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Espiritualidad
Dioses de nuestro tiempo
Por el padre Antonio Rivero
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Hoy nos conducimos como paganos, adorando
ídolos que son máscaras del mismo satanás. |
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Estos dioses -que son múltiples como
Dios es uno- cambian frecuentemente de
cara y de lenguaje, se procrean e inventan nuevos engaños. Son
máscaras de
satanás, quien tiene la propiedad de mimetizarse y transformase
como la
mentira, ya que no está sujeto al "si, sí, no, no" de la verdad,
que es una
sola y no se disfraza.
El Dios progreso
Por ello los laicos, con su competencia en los asuntos profanos
y con su
actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo,
contribuyan
eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio
del Creador
y la iluminación de su verbo, sean promovidos, mediante el
trabajo humano,
la técnica y la cultura civil, para utilidad de todos los
hombres sin
excepción (Lumen Gentium, 36).
Su credo es éste: "Caminamos en un progreso indefinido que no se
detendrá. Ha habido guerras, genocidios y tragedias espantosas.
Pero estamos
progresando. Todo lo que es progreso es bueno, aunque esto
suponga
sacrificar el presente en aras de un futuro incierto. El
progreso debe ser
adorado².
Sin embargo, los remozones producidos por Hiroshima, Chernobil,
la guerra
química, el auge del ecologismo, la situación de miseria o de
injusticia a
que están sometidas grandes masas de población, la violencia
siempre
constante en algún lugar del mundo...han sacudido fuertemente
las columnas
del Progreso, llevando a veces desconfianza al mismo Progreso y
sus
promesas, y poniendo en disputa sus mismas bases filosóficas. ¿Y
los pueblos
enteros que sufren hambre y miseria por causa de la guerra, la
corrupción,
el colonialismo, la usura internacional? ¿Y los que no tienen
acceso a la
cultura, al confort, a la tecnología? Pueblos enteros sometidos
a la
esclavitud económica, social, política,
psicológica...manipulados por los
ideólogos, por los tecnócratas, por la usura internacional.
Críticas
Por tanto, criticamos a este ídolo lo siguiente:
1. Los avances que lanza este progreso no siempre están de
acuerdo con la
ética y la moral, quedan desvinculados de ella. A este ídolo le
interesa la
ganancia, que llega a ser la prueba contundente de su bondad y
acierto. Hace
de esa ganancia ley, llegando, así, lo legal (derecho positivo)
a ser lo
justo (derecho natural). Una vez más, no sabe o no quiere
distinguir entre
derecho natural y derecho positivo. Se preocupa de la
efectividad, no de la
moralidad. Detrás de esta posición se esconde el influjo de Kant
(1724-1804)
que decía: el mérito proviene del deber y no del bien. Y este
deber deriva
de la decisión común a todos los hombres. Y si la decisión común
dice que
hay que esterilizar, estimular los experimentos in vitro que nos
darán un
día humanoides fríos (terrorismo de laboratorio enguantado y
silencioso),
criados sin necesidad de madres, emplear la anticoncepción y el
aborto para
detener el crecimiento demográfico (que crece de modo
geométrico, mientras
que los alimentos crecen aritméticamente -a decir de Malthus-),
legalizar la
eutanasia... entonces es bueno eso. Pero aquí el bien no nace de
la verdad y
la verdad no surge de la realidad. El bien para este dios
depende del
futuro, del proyecto del futuro, a donde él nos conduce.
2. Este progreso tiene poder para romper toda barrera; le da a
la técnica
y a la experimentación un cheque en blanco para someter incluso
la intimidad
del hombre. El dios Progreso llama progreso a toda costumbre
nueva, por más
desvergonzada que sea. Por eso, los países musulmanes desprecian
tanto a
Occidente.
3. La disidencia para este dios es un pecado gravísimo. En la
Unión
Soviética significaba la muerte o la cárcel. En Occidente
significa la
muerte civil, se excluye al sujeto de la sociedad, no se lo deja
hablar ni
se le oye, se le juzga sin ecuanimidad, y se le condena no por
lo que hace,
sino por lo que piensa y por lo que él mismo es. Si es un
político, se le
cierran todos los medios de comunicación. Si es un docente, se
le persigue
por no estar al día en las novedades pedagógicas. Si es un
dirigente social,
se lo condena por ser moralista y no ser práctico. Si es un
promotor de la
fe, se lo margina por estar fuera de tiempo.
4. Ese dios no ha podido quebrar esa búsqueda de
sobrenaturalidad
insaciable del alma humana. Dios está de moda siempre. Pero este
dios
progreso intenta confundir a la gente, proporcionándoles dioses
en lugar de
Dios, religiosidades en lugar de religión, sectas en lugar de
Iglesias,
opiniones en lugar de fe, mundalismo en lugar de unidad,
consuelos en lugar
de justicia y auténtica paz; fantasmas y reencarnaciones en
lugar de Cristo,
encarnado en el seno de María. Anécdota de la muerte de Malenkov,
aquel
jerarca soviético de la posguerra. Lo estaban velando, en
presencia de altos
jerarcas que venían a brindarle su homenaje. En ese momento,
delante de
todos, para despedirse, se acercó la viuda al féretro, le dio un
beso e hizo
sobre él la señal de la cruz, porque Malenkov en el último
tiempo de su vida
había pedido el bautismo.
El Dios libertad
Cada hombre, dice este dios, tiene una libertad absoluta. De esa
libertad
brotan los valores. Todo lo que vaya contra esa libertad es
antisagrado
(moral, religión católica con sus dogmas y mandamientos). No hay
pecado. No
hay límites. La libertad salva, rige y condena.
Digamos nosotros:
1. Hay influjo de la revolución francesa, inspirada a su vez en
Rousseau,
para quien "el hombre nació bueno, sin pecado original"
(Contrato Social).
Influjo también de Nietzche, padre del nacional-socialismo como
del
bolcheviquismo, cuyo mayor terrorismo fue decretar que "Dios
está muerto" y,
como lógica contrapartida, decretar la "inocencia dionisíaca de
los
hombres". Es como decir: Dios es el culpable y lo hemos
guillotinado; y el
hombre es inocente y lo adoramos.
2. En nombre de este dios se asesinaron durante la revolución
francesa a
250.000 de una población de 600.000 personas, 778 parroquias. En
España
durante la guerra civil, se destruyeron 20.000 iglesias,
incineración de
tesoros de arte religioso, el asesinato del 80 por ciento de los
sacerdotes;
esto en la zona nacional. En la zona roja, 11 obispos y más de
10.000
sacerdotes. A esto se añade: la profanación de imágenes sagradas
que luego
sirvieron de blancos para práctica de tiro; los vasos sagrados
como
orinales.
3. Este dios ha dado a luz al terrorismo de Sendero luminoso en
Perú, el de
Hitler, el de Stalin, todos surgidos de la misma raíz iluminista.
Otros:
asesinatos en la plaza de Tianonmen en China Popular; la entrada
de marines
en Panamá y la demolición de barrios indefensos hostiles a los
invasores; el
bombardeo selectivo y discriminado de templos (mezquitas e
iglesias
católicas) y hospitales en Irak, durante la guerra del golfo. En
Bosnia-Herzegovina, los serbios llevan más de 40.000 mujeres
violadas,
monjas incluidas.
4. Como es una libertad sin Dios, que se endiosa, y está
destinada a
esclavizar y no a liberar.
5. La libertad es un desafío y una responsabilidad. Es un fruto
que se
consigue ganando las batallas interiores del dominio propio y
entregando las
propias energías no a fines egoístas, sino a objetivos
superiores y
generosos.
El Dios
ciencia
"La organización técnico-científica de ciertos países está
engendrando una
visión cientista del hombre cuya vocación es la conquista del
universo. En
esta visión, sólo se reconoce como verdad lo que la ciencia
puede demostrar;
el mismo hombre se reduce a su definición científica. En nombre
de la
ciencia todo se justifica, incluso lo que constituye una afrenta
a la
dignidad humana. Al mismo tiempo se someten las comunidades
nacionales a
decisiones de un nuevo poder, la tecnocracia. Una especie de
ingeniería
social puede controlar los espacios de libertad de individuos e
instituciones, con el riesgo de reducirlos a meros elementos de
cálculo"
(Puebla, 315).
"Es cierto que el progreso actual de las ciencias y de la
técnica, las
cuales, debido a su método no pueden penetrar hasta las íntimas
esencias de
las cosas, puede favorecer cierto fenomenismo y agnosticismo
cuando el
método de investigación usado por estas disciplinas se considera
sin razón
como la regla suprema para hallar toda la verdad. Es más, hay el
peligro de
que el hombre, confiado con exceso en los inventos actuales,
crea que se
baste a sí mismo y deje de buscar ya cosas más altas². (Gaudium
et spes,
57).
Su credo: sólo la ciencia nos puede dar certezas, está por
encima del
bien común, de la ética, de la persona. Todo lo que no es
ciencia es
sentimiento, subjetivismo, espiritualismo.
A la diosa ciencia le corresponde un altar; el bien del hombre,
su
conciencia, su conducta, su integridad moral están por debajo de
ella.
Esto es lo que expresó Roosevelt en 1912: "Creo que la
asimilación de los
países latinoamericanos será larga y difícil mientras esos
países sigan
siendo católicos". En la misma línea Rockefeller, en 1969,
recomendó en Roma
que sustituyera a los católicos de Latinoamérica por otros
cristianos,
recomendación que está en marcha con ingentes recursos de todo
orden.
Tendencia asociada con el control de natalidad y con la política
monetarista
del FMI.
Digamos
1. Hay influjo de Comte y de Kant que decían había una
separación
absoluta e irreductible entre los sentimientos y los hechos. A
los primeros
-dicen- corresponde el mundo subjetivo; a los segundos, el
objetivo,
experimentable, científico. Si fuera verdad esto, tendríamos que
eliminar el
misterio que todo hombre lleva consigo.
2. Hay un reduccionismo científico. Nuestro conocimiento
verdadero se
entiende que es conocimiento de lo experimentable o de lo
medible. Se niega
a la inteligencia la capacidad de ponerse en contacto con lo que
no está
sujeto a ella ni es medible; se la reduce a la capacidad de
conocer lo
cuantitativo.
3. Hay un reduccionismo del hombre, de sus capacidades
espirituales, su
razonalidad
4. Hay que decir también que la fe no está contra la razón ni
contra la
ciencia. Por tanto, la ciencia se convierte en ídolo y en su
soberbia quiere
llenarlo todo cuando abandona a su misión de instrumento y
pretende dictar
leyes al mismo Dios. Es el momento en que cae de su pedestal y
se rompe.
El Dios hombre
"La religión del Dios que se hace hombre se ha encontrado con la
religión
del hombre que se hace Dios" (Pablo VI).
Su credo: el hombre es inmanentista, total y completo en sí
mismo, nada
sobre él. Es la medida de todas las cosas. Su placer, su tener,
su yo,
marcan su ley. Es él el principio supremo de la ley. Dios es
válido en la
medida en que le sirve.
Decimos:
1. Aquí el hombre ha perdido su condición de creatura. Estamos
retornando
a Feuerbach (1804-1872).
2. Aquí Dios viene suprimido, su gracia. El hombre consigue todo
con sus
fuerzas, incluso en cosas del espíritu. De ahí, el yoga, el
control mental y
la meditación trascendental para conseguir la experiencia
mística. Ya no es
Dios que llega y atrapa, sino el esfuerzo humano que quiere
conseguir todo,
incluso llegar a Dios.
3. Aquí el hombre dice a Cristo que baje de la cruz, que no
necesita del
sufrimiento. Predican una religiosidad de consumo, superficial y
demagógica.
Predican que vendrá una nueva era, la del Acuario, hacia el
2140, donde un
maestro, la reencarnación de Cristo, enseñará a los hombres a
salvarse por
sí mismos.
El Dios utilidad
Ley: lo útil es lo bueno. La eficiencia como tarjeta principal
de
presentación. El hombre como material humano, medido por el
rendimiento
(marxismo, capitalismo liberal). Utilitarismo y pragmatismo.
Juzgamos:
1. Nada de sentido heroico de la vida. Nada que no sea para
conseguir
algo práctico. Nada de poesía, de arte, de contemplación y de
oración.
Cualquiera de estas cosas, sí, si me traen beneficio. Si por la
contemplación me voy a curar de mi estrés, ¡bienvenida!
2. Por el utilitarismo actual, y bajo el amparo del dios
ciencia, hemos
llegado a una civilización de la muerte.
3. Ha exaltado el hedonismo, el uso de droga para codearnos con
el
infinito.
4. En nombre de este dios se sacrifican muchas aberraciones: se
justifica
la esterilización de enfermos mentales, como lo hizo el
Parlamento europeo,
o el suicidioo voluntario, o por decisión de la familia, de los
enfermos,
como en Holanda.
5. Este ídolo es barato y chato. Sólo sociedades decadentes, que
han
perdido sus aspiraciones, están en condiciones de aceptarlo para
regir sus
vidas. Pero el hombre es un ser llamado a las más empinadas
alturas y, por
eso mismo, está también propenso a caer en los más profundos
abismos.
Algunos subdioses
1. Democracia liberal: es un engaño de democracia. El pueblo
vota y se le
acaban sus atribuciones. Es un cero a la izquierda. Se anula el
poder de las
sociedades intermedias, que son las encargadas de tejer la red
de relaciones
sociales que hace fuerte a una nación; se acusa a las sociedades
intermedias, o a los centros de fuerza de ser "corporaciones",
que por su
naturaleza producen tiranía, gobiernos derechistas,
autoritarismo.
Sociedades que son: Iglesia, sindicatos, universidades, fuerzas
armadas,
municipios, federaciones de comercio, agrarias o de industria,
sociedades de
beneficencia, clubes.
2. Paz: paz como no-guerra o no-conflicto. No como fruto de la
justicia.
3. Vida: en forma de hedonismo. Vivir y gozar de la vida: sexo
libre,
droga, usura... ¿Qué decir de los mártires que sacrificaron sus
vidas por
causas superiores, o la consumen a diario por los demás? La vida
no es lo
supremo. Hay cosas superiores. Hay otra vida. Sin un sano
desprecio por la
vida nos convertimos en poco menos que gusanos. Una vida digna
es la vida
que se pone al servicio de lo que está por encima de la vida. La
vida mejor
vivida es la que aparentemente se pierde. No hay mayor gloria
que darla por
aquello que la trasciende.
4. Moda: es de los ídolos más estúpidos. Pero por su apariencia
alegre e
inofensiva es quizá el que tiene más seguidores. Es fanático y
dogmático.
Quien no hace caso a la moda es marginado de la sociedad. Es
ídolo
irracional e impuesto, pero funciona. Está relacionado con el
dios Progreso.
Detrás de este ídolo se esconde la concepción evolucionista,
relativista e
historicista de la vida. Niega la verdad objetiva, la
estabilidad de la
naturaleza, los principios inconmovibles de la moral. Incluso
niega que la
naturaleza humana sea algo terminado y proclama que es
dependiente de las
transformaciones sociales (por eso muchas veces está en manos de
gente
sexualmente promiscua, ambigua o cambiante). Niega la capacidad
del hombre a
definir, porque definir es la negación de la evolución y del
progreso. Niega
la capacidad del hombre a conocer las esencias, pues una cosa
que ayer era
hoy ya no es. Por eso los hombres debemos quedar libres incluso
de la propia
naturaleza humana, de la moral, de los principios, y adaptarnos
a los
cambios, aceptarlos y asumirlos porque no hay otra alternativa.
La Moda se establece sobre la base de un anonimato. Se sigue una
fuerza
ciega, pero omnipotente. Satánica destrucción de las cosas, de
la creación
misma, de Dios.
5. Amor: es un idolillo del dios libertad absoluta. Total culto
al
cuerpo, predicado desde el púlpito de Hollywood. Amor de
sentimiento, a
primera vista. Amor que permite la infidelidad, el divorcio: "Ya
no siento
nada por el otro, no debo fingir... por tanto, debo separarme".
Ya no es
darse, sino sentir y gozar y abusar del otro. Amor pasajero,
pues los
sentimientos son pasajeros. Amor como sexopatía.
Es un amor pordiosero que se contenta con migajas, que nunca
está seguro,
que no sabe a donde va, que sufre mucho y trata constantemente
de acallar
ese gemido interior con nuevas experiencias, que traen un
analgésico cada
vez más pasajero, y que aumenta la desesperanza. Digamos que el
hombre ha
sido hecho para amar. No meramente para sentir amor. Hecho para
el
matrimonio, para la familia, los hijos, la estabilidad, la vejez
serena y
confiada. No para aventuras, para el infinito y estúpido
coqueteo, para la
inseguridad y la inmadurez constante.
Hoy nos conducimos como paganos, adorando ídolos (Is 30, 1-5).
Ídolos que
son máscaras del mismo satanás. Estos ídolos han sido llamados
también como
modernismo, secularismo, humanismo ateo. Con estos ídolos no
podemos
construir la ciudad de Dios, la civilización del amor. Se nos
exige una
verdadera cruzada.
Fuente: Catholic.net |
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Iglesia
Todos contra todos
por Sandro Magister
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La Iglesia postconciliar en la visión de Joseph Ratzinger. El
período recuerda a Benedicto XVI el "caos
total"
que siguió al Concilio di Nicea, el primero de la historia. Pero de
aquel tormentoso Concilio vino el "Credo".
¿Y hoy? He aquí lo que respondió el Papa a lo
sacerdotes de Belluno, Feltre y Treviso |
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En sus vacaciones de este año Benedicto XVI, durante sus vacaciones
en los
Alpes, quiso reunirse con los sacerdotes del lugar y responder a sus
preguntas.
Lo ha hecho la mañana del martes 24 de julio en Auronzo di Cadore,
Aosta,
en la iglesia de Santa Justina Mártir, teniendo como escenario las
Dolomitas.
La reunión se dio con cerca de 200 sacerdotes de la diócesis de
Belluno,
Feltre y Treviso, a puertas cerradas. Pero la mañana siguiente la
oficina de
prensa del Vaticano difundió el texto de la grabación.
El Papa respondió espontáneamente a diez preguntas sobre los
argumentos
más variados.
El temario
Por ejemplo, a propósito de la creciente presencia en Italia y
Europa de
inmigrantes no cristianos, explicó cómo conciliar el anuncio del
Evangelio y
el diálogo con las otras religiones, comenzando por un ³consenso
sobre los
valores fundamentales expresados en los diez mandamientos, resumidos
en el
amor al prójimo y en el amor a Dios².
A propósito de los católicos divorciados vueltos a casar, recomendó
ante
todo preparar las parejas para un ³matrimonio natural, según el
Creador²,
liberándolos de la idea corriente según la cual ³es normal casarse,
divorciarse, volverse a casar y nadie piensa que sea una cosa que va
contra
la naturaleza humana². Y en caso de fracaso, ha alentado a hacer que
los
divorciados se sientan siempre más ³amados por Cristo y miembros de
la
Iglesia, incluso si está en una situación difícil².
A propósito del enfrentamiento entre creación y evolucionismo ³como
si
fueran alternativas que se excluyen², ha explicado que ³esta
contraposición
es un absurdo porque por una parte hay tantas pruebas científicas a
favor de
la evolución² pero por otra parte ³la doctrina de la evolución no
responde a
la gran pregunta: 'de dónde viene todo?². E invitó a leer nuevamente
su
lección de Ratisbona, con el fin de que ³la razón se abra más².
Pero la respuesta más interesante de las diez ha sido la última. A
un
sacerdote que le mencionó su desilusión por tantos sueños suscitados
por el
concilio Vaticano II que después se esfumaron, Benedicto XVI
respondió
contando la propia experiencia y los propios juicios sobre el
Concilio y el
postconcilio: los entusiasmos iniciales, los empujes opuestos entre
los que
interpretaban el ³verdadero² espíritu del Concilio como una suerte
de
revolución cultural y los que reaccionaban contra el mismo Concilio
, las
rupturas epocales del 1968 y de 1989, la capacidad de la Iglesia de
proseguir no obstante todo sobre el justo camino, con silencio y
humildad.
Palabra papal
A continuación la trascripción completa de la respuesta de Benedicto
XVI
sobre el Concilio y postconcilio:
³Habíamos esperado tanto, pero las cosas se revelaron más
difíciles..."
por Benedicto XVI
Yo también he vivido los tiempos del Concilio Vaticano II, estando
en la
basílica de San Pedro con gran entusiasmo y viendo cómo se abrían
nuevas
puertas. Parecía realmente que era el nuevo Pentecostés, donde la
Iglesia
podía nuevamente convencer a la humanidad. Después que el mundo se
hubo
alejado de la Iglesia en los siglos XIX y XX, parecía que se
reencontraban
de nuevo Iglesia y mundo que renacía nuevamente un mundo cristiano y
una
Iglesia del mundo y verdaderamente abierta al mundo.
Habíamos esperado tanto, pero las cosas en realidad se revelaron más
difíciles. Sin embargo, permanece la gran herencia del Concilio, que
ha
abierto un camino nuevo y es siempre una ³carta magna² del camino de
la
Iglesia, muy esencial y fundamental.
¿Pero por qué sucedió eso? Primero quisiera comenzar con una
observación
histórica. Los tiempos de un postconcilio son casi siempre muy
difíciles.
Después del gran Concilio de Nicea - que para nosotros es realmente
el
fundamento de nuestra fe, de hecho nosotros confesamos la fe
formulada en
Nicea - no nació una situación de reconciliación y de unidad como
había
esperado Constantino, promotor de tan gran Concilio, sino una
situación
realmente caótica de luchas de todos contra todos.
San Basilio en su libro sobre el Espíritu Santo compara la situación
de
la Iglesia después del Concilio de Nicea a una batalla naval en la
noche,
donde ya nadie conoce al otro, sino que todos se enfrentan a todos.
Era
realmente una situación de caos total: así describe con colores
fuertes el
drama del postconcilio, del post Nicea, san Basilio
Después, luego de 50 años, para el primer Concilio de
Constantinopla, el
emperador invita a Gregorio Nacianceno a participar en el concilio y
san
Gregorio Nacianceno responde: no, no voy, porque conozco estas
cosas, sé que
de todo concilio nacen sólo confusión y batalla, por lo tanto no
voy. Y no
fue.
Por tanto no es ahora, en retrospectiva, una sorpresa tan grande
como fue
en el primer momento para todos nosotros digerir el Concilio, este
gran
mensaje. Introducirlo en la vida de la Iglesia, recibirlo, de modo
que se
haga vida de la Iglesia, asimilarlo en las diversas realidades de la
Iglesia
es un sufrimiento, y sólo en el sufrimiento se realiza también el
crecimiento. Crecer es siempre también sufrir, porque es salir de un
estado
y pasar a otro.
Primera ruptura
Y en el concierto del postconcilio debemos constatar que hay dos
grandes
rupturas históricas.
La primera es la ruptura del Œ68, el inicio o la explosión -osaría
decir-
de la gran crisis cultural de Occidente. Había desaparecido la
generación de
la posguerra, una generación que después de todas las destrucciones
y viendo
el horror de la guerra, del combatirse, y constatando el drama de
las
grandes ideologías que habían realmente conducido a las personas
hacia el
abismo de la guerra, habíamos redescubierto las raíces cristianas de
Europa
y habíamos comenzado a reconstruir Europa con estas grandes
inspiraciones.
Pero terminada esta generación se vieron también todos los fracasos,
las
lagunas de esta reconstrucción, la gran miseria en el mundo, y así
comienza
y explota la crisis de la cultura occidental, diría una revolución
cultural
que quiere cambiar radicalmente todo. Dice: en dos mil años de
cristianismo
no hemos creado el mundo mejor, debemos comenzar de cero en modo
absolutamente nuevo. El marxismo parece la receta científica para
crear
finalmente el mundo nuevo.
En este -digamos- grave, gran enfrentamiento entre la nueva, sana
modernidad querida por el Concilio y la crisis de la modernidad,
todo se
hace difícil como ocurrió después del primer Concilio de Nicea.
Una parte era de la opinión de que esta revolución cultural era lo
que
había querido el Concilio. Identificaba esta nueva revolución
cultural
marxista con la voluntad del Concilio. Decía: éste es el Concilio;
en la
letra y textos son todavía un poco anticuados, pero detrás de las
palabras
escritas está este ³espíritu², ésta es la voluntad del Concilio, así
debemos
proceder. Y por otra parte, naturalmente, la reacción: así están
destruyendo
la Iglesia. La reacción - digamos - absoluta contra el Concilio, la
anticonciliaridad, y - digamos - la tímida, humilde búsqueda de cómo
realizar el verdadero espíritu del concilio. Es como dice un
proverbio: ³si
se cae un árbol hace mucho ruido, se crece una selva no se escucha
nada²,
durante estos grandes rumores del progresismo equivocado y del
anticonciliarismo absoluto, crecía muy silenciosamente, con tanto
sufrimiento y también con tantas pérdidas en la construcción de un
nuevo
pasaje cultural, el camino de la Iglesia.
Nueva ruptura
Y después la segunda ruptura en el Œ89, la caída de los regimenes
comunistas. Pero la respuesta no fue el regreso a la fe, como se
podía quizá
esperar, no fue el redescubrimiento de que precisamente la Iglesia
con el
Concilio auténtico había dado la respuesta. Por el contrario, la
respuesta
fue el escepticismo total, la llamada post-modernidad. Nada es
verdad, cada
uno debe ver cómo vive. Se afirma un materialismo, un escepticismo
pseudo-racionalista ciego que termina en la droga, termina en todos
esos
problemas que conocemos y de nuevo cierra los caminos a la fe,
porque es así
de simple, así de evidente: no, no hay nada de verdad; la verdad es
intolerante, no podemos seguir este camino.
En estos contextos de dos quiebres culturales, el primero, la
revolución
cultural del Œ68, el segundo, la caída en el nihilismo después del
Œ89, la
Iglesia con humildad, entre las pasiones del mundo y la gloria del
Señor,
toma su camino.
Por este camino debemos crecer con paciencia y debemos ahora en un
modo
nuevo aprender qué cosa quiere decir renunciar al triunfalismo.
El Concilio había sostenido renunciar al triunfalismo - y había
pensado
en el Barroco, en todas estas grandes culturas de la Iglesia. Se
dijo:
comencemos en modo moderno, nuevo. Pero había crecido otro
triunfalismo, el
de pensar: ahora nosotros hacemos las cosas, nosotros hemos
encontrado el
camino y por este camino encontramos el mundo nuevo.
Pero la humildad de la Cruz, del Crucificado excluye precisamente
este
triunfalismo. Debemos renunciar al triunfalismo según el cual ahora
nace
realmente la gran Iglesia del futuro. La Iglesia de Cristo es
siempre
humilde y precisamente así es grande y alegre.
La herencia del Concilio
Me parece muy importante que ahora podamos ver con ojos abiertos
cuánto
de positivo ha crecido también en el postconcilio: en la renovación
de la
liturgia, en los sínodos, sínodos romanos, sínodos universales,
sínodos
diocesanos, en las estructuras parroquiales, en la colaboración, en
las
nuevas responsabilidades de los laicos, en la gran
corresponsabilidad
intercultural e intercontinental, en una nueva experiencia de la
catolicidad
de la Iglesia, de la unanimidad que crece en humildad y sin embargo
es la
verdadera esperanza del mundo.
Y así debemos, me parece, redescubrir la gran herencia del Concilio,
que
no es un ³espíritu² reconstruido detrás de los textos, sino que son
precisamente los grandes textos conciliares vueltos a leer hoy con
la
experiencia que hemos tenido y que han dado fruto en tantos
movimientos, en
tantas nuevas comunidades religiosas. A Brasil llegué sabiendo cómo
se
expandían las sectas y cómo parece un poco esclerotizada la Iglesia
católica; pero una vez allí he visto que casi cada día en Brasil
nace una
nueva comunidad religiosa, nace un nuevo movimiento, no sólo crecen
las
sectas. Crece la Iglesia con nuevas realidades plenas de vitalidad,
que no
llenan las estadísticas - ésta es una esperanza falsa, la
estadística no es
nuestra divinidad - sino crecen en los ánimos y crean la alegría de
la fe,
crean presencia del Evangelio, crean así también verdadero
desarrollo del
mundo y de la sociedad.
Por lo tanto me parece que debemos aprender la gran humildad del
Crucificado, de una Iglesia que es siempre humilde y siempre
contrastada por
los grandes poderes económicos, militares, etc. Pero debemos
aprender, junto
con esta humildad, también el verdadero triunfalismo de la
catolicidad que
crece en todos los siglos. Crece también hoy la presencia del
Crucificado
resucitado, que tiene y conserva sus heridas. Está herido, pero
precisamente
así renueva el mundo, da su soplo que renueva también a la Iglesia
no
obstante toda nuestra libertad. En este conjunto de humildad de la
Cruz y de
la alegría del Señor resucitado, que en el Concilio nos ha dado un
gran
indicador de camino, podemos seguir adelante con alegría y llenos de
esperanza.
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Karl Rahner y Ratzinger |
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