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Religión
El
paso del Señor
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"Pascua"
significa "Paso del Señor".
Con motivo de la gran conmemoración cristiana, ofrecemos el
relato de la pasión, muerte
y resurrección de Jesús, para meditar en estos días. |
Cena
y lavatorio
Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: "Vayan a
preparar lo necesario para que celebremos la Cena de Pascua
". Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus
apóstoles. Les dijo: "En verdad, he deseado muchísimo
comer esta Pascua con ustedes antes de padecer; porque, les
aseguro, ya no la volveré a celebrar hasta que sea la nueva y
perfecta Pascua en el Reino de Dios"
Se levantó mientras cenaba, se quitó el manto, se ató una
toalla a la cintura y echó agua en un recipiente. Luego se
puso a lavarles los pies a sus discípulos y se los secaba con
la toalla.
Cuando le llegó el turno a Simón Pedro, éste le dijo:
"Tú, Señor, ¿me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le contestó: "Tú no puedes comprender ahora lo
que estoy haciendo. Lo comprenderás después".
Pedro le dijo: "A mí nunca me lavarás los pies".
Jesús respondió: "Si no te lavo, no podrás compartir
conmigo". Entonces, Pedro le dijo: "Señor, si es
así, lávame no solamente los pies, sino también las manos y
la cabeza".
Jesús le contestó: "El que se ha bañado no necesita
lavarse más que los pies; pues está del todo limpio. Ustedes
están limpios. Aunque no todos". Sabía que Judas lo iba
a entregar. Por eso dijo : "No todos están
limpios".
Institución de la Eucaristía
Después, Jesús tomó el pan y lo bendijo, lo partió y se lo
dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman, esto es
mi Cuerpo".
Luego, tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio
diciendo: "Tomen y beban todos de él, porque este es el
Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que
será derramada por ustedes y por todos los hombres para el
perdón de los pecados. Hagan esto en memoria mía².
Después, Jesús se conmovió y dijo con toda claridad:
"En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar².
Los discípulos se miraron unos a otros. Se preguntaban quién
sería. Uno de ellos, el discípulo a quien más amaba, se
inclinó sobre el pecho de Jesús y le preguntó:
"Señor, ¿quién es?". Jesús le contestó:
"Voy a remojar un poco de pan. Al que se lo dé, ése
es". Mojó un poco de pan en la salsa y se lo pasó a
Judas, el Iscariote. Cuando Judas tomó el pan, Jesús le
dijo: "Lo que vas a hacer, hazlo pronto".
Ninguno de los que estaban en la mesa comprendió por qué
Jesús le decía eso. Judas se comió el pedazo de pan y
salió inmediatamente.
Cuando Judas salió, Jesús dijo: "Estaré con ustedes
por muy poco tiempo. Les doy este mandamiento nuevo: que se
amen unos a otros. Ustedes se amarán unos a otros como yo los
he amado. Así reconocerán todos que son mis discípulos: si
se aman unos a otros².
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿a dónde vas?".
Jesús le respondió: "Donde yo voy, tú no puedes
seguirme ahora; pero me seguirás después". Pedro le
dijo: "Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy
dispuesto a dar mi vida por ti". Jesús respondió:
"Te aseguro que antes que cante el gallo me habrás
negado tres veces".
Agonía en el huerto
Jesús salió del cenáculo y se dirigió con sus apóstoles
al Monte de los Olivos. Jesús había ido allí muchas veces
con sus discípulos.
Dijo a sus apóstoles: "Siéntense aquí mientras voy a
orar". Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y
comenzó a sentir temor y angustia. Entonces les dijo:
"Siento en mi alma una tristeza mortal. Quédense aquí y
permanezcan despiertos".
Doblando las rodillas, oraba diciendo: "Padre, si
quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se
haga mi voluntad, sino la tuya". Volvió donde sus
discípulos y los halló dormidos, y dijo a Pedro: "¿De
modo que no han tenido valor de acompañarme ni una hora?
Estén despiertos y orando para que no caigan en tentación:
el espíritu es animoso, pero la carne es débil". De
nuevo se apartó por segunda vez a orar. Volvió donde sus
discípulos y, nuevamente, los halló dormidos, porque se les
cerraban los ojos de sueño.
Los dejó y fue de nuevo a orar por tercera vez, repitiendo
las mismas palabras. Jesús sintió una angustia de muerte y
oraba cada vez con más insistencia y su sudor se convirtió
en gotas de sangre.
Apresan a Jesús
Llegó Judas, y con él mucha gente armada de espadas y palos,
enviados por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades
judías. Judas se acercó a Jesús para darle un beso y Jesús
le dijo: "Judas, con un beso traicionas al Hijo del
Hombre". Después se dirigió a los soldados y les
preguntó: "¿A quién buscan?". Contestaron:
"A Jesús de Nazaret". Jesús dijo: "Yo
soy". Ante estas palabras, los que lo buscaban
retrocedieron y cayeron al suelo. Les preguntó de nuevo:
"¿A quién buscan?". Ellos respondieron: "A
Jesús de Nazaret". Entonces, se acercaron, detuvieron a
Jesús y se lo llevaron.
Al ver que tomaban preso a Jesús, Pedro tomó la espada e
hirió al sirviente del jefe de los sacerdotes, cortándole
una oreja. Entonces Jesús le dijo: "Vuelve la espada a
su sitio, pues quien usa la espada, perecerá también por la
espada².
Jesús ante el Consejo Supremo
Llevaron a Jesús ante el jefe de los sacerdotes, y se
reunieron allí todos: jefes de los sacerdotes, autoridades
judías y maestros de la Ley.
El jefe de los sacerdotes preguntó a Jesús acerca de sus
discípulos y de su enseñanza. Jesús contestó: "Yo he
hablado abiertamente al mundo. He enseñado en el Templo y en
los lugares donde se reúnen todos los judíos. No he hablado
nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a
los que me han escuchado: ellos saben lo que yo he
enseñado".
Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí dio una
bofetada a Jesús en la cara, diciendo: "¿Es ésa la
manera de contestar al jefe de los sacerdotes?". Jesús
contestó: "Si he hablado mal, muéstrame en qué, pero
si he hablado bien, ¿por qué me pegas?".
Anás envió a Jesús donde Caifás, en cuya casa estaban
reunidos los escribas y ancianos. El sumo sacerdote preguntó
a Jesús. "¿Eres tú el Cristo, Hijo de Dios
Bendito?". Jesús respondió: "Yo soy, y un día
verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios
Poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo".
El sumo sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: "¿Para
qué queremos ya testigos? Ustedes mismos han oído esta
declaración que ofende a Dios".
Triple negación
Cuando arrestaron a Jesús y lo llevaron a la casa del jefe de
los sacerdotes, Pedro lo siguió de lejos hasta el interior
del palacio, y allí se sentó con los servidores a pasar el
frío cerca del fuego. Una sirvienta lo miró fijamente y le
dijo: "Tú también andabas con Jesús de Nazaret".
El lo negó, diciendo: "No lo conozco ni sé de qué
hablas". Y salió afuera, a la puerta. Pero lo vio la
sirvienta y otra vez dijo a los que estaban allí: "Este
es uno de ellos". Pedro volvió a negarlo.
Más tarde se le acercaron los que estaban ahí y le dijeron:
"Tú también eres de esos que andaban con Jesús".
Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a
ese hombre. Y al momento cantó el gallo. Pedro recordó las
palabras que Jesús le había dicho: "Antes del canto del
gallo, me negarás tres veces". Y, saliendo afuera,
lloró amargamente.
Acusado ante Pilato
Al amanecer lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
"¿Eres tú el rey de los judíos?". Jesús le
contestó: "Así es, como tú dices. Pero mi Reino no es
de este mundo ". Pilato replicó: "Entonces, ¿tú
eres rey?". Y Jesús le contestó: "Así es. Yo soy
Rey. Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi
voz".
Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la multitud:
"Yo no veo delito alguno en este hombre". Cuando
supo que Jesús era de la provincia encargada al rey Herodes,
se lo mandó, ya que Herodes se encontraba también en
Jerusalén en aquellos días.
Herodes lo trató con desprecio. Por burla, le puso un manto
blanco y lo envió de vuelta a Pilato.
Jesús o Barrabás
Pilato reunió a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de
los judíos y al pueblo, y les dijo: "Ustedes me
presentaron a este hombre acusándolo de agitador. Lo
interrogué personalmente delante de ustedes, pero no lo
hallé culpable de ninguno de los delitos de que lo acusan.
Ahora tampoco Herodes lo juzgó culpable, puesto que me lo
mandó de vuelta. Como ustedes ven, en todo lo que hizo no hay
ningún crimen que merezca la muerte. Así es que, después de
azotarlo, lo dejaré libre".
Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre
de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente.
Había, entonces, un prisionero famoso llamado Barrabás.
Pilato dijo a los que se hallaban reunidos: "¿A quién
quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el
Cristo?", Él sabía que a Jesús se lo habían entregado
por envidia.
Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a
decir: "No te metas con ese hombre, porque es un santo, y
anoche tuve un sueño horrible por causa de él".
Mientras tanto, los sacerdotes y los jefes de los judíos
convencieron a la gente de que pidiera la libertad de
Barrabás y la muerte de Jesús. Cuando el gobernador volvió
a preguntarles: "¿A cuál de los dos quieren que les
deje libre?", ellos contestaron: "A Barrabás".
Pilato les dijo: "¿Y qué hago con Jesús, llamado el
Cristo?" Todos contestaron: "¡Que sea
crucificado!". Pilato insistió: "¿Qué maldad ha
hecho?". Pero los gritos del pueblo fueron cada vez más
fuertes: " Que sea crucificado!"
Jesús es condenado a muerte
Entonces Pilato ordenó que tomaran a Jesús y lo
azotaran. Después, los soldados tejieron una corona de
espinas, se la pusieron en la cabeza y le colgaron en los
hombros una capa de color rojo como usan los reyes. Le
pusieron una caña en la mano derecha y se burlaban de él, y
doblando la rodilla, lo saludaban diciendo: "Viva el rey
de los judíos". Y le daban bofetadas.
Pilato volvió a salir, y le dijo a la multitud: "Miren,
lo voy a traer de nuevo para que sepan que no encuentro
ninguna causa para condenarlo". Entonces salió Jesús
afuera llevando la corona de espinas y el manto rojo.
"Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro
motivo para condenarlo".
Pilato hizo comparecer a Jesús ante el pueblo y se sentó en
el tribunal, en el patio llamado del Empedrado, y dijo a los
judíos: "Ahí tienen a su rey". Ellos gritaron:
"¡Fuera!, ¡fuera!, ¡crucifícalo!² . Pilato les
respondió: "¿Quieren que crucifique a su rey?".
Los jefes de los sacerdotes contestaron: "No tenemos más
rey que el César".
Entonces, Pilato pidió agua y se lavó las manos delante del
pueblo, diciendo : "Yo no me hago responsable de la
sangre que se va a derramar. Es cosa de ustedes".
La crucifixión
Los soldados se llevaron a Jesús. Le quitaron el manto rojo y
le pusieron sus propias ropas. Después lo condujeron fuera de
la ciudad, a un lugar llamado la Calavera o Monte Calvario,
donde debía ser crucificado.
Jesús llevaba su cruz a cuestas y, ya extenuado y sin
fuerzas, abrumado de cansancio y de dolor, cayó varias veces
por tierra, bajo el peso de la cruz. Los judíos, al ver a un
hombre de Cirene, llamado Simón, que volvía de su trabajo,
lo obligaron a ayudar a Jesús a cargar la cruz.
Una gran multitud iba acompañando a Jesús. Algunas mujeres
piadosas se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: ³Hijas de
Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes
mismas y por sus hijos. ".
Cuando Jesús llegó a lo alto del Calvario, los soldados le
dieron a beber vino mezclado con mirra, pero él no lo bebió.
Luego lo clavaron al madero, de pies y manos con grandes
clavos. Levantaron la cruz y Jesús quedó suspendido entre el
cielo y la tierra. Al mismo tiempo crucificaron a dos
malhechores, uno a su izquierda y otro a su derecha. Mientras
tanto, Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen".
Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz.
Tenía escrito: "Jesús de Nazaret, Rey de los
Judíos".
Uno de los malhechores crucificados con Jesús, insultándolo,
le dijo: "¿Así es que tú eres el Cristo? Entonces
sálvate tú y sálvanos también a nosotros".
Pero el otro lo reprendió, diciéndole: "¿No temes a
Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros Io tenemos
merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha
hecho nada malo". Y añadió: "Jesús, acuérdate de
mí cuando llegues a tu Reino". Jesús respondió:
"En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el
Paraíso".
Muerte de Jesús
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su
madre, y también María, esposa de Cleofás, y María de
Magdala. Jesús, al ver a su Madre y junto a ella a su
discípulo más querido, dijo a la Madre: "Mujer, ahí
tienes a tu hijo". Después dijo al discípulo:
"Ahí tienes a tu madre".
Después de eso, como Jesús sabía que ya todo se había
cumplido, y para que se cumpliera la Escritura, dijo:
"Tengo sed". Había allí un jarro lleno de vino
agridulce. Pusieron en una caña una esponja llena de esta
bebida y la acercaron a sus labios. Cuando hubo probado el
vino, Jesús dijo: "Todo está cumplido". Y,
levantando la voz, exclamó: "Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu". Inclinó la cabeza y expiró.
Era el mediodía. Se oscureció el sol y las tinieblas
cubrieron la faz de la tierra hasta las tres de la tarde. La
cortina del Templo se rasgó por la mitad.
Era el día de la preparación a la Pascua. Los judíos no
querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el día
siguiente, pues este sábado era un día muy solemne. Por eso,
pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los que
estaban crucificados para después retirarlos.
Vinieron entonces los soldados y les quebraron las piernas al
primero y al otro de los que habían sido crucificados con
Jesús. Al llegar a Jesús, vieron que ya estaba muerto. Así
es que no le quebraron las piernas, sino que uno de los
soldados le abrió el costado de una lanzada y al instante
salió sangre y agua.
Siendo ya tarde, vino un hombre rico, de Arimatea, que se
llamaba José, y que también se había hecho discípulo de
Jesús. Fue donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús, y
el gobernador ordenó que se lo entregaran. Y tomando el
cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia y lo
colocó en un sepulcro nuevo, cavado en la roca, que se había
hecho para sí mismo.
La Resurrección
Desde el día Viernes en la tarde hasta la madrugada del
Domingo, el cuerpo de Jesús permaneció en el sepulcro. Al
amanecer del tercer día, o sea, el Domingo, Jesús salió
glorioso del sepulcro. En el mismo instante, se sintió un
violento temblor de tierra y un ángel bajó del cielo, movió
la piedra que cerraba el sepulcro y se sentó sobre ella.
Tenía el rostro deslumbrante como el sol y las vestiduras
blancas como la nieve. Los guardias, espantados, cayeron al
suelo y después huyeron.
Al amanecer del Domingo, muy temprano, María de Magdala;
María, madre de Santiago, y María Salomé fueron al sepulcro
con los perfumes que habían comprado para embalsamar el
cuerpo de Jesús.
Al llegar vieron que la piedra que servía de puerta al
sepulcro había sido quitada. Entraron y no encontraron el
cuerpo del Señor Jesús, de tal manera que no sabían qué
pensar.
Pero, en ese momento, vieron a su lado a dos hombres con ropas
brillantes. Se asustaron mucho y no se atrevían a levantar
los ojos del suelo. Ellos les dijeron: "¿Por qué buscan
entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó.
Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en
Galilea: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los
pecadores y ser crucificado y resucitado al tercer día".
Ellas, entonces, recordaron las palabras de Jesús. A la
vuelta del sepulcro, les contaron a los Once y a todos los
demás lo que les había pasado. |

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Arte
Qué
son los íconos
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Los
íconos son la representación de la Virgen, Jesucristo y los santos
que veneran y reverencian en distintos países del mundo. |
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Los íconos se hallan
asociados indisolublemente a la oración y la liturgia de la
religión de los países de Europa del Este (Principalmente Grecia y
Rusia), pero a causa de los incesantes cambios en los usos y
costumbres, así como en las formas de adoración, durante el
recorrer de los tiempos se ha producido gran número de íconos de
muy distintos géneros. Son, en realidad, meras alegorías, dueñas
de un lenguaje especial, como lengua de la imagen y en agua del
símbolo.
Los íconos datan de los mismos orígenes del cristianismo. Sus
inicios se remontan a las imágenes conmemorativas del final de la
antigüedad, o sea del siglo I al IV después de Cristo. Los íconos
más antiguos que se conservan, son de los siglos VI y VII, y casi
todos ellos se guardan en el monasterio de Santa Catalina del
Sinaí.
Un poco de historia sobre los íconos
Desde los primeros siglos del cristianismo, es factible encontrar un
cambio fundamental en el modo de hablar de la imagen y de
representarla en el Antiguo Testamento: había una prohibición de
pintar imágenes de Dios para no incurrir en una deformación de la
imagen inmaterial y espiritual del dios único y verdadero.
a) Una primera evolución se registra en algunas formas del arte
primitivo judío-cristiano, tanto en las antiguas iglesias-sinagogas
de Oriente medio como, definitivamente, en las imágenes de las
catacumbas y más tarde en los mosaicos de las iglesias. Hay incluso
una serie de datos que quieren justificar el culto a las imágenes
en el ambiente cristiano, como la leyenda del Mandylon del Rey Abgar
de Edessa o la de la Verónica. También podemos añadir la leyenda
de san Lucas, el evangelista, a quien se le atribuyen muchos cuadros
o imágenes de la Virgen tanto en Oriente como en Occidente.
Acerca de las imágenes de Cristo, especialmente de su rostro, hay
en la antigüedad cristiana una cierta uniformidad en sus rasgos y
un gran parecido con los rasgos del rostro de Cristo tal como
aparece en la Sábana Santa de Turín. Durante el tiempo del
iconoclasmo se perdieron muchas pinturas antiguas que querían
remontarse al retrato original de Cristo. Quizá una de las más
antiguas y bellas es un ícono de Cristo que se conserva en el
monasterio de Santa Catalina del Sinaí y se remonta al siglo VI.
b) Las primeras manifestaciones iconográficas en el arte de
Occidente las tenemos en las catacumbas, con una cierta imitación
de algunas formas paganas. Orfeo se convierte en el Buen Pastor, hay
escenas del Antiguo Testamento, se pintan escenas evangélicas e
imágenes simbólicas como el pez, el áncora, la cruz, la paloma,
el pavo real, signo de la inmortalidad. Hay rostros de Cristo, de la
virgen y de algunos santos, imágenes de orantes y de la cena
eucarística.
De las paredes de las catacumbas se pasa a los bajorrelieves y
sarcófagos, donde van apareciendo las principales escenas
evangélicas tradicionales: adoración de los magos, resurrección
de Lázaro, la ascensión, etc. Todas estas imágenes están
representadas con bastante perfección en el siglo VI.
Por la constancia en los detalles de ciertas representaciones se ve
cómo se va fijando una escena, a modo de canon o forma tradicional
de representar los misterios con una cierta uniformidad que ha
permanecido en Oriente y en parte en los lugares de Occidente que
han recogido esta tradición: San Marcos de Venecia, Monreal en
Sicilia, la capilla Palatina de Palermo, etc.
c) A partir del siglo VI la iconografía conoce en Oriente y en
Occidente una gran época de esplendor que se manifiesta en la
integración del arte con la liturgia, en la construcción y adorno
de las basílicas. Entre ellas, la más hermosa fue la de Santa
Sofía en Constantinopla.
d) Una lucha encarnizada contra las imágenes que dura casi 120
años turba en oriente la paz eclesial. En el año 725 el emperador
León III condena el uso de las imágenes en la Iglesia con el
pretexto de que se puede caer en el error de la idolatría. En el
año 729 se desencadena la lucha popular, capitaneada por los mojes,
partidarios de la veneración de imágenes y de la tradición.
El concilio de Nicea del año 787, clarifica la doctrina y justifica
la iconografía y la veneración de las imágenes apelándose al
hecho de la Encarnación, al servicio religioso de los fieles que
necesitan contemplar los misterios, al sentido de la veneración de
las imágenes con una referencia directa a las personas que
representan tales imágenes, de tal manera que su contemplación
lleve a la imitación de los modelos. La lucha solo se calmó en el
año 843, con un edicto de la emperatriz Teodora, que sanciona el
triunfo de la doctrina conciliar.
e) El triunfo de la Ortodoxia renueva el fervor por las imágenes en
oriente. Todo el medio oriente ortodoxo deja, a través de los
siglos, ejemplares estupendos de su arte en las iglesias-grutas de
Capadocia, en los templos adornados con bellos y esplendorosos
mosaicos, en las paredes de los monasterios, en los íconostasios de
las iglesias. Con la extensión del cristianismo oriental por toda
la parte de los Balcanes y en Rusia, a partir del siglo IX,
tendremos de nuevo una posibilidad de ramificación de este arte con
la creación de varios tipos y escuelas de iconografía oriental.
A partir del siglo XVII la iconografía en el oriente Medio y en
Rusia conoce la decadencia de la imitación de las formas
occidentales, casi con un cierto complejo de inferioridad del arte
clásico bizantino y ruso.
En occidente tenemos una continuidad tradicional con la iconografía
oriental en los primitivos pintores italianos, en el románico
catalán, etc. pero poco a poco se va desintegrando este arte hasta
llegar al renacimiento que se aparta de la imagen teológica de
oriente en aras de una imitación naturalista de los episodios.
Hay en esto algunos valores, pero también algunos defectos
fundamentales, el Arte sagrado se desgaja de la tradición y de la
teología, con perjuicio del arte y de su reflejo en la profesión
de la fe de los cristianos.
Los íconos rusos
Durante largo tiempo, los historiadores y los expertos en religión
ignoraron los íconos de la escuela de Moscú, seguramente porque
cuando se inició el estudio de tales íconos y de este arte
ortodoxo, solamente algunos habían sido autentificados.
Para comprender esto, es preciso saber que en 1204 Constantinopla
fue conquistada por los ejércitos de la IV Cruzada, que la
convirtieron en capital del Imperio Latino, y los pintores de
íconos apenas consiguieron seguir con su auge, por cuya razón se
ve en esa fecha de 1204 el final de la época bizantina media.
En 1453, los turcos adeptos al Islam invadieron el Reino bizantino y
la caída de ese Imperio, antaño tan potente, así como la de todas
las obras maestras que en él vieron la luz, estaba ya sellada.
Sin embargo, la pintura de los íconos sobrevivió a este suceso
trascendental, puesto que Bizancio había propagado su influencia a
grandes regiones de Oriente.
Por consiguiente, el hijo más importante del arte bizantino era
Rusia, pero en ese país, lentamente, los artistas fueron hallando
su camino propio. Especialmente respecto al colorido y a la manera
de dibujar, aunque variando poco en cuanto a los temas, los tipos de
personajes, composiciones y demás.
Por su parte, fue Novgord el centro más importante de la
iconografía rusa, ya desde el siglo XII, con rasgos artísticos
propios, caracterizándose en efecto más que nada por el colorido
claro, casi radiante.
En realidad, el auge iconográfico se logró en Rusia con la llegada
de Andrei Rublev y Teófanes el Griego.
La pintura de íconos rusos obtuvo un nuevo impulso durante los
siglos XVII y XVIII gracias a las composiciones de la Escuela
Stroganov. Son íconos en cuyo dorso se indica que fueron pintados
por los miembros de la famosa familia de comerciantes Stroganov,
más adelante cercanos al trono ruso.
Hasta el siglo XVII, la pintura de íconos en Rusia rechazó
tercamente toda influencia de Occidente. Pero esta actitud negativa
cambió gracias a los esfuerzos renovados de un gran maestro llamado
Simón Uchakov (1626-1686). Éste trabajó primero en un taller de
orfebrería, de lo que en aquella época se llamaba ''taller de
culatas y cámaras de armas de fuego'', por estar situados dentro
del arsenal militar.
La Revolución de 1917 arrinconó en Rusia el arte de los íconos.
Esto fue así porque la fe y los credos ortodoxos no se armonizaban
con la ideología comunista, para la que la religión era tan sólo,
en palabras de Lenin, el ''opio del pueblo'', y el arte decorativo
sustituyó al de los íconos. |

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