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Religión

Por Javier Menéndez Ros

Con los cristianos de Irak
 

A pesar de la persecución islámica y el abandono de las potencias liberales,
los cristianos de Irak perseveran. El Director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en España hace un breve apunte de su situación.

Con motivo de la campaña ³Ayuda a la Iglesia Necesitada² que se está
realizando para ayudar a los cristianos de Irak, he podido visitar in situ
los lugares y conocer a algunas de las personas a las que se destinarán los
fondos recaudados. Básicamente me he movido por diferentes zonas del
Kurdistán, al norte de Irak, y por Kirkuk, ciudad limítrofe con esta región.
Allí hemos estado acompañados en todo momento por los obispos de Kirkuk y de
Bagdad, así como por el rector del seminario, y así hemos podido conocer de
primera mano tanto su visión como la realidad sufriente del pueblo iraquí.

Inseguridad y terror

Para entender la situación que viven en Irak los cristianos tenemos que
echar brevemente la vista atrás y repasar, con dolor, las tragedias que han
ido viviendo sus habitantes. La guerra con Irán, la I guerra del Golfo, con
un durísimo embargo posterior que dejó al pueblo iraquí aislado del comercio
internacional y del contacto con el exterior, por lo que tuvo que sufrir
penurias terribles que le impidieron reconstruirse debidamente, y después la
II guerra del Golfo, que pese a su rápido desenlace ha producido una
posguerra de consecuencias aún más funestas.
Me explicaba el obispo de Kirkuk, Louis Sako, que el mayor problema
actual de Irak es la inseguridad y el terror que se pueden vivir de forma
especial en ciudades como Bagdad, Mosul o algunas otras del sur del país.
Allí las bombas, los chantajes, los secuestros y la muerte campean por sus
respetos. Cada día dejan su vida en las calles hombres, mujeres y niños.
Unos cuya muerte es intencionada y otros simplemente fruto de las
circunstancias. Los suníes (entre los que se encuentran los seguidores de
Sadam Hussein), asesinan sin piedad a sus enemigos acérrimos los chiies, que
ahora ocupan el gobierno y que se están viendo incapaces de pacificar y de
normalizar el país. Por el norte, los kurdos, masacrados en su día por
Sadam, intentan hacerse independientes y crear su propio estado, ofreciendo
actualmente una zona de relativa seguridad y prosperidad.

El vaticano de Bagdad

En estas circunstancias los cristianos de Irak, en su mayoría católicos
de rito caldeo, contando también con minorías sirio-católicas, y en menor
grado de rito latino y ortodoxo, son sufrientes de su situación minoritaria
en el país (aproximadamente representan el 3% de la población) y del
ambiente de inseguridad y terror que se vive cada día. Una parte importante
de los cerca de 1,5 millones de cristianos que había en Irak residía en
Bagdad, donde incluso llegaron a crear una zona que se la conoció como ³el
Vaticano de Bagdad², donde se agrupaban el seminario y la facultad de
teología, así como varias iglesias y conventos.
` Desgraciadamente las amenazas, bombas, secuestros y chantajes por parte
de facciones extremas como Al-Quaida, hicieron que todos estas sedes se
trasladasen al centro de Bagdad, en busca de una mayor seguridad para los
estudiantes y los fieles. Pero al cabo de unos meses se comprobó que ni en
el centro de la ciudad era posible vivir en esa situación continua de
terror, por lo que se optó por trasladar la mayor parte de estos centros al
Kurdistán, donde se hallan actualmente.

Diáspora cristiana

La diáspora de los cristianos ha sido continua. Los que tenían más medios
o soporte exterior han podido emigrar a Australia o Estados Unidos. Otros
han puesto sus miras en la vieja Europa, en países que ponen menos problemas
a su entrada, como es el caso de Suecia o Alemania. Otros han emigrado a
países limítrofes, como Siria o Jordania, donde también viven una realidad
sufriente que desde ³Ayuda a la Iglesia Necesitada² intentamos paliar, y,
finalmente, son muchos los que, abandonando casas, antiguas seguridades, e
incluso dividiendo a la familia, se han traslado al Kurdistán.
Son pocos y posiblemente los más desprotegidos y de menos recursos los
que se han tenido que quedar en ciudades como Bagdad. Se estima que en
total, entre 700.000 y 1millón de cristianos han salido ya fuera de las
fronteras de Irak, y el éxodo continúa.
Frente a esta tragedia humana, los cristianos que permanecen en el país
gozan de una fuerza sólo propia de la unidad que produce sufrir juntos la
adversidad. Yo he visto una fe viva, fuerte, dinámica, plasmada en dos
congregaciones de religiosas de dominicas y de la Inmaculada Concepción,
cada una con cerca de 130 monjas, que se centran en atender a la educación
cristiana de niños y adolescentes. Su prestigio y buen hacer ayuda a que no
sea extraño que familias musulmanas lleven también sus niños a estas
escuelas. Con medios a veces mínimos (he visto con mis ojos una escuela en
la que tenían que impartir las clases en penumbra porque no tenían dinero
para pagar la luz) pero con fe e ilusión hacen una tarea fantástica.
Junto a ellas un seminario joven, que acoge a cerca de 35 vocaciones
entre caldeos y sirio católicos, y que el vivir provisionalmente en
bungalows y con unos escasos calentadores, no es obstáculo sino aliciente
para seguir adelante. Sacerdotes veteranos y jóvenes, dados a sus quehaceres
pastorales con entrega y arrojo, y grupos de catequistas seglares que son
expresión de la fuerza viva de una fe.

El terror nuestro de cada día

El terror en Irak es el pan nuestro de cada día. He tenido la suerte de
conocer personalmente a dos sacerdotes que fueron secuestrados y torturados
para pedir una compensación económica por ellos. La finalidad última de ese
dinero está por descubrir y puede ir desde intereses meramente delictivos
hasta intereses políticos o religiosos. La forma en que cuentan el tiempo de
angustia y privación de libertad me asombró vivamente, pues su fe e incluso
buen humor sobrepasó a los secuestradores. Apenas hace cuatro meses un
sacerdote ortodoxo fue secuestrado, y su cuerpo descuartizado. Actualmente
las amenazas de bombas y chantajes a la jerarquía, pastores y fieles de la
Iglesia continúan, amén de sufrir las consecuencias genéricas del terror
indiscriminado, que pude sentir personalmente durante mi estancia en Kirkuk,
sintiendo a menos de 100 metros la explosión de dos bombas que rompieron
cristales de la catedral y de la casa donde nos alojábamos.
Gracias a la generosidad de más de 5.000 personas y entidades hemos
podido recaudar cerca de 600.000 euros que se destinarán íntegramente para
ayudas de supervivencia de esas familias iraquíes que han tenido que
abandonar todo y emigrar al norte del país, para colaborar en su futuro, y
finalmente para ayudar a los seminaristas, futuros pastores de un rebaño
ahora disperso y desconcertado. La campaña desde nuestra institución no ha
finalizado y queremos que continúe durante el primer trimestre del año.
Cuanto más dinero recaudemos a más familias cristianas podrá llegar nuestra
ayuda.
La llama de la esperanza no se apaga sino que continúa viva cuando
ponemos nuestra confianza en Dios y sentimos a través de la oración la
hermandad de sus hijos. Vuestras oraciones no caerán en saco roto.


FUENTE: Revista Arbil.
 

 

Cuento

Por Mamerto Menapace
El Mensaje

Todos mis sentidos estaban puestos en llevar a destino el mensaje de mi tata.   



De mi infancia hay algunas cosas que conservo fresquitas en la memoria como
si hubieran ocurrido ayer. Nosotros vivíamos en una pequeña finquita allá
por Santa María de Catamarca. En aquel tiempo no habían bicicletas ni autos
ni colectivos. Nos movíamos en burro o a caballo. Me acuerdo clarito de un
día en que mi tata andaba con cara de preocupado.
Desde la noche anterior lo escuché quedarse despierto hasta tarde hasta
que se le apagó el cigarro en la boca, y luego dar vueltas en la cama toda
la noche. Por la mañana tempranito, un aire de nerviosismo volaba por toda
la casa.
La abuela también se mostró intranquila mientras nos servía la leche
calentita recién ordeñada. En aquella época no existía la confianza que hay
hoy entre padres e hijos, así que yo me quedé mudito, sin preguntar nada.
Después del desayuno, mi tata me agarró y me llevó para el corral.
Con cara de muy serio, me subió al caballo y me entregó un papel en el
que había algo escrito. Me dijo que debía ir a la casa del tío Marcos y
entregarle ese mensaje, que era muy importante. Envolvió el papel en un
pañuelo grande y me lo anudó al pecho, debajo del poncho. Me dio a mí un
beso y una palmada en las ancas al caballo para que empezase a trotar. Hacía
frío.
La mañana estaba despejada, pero el sol no alcanzaba a calentar ni un
poquito. Eran varios kilómetros los que separaban la finca donde vivía el
tío de la nuestra. Todos mis sentidos estaban puestos en llevar a destino el
mensaje de mi tata. Me llevó casi media mañana llegar hasta lo del tío, a
todo galope. Cuando llegué, el tío estaba limpiando el establo de los
caballos.
Con el corazón latiéndome apresuradamente llegué hasta él, le di un beso
y le entregué el mensaje de mi tata. Se ve que me había estado esperando
porque no puso cara de sorpresa al verme, ni preguntó por el contenido del
papel. El también tenía cara de preocupado. Al leer el mensaje, sonrió y me
dio una palmadita en el hombro. Sin decir más me despedí y volví para casa.
El tata me estaba esperando en la tranquera y se alegró al verme acercarme
por el camino. Al llegar me dio un abrazo bien fuerte.
Ahora su cara se mostraba algo tranquila y másserena. Esa fue suficiente
recompensa para mí. Nunca supe lo que decía aquel mensaje, pero yo sabía que
era algo importante para mi tata, y eso bastaba para que también fuera algo
importante para mí. 

 
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