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Devociones

El milagroso Señor de Monserrate
Por el P. Eliécer Sálesman

 

Una fidelidad que los colombianos ejercen generación tras generación.

Su nombre Monserrate (o monte aserrado o montes en forma de dientes de
sierra) es el nombre de cierta montaña muy famosa de España, no muy lejana
de Barcelona, en la cual hay un santuario famosísimo a la Sma. Virgen,
llamada la ³Virgen de Monserrate", y a donde llegan continuamente millares
de peregrinos de todo el mundo.
En recuerdo de aquel Santuario fundaron los españoles el Santuario de
Monserrate, cerca de Bogotá, en una montaña de 3.131 metros de altura, y
allí llegan sin cesar multitudes de peregrinos de Bogotá, y de todo Colombia
y de muchos países más y obtienen favores admirables de Dios.


Primera capilla

En 1640 el presidente Juan de Borja permitió a don Pedro Solís de
Valenzuela que construyera en uno de los dos cerros cercanos a Bogotá una
capilla en honor a Nuestra Señora de Monserrate. Y desde entonces aquella
montaña empezó a ser llamada así: Monserrate.
Al señor Solís de Valenzuela se le unieron tres santafereños más y el
padre Bernardino de Rojas y empezaron la construcción de la capilla y el
monasterio. Aquello era una obra muy difícil porque los materiales había que
llevarlos al hombro, o a lomo de burro, desde la ciudad hasta el cerro que
está 510 metros más alto que la sabana, y la subida es muy empinada y los
caminos muy pedregosos. Los habitantes de la ciudad se entusiasmaron y
empezaron a subir al cerro llevando cada uno un bulto de materiales para la
construcción (lo que cada cual era capaz de llevar por semejante loma
arriba).

El fabricante de la milagrosa imagen

En Santa Fe de Bogotá tenía su taller de escultura Don Pedro de Lugo y
San Martín, el cual se dedicaba a fabricar estatuas para templos y capillas.
El maestro Lugo, como lo llamaba la gente, se había especializado en
fabricar imágenes mezclando madera con metal fundido. Sabía ensamblar muy
hábilmente las partes y las pintaba con hermosas policromías y le quedaban
verdaderamente hermosas.
El Padre Rojas le encargó al maestro Lugo que hiciera una imagen de "un
santo cristo caido azotado y clavado en la cruz". El costo de la imagen fue
de "cuarenta patacones". (El "patacón" era una moneda grande de plata, que
quizás valdría hoy unos cinco dólares).
Don Pedro de Lugo entregó puntualmente la estatua en la fecha pactada y
esa es la famosísima imagen que los Bogotanos tanto aman y junto a la cual
se han conseguido tan maravillosos milagros. Son millones los peregrinos que
la visitan cada año. Y los favores divinos no dejan de producirse allí día
por día de manera que no tiene otra explicación sino aquella frase de Jesús:
"Según sea tu fe, así serán las cosas que te sucedan" (Mt 15, 28)
(recordemos que lo que obtiene milagros no es la imagen sino la fe).
La imagen
en su trono

La estatua fue llevada a Monserrate y junto a ella empezaron a obrarse
tan maravillosos milagros que fue necesario hacerle un camarín especial para
que la gente pudiera rezar allí frente a ella. Y los milagros siguieron
produciéndose de manera tan prodigiosa que esta imagen llegó a ser una de
las más famosas de la capital. Una vez más la Mamá le dejaba el primer
puesto al Hijo Divino, cumpliendo aquella frase del evangelio: "Conviene que
El crezca y sea cada vez más conocido y más amado, aunque para ello yo tenga
que pasar a un segundo nivel".(Jn. 3, 30).
Recordemos siempre que la que hace el milagro no es la imagen. Una imagen
es madera o metal o yeso y papel, etc. Una imagen jamás hace milagros a
nadie. Creer que una imagen hace milagros sería idolatría. Y los católicos
no podemos adorar imágenes. Adorar imágenes es creer que una imagen hace
milagros y tratarla como si fuera un dios. Ningún católico debe adorar
imágenes. Nosotros ³veneramos" las imágenes, lo cual consiste en que les
rendimos honor y veneración como a un "retrato" del personaje que está en el
cielo. En Monserrate ante la imagen, recordamos y veneramos lo que Jesús
sufrió por nosotros. Y ante ese su " retrato ", El desde el cielo nos envía
sus milagros y favores. Cada "santuario" es un explosivo de favores de Dios.
Tocamos su mano divina con la oración y esa mano explota en milagros en
favor nuestro.
¡Cada milagro es una oración respondida por Dios!

A prueba de terremotos

En 1743 hubo en la capital un terrible terremoto. El Templo del otro
cerro quedó destruido. Al de Monserrate no pasó nada grave. Luego en 1785
volvió a temblar fuertemente. El nuevo templo que los devotos habían
construido con tanto entusiasmo en Guadalupe se derrumbó. En cambio el de
Monserrate quedó en pie. Nuevamente hubo terremoto en 1827. Muchas casas de
Bogotá cayeron destruidas, y también el tercer templo del otro cerro. En
cambio el de Monserrate permaneció en buen estado. El 31 de agosto de 1917
hubo en Bogotá tres espantosos temblores. El templo de Guadalupe cayó a
tierra, como muchos edificios más de la capital. El de Monserrate permanecía
en pie, para admiración de muchos.
Los geólogos explican todo esto diciendo que Monserrate está sobre una
roca muy fuerte y que allí sucede lo que dice el evangelio: "Cuando una
edificación está construida sobre roca, aunque lleguen los embates de la
naturaleza, no cae, porque está hecha sobre roca" (5. Mateo 7, 25).

Construcción del nuevo templo

Como se necesitaba un templo más amplio y hermoso para tantos miles de
peregrinos se empezó en 1915 la construcción del nuevo santuario de
Monserrate.
Se vio entonces un hecho admirable: cada día festivo subían miles y miles
de peregrinos llevando cada uno un ladrillo u otro material de construcción
y hasta los niños llevaban su ladrillo y si por el camino los dominaba el
cansancio dejaban el ladrillo allí en la orilla, con la seguridad de que un
peregrino que subía después lo llevaría gustoso hasta la cima del cerro,
para agradar a Nuestro señor.

Concurso de generosidad

Y durante la construcción del templo al Señor de Monserrate hubo un
verdadero concurso de generosidad entre los Bogotanos. Veamos algunos
ejemplos: los albañiles y los maestros de obra no cobraban sino la mitad del
sueldo, y el resto lo dejaban como regalo al Señor. Y trabajaban con mucho
empeño y consagración para que la obra resultara lo más perfecta posible.
Muchos muchachos dedicaban horas y horas a subir baldados de agua desde
Bogotá hasta esa gran altura, porque allá no hay sino un pequeñísimo
nacedero de agua, que se llama fuente del milagro de la cual dice la
tradición que cuando Solís y el Padre Rojas construían el primer templo en
Monserrate los obreros sufrían mucho de sed y milagrosamente apareció de un
momento a otro ese nacedero de agua en semejante altura y por eso fue
llamado "Fuente del milagro". En 1917 el temible terremoto sacudió muy
fuerte a Bogotá. Pero los ingenieros subieron a Monserrate y comprobaron que
los cimientos y paredes del templo en construcción estaban buenos, y se
siguió edificando.
En 1920 fue inaugurado el nuevo y hermoso templo al cual suben a rezar
centenares de miles de peregrinos.

¿Y El Señor de Monserrate ha bajado alguna v
ez a Bogotá?

Para los bogotanos, el Señor de Monserrate es uno de los grandes amores.
Junto con la Virgen de Bojacá y el Jesús que se venera en el barrio 20 de
Julio, son las grandes devociones de los Bogotanos. Pero la más antigua es
la del Señor de Monserrate.
Ya desde los siglos pasados la venerada imagen del Señor Caído se bajaba
a la ciudad cuando había un verano demasiado largo y que estaba haciendo
grandes daños o cuando llegaban terribles epidemias de viruela o tifo o de
otros males. La gente devota acompañaba piadosamente a la sagrada imagen y
los favores tan deseados se conseguían prontamente.
Cada vez que la imagen de Monserrate se bajaba a la ciudad, eran inmensas
las muchedumbres que le acompañaban rezando, en la procesión al traerlo y
luego en la procesión que se hacía al llevarlo otra vez a su santuario.
La iglesia que tenía el honor de albergar por unos días la famosa imagen
se convertía en un centro de entusiastas peregrinaciones donde desbordantes
multitudes de devotos no querían alejarse sin tocar siquiera las andas donde
estaba el paso con la sagrada imagen.
Y los milagros y favores especiales se producían en cantidades
impresionantes. Una vez más se cumplía lo que prometió el Señor: "Si tenéis
fe, aunque sea tan pequeña como un granito de mostaza, le podréis decir a un
monte: trasládate al mar y os obedecerá" (S. Mateo 17, 20).
Montañas de problemas se les alejan a las personas que le rezan con fe a
Nuestro Señor ante su famosa imagen.

Tomado de Vida de Santos del P. Eliécer Sálesman.
 


Catedral del Señor de Monserrate


Fotografía que permite visualizar la altura del Señor de Monserrate.


Señor de Monserrate.


Tren que conduce al cerro del Señor de Monserrate.


Vista de Bogotá desde el cerro del Señor de Monserrate.

 

Espiritualidad

La soledad de Jesús
Por José Luis Serrano

Es palabra de Dios que todos los que quieran vivir piadosamente según Cristo, han de padecer persecución. Y en esa persecución iremos quedando poco a poco aislados, solos. Y aquí entran en juego el desaliento y ese pesimismo.   



Vamos a hacer unas reflexiones. En el momento en que cada persona, cada uno de nosotros, esté dispuesto a actuar por la Iglesia, por Jesucristo, por su Santísima Madre, inmediatamente a esa armonía de amor que va a llevar al mundo, se van a oponer las armas del enemigo: mundo, demonio y carne. Y de estos tres enemigos, los tres van a ser comunes en la actuación.
Pero fundamentalmente me voy a acoger a una regla de san Ignacio que, en la primera semana de sus Ejercicios, en la reglas de discernimiento de espíritus, nos dice -en su segunda regla-²que en aquellas almas que van de bien en mejor subiendo, usa el enemigo contrario modo que en la primera, que era la de aquellos que van de pecado en pecado mortal cayendo. En este caso, dice, acostumbra comúnmente el enemigo proponer placeres aparentes, pero en los que van de bien en mejor subiendo, usa contrario modo, porque entonces es propio del mal espíritu morder, tristar, poner impedimentos, e inquietar con falsas razones para que no se pase adelante².
De manera que la táctica que el enemigo va a seguir, va a ser la de intentar transformar el buen deseo en desalientos.

Las armas de Satanás

Voy a contar una anécdota que oí, que decía que el demonio sacó en una ocasión sus armas a subasta delante de innumerables demonios. Satanás decía: ³¿Cuánto dais por esta piedra? Esta es la piedra de la lujuria, infinidad de almas tengo sumergidas en el infierno por esta piedra². El resto de los demonios subastaba. Después sacó otra piedra: ³¿Qué dais por esta piedra? Esta es la piedra de la soberbia, tened en cuenta que en el infierno hay vírgenes pero no hay humildes, por lo tanto esta piedra de la soberbia es de un valor incalculable². Pujaban los demonios, y después de sacar una serie de piedras, de repente dijo: ³¡Ay! Aquí tengo una piedra, pero esta no la saco a subasta. Esta es la piedra con la que más almas he metido en el infierno, no hay nadie en el infierno que no esté por ella². Y entonces los demás diablos pujaban y decían: ³¡Sácala a precio! ¿Qué piedra es esa? ¡Dínoslo! ¡Comunícanos tu secreto!². No os comunico nada, decía él. ³Pero, ¿qué piedra es esa?, le replicaban. ¡Ah!, dijo él, esta es la piedra del desaliento².
El desaliento. No se trata de empezar a trabajar, se trata de ser constante. Por la paciencia salvaréis vuestras almas. Pues bien, para no desalentarnos, vamos a contemplar aquí a Jesús solo, a la soledad del Corazón de Jesús. Porque es palabra de Dios en san Pablo, que todos los que quieran vivir piadosamente según Cristo, han de padecer persecución. Y en esa persecución iremos quedando poco a poco aislados, solos. Y aquí entran en juego el desaliento y ese pesimismo. No tenemos derecho a ser pesimistas ni a dejarnos desalentar. Pero las fuerzas las sacamos contemplando a Cristo.
La soledad del Corazón de Jesús. Dilo contemplando, y no solo ahora, sino cada día de nuestra vida durante un buen espacio de tiempo. El Corazón de Jesús, nuestro modelo.

Soledades del Corazón de Jesús

La soledad en Belén

Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. La soledad de Jesús, dice San Ignacio, en suma pobreza. Es impresionante que en la noche de Belén el Esperado, el Mesías, el Ansiado, aquél por el que clamó Isaías: ³destilad, cielos, el rocío de lo alto, lluevan las nubes al Justo, ábrase la tierra y germine el Salvador² venga a la tierra y nazca en una soledad total y absoluta en presencia del corazón de la Santísima Virgen y del corazón de San José, a los cuales Dios beneficiaba inmensamente con esta pobreza en que nacía el Verbo, porque los preparaba así para poner los ojos y el corazón solamente en aquél niño que nacía, y no poder ponerlo en ninguna otra criatura. Pero empieza a nacer en soledad y a formar en la madre un corazón solitario.

La soledad de Jesús y de la Virgen

Soledad del Corazón de Jesús con su propia madre. Para formar el Corazón de la Virgen en soledad a los doce años Jesús abandona a su madre por tres días, quedándose en Jerusalén al finalizar la fiesta de la Pascua. En estos tres días, nos dicen algunos comentaristas del Evangelio, la Santísima Virgen ha sufrido más que la Pasión, porque en la Pasión tenía la presencia del Hijo, por lo menos el consuelo de estar junto a El.
En estos tres días ignoraba dónde estaba Jesús. Pero la Virgen sabía que aquel niño era Dios y la Virgen clamaba, y en estos tres días oraba y sabía que vivo o muerto la escuchaba. ¿Cómo no respondía el Hijo de sus entrañas, el Hijo de Dios, el todo bien, y toda bondad? Por eso cuando lo encuentra le pregunta: ³pero, Hijo, ¿cómo lo has hecho así con nosotros? ¡Mira que tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando!² . Y Jesús les dice: ³¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo había de estar en las cosas de mi Padre?². Ellos no entendieron nada de lo que Jesús les había dicho. Jesús preparaba a la Santísima Virgen para vivir su soledad. Fue el primer desgarrón fortísimo hecho en el Corazón de la Virgen, porque el corazón de la Virgen tenía que corredimirnos con un corazón solitario.
Preparaba así a la Virgen para vivir en soledad, porque llegaría un día en que el Hijo de sus entrañas le dejaría en una soledad total y absoluta.
Por tres veces anuncia Jesús la Pasión en el Evangelio, en el capítulo 9 de san Lucas dos veces y en el 10 una tercera vez. De estas tres veces, cuando Jesús les dice: ³Mirad que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre va a ser escarnecido, va a caer en mano de los doctores, va a ser azotado, va a ser abofeteado, va a ser crucificado, pero al tercer día resucitará², dos veces añade el Espíritu Santo: ³y ellos no entendían nada de lo que les había dicho² y añade más el Espíritu Santo: ³y era éste un lenguaje encubierto para ellos² y no querían pensar en aquello y les ha dicho: ³mirad que subimos a Jerusalén², no mirad que subo, sino que subimos. Y estas palabras nos repite Jesús a nosotros, subimos, no subo, subimos. Si tú quieres santificarte y quieres vivir en cristiano tienes que subir conmigo a la Cruz. Esto nos cuesta trabajo, no lo entendemos. Dios no tiene otro camino para llevarnos a la santidad que ése, su propia soledad.

Soledad del corazón de Jesús con los suyos

Sus familiares, nos dice san Marcos (Mc 3, 20-21), que venían a buscarle en cuanto salió a la vida pública y querían llevárselo porque decían que estaba como fuera de sí, como loco.

Soledad del Corazón de Jesús en Nazaret, su pueblo

Ya había dicho El que ningún profeta lo es en su patria (Juan, 4,44) (y en Juan 6,22: los judíos le buscaban para matarle). Pero llegó a Nazaret y quisieron precipitarlo por un barranco. Jan Dobraczynsky en ese libro ³Cartas de Nicodemo² describe a Jesús; El, (Jesús), nos dice el Evangelio, pasando por el medio se retiraba y alejándose del pueblo (Nazaret) -dice Jan Dobraczynsky- contempló la ciudad a lo lejos, se sentó en el suelo, comenzaron a convulsionarse sus hombros, agacho la cabeza -Jesús estaba llorando-. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, los de Nazaret, los íntimos, con los que había estado treinta años de su vida, y a los que amaba, porque el desgarrón de la soledad de Jesús es que cada uno de los que le produce soledad, es amado por El.

Soledad de Jesús con las masas

No lo entendieron. Tuvo que decirles: ³vosotros me buscáis porque os he dado de comer² (Jn 6,26). Pero en cuanto se quedó solo y empezó a pregonar el Sermón de la Eucaristía, ³dura doctrina es esta² (Jn 6, 60-66), le dejaron solo. Las masas le llevaban multitudes de enfermos, pero solamente una vez leemos en el Evangelio, y también era un enfermo, le llevaron pecadores que era lo que había venido a buscar. Las masas entendían como nosotros una salvación de lo temporal, en lugar de una salvación de abundancia de vida divina en el alma. Soledad del Corazón de Jesús ante las masas.

Soledad del Corazón de Jesús con los teólogos de la época

No nos extrañemos ahora cuando nos hacen sufrir ciertas teorías, ²vosotros escudriñáis las Escrituras y no me habéis conocido². Soledad del Corazón de Jesús con los fariseos, que debieron de haberle recibido entre aplausos y vítores, y los tuvo que llamar ³raza de víboras, sepulcros blanqueados² Pero los amaba, amaba Jesús a aquellos fariseos y tuvo que enfrentarse con ellos, decirles abiertamente lo que hacían porque ponían cargas que ellos no eran capaces de soportar, aunque dijese al pueblo en cuanto a ellos: ³haced lo que os dicen, aunque no hagáis lo que ellos hacen².

Soledad del Corazón de Jesús con los más íntimos

A Pedro le tuvo que decir ³aparta de Mí Satanás², porque Pedro no había entendido el dolor de la Cruz y le quería separar de que subiese a Jerusalén. En la noche de la Cena todavía les tendrá que decir: ³Tanto tiempo con vosotros, Felipe, y aún no me habéis conocido².

Soledad del Corazón de Jesús en Gerasa

Ver Lucas 8, 26-30. Gerasa estaba en territorio de Decápolis. Fue preferido a 2.000 cerdos después de hacer la curación del endemoniado, tras haber sepultado en una piara de dos mil cerdos a una multitud de demonios - ³nuestro nombre es legión²-. Vinieron después aquellos ciudadanos griegos del territorio de Decápolis para decirle:² márchate de aquí, creemos que eres un buen hombre, pero nos has infringido un gran daño².

Soledad del Corazón de Jesús en el momento de la agonía en Getsemani

Los íntimos se quedaron dormidos (Mt 26, 36-46). Poco después nos dice el Evangelio:²entonces sus discípulos, abandonándole todos, huyeron² (Juan 22, 39)
Soledades del Corazón de Jesús. En la Cruz. No tenemos palabras para expresar el misterio de la soledad de Jesús. Maldito el que cuelga del madero, quedó abandonado, aún del Padre de los Cielos: ³Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?².
No podemos llegar a comprender este misterio, y así es como Jesús ha realizado nuestra salvación. Y después de la Cruz, nos dice San Juan de Ávila que, si repitió: ³todo se ha acabado², dice Juan de Ávila todo se ha acabado en cuanto al padecimiento que no en cuanto al amor, porque nos sigue amando.
Soledad del Corazón de Jesús que mantiene hoy. Hoy hay también Herodes. Jesús ante Herodes, ¡qué soledad tuvo el Corazón de Jesús! Ante Herodes Jesús callaba, no dijo ni una sola palabra. Habló con Pilatos, habló con Caifás, con Anás. Con Herodes el lujurioso, el que vivía con la mujer de su hermano, ante Herodes Jesús callaba.
Soledad del Corazón de Jesús con la injusticia de Pilatos, que seis veces, seis veces dice que es inocente y lo entregó.
Y nosotros hoy, ¿no dejamos solo al Corazón de Jesús? Porque sigue prolongando el amor, que no ya el padecimiento, pero se ha quedado en la Eucaristía, memorial de su Pasión. Está en los Sagrarios. ¿Cuánto tiempo acompañamos nosotros a Jesús ante un sagrario?, ¿acompañamos a Jesús en la Eucaristía?

Soledad del Corazón de Jesús con nosotros mismos

Somos de sus predilectos, de sus íntimos, nos ama y le tenemos durante el día como en el olvido. Nuestra propia alma se ha convertido para El en un hospedaje en que es el gran ausente. Hay tantas cosas que nos preocupan y no nos preocupa el Corazón de Jesús.
Miradle a El. Juan Pablo II nos dijo a los jóvenes, en una de sus tres audiencias que tuvo con los jóvenes: ²Buscad a Jesús, amad a Jesús, dad testimonio de Jesús².
Vayamos a la Santísima Virgen, acompañémosla en la soledad, convirtamos nuestra vida en una sonrisa para la Virgen. Cuenta un sacerdote esta anécdota. ¡¡Qué duda cabe que cuando María se encontraba destrozada con Jesús, entre sus brazos muerto, y se acercaron Nicodemo y José de Arimatea para decirle: Señora, aquí tenemos un sepulcro nuevo donde poder enterrarle, Ella miraría agradecida!! Era una preocupación para la Virgen dónde depositar a su Hijo, porque el Talmud prescribía que los ajusticiados tenían que ser sepultados en la fosa común, tendría que ir allí a la fosa, donde estaban ya los cadáveres de malhechores anteriormente ejecutados.
Aquello era un drama para la Santísima Virgen, pero también el Talmud prescribía que se le podría enterrar en un sepulcro sin estrenar. Cuando José de Arimatea ofreció el sepulcro y dijo: Señora, aquí tengo un sepulcro nuevo, si queréis podemos depositarlo ahí, ¡¡¡ qué duda cabe que de entre el dolor de la Virgen arrancaría una sonrisa, miraría agradecida!!! Hoy hay que ofrecerse a la Virgen y decirle: Madre, mira, soy un sepulcro, de mí no se puede esperar nada más que corrupción, pero si mis miserias sirven de algo a la misericordia infinita de Jesús, ponlo dentro de mí, por lo menos que aquí descanse, que encuentre un lugar de refugio. ³Busqué quién me consolase y no lo hallé, quise encontrar consolador, no lo hubo². Aquí hay unas almas para ofrecerse a ser consoladoras del Corazón de Jesús. En san Juan 15, 18 nos dice: ³Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros²; y en el versículo 20: ³Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; y en Juan 16, 4: os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho²

Una anécdota

Se dice que cuando Jesús moría en la Cruz, Dios Padre y Satanás estaban jugándose la redención del mundo en un tablero de ajedrez. Dios Padre dejaba a Satanás manejar el tablero de la Historia y le dijo: ³juega, tienes el tablero a tu disposición, pon las fichas donde quieras² y Satanás iba colocando aquí un peón, aquí se servía de la ignorancia humana, de los celos, de las envidias, de los rencores, de la carne, y poco a poco iba preparando el jaque. Cuando ya colocó a Jesús en la Cruz, cuando ya estaban aquellos que meneaban la cabeza para decir: ³bájate de la cruz², cuando Jesús estaba aparentemente contemplando el triunfo más aplastante, que era ver el triunfo de sus enemigos en la soledad total y absoluta, entonces colocando las piezas sobre el tablero, Satanás miraba a los ojos de Dios y Dios le decía: ¿no cambias?, y él (Satanás) dijo: ya no, mate. Y dijo Dios Padre, ¿seguro?, mate -replicó él- ¿De verdad? –Volvió a preguntar-, puedes todavía corregir tu jugada, y Satanás, viendo todo tan perfectamente planificado respondió: no, definitivamente mate (muerte de Jesús). Entonces Dios Padre volteó, dio la vuelta al tablero y por debajo se estaba jugando otra partida en la que cada una de las piezas que el demonio había ido colocando, había dado lugar precisamente a la derrota suya final. Se hacía la redención de los hombres clavando a Cristo en la cruz, como había hecho Satanás, y era él el que quedaba hundido para siempre en la eternidad.

Misión y recompensa

Seamos siempre colaboradores y apóstoles de Jesucristo. Nuestra misión, luchar, ser sembradores de buena semilla. Sea Cristo la recompensa. Como nos recordó Juan Pablo II en su visita apostólica a España en 1982: ³queridos educadores en la fe; ante este estupendo panorama de un mundo a catequizar para acercarlo a Cristo, ante tantos adultos, jóvenes y niños que reclaman una entrega fiel a la causa del Evangelio, con que vigor y condición resuenan en este encuentro las palabras del Apóstol:²si evangelizo, no es como motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. Hay de mi si no evangelizare²
Termino volviendo a la soledad de Belén. Allí hay un juego de miradas. La Virgen mira a Jesús y a la Virgen San José, a los dos mira Jesús y se sonríen los tres.
Esta es la soledad de nuestra vida, tener los ojos clavados en la Virgen, clavados en Jesús, identificarnos con El: de dos corazones, hacer un latir, y morir contigo, morir contigo, para en ti vivir.
Es una soledad que fortalece, es una soledad consoladora, es una soledad que llena de alientos, ante la cual no tiene el desaliento entrada, es la soledad de compartir la Cruz con Jesús y poder decir con San Pablo: ³con Cristo estoy clavado en la Cruz y vivo yo, más ya no yo, es Cristo quien vive en mí²
Pues terminemos con esas palabras con que Juan Pablo II comenzaba o terminaba sus intervenciones ¡Alabado sea Jesucristo!
Fuente> Revista Arbil 

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