|
Vamos a hacer unas reflexiones. En el momento en que cada persona,
cada uno de nosotros, esté dispuesto a actuar por la Iglesia, por
Jesucristo, por su Santísima Madre, inmediatamente a esa armonía de
amor que va a llevar al mundo, se van a oponer las armas del
enemigo: mundo, demonio y carne. Y de estos tres enemigos, los tres
van a ser comunes en la actuación.
Pero fundamentalmente me voy a acoger a una regla de san Ignacio
que, en la primera semana de sus Ejercicios, en la reglas de
discernimiento de espíritus, nos dice -en su segunda regla-²que en
aquellas almas que van de bien en mejor subiendo, usa el enemigo
contrario modo que en la primera, que era la de aquellos que van de
pecado en pecado mortal cayendo. En este caso, dice, acostumbra
comúnmente el enemigo proponer placeres aparentes, pero en los que
van de bien en mejor subiendo, usa contrario modo, porque entonces
es propio del mal espíritu morder, tristar, poner impedimentos, e
inquietar con falsas razones para que no se pase adelante².
De manera que la táctica que el enemigo va a seguir, va a ser la de
intentar transformar el buen deseo en desalientos.
Las armas de Satanás
Voy a contar una anécdota que oí, que decía que el demonio sacó en
una ocasión sus armas a subasta delante de innumerables demonios.
Satanás decía: ³¿Cuánto dais por esta piedra? Esta es la piedra de
la lujuria, infinidad de almas tengo sumergidas en el infierno por
esta piedra². El resto de los demonios subastaba. Después sacó otra
piedra: ³¿Qué dais por esta piedra? Esta es la piedra de la
soberbia, tened en cuenta que en el infierno hay vírgenes pero no
hay humildes, por lo tanto esta piedra de la soberbia es de un valor
incalculable². Pujaban los demonios, y después de sacar una serie de
piedras, de repente dijo: ³¡Ay! Aquí tengo una piedra, pero esta no
la saco a subasta. Esta es la piedra con la que más almas he metido
en el infierno, no hay nadie en el infierno que no esté por ella². Y
entonces los demás diablos pujaban y decían: ³¡Sácala a precio! ¿Qué
piedra es esa? ¡Dínoslo! ¡Comunícanos tu secreto!². No os comunico
nada, decía él. ³Pero, ¿qué piedra es esa?, le replicaban. ¡Ah!,
dijo él, esta es la piedra del desaliento².
El desaliento. No se trata de empezar a trabajar, se trata de ser
constante. Por la paciencia salvaréis vuestras almas. Pues bien,
para no desalentarnos, vamos a contemplar aquí a Jesús solo, a la
soledad del Corazón de Jesús. Porque es palabra de Dios en san
Pablo, que todos los que quieran vivir piadosamente según Cristo,
han de padecer persecución. Y en esa persecución iremos quedando
poco a poco aislados, solos. Y aquí entran en juego el desaliento y
ese pesimismo. No tenemos derecho a ser pesimistas ni a dejarnos
desalentar. Pero las fuerzas las sacamos contemplando a Cristo.
La soledad del Corazón de Jesús. Dilo contemplando, y no solo ahora,
sino cada día de nuestra vida durante un buen espacio de tiempo. El
Corazón de Jesús, nuestro modelo.
Soledades del Corazón de Jesús
La soledad en Belén
Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. La soledad de Jesús,
dice San Ignacio, en suma pobreza. Es impresionante que en la noche
de Belén el Esperado, el Mesías, el Ansiado, aquél por el que clamó
Isaías: ³destilad, cielos, el rocío de lo alto, lluevan las nubes al
Justo, ábrase la tierra y germine el Salvador² venga a la tierra y
nazca en una soledad total y absoluta en presencia del corazón de la
Santísima Virgen y del corazón de San José, a los cuales Dios
beneficiaba inmensamente con esta pobreza en que nacía el Verbo,
porque los preparaba así para poner los ojos y el corazón solamente
en aquél niño que nacía, y no poder ponerlo en ninguna otra
criatura. Pero empieza a nacer en soledad y a formar en la madre un
corazón solitario.
La soledad de Jesús y de la Virgen
Soledad del Corazón de Jesús con su propia madre. Para formar el
Corazón de la Virgen en soledad a los doce años Jesús abandona a su
madre por tres días, quedándose en Jerusalén al finalizar la fiesta
de la Pascua. En estos tres días, nos dicen algunos comentaristas
del Evangelio, la Santísima Virgen ha sufrido más que la Pasión,
porque en la Pasión tenía la presencia del Hijo, por lo menos el
consuelo de estar junto a El.
En estos tres días ignoraba dónde estaba Jesús. Pero la Virgen sabía
que aquel niño era Dios y la Virgen clamaba, y en estos tres días
oraba y sabía que vivo o muerto la escuchaba. ¿Cómo no respondía el
Hijo de sus entrañas, el Hijo de Dios, el todo bien, y toda bondad?
Por eso cuando lo encuentra le pregunta: ³pero, Hijo, ¿cómo lo has
hecho así con nosotros? ¡Mira que tu padre y yo, angustiados, te
estábamos buscando!² . Y Jesús les dice: ³¿Por qué me buscabais? ¿No
sabíais que yo había de estar en las cosas de mi Padre?². Ellos no
entendieron nada de lo que Jesús les había dicho. Jesús preparaba a
la Santísima Virgen para vivir su soledad. Fue el primer desgarrón
fortísimo hecho en el Corazón de la Virgen, porque el corazón de la
Virgen tenía que corredimirnos con un corazón solitario.
Preparaba así a la Virgen para vivir en soledad, porque llegaría un
día en que el Hijo de sus entrañas le dejaría en una soledad total y
absoluta.
Por tres veces anuncia Jesús la Pasión en el Evangelio, en el
capítulo 9 de san Lucas dos veces y en el 10 una tercera vez. De
estas tres veces, cuando Jesús les dice: ³Mirad que subimos a
Jerusalén, donde el Hijo del Hombre va a ser escarnecido, va a caer
en mano de los doctores, va a ser azotado, va a ser abofeteado, va a
ser crucificado, pero al tercer día resucitará², dos veces añade el
Espíritu Santo: ³y ellos no entendían nada de lo que les había
dicho² y añade más el Espíritu Santo: ³y era éste un lenguaje
encubierto para ellos² y no querían pensar en aquello y les ha
dicho: ³mirad que subimos a Jerusalén², no mirad que subo, sino que
subimos. Y estas palabras nos repite Jesús a nosotros, subimos, no
subo, subimos. Si tú quieres santificarte y quieres vivir en
cristiano tienes que subir conmigo a la Cruz. Esto nos cuesta
trabajo, no lo entendemos. Dios no tiene otro camino para llevarnos
a la santidad que ése, su propia soledad.
Soledad del corazón de Jesús con los suyos
Sus familiares, nos dice san Marcos (Mc 3, 20-21), que venían a
buscarle en cuanto salió a la vida pública y querían llevárselo
porque decían que estaba como fuera de sí, como loco.
Soledad del Corazón de Jesús en Nazaret, su pueblo
Ya había dicho El que ningún profeta lo es en su patria (Juan, 4,44)
(y en Juan 6,22: los judíos le buscaban para matarle). Pero llegó a
Nazaret y quisieron precipitarlo por un barranco. Jan Dobraczynsky
en ese libro ³Cartas de Nicodemo² describe a Jesús; El, (Jesús), nos
dice el Evangelio, pasando por el medio se retiraba y alejándose del
pueblo (Nazaret) -dice Jan Dobraczynsky- contempló la ciudad a lo
lejos, se sentó en el suelo, comenzaron a convulsionarse sus
hombros, agacho la cabeza -Jesús estaba llorando-. Vino a los suyos
y los suyos no le recibieron, los de Nazaret, los íntimos, con los
que había estado treinta años de su vida, y a los que amaba, porque
el desgarrón de la soledad de Jesús es que cada uno de los que le
produce soledad, es amado por El.
Soledad de Jesús con las masas
No lo entendieron. Tuvo que decirles: ³vosotros me buscáis porque os
he dado de comer² (Jn 6,26). Pero en cuanto se quedó solo y empezó a
pregonar el Sermón de la Eucaristía, ³dura doctrina es esta² (Jn 6,
60-66), le dejaron solo. Las masas le llevaban multitudes de
enfermos, pero solamente una vez leemos en el Evangelio, y también
era un enfermo, le llevaron pecadores que era lo que había venido a
buscar. Las masas entendían como nosotros una salvación de lo
temporal, en lugar de una salvación de abundancia de vida divina en
el alma. Soledad del Corazón de Jesús ante las masas.
Soledad del Corazón de Jesús con los teólogos de la época
No nos extrañemos ahora cuando nos hacen sufrir ciertas teorías,
²vosotros escudriñáis las Escrituras y no me habéis conocido².
Soledad del Corazón de Jesús con los fariseos, que debieron de
haberle recibido entre aplausos y vítores, y los tuvo que llamar
³raza de víboras, sepulcros blanqueados² Pero los amaba, amaba Jesús
a aquellos fariseos y tuvo que enfrentarse con ellos, decirles
abiertamente lo que hacían porque ponían cargas que ellos no eran
capaces de soportar, aunque dijese al pueblo en cuanto a ellos:
³haced lo que os dicen, aunque no hagáis lo que ellos hacen².
Soledad del Corazón de Jesús con los más íntimos
A Pedro le tuvo que decir ³aparta de Mí Satanás², porque Pedro no
había entendido el dolor de la Cruz y le quería separar de que
subiese a Jerusalén. En la noche de la Cena todavía les tendrá que
decir: ³Tanto tiempo con vosotros, Felipe, y aún no me habéis
conocido².
Soledad del Corazón de Jesús en Gerasa
Ver Lucas 8, 26-30. Gerasa estaba en territorio de Decápolis. Fue
preferido a 2.000 cerdos después de hacer la curación del
endemoniado, tras haber sepultado en una piara de dos mil cerdos a
una multitud de demonios - ³nuestro nombre es legión²-. Vinieron
después aquellos ciudadanos griegos del territorio de Decápolis para
decirle:² márchate de aquí, creemos que eres un buen hombre, pero
nos has infringido un gran daño².
Soledad del Corazón de Jesús en el momento de la agonía en Getsemani
Los íntimos se quedaron dormidos (Mt 26, 36-46). Poco después nos
dice el Evangelio:²entonces sus discípulos, abandonándole todos,
huyeron² (Juan 22, 39)
Soledades del Corazón de Jesús. En la Cruz. No tenemos palabras para
expresar el misterio de la soledad de Jesús. Maldito el que cuelga
del madero, quedó abandonado, aún del Padre de los Cielos: ³Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?².
No podemos llegar a comprender este misterio, y así es como Jesús ha
realizado nuestra salvación. Y después de la Cruz, nos dice San Juan
de Ávila que, si repitió: ³todo se ha acabado², dice Juan de Ávila
todo se ha acabado en cuanto al padecimiento que no en cuanto al
amor, porque nos sigue amando.
Soledad del Corazón de Jesús que mantiene hoy. Hoy hay también
Herodes. Jesús ante Herodes, ¡qué soledad tuvo el Corazón de Jesús!
Ante Herodes Jesús callaba, no dijo ni una sola palabra. Habló con
Pilatos, habló con Caifás, con Anás. Con Herodes el lujurioso, el
que vivía con la mujer de su hermano, ante Herodes Jesús callaba.
Soledad del Corazón de Jesús con la injusticia de Pilatos, que seis
veces, seis veces dice que es inocente y lo entregó.
Y nosotros hoy, ¿no dejamos solo al Corazón de Jesús? Porque sigue
prolongando el amor, que no ya el padecimiento, pero se ha quedado
en la Eucaristía, memorial de su Pasión. Está en los Sagrarios.
¿Cuánto tiempo acompañamos nosotros a Jesús ante un sagrario?,
¿acompañamos a Jesús en la Eucaristía?
Soledad del Corazón de Jesús con nosotros
mismos
Somos de sus predilectos, de sus íntimos, nos ama y le tenemos
durante el día como en el olvido. Nuestra propia alma se ha
convertido para El en un hospedaje en que es el gran ausente. Hay
tantas cosas que nos preocupan y no nos preocupa el Corazón de
Jesús.
Miradle a El. Juan Pablo II nos dijo a los jóvenes, en una de sus
tres audiencias que tuvo con los jóvenes: ²Buscad a Jesús, amad a
Jesús, dad testimonio de Jesús².
Vayamos a la Santísima Virgen, acompañémosla en la soledad,
convirtamos nuestra vida en una sonrisa para la Virgen. Cuenta un
sacerdote esta anécdota. ¡¡Qué duda cabe que cuando María se
encontraba destrozada con Jesús, entre sus brazos muerto, y se
acercaron Nicodemo y José de Arimatea para decirle: Señora, aquí
tenemos un sepulcro nuevo donde poder enterrarle, Ella miraría
agradecida!! Era una preocupación para la Virgen dónde depositar a
su Hijo, porque el Talmud prescribía que los ajusticiados tenían que
ser sepultados en la fosa común, tendría que ir allí a la fosa,
donde estaban ya los cadáveres de malhechores anteriormente
ejecutados.
Aquello era un drama para la Santísima Virgen, pero también el
Talmud prescribía que se le podría enterrar en un sepulcro sin
estrenar. Cuando José de Arimatea ofreció el sepulcro y dijo:
Señora, aquí tengo un sepulcro nuevo, si queréis podemos depositarlo
ahí, ¡¡¡ qué duda cabe que de entre el dolor de la Virgen arrancaría
una sonrisa, miraría agradecida!!! Hoy hay que ofrecerse a la Virgen
y decirle: Madre, mira, soy un sepulcro, de mí no se puede esperar
nada más que corrupción, pero si mis miserias sirven de algo a la
misericordia infinita de Jesús, ponlo dentro de mí, por lo menos que
aquí descanse, que encuentre un lugar de refugio. ³Busqué quién me
consolase y no lo hallé, quise encontrar consolador, no lo hubo².
Aquí hay unas almas para ofrecerse a ser consoladoras del Corazón de
Jesús. En san Juan 15, 18 nos dice: ³Si el mundo os odia, sabed que
a mí me ha odiado antes que a vosotros²; y en el versículo 20:
³Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su
señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros;
y en Juan 16, 4: os he dicho esto para que, cuando llegue la hora,
os acordéis de que ya os lo había dicho²
Una anécdota
Se dice que cuando Jesús moría en la Cruz, Dios Padre y Satanás
estaban jugándose la redención del mundo en un tablero de ajedrez.
Dios Padre dejaba a Satanás manejar el tablero de la Historia y le
dijo: ³juega, tienes el tablero a tu disposición, pon las fichas
donde quieras² y Satanás iba colocando aquí un peón, aquí se servía
de la ignorancia humana, de los celos, de las envidias, de los
rencores, de la carne, y poco a poco iba preparando el jaque. Cuando
ya colocó a Jesús en la Cruz, cuando ya estaban aquellos que
meneaban la cabeza para decir: ³bájate de la cruz², cuando Jesús
estaba aparentemente contemplando el triunfo más aplastante, que era
ver el triunfo de sus enemigos en la soledad total y absoluta,
entonces colocando las piezas sobre el tablero, Satanás miraba a los
ojos de Dios y Dios le decía: ¿no cambias?, y él (Satanás) dijo: ya
no, mate. Y dijo Dios Padre, ¿seguro?, mate -replicó él- ¿De verdad?
–Volvió a preguntar-, puedes todavía corregir tu jugada, y Satanás,
viendo todo tan perfectamente planificado respondió: no,
definitivamente mate (muerte de Jesús). Entonces Dios Padre volteó,
dio la vuelta al tablero y por debajo se estaba jugando otra partida
en la que cada una de las piezas que el demonio había ido colocando,
había dado lugar precisamente a la derrota suya final. Se hacía la
redención de los hombres clavando a Cristo en la cruz, como había
hecho Satanás, y era él el que quedaba hundido para siempre en la
eternidad.
Misión y recompensa
Seamos siempre colaboradores y apóstoles de Jesucristo. Nuestra
misión, luchar, ser sembradores de buena semilla. Sea Cristo la
recompensa. Como nos recordó Juan Pablo II en su visita apostólica a
España en 1982: ³queridos educadores en la fe; ante este estupendo
panorama de un mundo a catequizar para acercarlo a Cristo, ante
tantos adultos, jóvenes y niños que reclaman una entrega fiel a la
causa del Evangelio, con que vigor y condición resuenan en este
encuentro las palabras del Apóstol:²si evangelizo, no es como motivo
de gloria, sino que se me impone como necesidad. Hay de mi si no
evangelizare²
Termino volviendo a la soledad de Belén. Allí hay un juego de
miradas. La Virgen mira a Jesús y a la Virgen San José, a los dos
mira Jesús y se sonríen los tres.
Esta es la soledad de nuestra vida, tener los ojos clavados en la
Virgen, clavados en Jesús, identificarnos con El: de dos corazones,
hacer un latir, y morir contigo, morir contigo, para en ti vivir.
Es una soledad que fortalece, es una soledad consoladora, es una
soledad que llena de alientos, ante la cual no tiene el desaliento
entrada, es la soledad de compartir la Cruz con Jesús y poder decir
con San Pablo: ³con Cristo estoy clavado en la Cruz y vivo yo, más
ya no yo, es Cristo quien vive en mí²
Pues terminemos con esas palabras con que Juan Pablo II comenzaba o
terminaba sus intervenciones ¡Alabado sea Jesucristo!
Fuente> Revista Arbil
|
 |