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Espiritualidad

Jesús en la cruz
Por el Padre Jesús Martí Ballester

El mundo, con el señuelo y la novedad del progresismo, de la innovación y de la singularidad, resulta más camaleónico de lo que se cree.

Con la pregunta dubitativa: ¿Quién creyó nuestro anuncio?, comienza el
Profeta Isaías el capítulo 53 de su Profecía. Al mundo le parece que está
inventando la historia y produciendo novedades cuando sólo está renovando
viejísimos errores y herejías en nombre de la nueva cultura. Y junto a la
consecuencia directa de la ignorancia, incoherencia y entronización de la
carencia de rigor, llega al pensamiento débil y a las ideas heréticas.
Salvarnos sin cruz, o con cruces deleitables, es un revivir el epicureismo y
el hedonismo pagano. Algunos cristianos tratan de desvirtuar la cruz,
rebajando el vino del evangelio con el agua de la mediocridad, o pagando
tributo al relativismo, o con la escasa formación acomodaticia. La
espléndida película de Mel Gibson, que pudimos ver en todo el mundo ha sido
la respuesta de Dios a esta sociedad hedonista que, aunque cristiana, se ha
quedado vacía, como la higuera poblada de hojas, sin un solo fruto, porque
ha dado vueltas estériles alrededor de una cruz vacía de un hombre-Dios
desangrado. Aunque Dios puede, ¿cómo dudarlo? revelar místicamente su Pasión
a personas individuales, como lo ha hecho a lo largo de la historia a
diferentes almas privilegiadas, como Catalina Emmerich, cuyas revelaciones
publicó en 1833 el poeta Brentano, en ³La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo según las Meditaciones de Anne Catherine Emmerich² y antes en
España, la venerable María de Jesús de Agreda, cuyas visiones muestran
detalles que les dan una enorme intensidad, puede inspirar a un inmenso
artista para que utilizando la técnica moderna, el arte, la sabiduría y la
plasmación de la belleza que le facilite la tarea para llegar a las
muchedumbres con su amor evidente y transformante. Mel Gibbson ha estudiado
en profundidad a los profetas, especialmente a Isaías en los poemas del
Siervo de Yave, por supuesto los evangelios y a las místicas citadas
exhaustivamente.
Somos duros, necesitamos ver sangre, corazón roto, agonía, muerte. La
cruz que hemos dejado vaciar, ha sido ocupada por un hombre triturado, y
desde allí le vemos perdonar, amar, dar la vida. Nos ama, nos busca, nos
perdona, nos quiere felices con El en su Reino eterno. ¿Quién puede dudar de
su amor? El amor hasta el fin le hizo morir. Esa es la causa de la cruz.
Mucha controversia se ha levantado de una manera especial en torno a la
larga flagelación. No se explican algunos tanta sangre y crueldad salida de
mentes humanas, pero olvidan que quien la estuvo instigando era el mismo
Satanás, que Gibson se ha cuidado de manifestar en distintas formas e
imágenes y símbolos.

La cruz del amor en San Pablo

Pablo, que vio a Cristo en el camino de Damasco, se sabe ³crucificado con
Cristo² (Gal 2,19) y ³configurado a su muerte² (Fl 3,10). Nos confiesa que
³Lleva en su cuerpo las marcas de Jesús² (Gal 6,17). Y cita todo lo que ha
sufrido por Cristo: ³Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos
uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces
naufragué; un día y una noche pasé en el mar. Viajes frecuentes; peligros de
ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los
gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar;
peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas
veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez².
Expresará su dolor a los filipenses ³Con lágrimas en los ojos² porque:
³muchos viven, según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con
lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo...² (Fl 3, 18). ³Pasa dolores
de parto² (Gal 4,19). ³ ¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de
parto hasta ver a Cristo formado en vosotros² (Gal 4,19). Pero como la mujer
sufre hasta dar a luz, luego se goza por haberle dado un hijo al mundo (Jn
16,21), así el apóstol sufre lo indecible, pero el resultado final es: ³ver
a Cristo formado en vosotros². ³Llevamos siempre en nuestros cuerpos por
todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se
manifieste en nuestro cuerpo² (2 Cor 4,10).

Los viejos errores

Tanto Lutero como Calvino negaron la necesidad de cooperar a la gracia,
enseñando que sólo la fe justifica y nos aplica los méritos de Cristo. ³Sola
fides; sola gratia; sola Scriptura². Desde que Pablo VI entrara en la última
sesión del Vaticano II con un cilicio en sus carnes y dijera entre sollozos:
³Tuta Chiesa e inficionata², ¡cuántos avances han conseguido estos
gravísimos errores, cuántos virus han extendido la epidemia difusa y larvada
que nos invade, más perniciosa que los virus informáticos que han
contaminado millones de computadoras, contradiciendo a la Sagrada Escritura
y al Magisterio, que es el único que tiene el carisma y la misión
ministerial de interpretar la Biblia.
Es preferible, decía un teólogo, ser granos de trigo dentro de la
Iglesia, que árboles frondosos fuera. Y ¡cuántos son los que pretenden
suplantar esta interpretación por el ³libre examen personal²!. ¿Qué sentido
tiene proclamarse teólogos católicos, si se apartan de la fe de la Iglesia y
de su Magisterio? ¿Pretenden que les sigamos a ellos y nos apartemos de la
Cabeza, a quien Cristo confió el ministerio de confirmar en la fe a sus
hermanos? "La fe sin obras es muerta" (Sant 2,20). "No son justos los que
oyen la ley, sino aquéllos que la cumplen" (Rom 2,13). Y el mismo Cristo
declara que en el juicio final serán sentados a la derecha los que hayan
practicado las obras de misericordia (Mt 25,34). Y "Si quieres entrar en la
vida eterna, guarda los mandamientos" (Mt 19,17). Y San Agustín dice: "El
que te creó sin tí, no te salvará sin tí". Para esta supuesta cultura, la
teología de la cruz es una locura o una necedad, como decía el Apóstol, y no
duda en preguntar Isaías: ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló
el brazo del Señor?

El misterio de la Cruz no puede ser entendido por el mundo

El enigma misterioso de la cruz sólo Dios lo entiende. Y los Santos, en
la medida que él les concede. San Juan María María Vianney se escapaba de su
parroquia de Ars porque no se veía capaz. No le era más fácil la vida en
Ars, pues en ningún monasterio por estricto que fuera, habría vivido una
vida tan dura como la que él mismo se impuso en Ars. Desde las dos de la
mañana en el confesionario, lo que le dolían eran los pecados que escuchaba
y perdonaba, pues él no buscaba en su parroquia vivir una tranquila vida;
era un hombre de una penitencia durísima, y en cualquier monasterio habría
comido tres veces al día, por lo menos, y no las patatas mohosas que el
mismo se cocía para toda la semana, ni los sacrificios asombrosos que se
imponía para convertir a los pecadores. Y, ¿cuáles eran los motivos de los
llantos en la misa de San Pío de Pietrelcina? Los pecados.

Por cierto, a Jesús lo crucificaron los Romanos instigados por las
autoridades religiosas de los judíos. Pero, se me ocurre preguntar: ¿Quién
crucificó a Francisco de Asís? ¿Quién transverberó a Santa Teresa? Y más
cerca de nosotros: ¿Quién estigmatizó a San Pío de Pietrelcina? El pecado es
una tremenda realidad, un misterio de iniquidad, dice San Pablo. ³Mirad, mi
siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de
él, porque desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano; así
asombrará a muchos pueblos; ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo
inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?².
¿Quién es el que ve la distancia del pensamiento del hombre del pensamiento
de Dios?. ³Mi siervo tendrá éxito².
A un compañero párroco que se lamentaba al Cura de Ars de lo fría que
estaba su feligresía, respondía San Juan María Vianney: -²¿Habéis orado,
habéis ayunado? ¿Os habéis disciplinado?²- Una vecina suya oía todas las
noches los golpes de su penitencia y, asombrada y compadecida, decía:
-¡Cuándo pararás! ¡¡Cuándo pararás!!-. Pero él, que se había encontrado una
comunidad parroquial descristianizada, a los quince años de su pastoreo,
decía: ³Ars ya no es Ars.El cementerio de Ars es un relicario².

¿Cómo redimir al hombre del pecado?

No puede la teología dejar de enseñar, tanto los antiguos como los
modernos y aún los actualísimos, uno de los mayores y Padre del Concilio
Vaticano II, Hans Urs Von Balthasar, creado Cardenal por Juan Pablo II, las
distintas opciones de Dios ante el pecado: dejar al género humano sufriendo
sus consecuencias; perdonarlo sin reparación adecuada, como lo destaca
Guardini, que tampoco es Santo Tomás; o exigir una satisfacción condigna,
término teológico que significa proporcionalidad entre lo que se debe y lo
que se paga. Dicho de otro modo: El pecado es una ofensa infinita, por el
término ad quem, que es Dios infinito. O Dios no es misericordioso y
abandona al hombre, lo cual es imposible; o perdona al hombre sin exigirle
reparación justa. Elije y determina la satisfacción condigna, la más digna
según su justicia, sabiduría y misericordia. Esta satisfacción exige pagar
la deuda de la ofensa infinita, pero, como el hombre no es capaz de pagar de
esta manera, pagará él. El Verbo se hará hombre para poder morir y reparará
la ofensa y las demás consecuencias del pecado. Esto se llama Redención,
misterio inescrutable. El misterio de la Encarnación consiste en la unión de
la naturaleza humana con la divina en la persona del Verbo de Dios. Dios
formó una concreta naturaleza humana en las entrañas de la Virgen María y la
hizo subsistir en la persona divina del Verbo. Por esta unión hipostática de
la persona divina del Verbo con la naturaleza humana, Cristo, que es
verdadero Dios, es también verdadero hombre. El hombre pecó por soberbia:
"Seréis como dioses, y Dios se hará hombre por obediencia, para hacer al
hombre Dios. Al encarnarse Dios, se manifiesta su bondad infinita; su
misericordia; su justicia; su sabiduría, para unir la misericordia con la
justicia; su poder infinito, porque es imposible realizar gesta mayor que la
encarnación del Verbo, al juntar en ella lo finito con lo infinito. Dios,
Juez Supremo, pudo haber perdonado el pecado gratuitamente, o pudo haber
exigido una reparación congrua. Quiso unir la justicia con la misericordia.
Dice Santo Tomás de Villanueva: "Muchos medios he intentado y buscado para
que los hombres dejen la vanidad y me sigan, y ninguno sirve de nada; uno
sólo resta para convencerlos, que es darles a entender cómo infinitamente
los amo, haciéndome hombre".

El dolor mayor

Y manifestándoles cuánto les amo con la prueba de lo mucho que sufrió ,
infinitamente más que ningún hombre ha sufrido pues "Mirad y ved si hay
dolor como mi dolor" (Is 1, 12). Santo Tomás, comentando el texto de Isaías
explica por qué el dolor físico y moral de Cristo ha sido el mayor de todos
los dolores: Por las causas de los dolores: el dolor corporal fue
acerbísimo, tanto por la generalidad de sus sufrimientos, como por la muerte
en la cruz. El dolor interno fue intensísimo, pues lo causaban todos los
pecados de los hombres, el abandono de sus discípulos, la ruina de los que
causaban su muerte y, por último, la pérdida de la vida corporal, que
naturalmente es horrible para la vida humana natural. Por la sensibilidad
del paciente: el cuerpo de Cristo era perfecto, muy sensible, como conviene
al cuerpo formado por obra del Espíritu Santo. De ahí que, al tener finísimo
sentido del tacto, era mayor el dolor. Lo mismo puede decirse de su alma: al
ser perfecta comprendía eficacísimamente todas las causas de la tristeza.
Por la pureza misma del dolor: porque otros que sufren pueden mitigar la
tristeza interior y también el dolor exterior, con alguna consideración de
la mente, Cristo en cambio, no quiso hacerlo. Porque el dolor asumido era
voluntario. Y así, por desear liberar de todos los pecados, quiso sufrir el
dolor en proporción al fruto. Y de ahí se sigue que el dolor de Cristo ha
sido el mayor de cuantos dolores ha habido (Suma III; q 46, a 6). "¿Quién no
amará al que nos amó de tal manera?²²Nos lavó de nuestros pecados con su
sangre" (Ap ,5).

El sufrimiento según Juan Pablo II

³Si tiene que escoger, no dude ni un segundo. Decídase por la vida del
bebé², dice al ginecólogo, Gianna Emmanuela Beretta Molla, beatificada el 24
de abril de 1994, ante la presencia de su esposo y su hija de treinta y dos
años, Gianna Emmanuela, nacida a costa de la vida de su madre. Juan Pablo
resbaló en su cuarto de baño. Tras permanecer en el apartamento durante la
noche, al día siguiente fue trasladado a la Policlínica Gemelli donde se le
implantó una cadera artificial para solucionar la fractura del fémur. Ya
nunca podría caminar como antes. Como la familia es atacada, dice Juan Pablo
II, el Papa tiene que sufrir para que el evangelio del sufrimiento guíe a
todas las familias del tercer milenio. Karol Woytyla ha escrito un poema en
el que San Estanislao dice al rey de Polonia: ³Mis palabras no te han
convencido; mi sangre te convencerá². Desde el punto de vista bíblico, a
veces el dolor, no es una represalia divina, un castigo, sino una
oportunidad para reconstruir el bien en el sujeto que sufre. No, Dios no es
rencoroso; es un gran señor elegantísimo; un amigo delicadísimo e
infinitamente delicado. No se dedica a echar sal en las heridas; jamás hace
una gracia al estilo de aquel padre grosero y rudo que quiere hacerle una
caricia al niño y le saca un ojo. Pero Dios es muchísimo más sensible,
infinitamente más, que el Beato Juan XXIII, que acostumbraba cuando tenía
que corregir, hacerlo con delicadeza, porque -decía- era mejor una caricia
que un pellizco; y que el Cardenal Montini, futuro Pablo VI quien, siendo
Arzobispo de Milán, sufría tanto cuando tenía que amonestar, que enviaba a
su secretario a consolar al dolorido paciente con estas o parecidas
palabras: ³Dígale que es el mismo para el Señor Cardenal, no ha perdido su
confianza, es el mismo que antes². Y ambos tenían autoridad, la máxima
autoridad y misión. Dios el medio, el hombre el fin.

El misterio del dolor humano

Ninguna explicación puramente descriptiva del dolor sería capaz de
abordar con acierto el profundo misterio humano con el que guarda relación.
Tampoco la razón nos puede decir que ³el amor es la fuente más completa de
la respuesta a la pregunta del sentido del dolor². Para ello hacía falta una
demostración, que Dios ha ³dado en la cruz de Jesucristo², cuyo dolor como
hombre y como único Hijo de Dios posee una "hondura e intensidad
incomparables². Después de la entrevista del Papa con Ali Agca, escribió la
carta apostólica ³Savifici doloris² sobre el sentido del sufrimiento. La
humanidad ha sido redimida por el dolor de Cristo. El dolor, dijo el papa,
³parece ser particularmente esencial a la naturaleza del hombre².
Contrariamente a lo que sostienen algunas ideas contemporáneas, el dolor no
es accidental ni evitable. "Es uno de esos puntos donde el hombre está
"destinado" a ir más allá de sí mismo.² En el mundo hay dolor porque hay
mal. El sufrimiento mayor es la muerte, que Cristo conquistó con su
³obediencia hasta la muerte², superada en la resurrección. El dolor sigue
presente en el mundo, pero el cristiano que sufre, ya puede identificar su
dolor con la agonía de Cristo en la cruz, y penetrar más a fondo en el
misterio de la redención, que es el misterio de la liberación humana.
Mediante el encuentro con esa liberación, el individuo que sufre descubre
nuevas dimensiones de la vida como vocación. El dolor existe ³para
desencadenar el amor en la persona humana, ese don desinteresado del "yo" en
beneficio de otras personas, sobre todo de las que sufren². ³El mundo del
dolor humano² hace que surja ³el mundo del amor humano². La dinámica de la
solidaridad en el dolor es otra confirmación de la ley del don de sí
inscripta en el corazón humano.

Fruto de la cruz

³¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura,
sin belleza. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida
como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor
quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el
justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque
cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá
como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue
contado entre los pecadores, él cargó con el pecado de muchos e intercedió
por los pecadores. Alégrate, estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar con
júbilo la que no tenías dolores; porque la abandonada tendrá más hijos que
la casada. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas ,
alarga tus cuerdas, hinca bien tus estacas; porque te extenderás a izquierda
y derecha. Tu estirpe heredará las naciones y poblará ciudades desiertas²
(Is 53-54).

 

Religión

Iglesia y autoritarismo
Por el P. Fernando Pascual, L.C.

Hace falta abrir los ojos para reconocer que muchos ataques contra la Iglesia pretenden, de modo subrepticio, debilitar a una institución que incomoda a los defensores de totalitarismos inhumanos.



La Iglesia católica es acusada con cierta frecuencia de ser una sociedad
autoritaria, fundamentalista, incapaz de adaptarse a la mentalidad de su
tiempo, insensible a los problemas y deseos de la gente común.
La acusación es lanzada especialmente por personas y grupos que promueven
la legalización del divorcio, del aborto, de la eutanasia, del ³matrimonio²
entre personas del mismo sexo, del consumo liberalizado de las mal llamadas
³drogas ligeras².
Para afrontar estas críticas conviene recordar cuál sea la naturaleza del
verdadero autoritarismo.

El autoritarismo consiste en defender y pretender que el ³gobernante² o
las autoridades gocen de plenos poderes para hacer y deshacer las leyes y
las estructuras sociales sin ninguna restricción, de acuerdo a los propios
intereses, ideas, deseos o proyectos.
En esta perspectiva, no existiría una ³ley natural², ni normas éticas
universales, ni tradiciones ³sagradas², ni derechos humanos que pudieran
limitar en lo más mínimo los poderes absolutos del gobernante. El político
gozaría de una capacidad ilimitada para legislar, decretar, organizar o
desorganizar simplemente por el hecho de detentar el poder.
No pensemos que el autoritarismo existe sólo en algunos reyes o
dictadores del pasado y del presente. También hay autoritarismo y dictadura
allí donde una aparente democracia, dominada por un partido político
fuertemente ideologizado, legaliza el crimen del aborto, o permite la
destrucción de embriones para el ³progreso² de la ciencia, o cambia
arbitrariamente la definición de matrimonio, o permite el divorcio como
capricho aceptable sin motivo alguno, o promueve sistemas económicos donde
los trabajadores son explotados en contratos injustos, o impide la
reunificación de un emigrante con sus familiares.
Igualmente, hay autoritarismo cuando un gobierno, arropado por el voto de
un parlamento, impone en las escuelas la ideología de un partido, violando
así el derecho de los padres de familia de escoger la formación ética y
religiosa de sus hijos.
Si nos fijamos ahora en la Iglesia, notaremos que es lo más opuesto a una
organización autoritaria. Sus ³dirigentes² (el Papa y los obispos) no pueden
cambiar, hacer y deshacer según le plazca. En otras palabras, la autoridad
de la Iglesia no es arbitraria, no está sometida a las opiniones e intereses
de un grupo de poder, ni puede cambiar sus enseñanzas según las modas.
¿Por qué? Porque la Iglesia existe no como una sociedad inventada por los
hombres y sometida a las decisiones de los hombres. La Iglesia existe y
camina en la historia desde su impulso inicial, que viene de Cristo, del
Padre, en el Espíritu Santo.
Para ser fiel a su propia esencia, la Iglesia debe limitarse a acoger,
explicar y difundir las enseñanzas del Maestro: no tiene poderes para
inventar ni cambiar nada de aquello que haya recibido.
Así, la Iglesia no podrá nunca modificar los dogmas para que nadie se
sienta excluido o marginado, ni dirá que el aborto o la eutanasia son cosas
buenas, ni cambiará la definición de matrimonio, ni propondrá conductas
sexuales inmorales como si fueran correctas, ni aceptará sistemas económicos
que vayan contra la dignidad de los trabajadores.
El autoritarismo, entonces, no está en la Iglesia, sino en muchos
ideólogos que critican a la Iglesia, mientras buscan imponer sus ideas
contra los más elementales derechos humanos o contra el respeto que merece
la vida de los más indefensos: los niños no nacidos, los ancianos, los
pobres, los enfermos.
Hace falta abrir los ojos para reconocer que muchos ataques contra la
Iglesia pretenden, de modo subrepticio, debilitar a una institución que
incomoda a los defensores de totalitarismos inhumanos. Piensan algunos, a
veces con cierta ingenuidad, que sin un ³enemigo² tan poderoso podrán algún
día imponer sus proyectos inhumanos a pueblos enteros e indefensos.
A pesar del ³chaparrón², a pesar de críticas incontables, a pesar de
presiones autoritarias, la Iglesia no dejará de proclamar, con sencillez y
confianza, la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Susurrará o gritará,
según le dejen, su mensaje de amor y de esperanza a los hombres y mujeres de
buena voluntad. Será así defensora de la dignidad humana, un baluarte seguro
contra autoritarismos destructores, una promotora eficaz de sociedades más
justas y solidarias. 

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