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Entrevista
El Dios de Sherlock Holmes

Reportaje de la agencias Zenit a Mario Palmaro, coautor de «Sobrenatural, querido Watson», un encuentro entre el detective y el mismísimo Dios.  

AROMA (ZENIT).- Misterio, razón, crímenes, inocentes y culpables... ¿hablamos del Evangelio o de una novela de Sherlock Holmes?
En realidad, los dos temas están entrelazos en una curiosa publicación aparecida en Italia y titulada "Sobrenatural, querido Watson" "Soprannaturale, Watson. Serlock Homes e il caso Dio".
Uno de sus coautores, Mario Palmaro, revela en esta entrevista cómo ha surgido el encuentro entre Dios y el detective inglés Holmes.
Mario Palmaro, junto a Alessandro Gnocchi, ha escogido cinco relatos de Holmes y los ha analizado a la luz del Evangelio. El resultado es una reinterpretación sugerente que invita a la reflexión.
Palmaro es profesor en la Universidad de Treviso (Italia) y en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma).
- ¿Por qué se dedica a profundizar el tema de Sherlock Homes y Dios, un filósofo del derecho y especialista en bioética?
- En mis estudios de filósofo del derecho he tenido la oportunidad de estudiar en particular el problema de la pena, la sanción y la responsabilidad de quien comete un delito.
Se trata siempre de una temática fascinante. Las indagaciones de Holmes parten siempre del delito, y el esfuerzo de la investigación es descubrir al culpable, analizar la personalidad del criminal y estudiar sus "razones".
Conan Doyle consigue casi siempre juntar la necesidad de castigar al culpable y el hecho de que éste es siempre un ser humano me parece una idea muy "católica", muy auténtica y real: el criminal, en la ficción literaria, nos fascina y al mismo tiempo nos turba, porque cada quien en conciencia tiene que admitir que podría ser tentado, en circunstancias particulares, a cometer un crimen.
La criminología es un escenario óptimo para reflexionar sobre el pecado original.

Buscando la verdad


- ¿El libro intenta demostrar que la fe es un misterio como los que resuelve Sherlock Holmes?
- Sí, existe una analogía. Más allá de este aspecto, mi idea es que el éxito de los cuentos de Holmes, aparte de la dimensión lúdica y aventurera que apasiona al lector, se debe a una razón más profunda: al tema antropológico de la búsqueda de la verdad.
Como escribe Juan Pablo II en la encíclica "Fides et Ratio", el hombre es aquel que busca la verdad. Cada uno de nosotros la persigue, del mismo modo que Holmes sigue la solución de cada caso que indaga. Y lo hace usando al máximo sus razonamientos.
Él mismo debe admitir, en ciertos casos, que debe abandonarse a algo que está más allá. Así pues, no es la fe contra la razón, sino la razón que conduce al hombre hacia el umbral del misterio.
Pero el golpe escénico en la gran historia de la vida es que Dios, con Jesús de Nazaret, se ha movido para venir a encontrar al hombre y dejarse encontrar.
Este es el sentido de la auténtica revelación, que convierte al acontecimiento cristiano incomparable a otros fenómenos religiosos de cada época.
- ¿Usted cree que el Evangelio es como una novela policíaca?
- Se podría enmarcar en estos términos. Hay algunos elementos en los Evangelios que permiten esta relación: pensemos al proceso ante Pilatos, que se desarrolló con la total observancia de las admirables garantías establecidas por el derecho romano, y que termina con la más grande injusticia de todos los tiempos por las presiones indebidas ejercidas por el Sanedrín sobre Pilatos, que entendió la inocencia de Jesús, pero le condenó por oportunismo político.
Pero como he dicho antes, lo apasionante de esta "novela" policíaca es que el inocente, después de una muerte atroz, nos viene restituido vivo. Se deja tocar por sus discípulos y promete estar con ellos hasta la fin de los tiempos. Conan Doyle no podría haberse inventado una historia tan interesante y veraz.
- ¿Qué vínculos ha encontrado entre los cuentos citados y los pasajes del Evangelio propuestos por el libro al inicio de cada narración?
- Escojo uno de ellos. En el cuento "El tratado naval", Holmes, símbolo de la razón fría y lógica hasta el paroxismo, interrumpe de repente sus investigaciones y dedica su atención a una bella rosa roja que se asoma a su habitación. Ante ella, exclama: "Nuestra máxima garantía de la bondad de la Providencia está en las flores". Las otras cosas nos sirven para vivir, pero ésta es un "más", un "plus".
Aquí me vinieron enseguida a la memoria las palabras de Jesús, cuando en el Evangelio de Lucas exhorta a admirar la magnificencia de los lirios de los campos, que no hilan ni tejen pero superan la gloria de Salomón. No existe ninguna razón lógica por la cual Conan Doyle permite a Holmes esta divagación sobre las flores y la generosidad de Dios.
Pero evidentemente, el autor necesita describir lo que ha escrito, porque en su corazón hay una inquietud, como la que todo hombre tiene en su interior. Mi deseo es que cada quien pueda descubrir este "hambre de Dios".

 

Espiritualidad
La corrección fraterna

Por del padre Raniero Cantalamessa OFM Cap

El predicador del Papa Juan Pablo II explica el tema desarrollado en el pasaje evangélico.  

"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano llega a pecar,
vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu
hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo
asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a
ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti
como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra
quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará
desatado en el cielo" Mateo 18,15-20.
La convivencia humana está entretejida de contrastes, conflictos y
tuertos recíprocos, debidos al hecho de que somos diferentes por
temperamento, puntos de vista, gustos. El Evangelio tiene algo que decirnos
también en este aspecto tan común y cotidiano de la vida. Jesús presenta el
caso de uno que ha cometido algo que es realmente equivocado en sí mismo:
"Si tu hermano llega a pecar...". No se refiere sólo a una culpa cometida
contra nosotros. En este último caso es casi imposible distinguir si lo que
nos mueve es el celo por la verdad o más bien el amor propio herido. En todo
caso, sería más una autodefensa que una corrección fraterna.

Respeto por el otro

¿Por qué dice Jesús: "repréndele a solas"? Ante todo por respeto al buen
nombre del hermano, de su dignidad. Dice: "tú con él", para dar la
posibilidad a la persona de poderse defender y explicar sus acciones en
plena libertad. Muchas veces lo que a un observador externo le parece una
culpa, en las intenciones de quien la comete no lo es. Una franca
explicación disipa muchos malentendidos. Pero esto no es posible cuando el
problema se lleva al conocimiento de todos.
¿Cuál es, según el Evangelio, el motivo último por el que es necesario
practicar la corrección fraterna? No es ciertamente el orgullo de mostrar a
los demás sus errores para resaltar nuestra superioridad. Ni el de
descargarse la conciencia para poder decir: "Te lo había dicho. ¡Ya te lo
había advertido! Peor para ti, si no me has hecho caso".
No, el objetivo es ganar al hermano. Es decir, el genuino bien del otro.
Para que pueda mejorarse y no encontrarse con desagradables consecuencias.
Si se trata de una culpa moral, para que no comprometa su camino espiritual
y su salvación eterna. No siempre depende de nosotros el buen resultado de
la corrección (a pesar de las mejores disposiciones, el otro puede no
aceptarla, hacerse más rígido); por el contrario, depende siempre y
exclusivamente de nosotros el buen resultado a la hora de recibir una
corrección.

¿Corregir o dejar pasar?

No sólo existe la corrección activa, sino también la pasiva; no sólo
existe el deber de corregir, sino también el deber de dejarse corregir. Y
aquí es donde se ve si uno es suficientemente maduro para corregir a los
demás.
Quien quiere corregir a alguien tiene que estar dispuesto a ser
corregido. Cuando ves que una persona recibe una observación y escuchas que
responde con sencillez: "Tienes razón, ¡gracias por habérmelo dicho!", te
encuentras ante una persona de valor.
La enseñanza de Cristo sobre la corrección fraterna debería leerse
siempre junto a lo que dice en otra ocasión: "¿Cómo es que miras la brizna
que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu
propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que saque la
brizna que hay en tu ojo" no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? "
(Lucas 6, 41-42).
En algunos casos no es fácil comprender si es mejor corregir o dejar
pasar, hablar o callar. Por este motivo es importante tener en cuenta la
regla de oro, válida para todos los casos, que el apóstol Pablo ofrece en la
segunda lectura (Romanos 13, 8-10) de este domingo: "Con nadie tengáis otra
deuda que la del mutuo amor... La caridad no hace mal al prójimo". Es
necesario asegurarse, ante todo, de que en el corazón se dé la disposición
de acogida a la persona. Después, todo lo que se decida, ya sea corregir o
callar, estará bien, pues el amor "no hace mal a nadie".


Original italiano publicado por "Famiglia Cristiana".
Traducción de la Agencia Zenit.

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