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El mundo
Los orígenes del terrorismo
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Teorías sobre sus motivaciones y causas,
basada en el libro Dar sentido a las Misiones Suicidas, escrito
por Diego
Gambetta. |
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Las bombas en los transportes de
Londres acaecidas en 2004 levantaron una
nueva serie de comentarios sobre las causas del aumento de
ataques
terroristas en los últimos años, sobre todo los llevados a cabo
por
creyentes islámicos. Un libro publicado en Inglaterra
proporciona una visión
útil sobre el tema.
El libro, ³Making Sense of Suicide Missions² (Dar sentido a las
misiones
suicidas), está escrito por Diego Gambetta y publicado por
Oxford University
Press.
Un capítulo firmado por Jon Elster, profesor de la Universidad
de
Columbia, considera el papel de las motivaciones y creencias en
las misiones
suicidas. Afirma que la disponibilidad a sacrificar la propia
vida en tal
misión no es irracional en sí misma. De hecho, los terroristas
suicidas
raramente están sujetos a una motivación patológica o suicida,
indica.
Observa que algunos factores psicológicos contribuyen a la
motivación de
los terroristas suicidas. La presión de los demás y el deseo de
ser bien
considerado por otros pueden jugar su papel en la motivación.
Igualmente, en
el caso de los terroristas palestinos, los organizadores del
grupo hacen
presión psicológica sobre ellos en los días anteriores a un
ataque. Esto los
induce a un estado mental que les hace más fácil dar sus vidas.
Una motivación que es tema de debate es el deseo de alcanzar un
más allá
religioso. El Corán, observa Elster, no contiene una clara
prohibición del
suicidio. Pero la tradición profética lo prohíbe. Elster
sostiene que
actualmente, en la práctica, parece ampliamente aceptada la
legitimación
religiosa del suicidio, incluso aunque siga siendo motivo de
controversia.
El profesor afirma además que hace algunos años se asumió que
los
terroristas suicidas eran varones jóvenes, solteros,
desempleados, a quienes
un movimiento religioso les llenaba un vacío en sus vidas. Pero
los datos
más recientes revelan que no está claro que la pobreza y el
analfabetismo
sean factores causales. Más relevantes, sostiene Elster, son los
sentimientos de inferioridad y resentimiento. Muchos de los
terroristas
vienen de países donde la pobreza es un problema, pero esto en
sí mismo no
es suficiente para conducir al terrorismo, afirma.
Elementos comunes
En otro capítulo, Diego Gambetta, profesor en el Nuffield
College de
Oxford, observa que las misiones suicidas muestran tal
diversidad de rasgos
que la búsqueda de una explicación o patrón global puede parecer
vana. Hay,
sin embargo, elementos comunes.
Entre éstos está la importancia del respaldo de una
organización.
Observaba que todas las misiones suicidas se han decidido y
ejecutado con el
apoyo de una organización. Con todo, ninguna de las
organizaciones
implicadas confía en exclusiva en misiones suicidas, por lo que
es un error
centrarse únicamente en estos ataques para analizar estas
organizaciones.
Además, las misiones suicidas son realizadas por la parte más
débil en un
conflicto.
Gambetta observa más adelante que, aunque ninguna otra religión
aparte
del Islam está implicada directamente en las misiones suicidas,
las misiones
de inspiración islámica suman sólo el 34,6% de los ataques
llevados a cabo
entre 1981 y septiembre de 2003.
También subraya que las misiones suicidas son utilizadas sobre
todo
contra las democracias. Esto refleja el hecho de que las
democracias son más
sensibles a los costos que implican estos ataques.
Asimismo, las democracias tienden a refrenarse en su respuesta a
la
comunidad de donde proceden los ataques. Luego con la existencia
también de
medios de comunicación libres, los ataques reciben amplia
publicidad.
Gambetta insiste en que los suicidas mismos pueden considerarse
³altruistas², en el sentido de que creen que sacrificar sus
vidas fomentará
los intereses de un grupo o de una causa con la que se
identifican.
La vida sencilla
El terrorismo de base islámica fue examinado en 2003 en el libro
de
Jessica Stern, ³Terror in the Name of God² (Terror en el nombre
de dios).
Stern, profesora en la Escuela Kennedy de Política en la
Universidad de
Harvard, pasó cuatro años entrevistando a miembros de grupos
extremistas,
tanto cristianos y judíos como musulmanes.
En sus entrevistas, Stern descubrió que los terroristas se
motivan con la
convicción de que están creando un mundo más perfecto,
purificándolo de la
injusticia. También observaba que la gente tiende a unirse a las
organizaciones terroristas en parte para transformarse a sí
mismos y para
simplificar sus vidas. Y puesto que están convencidos de que su
causa es
justa, se convencen a sí mismos de que cualquier actuación está
permitida.
Stern comparaba el terrorismo con una suerte de virus, que se
extiende
como resultado de factores de riesgo a diversos niveles. Sin
embargo es más
complejo de lo que la analogía podría implicar, afirmaba. Las
mismas
variables que llevan a algunos al terrorismo pueden motivar a
otros a actos
positivos y buenos. A continuación, algunos de los factores de
riesgo:
- A nivel global los avances en la comunicación han facilitado
mucho la
coordinación necesaria para una red mundial. Las organizaciones
terroristas
pueden reclutar y gestionar sus economías a través de internet.
Y efectúan
sus ataques de manera que se maximice la cobertura de los
medios.
- Los campos de refugiados, las malas vecindades y los estados
fallidos
son invernaderos de rabia y extremismo, así como de crimen.
- La incapacidad de los gobiernos de proporcionar servicios
básicos o de
proteger de las violaciones de los derechos humanos dañan la
capacidad del
estado de luchar contra las organizaciones extremistas. Esto
puede generar
una situación donde la violencia genere más violencia.
- Los terroristas son inteligentes a la hora de explotar las
necesidades
de los pobres y de los ignorantes, que más tarde servirán como
soldados de a
pie para las organizaciones. Por ejemplo, la práctica de
proporcionar
compensación a las familias de aquellos que mueren en Indonesia,
Pakistán y
los territorios palestinos hace a las organizaciones más
atractivas para los
pobres.
- La humillación es otro factor. A nivel nacional, la violencia
es vista
como la respuesta a la humillación percibida a manos de
Occidente. A nivel
personal, algunos terroristas ven sus acciones como una forma de
curar las
heridas de una humillación personal.
Por qué un semillero
Stern también analiza por qué los países musulmanes producen
tantos
terroristas que atacan objetivos occidentales. Un factor que
ella identifica
es el resentimiento por el apoyo de Estados Unidos a Israel.
Además, observa
que, siendo la mayor parte regímenes autoritarios, los países de
Oriente
Medio han tomado medidas estrictas para suprimir el terrorismo,
llevando a
los extremistas a considerar objetivos más vulnerables.
Además, algunos estados de Oriente Medio sufren de una falta de
buen
gobierno, donde la combinación de economías estancadas,
corrupción,
amiguismos y organizaciones religiosas extremistas proporcionan
un sustrato
de cultivo fértil para reclutar a potenciales terroristas.
Combinado con esto está la habilidad de la organización Al-Qaeda.
Esta
organización terrorista ha sabido combinar la explotación de
estos agravios
con una sofisticada estructura, una cuidadosa planificación y un
diestro uso
de los medios modernos de comunicación y financiación.
En su mensaje con motivo del Ángelus del domingo posterior a los
atentados de Londres, Benedicto XVI expresaba su dolor por las
víctimas de
las explosiones. También tenía palabras para los terroristas
implicados:
³Recemos también por los terroristas, para que el Señor toque
sus
corazones². El Papa invitaba a quienes fomentan sentimientos de
odio a que
cesaran. ³Dios ama la vida, que ha creado, no la muerte²,
afirmaba. Un
mensaje que todos esperamos que alcance su objetivo.
Fuente: Zenit.org.
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Religión
Llegada de San Pedro a Roma
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Un relato evoca el instante en que quien fue cimiento
de la Iglesia se da a conocer en la capital imperial.
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Bajo el reinado de Claudio -el año 42 de nuestra era- un viajero
llamado
Pedro, cubierto de polvo y abrumado por el cansancio de un largo
camino,
llegaba a la entrada de Roma, cerca de la puerta Naval.
Un filósofo romano, amante de novedades, impresionado al observar el
traje del extranjero y la expresión grave e inteligente de sus
rasgos, le
habló, entablándose el diálogo siguiente:
- Extranjero: ¿de dónde vienes? ¿Cuál es tu país?
- Vengo de Oriente; y pertenezco a una raza que vosotros detestáis,
a la
que habéis expulsado de Roma: mis compatriotas se encuentran
relegados al
otro lado del Tíber. Soy judío de nación, nacido en Betsaida de
Galilea.
- ¿Qué es lo que te trae a Roma?
- Vengo a destruir el culto de los dioses que vosotros adoráis y a
haceros conocer al único verdadero Dios que no conocéis. Vengo a
establecer
una religión nueva, la única buena, la única divina.
- ¡A fe que esto es algo nuevo! ¡Hacer conocer un nuevo Dios,
establecer
una Religión nueva! ¡La empresa es grande! Pero, ¿cuál es el Dios
desconocido de que hablas?
- Es el Dios que ha creado el cielo y la tierra: es un solo Dios en
tres
personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios Padre ha enviado al
mundo a su
Hijo único, Jesucristo, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios.
Como
hombre, fue al principio carpintero en una pequeña aldea, Nazaret;
vivió
pobre; murió en una cruz en Jerusalén para expiar los pecados del
mundo,
pero resucitó al tercer día. Como Dios, tiene todo poder en el cielo
y en la
tierra, y me envía para deciros que todos los dioses del Imperio no
son sino
falsas deidades introducidas por el demonio. Él es el único
verdadero Dios a
quien se debe adorar en todo el universo.
- ¡Por Júpiter, tú deliras! ¡Tú querrías derribar los altares de
nuestros
dioses, que han dado a los romanos el imperio del mundo, para hacer
adorar
en su lugar a un Dios crucificado! Pero ¿puede, acaso, imaginarse
algo más
absurdo, más impío?
- No, no deliro. Dentro de poco vuestros templos serán un montón de
ruinas; y en Roma no habrá más que un solo Dios, el Dios crucificado
en
Jerusalén
- ¿Y qué vienes a anunciarnos de parte de un Dios tan extraño?
Seguramente tu religión debe ser cómoda, fácil y atrayente, puesto
que
esperas sustituir con ella la religión del Imperio.
- La religión que yo predico parece una locura a los hombres. Obliga
a la
inteligencia a creer misterios insondables, y al corazón a domar
todas sus
pasiones. Condena todos los vicios que tienen templos en esta
ciudad; impone
la práctica de las virtudes más difíciles: la humildad, la castidad,
la
caridad, la penitencia.
- ¿Y qué prometes a los secuaces de tu religión?
- Aquí en la tierra tendrán que soportar incesantes luchas,
privaciones y
sufrimientos. Deben estar prontos a sacrificarlo todo, hasta la
propia vida,
antes que apostatar de su fe. Pero en el cielo, después de su
muerte, yo les
prometo un trono de gloria más hermoso que todos los tronos del
mundo.
- Si los romanos renuncian a las delicias de la vida para abrazar tu
religión tan austera; si cambian los bienes presentes por los tronos
que les
prometes sobre las nubes, yo te miraré como a un Dios.
- Yo no soy nada por mí mismo, pero Aquél que me envía es
todopoderoso.
Yo vengo en su nombre a enseñar a todas las naciones y a restablecer
su
Religión en todo el universo.
- ¡Dioses inmortales! ¡Jamás hombre alguno soñó con semejante
proyecto!
Establecer una religión de tal naturaleza en Roma, en el centro de
la
civilización y de las luces; querer hacer adorar a un Galileo
crucificado,
¡es locura! ¿Quién eres tú para soñar en semejantes empresas?
- ¿Ves allá en la orilla a aquellos pescadores? Pues ése es mi
oficio.
Para ganar el pan, he pasado una buena parte de mi vida remendando
redes y
pescando en un pequeño lago de mi tierra.
- ¿De qué medios dispones para imponer al mundo tus ideas? ¿Tienes,
por
ventura, soldados más numerosos y más valientes que los de César?
- Nosotros somos doce, diseminados por todos los pueblos, y mi Dios
me
prohíbe emplear la violencia. Él nos ha enviado como ovejas en medio
de los
lobos. No tengo más arma que esta cruz de madera
- ¿Posees, al menos, inmensos tesoros para ganar discípulos?
- No tengo ni oro ni plata. En el mundo no poseo más que este
vestido que
me cubre.
- En ese caso, confiarás en tu elocuencia. ¿Cuánto tiempo has
estudiado con los retóricos de Atenas o de Alejandría el arte de
persuadir a
los hombres?
- Ignoro los artificios del lenguaje. No he frecuentado más escuela
que
la del carpintero, mi Maestro, y no sé nada fuera de la santa
Religión que
Él me ha enseñado.
- Pero, ¿esperas tú entonces que los emperadores, los magistrados,
los
gobernadores de provincia, los ricos y los sabios favorezcan tu
empresa?
- No; toda mi esperanza está en Dios. ¿Cómo podría yo contar con los
ricos, los sabios y los césares? Yo mando a los ricos que desprecien
sus
riquezas, a los sabios que sometan su razón al yugo de la fe, al
César que
abdique su dignidad de gran Pontífice y acate las órdenes de Aquél
que me
envía.
- En tales condiciones, fácil cosa es prever que todo estará contra
ti.
¿Qué intentas hacer cuando tal suceda?
- Morir sobre una cruz: mi divino Maestro me lo ha predicho.
- Verdaderamente esto es lo más inverosímil de todo cuanto acabas de
decirme. Extranjero, tu empresa es una locura ¡Adiós!
El romano se va mientras, hablando consigo mismo, dice: «¡Pobre
loco! Es
una lástima que este judío haya perdido la cabeza; parece una
persona
respetable».
Pedro besa su cruz de madera y penetra en Roma. Allí, a pesar de los
sacerdotes, a pesar de los filósofos, a pesar de los Césares, funda
la
Religión de Jesucristo; hace adorar por esos orgullosos romanos a un
judío
crucificado; persuade a los voluptuosos a que practiquen la
penitencia y
puebla de vírgenes aquella ciudad disoluta. El ignorante pescador
demuestra
su doctrina tan cumplidamente, que los que la abrazan derraman con
gusto su
sangre en defensa de la misma.
El triunfo de la cruz
Algunos años más tarde, el apóstol extiende sus brazos sobre la cruz
que
ha predicado. Su muerte fija para siempre en Roma la sede de su
imperio.
Después de su martirio, la cátedra desde la cual ha enseñado nunca
queda
vacante. Durante trescientos años la espada de los césares hiere a
todos los
que la ocupan. Pero su trigésimo segundo sucesor bautiza al César y
enarbola
la cruz sobre el Capitolio. En adelante, la cruz de madera llevada a
Roma
por Pedro dominará sobre el mundo: Stat crux dum volvitur orbis.
¿No es éste un milagro? ¡Un pescador triunfa sobre todo el poder
romano
encarnizado en destruir su obra, y el mundo adora a un judío
crucificado,
bajo la palabra de doce pescadores de Galilea! ¡Esto no era
humanamente
posible y, sin embargo, ha sucedido! La locura de la cruz ha
triunfado sobre
todo el universo: he ahí el monumento inmortal de la divinidad del
Cristianismo. ¡El dedo de Dios está ahí!
Fuente> La Religión
Demostrada - P. A. Hillaire
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