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Testigo
Baluarte de la Iglesia croata

El cardenal Alojzije Stepinac pasó el resto de su vida en la cárcel por no ceder a la presión del gobierno comunista. Murió envenenado y es beato del santoral católico. 

Alojzije Stepinac asumió la sede del Arzobispado de Zagreb el 7 de diciembre de 1937, en condiciones sumamente difíciles respecto de la religión, la sociedad, la política y la economía, tanto en Croacia como en todo el mundo.
En la vorágine de los hechos bélicos, Stepinac, arriesgando su vida tanto ante los nazis como ante los comunistas, continuó luchando por el valor indudable de su nación croata, y al mismo tiempo se transformó en un luchador intrépido de los derechos fundamentales de cada hombre y cada nación, defensor de la verdad y de la moral, protector de todas las personas amenazadas, sin tener en cuenta su pertenencia nacional y religiosa.

Farsa de juicio

Cuando llegó el nuevo gobierno, Stepinac continuó trabajando en forma impávida, según lo dictaba su conciencia. Los comunistas sabían que no podían acusarlo de nada, por lo que lo dejaron trabajar en las nuevas condiciones. Sin embargo, se decepcionaron cuando vieron que no podían ponerlo de su parte ni convencerle de separar a la Iglesia Católica en Croacia de la Santa Sede, aun después de quince meses de nuevo gobierno.
El 12 de junio de 1946 Stepinac fue detenido. Acusado de colaboracionismo con el régimen ustacha, se le preparó una farsa de juicio. El tribunal popular admitió 58 testigos en contra del acusado y sólo siete a su favor, pese a que la defensa había propuesto 35. Uno de los siete era un serbio ortodoxo, Milutin Radetic, director de la clínica universitaria de Zagreb, a quien, en la guerra, los ustacha habían apresado y condenado a muerte por haber prestado asistencia médica a partisanos. Se salvó de la ejecución por la intervención personal de Stepinac. Su testimonio no fue tenido en cuenta por los jueces, que lo expulsaron de la sala llamándolo "clero fascista".
Parecida suerte corrieron los otros testigos favorables. Poco después, Radetic perdió su puesto en la clínica.
El 11 de octubre Stepinac fue condenado a 16 años de trabajos forzados y cinco de privación de los derechos cívicos. Fue enviado a un campo de prisioneros en Lepoglava. Los carceleros no se atrevieron a imponer al arzobispo los trabajos que mandaba la sentencia: sabían que era un símbolo de la nación croata y cualquier violencia contra él podría provocar una revuelta por parte de los demás presos. Por ello, le mantuvieron encerrado en una celda pequeña, sin apenas ventilación.

Cinco mil cartas

En 1951, el arzobispo estaba muy enfermo. La presión internacional logró por fin que fuera dejado bajo arresto domiciliario. Estrechamente vigilado, permaneció recluido en la parroquia de Krasic hasta su muerte.
Aislado, Stepinac consiguió sin embargo hacer llegar su voz a numerosas personas a través de una abundante correspondencia. Durante los ocho años que pasó en Krasic, escribió más de cinco mil cartas. En algunas empleaba un tono especialmente enérgico, cuando tenía que exhortar a sus sacerdotes a resistir las presiones de los mandos políticos para que se sumaran a las asociaciones de clérigos controladas por el régimen. Veía el daño que tales manejos causarían a la catolicidad y unidad de la Iglesia, que para él era lo más sagrado.
Aunque rogaba a los destinatarios que destruyesen sus cartas, algunos las conservaron. Quizá lo más llamativo en la correspondencia de Stepinac está en sus referencias a los guardianes: rezaba por ellos constantemente. El proceso de beatificación ha confirmado que en los escritos del cardenal no se ha encontrado una palabra de resentimiento contra sus perseguidores.

Ni odio ni miedo

En 1952, Pío XII anunció su decisión de hacer cardenal a Stepinac. El régimen yugoslavo reaccionó rompiendo las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Sin embargo, el Papa hizo efectivo el nombramiento al año siguiente.
El 5 de diciembre de 1959, Stepinac envió una carta al gobierno yugoslavo en la que hacía constar los malos tratos de que había sido objeto. En ella
escribió: "Los guardias pueden continuar vigilándome, según vuestras instrucciones, para hacerme la vida imposible. Yo, con la gracia de Dios, seguiré adelante hasta el final, sin odiar a nadie, pero sin miedo de nadie".

Martirio

Murió dos meses después, el 10 de febrero de 1960. Para evitar que se encontraran pruebas que apoyaran los rumores de envenenamiento, se destruyeron las vísceras del cadáver. En 1996, los restos fueron exhumados y analizados por especialistas de la Congregación para las Causas de los Santos, que hallaron restos de veneno en sus huesos. Este descubrimiento fue el motivo de que la Congregación declarara mártir a Stepinac el 11 de noviembre de 1997.
El 14 de febrero de 1992, el Parlamento de la nueva Croacia independiente decidió por unanimidad rehabilitar la memoria del cardenal Stepinac junto con los demás condenados en los procesos políticos de aquella época, incluidos comunistas que fueron víctimas de las purgas. Sobre Stepinac, el Parlamento afirmó que el cardenal "fue condenado, pese a ser inocente, porque había rehusado realizar el cisma eclesial que le ordenaban los gobernantes comunistas", y "porque actuó contra la violencia y los crímenes de los gobernantes comunistas, como había hecho durante la II Guerra Mundial para proteger a los perseguidos, con independencia del origen étnico y de las convicciones religiosas".
El Cardenal Alojzije Stepinac fue beatificado el 3 de octubre de 1999 por Juan Pablo II, a sólo 38 años de su muerte. Fue un luchador incansable por la paz durante la Segunda Guerra Mundial, además de un valiente defensor de la dignidad del hombre y protector de la Iglesia en Croacia durante el régimen comunista. Juan Pablo II se ha referido a Stepinac llamándolo "baluarte de la Iglesia croata", que "resistió el yugo del comunismo en nombre de los derechos humanos y de la dignidad cristiana".

 

Personaje
Chesterton
¿Quién es ese tipo?
Por Dale Ahlquist

Traducción de un artículo del presidente de la American Chesterton Society acerca de la relevancia del genial escritor inglés que se convirtió al catolicismo y siempre creyó en el sentido común.

Más de una vez he escuchado esta pregunta: ¿quién es este tipo y por qué no había oído hablar de él? La hace gente que acaba de descubrir a G. K.
Chesterton. Han empezado leyendo un libro de Chesterton, o quizá han visto un ejemplar de la revista Gilbert. O puede que se hayan encontrado una serie de citas que articulasen maravillosamente un pedazo olvidado de sentido común.
Hacen la pregunta con una mezcla de maravilla, gratitud y resentimiento.
Están asombrados por lo que han descubierto. Están agradecidos de haberlo descubierto. Y casi están enfadados de haber tardado tanto en descubrirlo.
¿Quién es
este tipo?

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) no puede resumirse en una frase. Ni en un párrafo. De hecho, a pesar de las buenas biografías que se le han dedicado, nunca se le ha llegado a capturar entre las cubiertas de un libro.
Mejor que esperar a la separación de las cabras y las ovejas, simplemente demos el paso y digamos: G. K. Chesterton fue el mejor escritor del siglo XX. Dijo algo sobre cualquier cosa y lo dijo mejor que nadie. Pero no era un mero palabrero. Era muy bueno expresando sus ideas, pero lo más importante es que tenía algo muy bueno que expresar. La razón por la que fue el mayor escritor del siglo XX es que fue el mayor pensador del siglo XX.
Nacido en Londres, se educó en St. Paul, pero nunca fue al instituto. Fue a la escuela de artes. En 1900 se le pidió que contribuyera con unos artículos sobre crítica de arte en una revista, y terminó siendo uno de los escritores más prolíficos de todos los tiempos.
Escribió un centenar de libros, participó en otros 200, hizo cientos de poemas, incluyendo la épica Balada del Caballo Blanco, cinco obras de teatro, cinco novelas y unos 200 cuentos cortos incluyendo la popular serie protagonizada por el sacerdote detective Padre Brown.
A pesar de sus logros literarios, se consideraba sobre todo un periodista.
Escribió unos 4.000 ensayos en diarios, incluyendo 30 años de columnas semanales en el Illustrated London News, y 13 años de columnas semanales para el Daily News. También editaba su propia revista, el G.K. Weekly.
Para hacernos una idea: 4.000 ensayos es el equivalente a escribir un ensayo diario, cada día, durante 11 años. Si eso no le impresiona, inténtelo usted una temporada. Pero han de ser buenos ensayos, todos ellos, tan divertidos como serios, y que sean legibles y de interés un siglo después de que los haya escrito.
Chesterton se sentía igualmente cómodo con la crítica social o literaria, la historia, la política, la economía, la filosofía o la teología. Su estilo es inconfundible, siempre marcado por la humildad, la consistencia, la paradoja, el ingenio y la maravilla. Sus escritos permanecen tan actuales y tan intemporales hoy como cuando aparecieron, aunque mucho se publicó entonces en papel de usar y tirar.

¿Dónde debería estar?

Este hombre (que compuso líneas tan perfectas y profundas como "el ideal cristiano no es que se haya probado y se le haya considerado defectuoso, es que se le ha considerado difícil y se le ha dejado sin probarlo"), aproximadamente 1,90 metros y pesaba unos 150 kilos, normalmente tenía un puro en su boca y paseaba con gabardina y un sombrero chafado, gafas diminutas encajadas en la punta de la nariz, un estoque en la mano y risa resoplando bajo su bigote. Y por lo general no tenía ni idea de dónde o cuándo era su próxima cita.
Hizo muchos de sus escritos en estaciones de tren, porque a menudo perdía el tren que se suponía que debía tomar. En una anécdota famosa, telegrafió a su mujer diciendo: "estoy en Market Harborough. ¿Dónde debería estar?". Su fiel esposa, Frances, atendió todos los detalles de su vida, puesto que él continuamente demostró no tener forma de hacerlo por sí mismo.
Posteriormente fue asistido por una secretaria, Dorothy Collins, que se convirtió en hija adoptiva de la pareja, y llegaría a ser la albacea literaria del escritor, haciendo accesible su trabajo tras su muerte.
Este elfo demasiado crecido, más que hombre, de mente distraída, que se reía de sus propios chistes y divertía a los niños en fiestas de cumpleaños atrapando bollos con la boca, este fue el hombre que escribió un libro llamado El Hombre Eterno, que llevó a un joven ateo llamado C. S. Lewis a hacerse cristiano.

Inspirador inspirado

Este fue el hombre que escribió una novela llamada El Napoleón de Notting Hill, que inspiró a Michael Collins a liderar un movimiento por la independencia irlandesa.
Este fue el hombre que escribió un ensayo en el Illustrated London News que inspiró a Mohandas Gandhi a dirigir un movimiento para acabar con el gobierno colonial en la India. Este fue el hombre que cuando se le encargó escribir un libro sobre santo Tomás de Aquino (adecuadamente titulado Santo Tomás de Aquino) hizo que su secretaria seleccionase un paquete de libros de santo Tomás de la biblioteca, abrió el que estaba encima de la pila, lo recorrió con un dedo, lo cerró y procedió a dictar un libro sobre santo Tomás. No un libro cualquiera.
Considero que es el mejor libro jamás escrito sobre santo Tomás, sin comparación posible. Nadie sino un genio puede conseguir tal logro. Todo el mundo admitirá sin duda que es un libro avispado, pero los pocos lectores que hayan pasado veinte o treinta años estudiando a santo Tomás no pueden dejar de percibir que el llamado "ingenio" de Chesterton ha hecho enrojecer su erudición. Él ha adivinado todo lo que nosotros hemos intentado demostrar, y él ha dicho todo lo que ellos intentaban expresar más o menos torpemente en fórmulas académicas.

Pensador profundo

Chesterton fue uno de los pensadores más profundos que jamás han existido; era profundo porque estaba en lo cierto; y no podía sino estar en lo cierto; pero tampoco podía evitar ser modesto y caritativo, así que dejó que fuesen otros, los que pudiesen entenderle, los que supiesen que él estaba en lo cierto; a los demás les pidió disculpas por estar en lo cierto, y camufló que era profundo simulando que simplemente era ingenioso. Eso es todo lo que pueden ver de él..
Chesterton debatió con muchos de los afamados intelectuales de su época:
George Bernard Shaw, H. G. Wells, Bertrand Russell, Clarence Darrow. Según crónicas contemporáneas, Chesterton por lo general era el ganador de estos debates; sin embrago, el mundo ha inmortalizado a sus oponentes y se ha olvidado de Chesterton, y ahora sólo oímos uno de los bandos del debate, y así permanecen los legados del socialismo, relativismo, materialismo y escepticismo. Irónicamente, todos sus oponentes trataron a Chesterton con el mayor afecto. Y George Bernard Shaw dijo: "el mundo no está suficientemente agradecido por Chesterton".
Su escribir ha sido alabado por Ernest Hemingway, Graham Greene, Evelyn Waugh, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Karel Capek, Marshall McLuhan, Paul Claudel, Dorothy L. Sayers, Ágata Christie, Sigrid Undset, Ronald Knox, Kingsley Amis, W.H. Auden, Anthony Burgess, E.F. Schumacher, Neil gaiman y Orson Wells, por mencionar unos pocos.
T. S. Eliot dijo que Chesterton "merece que proclamemos permanentemente nuestra lealtad".

"¿Y por qué no había oído hablar de él?"

Hay tres respuestas a esto:
1 No lo sé.
2 Te han engañado
3 Chesterton es el escritor más injustamente menospreciado de nuestros días.

Quizá esto es una prueba de que la educación es demasiado importante para dejársela a los educadores y que publicar es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los editores, pero no hay excusa para que Chesterton no se enseñe en nuestras escuelas y que sus escritos no se publiquen más y no se incluyan en antologías para estudiantes. Bueno, hay una excusa. Parece que Chesterton es difícil de encajonar, y un escritor que no pueda asignarse rápidamente a una categoría, a una descripción de una sóla palabra, se arriesga a caer entre los huecos. Aunque pese 300 libras.
Pero hay otro problema. Los pensadores modernos y los críticos han decidido que es más conveniente ignorar a Chesterton que discutir con él, porque discutir con Chesterton es perder.
Chesterton elocuentemente argumentó contra todas las tendencias que eventualmente conquistaron el s.XX: materialismo, determinismo científico, relativismo moral y agnosticismo invertebrado. También argumentó contra el socialismo así como contra el capitalismo, y mostró por qué los dos han sido enemigos de la libertad y la justicia en la sociedad moderna.

Leer a Chesterton

¿Y hubo algo a favor de lo que argumentase? ¿Qué defendía? Defendía al hombre común y al sentido común. Defendía a los pobres. Defendía la familia.
Defendía la belleza. Y defendía el cristianismo y la fe católica.
Todo esto no queda muy bien en clase, los medios de comunicación o la plaza pública. Y probablemente por eso se menosprecia. El mundo moderno prefiere escritores que sean snobs, con ideas exóticas y estrambóticas, que glorifiquen la decadencia, que se burlen del cristianismo, que nieguen la dignidad de los pobres y que piensen que la libertad significa ausencia de responsabilidad.
Pero aunque a Chesterton ya no lo enseñen en las escuelas, no puedes considerarte educado hasta que hayas leído a Chesterton concienzudamente. Y más aún, leer concienzudamente a Chesterton es en sí mismo una educación completa. Chesterton es realmente un maestro y del mejor tipo. No sólo te asombra. No sólo consigue la maravilla de hacerte pensar. Va más allá. Te hace reír.

Dale Ahlquist es presidente y cofundador de la American Chesterton Society, creador de la serie de TV G.K.Chesterton: the Apostle of Common Sense en la cadena EWTN, editor de la revista Gilbert y de varios libros sobre Chesterton.
Extractado de forumlibertas.com

 

 

 

 

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