos hombres
y mujeres, transformando su existencia².
³Un elocuente ejemplo de esa extraordinaria renovación interior es el
recorrido espiritual de Edith Stein, una joven que fue en busca de la verdad
y que, gracias a la silenciosa labor de la gracia de Dios, ha llegado a
convertirse en una santa y en una mártir. Se trata de Teresa Benedicta de la
Cruz, que nos repite a todos desde lo alto del Cielo las palabras que
marcaron su existencia: "En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (Ga 6, 14) [...] El amor de Cristo
fue el fuego que encendió la vida de Teresa Benedicta de la Cruz... El Verbo
hecho carne lo fue todo para ella².

Un encuentro
providencial

Pocos días después de nuestra peregrinación a Echt fuimos a Misa a un
Monasterio Benedictino muy cerca de Heiloo. Cuando entramos en la Iglesia,
nos llamó la atención una persona sentada en el último banco. Supusimos que
era judío porque llevaba Kipá, pero esto no explicaba su presencia allí, ni
la devoción con que rezaba. Al finalizar la Santa Misa,
después de la acción de gracias, cuando esta persona se levantó para irse me
acerqué y le pregunté si él había sido judío. Me respondió: ³Soy judío
católico². Su nombre era Hans. Al preguntarle por su familia, emocionado me
contestó que habían muerto todos en Auschwitz. Se hizo un silencio, se lo
notaba emocionado. Sólo pude decirle algunas palabras sobre el Cielo y la
esperanza de encontramos algún día junto a Dios, con nuestros seres
queridos.
Poco a poco Hans se fue abriendo. Sus respuestas eran concisas. Se había
convertido al catolicismo hace 4 años. ¿El motivo? Jesucristo. "El era
judío".
Hablamos del cumplimiento de la revelación en Jesucristo y de la alegría
que significaba que Hans creyera en Él y que fuera parte de la Iglesia
Católica; también mencionamos a Juan Pablo II y su amistad con el pueblo
judío. El se refirió, además, con mucho cariño a Benedicto XVI y dijo que
había tenido la gracia de conocerlo personalmente cuando era Cardenal, en
una oportunidad en que fue a visitar a Mons. Gijsen.
Le comentamos también de nuestro monasterio contemplativo en New York, el
cual tiene como intención particular, rezar por el pueblo judío. Se puso muy
contento y dijo que las religiosas eran una bendición para la Iglesia.
Nos contó que venía asiduamente a ese Monasterio benedictino para
confesarse; estaba casado y tenía cuatro hijas, quienes hasta el día de hoy
permanecen fieles practicantes de la religión judía.
Cuando una de ellas, estaba enferma de cáncer, Hans buscó en Internet
direcciones de conventos para pedir oraciones y encontró la del monasterio
de Santa Gema Galgani en Lucca (Italia). Les escribió y las hermanas le
enviaron una reliquia de esta santa. Su hija se la colgó y después de rezar
la novena quedó totalmente curada, de un modo tan admirable, que el mismo
médico que la trataba (también judío) afirmó que se trataba de un milagro.
Ahora Hans quiere peregrinar con su hija al santuario de S. Gema en
agradecimiento por la gracia recibida.
Indudablemente que las razones de su conversión han quedado profundamente
escondidas en su alma, pero hubo un detalle que nos hizo comprender uno de
los motivos de su acercamiento a la fe católica. Nos contó que de niño,
asistía a una escuela católica y que cada día, antes del inicio de las
clases, solía entrar un momento en la Iglesia para hacer una visita al
Sagrario. Le preguntamos admiradas si él sabía quién estaba allí, a lo que
respondió que sí, que le habían dicho en la escuela que estaba Jesús... Sin
duda que fue Dios quien lo guió desde pequeño hasta este momento de un modo
del todo providencial.

Desde
la música

A raíz de esto, recordé el testimonio de otros judíos convertidos que han
sido atraídos por la presencia eucarística de Nuestro Señor, como Hermann
Cohen (1821-1871), joven de brillante inteligencia y extraordinario talento
musical. Bajo la protección del famoso pianista Franz Liszt, fue
desarrollando aún más sus dones pero también rodeándose poco a poco de un
mundo de fama y frivolidades, hasta que atraído por la Eucaristía se
convirtió al catolicismo y, tiempo después, llegó a ser Padre Carmelita
convirtiéndose en el Apóstol del Santísimo Sacramento.
Así expresaba su amor a la Eucaristía: ³Oh sí, mi Dios, cuando te ofrezco
esta hostia de alabanza y de amor, escucho la voz del Padre de lo alto del
Cielo descendiendo sobre Jesús en las aguas del Jordán, diciendo: "Este es
mi hijo amado en quien me complazco² (Mt. 3, 17).
³Si, entonces, le ofrecemos a Él este Hijo bien-amado, hecho nuestra
porción en la divina Eucaristía, presentamos al Eterno Padre una acción de
gracias infinitamente agradable, una acción de gracias digna de Él, igual a
Él y sobreabundante...Este es, mis hermanos, el modo en el cual podemos dar
plenamente gracias a Dios, por medio de nuestro Divino Mediador, Jesús, en
la Eucaristía, en el sacrificio del Altar...².

El Santo
de Israel

También es el caso de David Moss: ³Dios ha dado a nuestras vidas su
último significado: la plenitud de la vida, ahora y eternamente, en Jesús y
Su Iglesia con la gran comunión de los Santos...el incomprensible privilegio
de entrar en una anticipada unión con Dios por medio del Santo de Israel,
nuestro Creador y Salvador, nuestro Señor en la Santa Eucaristía².

Pareciera que estas voces se elevan unánimes para tapar aquellas palabras
pronunciadas contra Jesús dos mil años atrás en la sinagoga de Cafarnaún:
³Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?². Nuestro Señor se les
había revelado como el Pan vivo bajado del cielo. ³Si uno come de este pan
vivirá para siempre; y el pan que yo le vaya dar es mi carne por la vida del
mundo...Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le
resucitaré el último día² (Jn. 6,51). ³Desde entonces muchos de sus
discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él² (Jn. 6, 66).
A lo largo de los siglos Dios sigue hablando de Sí a los hombres y sus
palabras son acompañadas por gracias del todo particulares, demostrándonos
que Él es quien obra, como quiere y cuando quiere... porque las almas son
Suyas.
Que Él nos conceda la gracia de saber asombrarnos siempre, como niños
pequeños, frente a la gran obra de Su gracia.
Que jamás pasen desapercibidos a nuestros ojos los milagros de su
Omnipotencia y de su Misericordia que atrae a los hombres irresistiblemente,
respetando al mismo tiempo nuestra libertad.
En el caso de Hans habrán pasado seguramente casi cincuenta años desde
que solía realizar sus visitas al Sagrario en la Iglesia de su escuela, pero
aquel recuerdo no se borró jamás. Jesús-Eucaristía lo esperó, continuó
hablándole a su corazón con aquella misma voz que predicaba a las multitudes
de Galilea y que seguirá hablando en lo más profundo de las almas, aunque
muchos hombres se esfuercen por hacerla callar.
³Levantan los ríos Señor, levantan los ríos su voz, levantan los ríos su
fragor; pero más que la voz de aguas caudalosas, más potente que el oleaje
del mar, más potente en el cielo es el Señor² (Sal 92).


(*) Roma (Italia). En agradecimiento al R.P. Carlos Buela, por enseñamos a
valorar la admirable obra de Dios en las almas.


El rabino Eugenio Zolli.


Alfonso de Ratisbona.


Edith Stein, martir.

 

Apostilla a la historia

El drama que vivieron los niños españoles que fueron deportados a la URSS durante la guerra civil española.
Cinco mil niños al infierno
Por César Vidal (*).

Uno de los episodios menos conocidos y sin embargo más terribles de la historia reciente de España fue el trágico destino de muchos de los niños enviados a la Unión Soviética como refugiados durante la Guerra Civil. De su
infortunio fueron cómplices silenciosos los dirigentes del Partido Comunista Español instalados en el exilio de Moscú.



Habían pasado ya varios meses desde el estallido de la guerra civil española
cuando, temiendo las víctimas civiles que podían ocasionar los bombardeos
del arma aérea de Franco, se planteó la posibilidad de evacuar a un
determinado número de niños a distintos países extranjeros. Aunque los
lugares de destino fueron variados -de Gran Bretaña a Bélgica pasando por
Francia- la propaganda comunista logró que en la mente de buen número de
españoles la protección de los niños quedara vinculada de manera casi
exclusiva a la URSS. Esta actitud sirvió de arma propagandística, pero sobre
todo tuvo el resultado de correr un siniestro velo sobre uno de los
episodios más trágicos de la historia reciente de España.
Los niños que llegaron a territorio soviético, unos cinco mil
aproximadamente, fueron inicialmente objeto de un buen trato. Se les
asignaron escuelas en las que conservaron maestros españoles y se les
dispensó la enseñanza en su lengua natal. Sin embargo, la situación cambió
radicalmente al producirse el final del conflicto, y especialmente desde el
momento en que Stalin firmó su pacto de no agresión con la Alemania de
Hitler. Para entonces, España había dejado de ser interesante para el
dictador del Kremlin. No es extraño, por ello que, a la vez que cerraba las
puertas a nuevos refugiados españoles, los niños fueran arrancados de su
situación inicial para verse sumergidos en otra muy distinta. Obligados a
estudiar predominantemente en ruso, debieron sumar a su actividad escolar
trabajos físicos de notable envergadura. En invierno, semejante deber se
tradujo en la tala de árboles previa al desayuno y en verano, en las más
diversas faenas agrícolas.
Este sistema de vida tuvo terribles consecuencias para los niños. No sólo
se resintió su rendimiento escolar, sino también su salud. En el curso de
los años 1941-42, una inspección médica realizada por el Comisariado de
Educación puso de manifiesto que más de un 50 % de los niños padecía
tuberculosis y otro 30 % se hallaba en un estado de pretuberculosis. En ese
curso no menos del 15 % de los niños había muerto. Pero la desgracia no se
limitaba a los niños ya escolarizados. En buena medida, el destino de los
recién nacidos resultaba peor. En 1940, en Krematorsk, de los catorce niños
nacidos trece murieron a las pocas semanas de desnutrición. El cuadro
-repetido en lugares como Gorki, Jarkov y Rostov- se debía fundamentalmente
a la actitud de las autoridades soviéticas, especialmente cicateras a la
hora de entregar leche o medicinas a los españoles.

En lugares remotos

No resulta sorprendente que algún mando del Partido Comunista Español
creyera conveniente hacer a los adolescentes la recomendación de enrolarse
en el Ejército Rojo como la única manera de eludir el espectro del hambre.
Lamentablemente, lo peor quedaba por venir.
La invasión de la URSS por Hitler dejó pronto de manifiesto las peores
deficiencias del régimen soviético. Los ejércitos soviéticos sufrieron el
efecto devastador de batallas de cerco en las que perecieron centenares de
miles de sus hombres. Por lo que se refiere a las colonias españolas, no
eran aún sospechosas y pudieron librarse de las deportaciones étnicas que el
aparato represor de Beria realizó en paralelo a las derrotas militares. Aun
así, su suerte distó de ser buena. Los niños fueron enviados a los lugares
más remotos e inhóspitos de la URSS, que iban desde Samarkanda y Kakan, en
Asia central, hasta las estribaciones de los Urales, ya en Siberia central.
En Kransnoarmeinsk, dieciséis criaturas cayeron en manos de los alemanes,
que los trasladaron al territorio del Reich con el fin de entregarlos a la
Falange. No costó mucho trabajo convertirlos en baza propagandística.
El futuro que esperaba a los niños españoles en sus distintos destinos se
reveló horrible. Enfrentados al hambre y los malos tratos, no pocos se
vieron obligados a someterse o a delinquir. En Tashkent constituyeron bandas
dedicadas a perpetrar hurtos. En Samarkanda y Tiflis, las niñas prostitutas
españolas -de las que no pocas quedaron embarazadas- - llegaron a hacerse
célebres entre los jerarcas del partido. Ni siquiera los hijos de los héroes
se vieron libres de aquella negra situación. Un hijo del coronel Carrasco,
que había servido en el Ejército republicano y ahora enseñaba en la escuela
militar Frunze, de Moscú, fue detenido mientras robaba en una panadería en
Kakan. Murió en prisión de tuberculosis.
Para muchos se fue abriendo camino la idea de que la única esperanza de
supervivencia se hallaba en poder abandonar la URSS. Países como México
-donde se asentaba una importante colonia de exiliados- estaban más que
dispuestos a recibir con los brazos abiertos a los niños. Sin embargo, ni la
Unión Soviética ni el Partido Comunista Español estaban dispuestos a que se
supiera la verdad del paraíso del proletariado y del trato que venía
dispensando a los niños desde hacía años. La Pasionaria (a) se convirtió, al
parecer sin resistencia, en la pieza clave que impidió la salida de aquellas
víctimas hacia otros países. Sus razones -reproducidas por Jesús Hernández,
comunista y antiguo ministro republicano- no podían ser más obvias: "No
podemos devolverlos a sus padres convertidos en golfos y en prostitutas, ni
permitir que salgan de aquí como furibundos antisoviéticos" . Constituía
toda una confesión de los resultados reales -ocultados por la propaganda- de
vivir en la URSS.

Convertidos en delincuentes

Puestos a delinquir, los niños españoles difícilmente hubieran podido
hacerlo en un medio más difícil. Desde su establecimiento, el sistema
soviético se había mostrado especialmente riguroso con los niños. En 1926,
el Código Penal soviético ya había incluido condenas de campo de
concentración y de prisión para los niños que hubieran cumplido doce años.
Los resultados de aquella norma fueron fulminantes. Al año siguiente de su
promulgación, el 48 % de la población del "gulag" tenía entre 16 y 24 años.
Pese a todo, no pareció suficiente a los administradores del inmenso
sistema. El 7 de abril de 1935 se decretó la pena de muerte también
aplicable a los niños que hubieran cumplido doce años. La ferocidad del
sistema no hizo ninguna excepción con los niños españoles. El campo de
Karaganda, abierto en 1936, fue tan sólo uno de aquellos terribles enclaves
donde los españoles -adultos y niños- fueron explotados como esclavos y
murieron de frío, hambre y agotamiento. Los testimonios hablan de
sodomizaciones de niños en los traslados hasta Karaganda y de niñas
sometidas a lo que eufemísticamente se denominó tranvía, es decir, una
violación colectiva a manos de otros reclusos o de guardianes. Solía ser el
antecedente de una jornada de trabajos forzados de diez horas con una dieta
de hambre. El régimen de trabajo no lo era todo: a él se sumaba un universo
donde los niños se convertían en "malolietki" -miembros de una banda de
ladrones en el campo- o en víctimas de cualquier "maloietka". La
alimentación nada tenía que envidiar a la de los campos de exterminio nazis.
Frenkel, el funcionario encargado de fijar las raciones del "gulag", había
sido estricto: los que realizaban menos del 30 % de la norma recibían
diariamente 300 gramos de pan y una escudilla de ba landa; los que
conseguían entre el 30 % y el 80 % de la norma contaban con 400 gramos de
pan y tres escudillas. Los que recibían menos no cubrían su desgaste físico,
pero los que recibían mayor cantidad morían antes, porque el deterioro
físico era más acelerado y el aumento de ración no compensaba.
La suma de hambre, malos tratos y represión se tradujo pronto en
resultados sobrecogedores. En 1943, cuando José Hernández abandonó la URSS,
cerca de un 40 % de los niños españoles había muerto. A los supervivientes
aún les quedaba por recorrer un vía crucis. Contra lo esperado ingenuamente
por millones de personas, el final del conflicto no se tradujo en una
amnistía de los presos de la URSS ni tampoco en una reducción de la
represión. Pronto los tres millones y medio de reclusos que tenía en 1945 el
"gulag" (sin contar los de las colonias penales y los de las cárceles)
comenzaron a recibir lo que Solzenitsin denominó nuevas riadas. Fueron
trasvases de polacos y húngaros, de ucranianos y soviéticos, de muchachas
que habían confraternizado con los alemanes y de niños españoles. En
1946-47, éstos contaron con su propia riada. No se les consideraba seguros y
desde luego los jerarcas del PCE, siguiendo su trayectoria previa, no
estaban dispuestos a arriesgar su estatus para salvarlos. Aquellos seres a
los que se había arrancado la infancia insistían en abandonar el paraíso
soviético y lo pagaron caro. Por regla general, se les aplicó el art. 7-35
(socialmente peligrosos) o el terrible y polifacético 58-6, acusándoseles de
espionaje... ¡en favor de Estados Unidos! En 1947, con ocasión del décimo
aniversario de su llegada a la URSS, los antaño niños fueron reunidos en el
teatro Stanislavsky de Moscú. No llegaban a dos mil. El resto -entre el 50 %
y el 60 %- había muerto o se hallaba atrapado en las redes del sistema
concentracionario.
Pero ni siquiera todos los supervivientes habían quedado convencidos de
las excelencias del sistema. A pesar de que aquel año se les hizo firmar un
documento en el que declaraban su voluntad de no abandonar la URSS y de que
no faltarían los testimonios favorables al trato recibido (alguno
galardonado incluso con el premio Pushkin 1987), los ejemplos de repulsa por
aquel régimen no fueron escasos. En septiembre de 1957, 534 españoles
lograron regresar a España.
La historia de los niños españoles en la URSS constituye un drama
sombrío, pero posiblemente uno de sus aspectos más escalofriantes fue el de
la colaboración y el silencio de los jerarcas del PCE en aquel proceso de
abandono, primero, y exterminio, después. Acomodados en condiciones
privilegiadas que no deseaban perder, las excepciones a aquella norma de
vergonzante silencio fueron tan escasas que pueden mencionarse casi al
completo. En primer lugar estuvo Valentín González "el Campesino", que no
pudo soportar el choque con la realidad que significó su conocimiento
directo de la URSS. Horrorizado por el trato que recibían los españoles, no
dudó en manifestar sus opiniones. Lo pagó siendo condenado al "gulag". Sus
captores pensaban en deshacerse de él pero logró evadirse. Para los reclusos
soviéticos que lo conocieron se convirtió en un auténtico mito de valentía.
Solzenitsin llegó a conocer a una tal Zhora, que, en el campo de
concentración, iba escribiendo una novela (nunca llegó a publicarse) sobre
el Campesino. A su regreso a Occidente, el PCE hizo todo lo posible por
silenciarlo.
El caso de Jesús Hernández fue aún más escandaloso. Horrorizado por lo
que denominó el país de la gran mentira, en 1943 lo abandonó -perdiendo a su
madre y a su hermana en él- y se atrevió a contar la realidad. Por lo que se
refiere al secretario general del PCE, José Díaz, ya había sido enviado a la
URSS antes de acabar la Guerra Civil. Progresivamente arrinconado por los
soviéticos y por la Pasionaria, fue cayendo en una postración progresiva al
comprobar que nadie atendía a sus quejas relacionadas con la situación de
los españoles en la URSS. El 19 de marzo de 1942 cayó del cuarto piso en el
que vivía, y murió en el acto. Se habló de suicidio -lo que encaja con su
depresión ante la suerte de los compatriotas-, pero también de asesinato,
por deseo de librarse de tan molesto testigo.

Demasiado para el PCE

Hernández y el Campesino fueron acusados de embusteros, de agentes del
imperialismo, de traidores. De hecho, incluso los que continuaban su lucha
contra el gobierno español de la época y podían jactarse de un impecable
pasado antifascista levantaron su voz. En abril de 1948, José Ester
(deportado de Mauthausen, número 64553) y José Doménech (deportado de
Neuengamme número 40202) convocaron una conferencia de prensa en París en
nombre de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos. Su
finalidad era denunciar la presencia de 59 presos políticos españoles en el
campo 99 de Karaganda, en Kazajstán. Su denuncia venía justificada porque
"habían conocido la dominación inquisitorial de la Gestapo y de las SS" y
para ellos tenían un sentido "las palabras libertad y derecho de gentes".La
realidad resultaba terrible para el PCE como para que éste aceptara
desvelarla o, ya conocida, asumirla. Las condiciones en la URSS eran tan
duras que no fueron pocos los que solicitaron abandonar el país con la
intención incluso de regresar a una España gobernada por Franco. Por regla
general, la respuesta de las autoridades fue radicalmente negativa. De los
dramas que semejante actitud provocó es un claro paradigma la historia de
Florentino Meana Carrillo y su hermano. Desesperado por salir de la URSS -a
la que denominó "inmenso campo de concentración y de hambre"- Florentino se
bebió un vaso de ácido sulfúrico. Su hermano decidió vengarlo. Sabedor de
que la Pasionaria era la única persona autorizada por las autoridades
comunistas para conceder o denegar los permisos de salida de los españoles,
el joven se dirigió armado con un cuchillo al hotel Lux. Su intención era
matar a la dirigente comunista. Para fortuna de la Pasionaria, aquel día
estaba ausente y José Antonio Uribes, el suplente del buró político, se
convirtió en su nuevo objetivo. No le costó mucho contener al muchacho a la
espera de que lo redujeran. Después se lo tragarían las fauces del sistema
represor soviético.
Fuentes:
Revista del domingo 14/06/ 98

(*) Historiador y profesor en universidades españolas y americanas, César
Vidal (Madrid, 1958) es autor de obras como "La destrucción de Guernica" o
"Los incubadores de la serpiente", en las que ha investigado diversos
capítulos borrosos de la historia española y europea contemporánea, desde
acciones bélicas de la guerra civil española hasta los orígenes ideológicos
del nazismo. Conocedor del idioma ruso, Vidal se cuenta también entre los
escasos historiadores españoles que han trabajado a fondo en los archivos de
la antigua Unión Soviética, y de esta dedicación han surgido libros como "La
ocasión perdida. Las revoluciones rusas de 1917"

a) Dolores Ibarruri, ³La Pasionaria² fue una activa militante comunista
española de encendida verborragia y fanatismo. En un mitin en Valencia en
1938 pronunció la polémica frase «Más vale condenar a cien inocentes a que
se absuelva a un solo culpable». La Pasionaria era la encargada del PC
español de velar por los niños y refugiados acogidos en Rusia. 


Josef Stalin.

Dolores Ibarruri, "La Pasionaria".
Centro de Difusión de la Buena Prensa Nueva Lectura - Ediciones Anteriores