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Testigo
Tesoro para la Iglesia
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Con las palabras del título definió Juan Pablo II la vida
del beato Columba Marmion, figura
señera de la Orden de San Benito. |
La Iglesia ha elevado no hace mucho a los altares a uno de los
hijos espirituales de san Benito: Dom ("Padre") Columba Marmion,
abad de Maredsous (Bélgica), beatificado el 3 de septiembre de
2000. Irlandés por parte de padre y francés por parte de madre,
José Marmion vino al mundo en Dublín, el Jueves Santo de 1858.
En casa de los Marmion iban a nacer nueve hijos. Al fallecer los
dos primeros varones en tierna edad, los padres dirigen sus
plegarias a san José para implorar la gracia de tener otro hijo.
De hecho, les serán concedidos otros tres varones, entre los
cuales estará el futuro fray Columba, bautizado como José en
gratitud hacia el padre adoptivo de Jesús.
Crianza en la fe
De carácter amable y apacible, José es mimado por todos.
Adquiere la costumbre de examinar todas las cosas a la luz de la
fe. En una ocasión, a un tío que no habla más que de bancos y
mercados, José le replica: "Pero tío, ¡el dinero no lo es todo!
Ay, hijo mío, ¡tú no sabes lo que es el dinero! ¡Todavía no
puedes entenderlo!". "Ahora comentará más tarde Dom Marmion mi
tío está en la eternidad, y el dinero le importa aún menos que a
mí". Al terminar sus estudios secundarios, José toma la decisión
de entrar en el seminario, pero enseguida es tentado
violentamente contra su vocación sacerdotal.
Tres espíritus
Dom Marmion escribirá: "En toda alma hay tres espíritus que
intentan dominarla: el espíritu de la falsedad y de la
blasfemia, que siempre sugiere desde muy temprano lo contrario
de lo que Dios nos dice al oído; el espíritu del mundo, que nos
incita a juzgar las cosas según el deseo de los sentidos y la
sabiduría carnal, mientras que la sabiduría de este mundo es
necedad ante Dios, y finalmente está el Espíritu de Dios, que
nos inspira siempre a elevar nuestros corazones por encima de la
naturaleza y a vivir la fe. Ese Espíritu nos llena entonces de
paz y de alegría, y produce en nosotros los frutos de los que
habla san Pablo. El Espíritu de Dios, al tiempo que nos dirige
reproches o nos incita a la confusión a causa de nuestros
pecados, siempre colma el alma de paz y de confianza filial en
nuestro Padre celestial. Los demás espíritus desecan nuestra
alma... nos entregan al abatimiento y al desánimo".
Aquí es
Así pues, José ingresa en el Holy Cross College en enero de 1874
y luego es enviado a Roma para terminar sus estudios de
teología, donde permanece dos años; el 16 de junio de 1881 es
ordenado sacerdote en la capilla del Colegio Irlandés.
Durante el camino de regreso, pasa por Bélgica y visita la
abadía benedictina de Maredsous, donde, en el momento en que
franquea el umbral del claustro, oye una voz interior que le
dice: "Aquí es donde quiero que estés". Transcurrirán cinco años
antes de poder responder a aquella llamada. De regreso a
Irlanda, el padre Marmion es nombrado vicario de la parroquia de
Dundrum, al sur de Dublín; el año siguiente, le asignan las
clases de filosofía del seminario de Holy Cross, donde
antiguamente se había formado. Durante cuatro años madura su
decisión y, en 1886, provisto de la autorización de su
arzobispo, parte para el claustro. Entre su familia y amigos
nadie se priva de criticar ese cambio que consideran
inexplicable. Pero ante él está el Maestro, que le llama.
José Marmion llega a Maredsous el 21 de noviembre de 1886. La
austeridad de la vida monástica contrasta con su contagiosa
alegría. Aquel exilio lejos del país natal constituye una
primera prueba; recibe el nombre religioso de un santo monje
irlandés, Columba. Además no domina el idioma francés y se
impone grandes esfuerzos para conseguir hablarlo correctamente.
Finalmente, las poquísimas cartas que le permiten escribir y las
limitaciones impuestas al ejercicio de su sacerdocio le provocan
un sentimiento de haber abandonado a sus amigos y a las personas
que recurren a él. Para un irlandés acostumbrado a la
camaradería, el aislamiento supone un profundo sufrimiento. "El
día en que llegué a Maredsous, tuve la impresión de que, al
entrar en el monasterio, acababa de cometer la mayor insensatez
del mundo", escribe. Un día, con el corazón compungido, se
postra ante el sagrario: "Jesús mío, tú me has llamado. Si estoy
aquí es por ti".
Entre las manos de Dios
La vocación de aquel vicario de ultramar es considerada con
escepticismo por el anciano y recto maestro de novicios. Entre
él y fray Columba reina una profunda incompatibilidad de
caracteres. Sin embargo, a fin de luchar contra la antipatía
natural que siente hacia el padre maestro, el novicio adquiere
la costumbre de acudir a él cada noche para desvelarle con
humildad sus transgresiones de la jornada. Se entrega sobre todo
con fervor a las cosas de Dios, en especial a la oración y a la
lectura espiritual.
Con el tiempo, en el alma de fray Columba se desarrolla cada vez
con más fuerza la convicción de haber encontrado su verdadera
vocación. A un amigo le confía: "Estoy donde Dios quiere que
esté. He hallado una gran paz y soy extraordinariamente feliz".
Dom Marmion profesa solemnemente el 10 de febrero de 1891.
El domingo siguiente, el párroco de una aldea próxima a
Maredsous solicita que un monje acuda a predicar en su iglesia.
"Tenemos un joven monje extranjero contesta el prior, pero no
creo que deba enviárselo, pues su francés aún no es perfecto y
dudo que le sea de alguna utilidad". "Aun así, mándemelo;
siempre supondrá un cambio para mis feligreses". Después de la
misa, el párroco afirma no haber tenido nunca un predicador
semejante en la parroquia. A partir de ese momento, el "padre
irlandés" es solicitado por todas partes en la región.
Consciente de su talento para la predicación, Marmion sabe
también que es inútil "predicar en los tejados si ello no va
precedido de una unión íntima con el Señor en medio de las
"tinieblas" o del silencio de la oración".
En octubre de 1900, Dom Marmion es nombrado prior del convento
de Mont-César, fundación dependiente de Maredsous, cerca de la
ciudad belga de Lovaina, donde ejercerá como abad Dom Roberto de
Kerchove, hombre enérgico y frío, de autoridad más bien
incisiva.
Un día de 1905 se siente asaltado por grandes dudas; preocupado
por el futuro, se imagina cuán maravilloso sería si todo pudiera
arreglarse según sus perspectivas, pero al mirar su crucifijo
exclama: "¡No! ¡Que no sea como yo quiero, sino como tu quieres,
Señor!". Más tarde afirmará: "Si en aquel momento Cristo me
hubiera dicho: "Te doy carta blanca. Organiza tu vida y todo lo
que tiene que ver contigo como te plazca. Toma la pluma, escribe
tu plan y yo lo firmo", le habría respondido: "No, Jesús, no
deseo plan alguno para mi vida. Lo único que deseo es realizar
tu divino plan en mí; eres tú quien me guiará. Me abandono por
completo en tus manos"".
Antes servir que dominar
A su cargo como prior, Columba Marmion añade el de profesor de
teología. Para él, la teología es un alimento para la oración y
una orientación hacia los verdaderos bienes, sea para dar
gracias por ellos sea para pedirlos. La actividad del nuevo
prior se extiende también a la predicación de retiros
espirituales a numerosas comunidades de Bélgica y a varios
monasterios ingleses.
El 28 de septiembre de 1909, Marmion es elegido por sus hermanos
abad de Maredsous, adoptando como divisa "Antes servir que
dominar". Si hubiera que señalar la principal de las cualidades
que impulsaron a sus hermanos a elegirlo como abad, habría que
resaltar su reputación de predicar la sagrada doctrina. Con
motivo del retiro espiritual que dio en Maredsous antes de la
elección abacial, la comunidad comprendió que con él tendría un
maestro de vida espiritual.
Sin embargo, gobernar una comunidad de más de cien monjes no es
cosa fácil. Gracias a su permanente unión con Dios, Dom Marmion
conserva su calma interior y un optimismo indefectible cuando se
trata de procurar el bien de las almas. Bajo su dirección, el
monasterio conoce un gran auge espiritual e intelectual, y las
vocaciones afluyen.
A las personas de cualquier edad y condición que acuden para
verlo y pedirle dirección espiritual, el padre abad les indica
resueltamente el camino: la vida espiritual es ante todo
búsqueda de Dios. Insiste además en el hecho de que Jesucristo
debe ser el centro de toda oración y la única vía de unión a
Dios
Partida ganada
En una gran ciudad, en el transcurso de la primera guerra
mundial, un pobre sacerdote cuya fe y costumbres han zozobrado
desde hace varios años con motivo de unas prácticas
espiritistas, está a punto de morir. Marmion le hace varias
visitas, durante las que hablan amistosamente; como el estado
del enfermo mejora, llegan incluso a tomar el té juntos. Cuando
Dom Columba aborda por fin el tema del estado espiritual del
sacerdote, no recibe más que respuestas evasivas o negativas:
"Ya he consultado... Soy feliz como estoy... No deseo cambiar".
El padre abad anima a la oración por aquella alma y se ofrece a
Dios por ella. Tras nuevas e infructuosas visitas, completamente
afligido aunque no desanimado, realiza un último esfuerzo y
envía un mensaje en el que su corazón de apóstol desborda en
caridad y compostura espiritual. Es llegada la hora de la
misericordia. Pronto llega una nota del sacerdote: "Ha ganado
usted la partida... Venga a verme, le espero".
Dom Marmion hace todo lo que considera necesario y, la víspera
de Navidad, consigue reconciliar aquella alma con el Señor.
Algún tiempo después, el enfermo entrega su alma a Dios, en
medio de manifiestos sentimientos de arrepentimiento y de amor.
Años de guerra
Al padre Columba le anima igualmente una profunda devoción hacia
la Virgen, y repite a menudo lo siguiente: "Debemos
ser por la gracia lo que Jesús es por naturaleza: un hijo de
Dios y un hijo de María". Un día
alguien le dice: "El rosario es para
las mujeres y los niños. "Admitámoslo,
le responde; pero, ¿qué dijo Nuestro Señor? Si no cambiáis y os
hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.
¡Y yo quiero entrar!".
Los trece años de gobierno abacial de Dom Marmion se ven
afectados por los terribles años de la primera guerra mundial.
Al ser invadida Bélgica por las tropas alemanas, el padre abad
teme que sus jóvenes novicios sean militarizados por el invasor,
por lo que decide trasladarlos sin demora a Inglaterra, y luego
a Irlanda. Se producen numerosas dificultades, incomprensiones y
tensiones con Maredsous.
Escribe: "Necesito vuestras oraciones
porque algunos de los jóvenes padres, aquí en Edermine, me han
afligido a causa de su estudiada actitud de fría indiferencia
hacia mí... He intentado atraerlos mediante la constancia y la
oración, pero sin éxito hasta ahora. Son buenos, pero demasiado
llenos de confianza en sí mismos... Oponen la letra del Derecho
Canónico al espíritu de la Sagrada Regla".
El asunto llega hasta Roma, y la Congregación romana para los
Religiosos se encarga del caso. El padre abad da pruebas de gran
humildad y obediencia, y, finalmente, la casa de Edermine es
cerrada en 1920.
Al final de la gran guerra surgen nuevos problemas. Por todas
partes fermenta una nueva mentalidad, consecuencia del desplome
de las barreras sociales... "Temo la
llegada de esos jóvenes monjes que durante tanto tiempo se han
visto privados de nuestras tradiciones y de nuestro espíritu
monástico" escribe el padre abad. No
obstante, la mayoría de ellos vuelven a adaptarse, gracias a su
espíritu de fe.
Tesoro para la Iglesia
Todas esas pruebas agotan de forma prematura el organismo del
padre abad, conduciéndolo hasta las puertas de la muerte. En los
momentos que preceden a ésta, el padre Columba se une a la
Pasión de Jesús mediante el Vía crucis. Sus últimas palabras son
las siguientes: "¡Jesús, José y María!", entregando
apaciblemente su alma al Padre celestial el 20 de enero de 1923.
Con motivo de la beatificación de Dom Marmion, acontecida el 3
de septiembre de 2000, el Papa Juan Pablo II declaraba:
"Nos ha legado un verdadero tesoro de
enseñanza espiritual para la Iglesia de nuestro tiempo. En sus
escritos enseña un camino de santidad, sencillo pero a la vez
exigente, para todos los fieles, a los que Dios, por amor, ha
destinado para que sean sus hijos adoptivos en Cristo Jesús...
Ojalá un amplio redescubrimiento de los escritos espirituales
del beato Columba Marmion ayude a los sacerdotes, a los
religiosos y a los laicos a crecer en la unión con Cristo y a
servirle como fiel testimonio mediante el amor ardiente de Dios
y el servicio generoso hacia sus hermanos y hermanas". |

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Entrevista
La seducción de "El Código Da Vinci"
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Detrás de "El Código da Vinci", no hay sólo errores históricos
monumentales sino una perversa ideología solapada. Entrevista con
José Antonio Ullate, autor de un
libro sobre la obra de Dan Brown. |
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Madrid (ZENIT).- José
Antonio Ullate, es periodista, antiguo redactor jefe de "Alfa y
Omega" y antiguo coordinador del semanario "Fe y Razón", acaba de
escribir el libro "La verdad sobre "El Código da Vinci"" (Editorial
Libros Libres, España) para profundizar en las ideas de Brown, a las
que define como "espiritualidad de cafetería" de carácter gnóstico.
Así lo cuenta en esta entrevista concedida a la agencia Zenit.
-Acaba de publicarse "La verdad sobre "El Código da Vinci"", ¿qué
particularidad tiene este libro que lo diferencia de otras críticas
al famoso best-seller de Dan Brown?
-Una muy importante. Mientras que los otros títulos, que se han
publicado como "réplicas" a "El Código da Vinci", consisten
principalmente en un elenco de refutaciones concretas a los
innumerables errores de todo tipo que contiene la novela de Dan
Brown, yo he pretendido ir más lejos. No sólo aclaro los equívocos
que provoca "El Código", sino que intento entrar en diálogo con los
lectores de la novela para profundizar en las causas de la seducción
que "El Código" ha ejercido sobre ellos y en las intenciones que
subyacen en la novela. Hablando en términos clásicos, he intentado
un ejercicio de apologética.
Es decir, a mí me parece dudosamente eficaz elaborar enciclopedias "Anti-código",
en las que el lector pueda buscar una por una las falsedades que
Brown ha diseminado por su obra sin ofrecer una panorámica que
permita al lector dotarse de herramientas críticas para la lectura.
-¿Cuál es el principal peligro de la lectura de "El Código da Vinci"?
-Por paradójico que parezca, el lector actual es mucho menos crítico
que los de generaciones anteriores. Esto se manifiesta en una
temeraria ingenuidad a la hora de elegir sus lecturas. Se piensa que
una novela es sólo un rato de entretenimiento, sin más
consecuencias, y por otra parte se desconocen los mecanismos
naturales por los que se forma la opinión, basados fundamentalmente
en la imitación. Es precisamente esta ingenuidad de millones de
lectores -que ignoran hasta qué punto todos somos receptivos a
través de lo que vemos, oímos o leemos- lo que hace que una novela
como "El Código" resulte tan perjudicial.
-¿Puede poner algún ejemplo concreto?
- Muchos, pero hay uno que llama inmediatamente la atención.
Millones de lectores que se consideran cristianos han leído e
incluso recomendado "El Código da Vinci". "Es sólo una novela",
dicen. Pero se da la circunstancia que en las páginas de esa novela
se insiste continuamente, entre otras ideas contrarias a la fe
cristiana, en que Jesucristo y María Magdalena estaban unidos
sentimentalmente. Esa idea es una "enmienda a la totalidad" para la
fe y la vida de cualquier cristiano. No quiero decir que no merezca
ser refutada con datos, cosa que hago en mi libro. Lo que me llama
la atención es que lectores más o menos cristianos pasen hoja tras
hoja en las que se van sucediendo insultos a su fe, como si nada les
fuera en ello: "Total, es una novela". Ese razonamiento es
monstruoso. Si en nuestra vida diaria alguien insinuase, en tono de
broma, que nuestra madre era una casquivana, nadie en su sano juicio
continuaría escuchando pensando que "total, es un chiste". Nos
indignaríamos y pediríamos explicaciones inmediatamente.
-¿Cree que Dan Brown tuvo una intencionalidad ideológica al escribir
su novela?
-No es que yo lo crea -cosa que resulta obvia tras una lectura
rigurosa de su libro-, sino que él mismo lo declara abiertamente.
Este es otro de los aspectos específicos de "La verdad sobre "El
Código da Vinci"": el explicar cuál es el trasfondo ideológico, e
incluso religioso, de la novela de Dan Brown y cómo ésta se inserta
en una estrategia que busca difundir una forma de pensamiento
contraria a la fe católica.
-¿Qué tipo de pensamiento está detrás de "El Código da Vinci"?
-En la jerga de Dan Brown, sería "el culto a la diosa". En palabras
más claras, una doctrina feminista radical, que niega la existencia
de un Dios trascendente, y de la Ley natural. Es una forma de
panteísmo gnóstico, acompañado de una ética libertina, de una
exaltación de la sexualidad instrumental: que cada uno haga lo que
quiera con su cuerpo, sin otro criterio que el de conseguir el
máximo placer.
Una doctrina así tiene fundamentos filosóficos: la negación de que
el mundo sea inteligible. Es decir, la razón no sirve como guía para
comprender la realidad ni para decirnos cómo conducirnos. El único
criterio sólido para este pensamiento es el sentimiento, el placer
físico. Las consecuencias personales y sociales de una forma de
pensar semejante son terribles, por eso es necesario no sólo refutar
las mentiras concretas de "El Código", sino que después hay que ir
más allá y descubrir las intenciones del autor, además de ayudar a
los lectores a elegir y practicar lecturas inteligentes y
formativas. No hay que ser ingenuos, porque a veces la ingenuidad
resulta fatal. |

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