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SUCEDIO
El día más largo del siglo XX
Segunda entrega
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Segunda
y última parte de la historia de la operación militar del 6 de
junio de 1944, el llamado "Día D". |
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A las doce y veinte minutos de la madrugada del 6, luego de una travesía sobre el canal de una hora y 25 minutos, la VI división británica lanzó a los primeros hombres sobre suelo francés. Eran 4.255 muchachos que bordeaban los 20 años. La neblina y el pesado equipo de casi 50 kilos que transportaban, los perdieron en medio de la noche o los sepultó en el fango.
Otros fueron acribillados en el aire por la artillería antiaérea. Más afortunado fue el descenso del Regimiento de Infantería Ligera de Oxford cuyos 180 hombres lograron apenas tocado el suelo desconectar las cargas explosivas del Canal de Caen y tomar el puente del Orne tras una breve refriega contra un pelotón de sorprendidos alemanes.
Luego la patrulla pudo transmitir el mensaje "ham and jam" (jamón y
mermelada) que significaba que la misión había sido cumplida a satisfacción.
Simultáneamente una feroz bandada de planeadores se dejaba caer en medio de los bosques normandos: Entre ellos los había del tipo Horsa, con capacidad de transportar a 20 hombres, y los Hamilcar que podían llevar incluso tanques ligeros. La utilización de los planeadores fue sin duda uno de los puntos altos del desembarco. El planeador tenía a su favor el resultar del todo inocuo para los radares alemanes, y su olímpico sigilo para surcar la noche. Pese a que el medio pareciera poco confiable, de los 733 planeadores que ocupó la VI división, sólo se registraron bajas en nueve de ellos. El resto aterrizó en descampado, destruyéndose parcialmente desde luego, pero con sus hombres a salvo.
La operación Overlord, como se designó a la maniobra del desembarco, ocurrió en sordina en un primer momento. Las dispares y contradictorias informaciones que llegaban desde todos los puntos defensivos de Normandía no lograba dar cuenta de la dimensión de la operación. Los primeros informes provenían de las Divisiones 716 y 711, las primeras en hacer frente a las tropas aliadas. Sólo a la una diez minutos se transmitió el primer informe al cuartel general del 84 Cuerpo de Ejército del general Erich Marcks anunciando la presencia de paracaidistas en la zona Bréville-Ranville y el lado oeste del bosque de Bavent. Los alemanes no llegaban a hacerse la idea de que ésa era realmente la invasión. |
Los exploradores
Sólo a la una y cincuenta las informaciones comenzaban a llegar al alto mando del mariscal von Runstedt. En ese mismo instante se estaba dejando caer el 9 Batallón de Paracaidistas.
Los paracaidistas se ayudaban de cuernos de caza, de chicharras o pitos para reagruparse en la oscuridad. Los fuertes vientos imperantes habían jugado en contra de los batallones aerotransportados que en algunos casos se dispersaron en radios de hasta cincuenta kilómetros.
A ochenta kilómetros de ese lugar la Divisiones 101 y 82 con un efectivo total de 17.000 hombres, habían dejado caer a un selecto contingente de "exploradores" cuya misión era delimitar las pistas de aterrizaje del grueso de las unidades que se ocuparían de la retaguardia de la playa de Utah, en la península de Cherburgo. Era la medianoche. En esa zona las fuerzas alemanas sumaban 40.000 hombres. De estos 120 "exploradores" sólo 38 cayeron en sus objetivos. En medio de ese nido de alemanes, este pequeño pelotón de comandos logró preparar el terreno para el descenso de dos divisiones completas.
Entretanto la BBC transmitía desenfrenadamente a la población de la costa normanda el siguiente mensaje: "No permanezcan cerca de lugares donde se encuentran tropas o cuarteles de las fuerzas alemanas. Abandonen las ciudades y busquen refugio en el campo abierto. Vayan todos al campo"...
Pese a esta arrojada labor de los "exploradores", que constituyen un capítulo aparte de esta historia por su audacia y su temeridad, de los 6.600 hombres de las 101 División, sólo 1.100 se encontraban reunidos: Entre los desaparecidos se encontraba el general de brigada Don Pratt, el primer general caído en combate. Su paracaídas quedó enganchado del campanario de la iglesia del pueblito de Sainte-Mre l'Eglise mientras el cura párroco tocaba las campanas a rebato celebrando la invasión.
El caos imperante en esas primeras horas de la invasión era apocalíptico.
Lo que más temían los estrategas, se estaba cumpliendo. La dispersión de fuerzas de las tropas aerotransportadas planteaba una infinitud de problemas, muchos de ellos impredecibles. La desorientación de los soldados una vez que se encontraban en suelo francés era total.
La confusión reinaba en esos primeros minutos y cada hombre se tenía sólo a sí mismo. El desconcierto en los hombres en más de una ocasión significó el fracaso de alguna operación específica.
Junto con los paracaidistas descendieron capellanes castrenses que llevaban altares portátiles para hacer misas de campaña, y para dar la extremaunción a los miles de moribundos que iban quedando en el camino. Los aliados han sido en extremo cautos para revelar la cifra real de muertos. Se habla de 8.975 caídos en los primeros días de la invasión. Rommel por su parte elaboró un pesimista informe respecto de las bajas alemanas: 250.000 alemanes muertos, incluidos 28 generales y 354 altos oficiales.
En la costa, la infantería de marina da dura batalla. Una espesa cortina de artillería que se ha prolongado por varias horas, precede el desembarco de los infantes. El contralmirante francés, Jaujard, habría comentado contemplando el apocalíptico espectáculo: "Es algo terrible y monstruoso tener que disparar sobre nuestra propia patria, pero os pido que lo hagáis".
Pese al infierno provocado por la artillería aliada, aún hay suficientes alemanes vivos para cerrar el paso de los infantes.
El escenario más cruento del desembarco ocurrió en la playa Omaha, objetivo a cargo de los americanos. "La Sangrienta Omaha" como se la llamó, costó miles de vidas. La tormenta en el Canal ha recrudecido, las barcazas de desembarco deben hacer frente a olas de ocho metros y la operación ha demorado lo suficiente como para que luego del bombardeo, los alemanes hayan reunido a sus hombres y con sus tropas prácticamente intactas esperen pacientemente al enemigo.
Los lanchones se aproximan a la playa y desembarcan 64. tanques anfibios del tipo Sherman. A los dos minutos, 29 tanques se han ido a pique. Las lanchas no pueden alcanzar la playa y los hombres deben arrojarse a nado prácticamente. Bajo el fuego alemán, los hombres son acribillados cuando aún combaten contra la marejada. Muchos de ellos intentan volver a las lanchas pero son ferozmente repelidos por los sargentos. Esta escena, caracteriza mejor que cualquier otra lo que verdaderamente ocurrió en el Día D.
En la playa de Omaha los alemanes no han necesitado siquiera utilizar su artillería para acabar con los primeros 400 infantes que asoman a la playa.
El asunto semeja una caza de patos. En otro momento dejan a los hombres de una lancha ganar treinta metros de playa para acabarlos con barridos de ametralladoras. Los hombres del 16º Regimiento americano son abatidos prácticamente todos. Los que sobreviven al fuego enemigo vuelan aquí y allá por la detonación de alguna mina. Una barcaza da contra uno de los "inventos de Rommel" y vuelan los cuerpos destrozados hasta varios metros de altura.
Estas visiones infernales van quebrantado la moral de las tropas que saben que marchan a una segura carnicería. Los que ganan la costa con vida, deben luego luchar contra los inmensos acantilados de la playa. Sogas, escaleras, son utilizadas para escalar los riscos, incluso una escalera telescópica de los bomberos de Londres. Esta escena medieval tiene ribetes patéticos. A los alemanes les basta cortar las sogas para despeñar por el acantilado a los escaladores. Bien se puede afirmar que donde el Muro del Atlántico se hizo realidad, fue en la "Sangrienta Omaha". Al atardecer del día 6 los aliados no han conquistado un metro de playa. Sobre la arena yacen 3.000 cadáveres y heridos graves.
Utah
El general Omar Bradley considera una retirada. Eisenhower y Mongtomery llegan a la mañana siguiente al sitio de Omaha. La retirada no se realizará y en su lugar, se decide una nueva fase de artillería, sólo que ahora se encuentran los infantes americanos en la misma playa y su suerte ha sido ya silenciada. La artillería de los acorazados y cruceros americanos resulta efectiva y los nidos de resistencia alemana son finalmente acallados.
En otros lugares ocurren hechos más afortunados. Cuando el general alemán Wilhelm Falley, jefe de la 91 División Aerotransportada se percata del desembarco, decide volver a su cuartel general en Chateau Haut. Cuando se encontraba en ruta, un paracaidista americano, el teniente Malcom Brannen, agazapado entre los matorrales, barrió el automóvil donde reconoció la cruz gamada. Brannen no sabía que había matado a un general, y uno de los más importantes estrategas de los los ejércitos del oeste.
Si Omaha fue una tragedia, Utah, el otro objetivo americano, fue todo un éxito. Protagonista de esta brillante batalla fue el exuberante general Theodore Roosevelt, tío del presidente americano que declaró la guerra.
Roosevelt fue el primer general americano en desembarcar, como segundo jefe de la 4º División.
Frente a la playa de Utah el acorazado Nevada, el crucero británico Black Prince y el americano Bayfield, bombardearon con gran efectividad las fortificaciones alemanas. Cerca de 900 hombres desembarcaron en 30 lanchas mientras 32 tanques anfibios alcanzaban la playa sin dificultad. Los alemanes no dieron respuesta efectiva sino hasta la tercera oleada de desembarco.
Uno de los pequeños éxitos alemanes en dicha batalla la protagonizó un pequeño aparato llamado Goliat. El Goliat era literalmente un minúsculo tanque de ochenta centímetros de largo auto propulsado. Las fuerzas aliadas vieron cómo se acercaba este pequeño aparato aparentemente inofensivo.
Veinte hombres lo rodearon llenos de curiosidad y en un segundo volaron por los aires. El Goliat era simplemente un transporte de explosivos que penetraba en las líneas enemigas. A la tarde, habían desembarcado 22.000 hombres, 1.800 vehículos y sólo se contabilizaban 197 bajas.
Los ingleses, franceses y polacos, tenían sus, objetivos propios. Las playas de Sword, Juno y Gold eran los puntos de ataque del resto de las tropas aliadas.
Los servicios secretos británicos habían llegado al extremo de enviar buzos hasta la costa normanda para traer muestras de la calidad de la arena de las playas con el fin de calcular la factibilidad del paso de los tanques. Montgomery sabía, luego de la campaña de África, lo delicado que podía ser ese punto.
A diferencia de los americanos, que lanzaron a sus infantes a las playas a luchar en campo abierto contra los parapetados alemanes, Montgomery había resuelto abrir el terreno con un primer desembarco motorizado, un exótico muestrario de tanques que habían concebido los ingenieros ingleses en las postrimerías del desembarco. Estos, considerando las características del terreno, habían desembocado en unos curiosos artefactos que arrojaban cilindros para salvar las zanjas antitanques u otros provistos de estribos para conducir tropas en relieves irregulares, hasta un tanque provisto de unas largas cadenas que se sacudían como látigos y que hacían estallar las minas puestas en el camino. Desde un principio los americanos habían rechazado estas extravagancias del cuerpo motorizado, en circunstancias que con su apoyo, los estragos del desembarco en Omaha hubieran sido sin duda menores.
La playa de Juno, sostenida por los canadienses, es una de las más castigadas. Sin embargo la playa de Sword no fue conquistada hasta la tercera semana de realizado el desembarco. Las fuerzas aliadas habían logrado meter el pie antes que los alemanes cerraran la puerta.
El factor sorpresa a que apostaban los americanos e ingleses surtió su efecto. Si bien los alemanes consideraban la idea de desembarco, no creyeron nunca que se llegara a realizar. La osadía manifiesta del desembarco descolocó en forma absoluta al Alto Mando alemán. Tanto es así que Hitler no se enteró de la operación sino hasta después del mediodía del 6 de junio. La noche anterior se había dormido a las cuatro de la mañana y nadie se atrevió a despertarlo para comunicarle las urgentes noticias que llegaban del frente oeste.
Informe al Füerer
Fue el comandante Rudolf Schmundt quién penetró en el dormitorio de Hitler para darle un escueto informe de los hechos. El mismo Hitler no pudo determinar en ese instante la magnitud de los hechos. El primer comunicado que se envió desde la cancillería decía así:
"El jefe del Estado Mayor del Comandante en Jefe del Oeste llama la atención sobre el deseo del Mando Supremo de ver la cabeza de playa enemiga destruida el 6 de junio, antes de finalizar el día, a causa del riesgo de nuevos desembarcos por mar y aire. La playa deberá ser limpiada esta noche como máximo".
Este lacónico comunicado da cuenta de la distancia real entre Hitler y los hechos. A esa hora cerca de 130.000 mil hombres del ejército de liberación ya estaban sobre suelo francés.
Durante el Día D los partes del frente Oeste se suceden. "El enemigo posee un dominio absoluto del aire sobre el campo de batalla y hasta una zona situada a cien kilómetros tras el frente. Durante todo el día nuestro tráfico, ya sea por carretera, camino o a campo traviesa se ve inmovilizado por potentes formaciones de caza bombarderos"... "Cada punto neurálgico de retaguardia se encuentra sometido a un ataque continuo". "Ni nuestra artillería antiaérea y ni la Lutfwaffe parecen en condiciones de poner fin a los efectos paralizadores y destructivos de la aviación adversaria que ha llegado a realizar 10.585 salidas en un solo día"...
"Tropas transportadas y paracaidistas se emplean en número tan crecido y con tan flexible método que no hay unidades capaces de enfrentarse a ellas con éxito. Cuando descienden sobre territorio no ocupados por nuestras Divisiones proceden a atrincherarse a toda prisa y ya no es posible desalojarlos de allí por medio de infantería con apoyo artillero. Son de esperar mayores contingentes de este tipo, en especial en las comarcas desguarnecidas".
Queda en evidencia el absoluto desconcierto de los alemanes respecto de la técnica poco ortodoxa con que los aliados han llevado adelante el desembarco. Este factor sería decisivo en los resultados obtenidos. A este estupor, se sumaba el hecho de que Hitler continuaba creyendo que debía esperarse otro ataque, tal vez el más importante, en la región de Calais, por lo que en el mismo momento de la invasión y en los días sucesivos, grandes contingentes permanecieron inmovilizados a la espera de una eventual ofensiva, sin ser transportadas a la costa normanda como la situación lo exigía.
Noticias alentadoras
Al correr de las horas, las noticias del frente eran alentadoras. El Times titulaba el día 7 "Al fin ha desaparecido la tensión". Churchill se dirigía a los Comunes dando cuenta de los satisfactorios resultados de la invasión y en la catedral de San Pablo y en la Abadía de Westminster se celebraban oficios ininterrumpidos. En Filadelfia, repicaba sin cesar la Campana de la Libertad.
Los alemanes por su parte, se encarnizaban contra la población civil en la medida que sus esfuerzos para detener a los aliados se revelaban inútiles. En Caen fueron fusilados inmotivadamente 93 hombres durante el transcurso del Día D.
El jueves 8 los aliados se encuentran ya en la ciudad de Tilly mientras los blindados de Montgomery avanzan sobre Bayeux. Los alemanes resisten sobre la línea Christot-Verrieres-La Belle Epine. Montgomery ataca desde Bayeux para ganar las alturas de Villers-Bocage y desde allí lanzarse sobre Caen. Este avance de terreno se realiza mediante pequeñas escaramuzas localizadas sin nunca llegar a crear grandes batallas, tal como creía Montgomery que debía plantearse la ofensiva. Palmo a palmo, colina a colina, los aliados van ganando metros hacia el territorio del interior. Cada soldado, cada infante, es en los hechos un comando y como tal actúa. A veces bastará el arrojo de un solo hombre para inutilizar un tanque mediante un granada deslizada a su interior.
En la batalla de Tilly cayó prisionero del jefe de los "ratas del desierto"; viejos conocidos de los "zorros de Rommel". Los interrogatorios al hombre confirmaron lo que Rommel más temía. Montgomery había desembarcado en Normandía a sus tropas africanas, al temible VIII Ejército al cual Rommel ya había enfrentado llevándose la peor parte. Para Rommel esto fue un presagio. La guerra estaba perdida desde el momento en que los aliados habían instalado sus cabezas de playa en el Día D. Los hechos irían a corroborar las aprehensiones de Rommel. Desde aquel épico 6 de junio, las tropas aliadas no se detendrían en su marcha sino hasta las puertas de Berlín. Los aliados habían jugado el todo por el todo, y habían ganado la partida..
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Entrevista
La Iglesia en Cuba está silenciada
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En una entrevista difundida por la agencia Zenit, el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, asegura que en Cuba la Iglesia está reducida a la marginación. |
La Habana (ZENIT).- Aunque exista la posibilidad de culto, en Cuba se asiste a un intento de marginar la labor y el testimonio de la Iglesia, comprometiendo su dimensión profética en una realidad donde el vacío espiritual y la desesperanza se palpan. Con todo, tras la histórica visita del Papa en 1998, aunque prácticamente no ha tenido repercusión en las autoridades, se asiste a un crecimiento de la Iglesia en la isla. Y es que son muchos los que buscan un sentido a la vida, constata el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de San Cristóbal de La Habana.
-Eminencia, en esta realidad, la Iglesia continúa dando su testimonio e indicando tal vez un camino distinto. ¿Cuál es la situación de los cristianos en la isla?
-El pasado 8 de septiembre, como Conferencia Episcopal escribimos una Instrucción Pastoral: es una toma de posición sobre la situación de la Iglesia en la sociedad, sobre la política y sobre la participación de los laicos en la vida social. La Iglesia tiene una tarea profética de hablar en defensa del hombre, de los derechos humanos y hoy se encuentra entre dos
fuegos: hay quien la quiere como un partido político de oposición que critica y responde a las situaciones más difíciles, mientras otros, especialmente en el gobierno, quieren una Iglesia tranquila, totalmente empeñada en el culto religioso. Hay que decir que desde este punto de vista no hay más dificultades; con todo, si es fácil vivir en una Iglesia cultual, es más importante llevar adelante una misión profética. Alguno dentro del gobierno empieza a entender que es necesario que la Iglesia se comporte como en otros países del mundo, hablando del hombre, de sus problemas, de la libertad, de la dignidad, de sus derechos, que no están sólo relacionados con la alimentación, la salud, la educación, sino también con la libertad de expresión. Es la esfera de los derechos humanos, parte integrante de una persona.
-Es un problema que les toca también de cerca como institución...
-Cierto. En Cuba ya no hay escuela católica, no podemos enseñar en la escuela pública, no tenemos acceso a la prensa. Publicamos nuestros documentos, pero no tenemos ningún eco en los medios de comunicación.
Tenemos alguna respuesta indirecta, manifestaciones de estupor oficiales porque tal vez encuentran duro el mensaje. Es paradójico: una carta pastoral nuestra es más conocida en el extranjero que en el país. Así que el gobierno nos acusa de hablar para el exterior.
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-En cambio, su interlocutor es un pueblo que está redescubriendo las propias raíces cristianas...
-En Cuba existe una Iglesia viva, aunque pequeña (sólo el 65% de la población está bautizada), la misa semanal es frecuentada. Tras la visita del Papa, la Iglesia está en crecimiento, a pesar de la extraordinaria emigración que ha llevado a cubanos a todos los países del mundo. No emigran sólo los católicos, sino un poco todos. No se trata de un crecimiento espectacular, pero se percibe: hemos realizado una encuesta sobre quién asiste a nuestras iglesias y se ha revelado que el 55% ha regresado después de diez años, y otro 20% después de cinco. Muchos se han acercado tras años de compromisos ideológicos con la revolución. Estas personas no han vivido todo el espíritu postconciliar, como si una parte del cristianismo hubiera sido suprimida. Por ello, estamos intentando situar la formación en primer lugar, especialmente en la catequesis. Basta pensar que en los años 60 y 70 no venía nadie; actualmente, en la noche de Pascua, celebramos más de 1.500 bautismos. El dato que más nos ha sorprendido ha sido ver lo difundido que estaba un sentido cristiano profundo y un conocimiento de los sacramentos.
-¿Se puede considerar este último aspecto como un signo de crisis del sistema ideológico y de poder?
-Es, sin duda, el fruto del vacío. La gente hoy busca un sentido a la vida, especialmente los jóvenes. Cuando Dios no está, en el alma queda un vacío. En Cuba se busca un mensaje más humano, menos ideológico, capaz de tocar el corazón del hombre. Y la gente encuentra todo esto también en la caridad y en la misericordia cristiana. Cuando leí la encíclica del Papa «Dives in misericordia», comprendí inmediatamente que el autor venía de un país que había experimentado las consecuencias del bloqueo socialista. Para nosotros, los cubanos, esa es la encíclica central de su ministerio. En La Habana hay un Cristo de mármol imponente realizado por una escultora. Al contemplarlo, el Papa dijo que era signo de la misericordia. Es ésta la clave de todo: la gente hoy quiere ser acogida y acompañada con algo más que la justicia humana, que a veces puede ser muy dura. Ciertamente los problemas persisten, especialmente desde un punto de vista moral: el divorcio y el aborto, por ejemplo, se consideran normales porque se ha afirmado un pensamiento secular.
-En una Carta Pastoral de febrero de 2003, escribió que es necesario preparar un camino para el futuro. En su opinión, ¿cuál podrá ser el futuro de Cuba? Después de Castro, ¿cambiará algo?
-Es una preocupación común a todos, pero no lo sabemos. Las leyes de la historia, la vida misma y el mundo cambian. Será por lo tanto imposible quedarse como hoy, pero las modalidades del cambio no podemos conocerlas.
-El proyecto Varela, promovido por un grupo de católicos, propuso un referéndum para las libertades civiles y para la democracia. Es un signo de renovación muy fuerte que sin embargo fue reprimido duramente y acompañado de un enconamiento de la política del régimen...
-Hay un movimiento que va en este sentido y es verdad que hubo una reacción dura, especialmente en un segundo momento. El promotor del proyecto Varela es un católico y ha recibido el premio Sajarov. Tras este episodio, varios disidentes han sido detenidos y condenados a penas durísimas de hasta
25 años de cárcel. Se ha querido golpear sobre todo a los miembros del movimiento. Para ellos, la situación es verdaderamente muy dura.
-Europa ha reaccionado con firmeza a estas medidas, también a través de sanciones económicas. En su viaje a Cuba, el Papa invitó al país a abrirse al mundo y al mundo a hacer lo mismo con la Isla. Hoy, la vida de los cubanos debe coexistir con un régimen, pero además con un embargo. En su opinión, ¿qué camino debe seguir la comunidad internacional para ayudar a Cuba?
-La Iglesia cubana siempre ha dicho después de 1969 que el embargo no es la solución. Las medidas económicas contra el país sólo crean aislamiento, porque el gobierno se hace más rígido e intransigente. Las divergencias con la Unión Europea son muy difíciles y no sé cómo podrán ser superadas.
-Volviendo a la vida del país, ¿qué tipo de realidad social afrontan?
¿Cómo es la vida de cada día?
-Hay una gran pobreza, no extrema como la de los países africanos, pero una dificultad seria para llevar una vida normal. El que quiere casarse no encuentra una casa, se vive en ambientes muy pequeños, representa un problema trasladarse de una zona a otra, encontrar alimentos. También el trabajo se resiente: hay, pero es insuficiente desde el punto de vista económico. Así, se pueden encontrar médicos que después de su turno en el hospital se ponen a vender dulces a los turistas para conseguir más ingresos.
-¿Y los jóvenes? ¿Cuáles son sus esperanzas?
-Los jóvenes estudian secundaria, después hacen tres años de preuniversitario en zonas alejadas de la ciudad trabajando media jornada:
por la mañana están en los campos y por la tarde estudian. Quien sale de la universidad casi siempre debe realizar tareas distintas de lo que ha estudiado. La juventud no tiene esperanza. Es un fenómeno sin duda general que involucra a otros países, pero en Cuba no existe ninguna adhesión entusiasta a la vida social y política.
-El sentido de desconfianza hacia el poder actual, ¿no puede favorecer un cambio?
-Es difícil construir cuando la gente no es capaz de actuar con libertad interior. Para muchos, la única opción interesante, el sueño más importante de la vida es dejar el país. No se consigue ver un futuro en el país. Existe un proyecto individual ligado a la emigración, pero no hay un plan común.
Este sueño implica a todos, desde los católicos a los hijos de los dirigentes del gobierno y de la administración. La emigración masiva es la mayor amenaza para nuestro futuro. Actualmente, y no hablo sólo de Cuba, no es posible entusiasmar a los jóvenes con la ideología. Hay necesidad de respuestas profundas.
-Una pregunta personal: en la realidad que ha descrito, ¿cuáles son sus preocupaciones como hombre y obispo al gestionar cada día?
-Nuestro trabajo es muy duro y difícil. La realidad de la gente, el desaliento, la falta de esperanza, puede echarse sobre nosotros como una influencia maléfica, un tipo de depresión. Por lo tanto, es necesario ir adelante en un camino de fe, de esperanza cristiana y de alegría evangélica, transmitiendo todo esto a la gente. El gran servicio que podemos hacer a nuestro pueblo no es tanto denunciar, sino presentar al hombre el amor de Dios. Si después, a causa del amor, hay que denunciar, entonces denunciamos.
También en tiempos de Jesús había problemas políticos y desórdenes en el pueblo. Él estaba entre la gente, pero con un mensaje que venía de lo alto.
En Cuba hoy hay que vivir por la fe, y este es un mensaje que sirve también para nosotros.
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-El viaje del Papa fue interpretado por todos como el intento de llevar adelante un diálogo. A la luz de los hechos, ¿lo cree aún así?
-El diálogo ha comenzado, también porque las homilías del Papa fueron muy claras. No ha habido sin embargo ninguna respuesta. Fuera del reconocimiento de la Navidad como día festivo, todo es ignorado en cuanto a nuestras posturas y peticiones. En la primavera pasada, tras el arresto de los disidentes, el cardenal Sodano dijo que la Iglesia sigue creyendo en el diálogo aunque parezca difícil o imposible. Nosotros, por lo tanto, continuaremos. El Santo Padre tiene con Cuba la misma actitud mantenida hacia los países del Este antes de la caída del muro de Berlín. Nosotros intentamos hacer nuestra parte. Dialogar significa aceptar el punto de vista del otro y el derecho del otro a decir algo sin una posición ideológica. No es posible no aceptar una flexibilidad y considerar sólo el blanco o el negro. No obstante, incluso en estas condiciones, el único camino de la Iglesia para afrontar los problemas es el diálogo.
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