Un regalo de Cristo a su Iglesia

Significación e historia de los Apóstoles. Actividad de los pastores iniciáticos de la Iglesia.

El que haya seguido hasta aquí el desenvolvimiento histórico de la joven Iglesia, ha oído hablar de los diáconos Esteban y Felipe, de Pedro, Pablo y Bernabé; pero casi nada del resto de los apóstoles. ¿Dónde estaban ellos? ¿Es que no tuvieron ninguna importancia ni influjo en la primera propagación del Reino de Dios, ya que apenas han sido nom-brados?
Ellos tuvieron, en realidad; una importancia capital. Eran ellos los testigos, inmediatamente enviados por Jesús, para dar testimonio de su vida, de su doctrina y de su resurrección. En sus manos estaban depositadas las llaves del Reino de Dios. Ellos debían formar la joven Iglesia, adoctrinar a los creyentes y gobernarlos, dándoles leyes y sanciones. Como continuadores de la obra salvífica de Jesús, fueron investidos y acreditados con el don de obrar milagros.

Columna vertebral y el corazón

No cabía hacer ninguna objeción a su doctrina, y estaba descartado todo recurso contra sus disposiciones. Eran la puerta para entrar en el Reino de Dios. Ejercían sus poderes íntimamente ligados a Pedro como jefe. Esta vinculación a Pedro debe permanecer hasta el fin del mundo y perfeccionarse y completarse sin cesar, con la creación y nombramiento de nuevos obispos. Pero no hay ningún obispo que sea sucesor de un determinado apóstol, este caso no se da más que en San Pedro, el obispo de Roma.
En lo que los apóstoles aventajan a sus sucesores, en virtud de su oficio, es en el don de milagros, en su personal infalibilidad y en su oficio doctrinal y pastoral para toda la Iglesia.
Porque cada apóstol personalmente fue llamado y asociado por Cristo al plan de la salvación del mundo: el apostolado era la columna vertebral y el corazón del cuerpo místico de Jesu-cristo. De ahí que, producida la defección del infeliz Judas Iscariote; no se tardó en llenar el hueco que dejó.

El eje del apostolado

Hasta qué punto los apóstoles en Jerusalén
constituían el centro de la Iglesia se desprende ya del hecho de que el mismo hombre que el Señor escogió para testigo de su resurrección y designó desde el cielo para instrumento de elección para la predicación de la fe, san Pablo, fue a Jerusalén a presentarse a los doce apóstoles. De ahí también que los cristianos de Antioquía, al surgir algunas dudas y necesitar una decisión, enviaran una delegación a los apóstoles.
Si el apelativo de "apóstol" se dio también a otros discípulos que merecieron bien de la pre-dicación del Evangelio, originariamente solamente se designó con ese título a los doce discípulos que Jesús, probablemente en atención a las doce tribus de Israel, escogió en ese número después del Sermón de la Montaña, para ser sus compañeros habituales más íntimos, y los invistió con especiales poderes para continuar su celestial misión y su obra en la tierra, enviándolos por el mundo entero.


San Judas Tadeo


San Pablo



San Bartolomé



San Felipe


Noticias de los Apóstoles

Si prescindimos del apóstol Pablo, de lo que mejor documentados estamos es de la actividad de Pedro. Cierto que los datos que de su vida poseemos no los podemos ordenar cronoló-gicamente año por año y día por día. Cuando el jefe de los apóstoles, en los años 43 al 44, se libró con el auxilio de un ángel de los lazos que le tendió el rey Herodes Agripa y se evadió de la cárcel, probablemente se dirigió a Antioquía. Tal vez había estado ya anteriormente en esa ciudad, por el año 35. De hecho, Pedro pasa por ser el fundador de la sede de Antioquía.
De Antioquía se trasladó a Roma; en qué año sucedería esto, no es cosa averiguada. El año 50 hubo de volver a Jerusalén y presidir aquí el concilio de los apóstoles. De Jerusalén se encamina de nuevo a Antioquía para, tras corta residencia en ella, visitar las cristiandades del Asia Menor; y después de una visita a los cristianos de Corinto, trasladarse por segunda vez a Roma. Aquí actúa como obispo de Roma hasta su muerte el año 67, preocupándose no solamente de los cristianos de la ciudad, sino también, como lo exigía su supremo cargo pastoral, de toda la grey cristiana. De ello dan testimonio sus dos epístolas escritas desde Roma a los cristianos del Asia Menor que, convertidos y organizados por Pedro; estaban en grave peligro por el ambiente pagano que les rodeaba.
Tenemos también noticias históricamente fide-dignas y comprobadas sobre san Juan y los dos apóstoles Santiago el Mayor y el Menor. Después del tránsito de la Virgen María, la Madre de Dios, ocurrida, según tradición, en Jerusalén, Juan trabajó en la gran ciudad del Asia Menor, Efeso. Partiendo de aquí, inspeccionó y dirigió las comunidades cristianas del Asia Menor, hasta que, según una tradición, por el año 90, bajo el gobierno del emperador Nerva, fue llevado a Roma, echado allí en una olla de aceite hirviendo, y habiendo salido ileso milagrosamente, fue desterrado a la isla de Patmos. En este su destierro escribió el Apo-calipsis, libro profético que, bajo misteriosas figuras, presenta el cuadro histórico del Reino de Dios.
Vuelto a Efeso escribe sus tres epístolas y pu-blica, contra el hereje Cerinto, su Evangelio, que presupone los tres anteriores, nos da más extensamente los discursos de Jesús en Jeru-salén, poniendo especial interés en probar la divinidad de Cristo. En Efeso, donde murió en edad avanzada, se veneró durante siglos su sepulcro, ahora desconocido.
Su hermano, Santiago el Mayor, fue el primero de los doce que sufrió martirio por Cristo. Por complacer a los judíos, Herodes Agripa le hizo ejecutar por los años del 42 al 43. Su predicación en España es una tradición que se forjó y se fue generalizando después del siglo VII, y no tiene base histórica firme; más fe histórica merece la creencia en la presencia de sus restos en Santiago de Compostela.
Parece que su homónimo, Santiago el Menor, pariente de la Santísima Virgen, después de la Ascensión permaneció toda su vida en Jeru-salén. Cuando Pedro, por el año 42 ó 43, abandonó la ciudad, asumió Santiago la dirección de los cristianos en la ciudad santa y conquistó gran ascendiente sobre los mismos judíos, principalmente por ser él el que mejor representaba la fidelidad a la ley mosaica y a los ritos del Antiguo Testamento.
Influyeron en ello los judío-cristianos, que no olvidaban que al dispensar a los gentiles conversos de los ritos mosaicos en el concilio de los apóstoles, había tenido con ellos una consi-
deración tan grande.
Su crédito ante los judíos fue también el motivo de que el sumo sacerdote Ananús; en a-bierta contradicción con el derecho romano, le hiciera condenar a muerte. Según un relato antiguo fidedigno, fue arrojado desde el piná-culo del templo, por el año 62 ó 63, y, como después de la caída aún viviese, fue muerto apedreado y azotado. Es el apóstol que nos dejó la hermosa y célebre epístola de Santiago.

Regalo imperecedero de Cristo

Del resto de los apóstoles, pocos datos poseemos que sean dignos de crédito e históricamente de-mostrables. Algunos nos suministra el Padre de la historia eclesiástica, Eusebio de Cesarea. Según él, Bartolomé llegó hasta la India, con la que bien puede designarse la Arabia del Sur; Tomás, nos dice, trabajó entre los partos, Andrés entre los escitas y Mateo predicó primero a los judíos y después a otros pueblos.
Para los judíos escribió Mateo en dialecto arameo su Evangelio que, en atención a los judíos, alude frecuentemente a las profecías del Antiguo Testamento para subrayar su realización en Cristo.
Eusebio no nos suministra ninguna noticia sobre las actividades de los apóstoles Felipe, Simón, Judas Tadeo y Matías. A falta de noticias históricas, existen sobre ellos algunas tradiciones más o menos fundadas. Los apóstoles vivieron en una época y en un mundo en que no se sabía o no se sentía inclinación a consignar fielmente todo hecho y asegurarlo y perpetuarlo para la posteridad. No por eso es menor el valor eterno de su obra, y hasta el fin de los tiempos celebrará la Iglesia a los apóstoles como "un regalo imperecedero de Cristo", consciente de que ellos, tan singularmente dotados de gracias, siguen siendo para el Reino de Dios un don singularísimo y de resonancias eternas, al que los cristianos de todos los tiempos deberán perpetua y agradecida memoria.


San Pedro


San Matías


Santiago el Menor


Santiago el Mayor


San Simón



Santiago el Mayor, el apóstol de la Virgen

Hermano del apóstol Juan, llevó la prédica del Evangelio hasta España. Tras una aparición de la Virgen, hizo construir el primer templo dedicado a Ella. Era el año 40 de nuestra era.

El apóstol Santiago, pri-mer apóstol mártir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España), llevando la Buena Nueva. Su prédica no fue bien recibida, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza donde convirtió a numerosos gentiles. En Granada fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y demás convertidos por él.
Santiago clamó la ayuda de la Virgen María, quien vivía aún en Jerusalén, y Ella le concedió el favor de liberarlo; le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Una columna de luz

Santiago cumplió su misión en Galicia y de regreso en Zaragoza, una noche, que el apóstol rezaba intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para sa-ber si debía quedarse o huir, vio venir un res-plandor del cielo sobre él y aparecieron ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.
Sobre la columna se apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí y que la devoción por María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén.
Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor, les narró lo demás, y pre-senciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo la aparición. En ese lugar se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Condena y prodigios

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado y la visitó en Éfeso. La Madre de Dios le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero y llevado al monte Calvario.
Durante el recorrido aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.
Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.
En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.
Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras, le vendaron los ojos y le decapitaron.
El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.
En siglos posteriores y hasta el momento ac-tual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.
Su fiesta se celebra el 25 de Julio.

Santiago y la Virgen María

Santiago preparó el camino para la Virgen María en España y también su llegada al "Nuevo Mundo". Es el Apóstol de la Virgen María, también conocido como el Apóstol de la Paz.
En 1519, Hernán Cortés llegó a Ve-racruz, y en Lantigua construyó la primera iglesia dedicada a Santiago en el continente Americano. También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortés construyó una iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A este templo se dirigía san Juan Diego el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.
En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo "Reina de la Paz". Unos años antes, se había construido una iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol.
Santiago ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como "Pilar" de nuestra Iglesia.

El Apóstol y la Virgen del Pilar

La tradición, tal como ha surgido de documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesu-cristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (año 40), Santiago el Mayor, hermano de san Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.
Los documentos dicen textualmente que Santiago, pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Cel-tiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres.
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y ma-ravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".
Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Antes que estuviese terminada, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.
 


Santiago el Mayor


Nuestra Señora del Pilar

 Patrono de aquí y de allá
 Oración a Santiago "el Mayor"
 
El 25 de Julio se celebra la fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España. Sin embargo, no pocas ciudades el mundo -principalmente de América- se encomendaron a su protección, como muestra del fervor devoto de sus ha-bitantes. El apóstol santiago el Mayor es patrono de las siguientes ciudades, entre otras más:

- Santiago de Chile
- Caracas, Venezuela (la cual fue fundada el 25 de julio de 1567 con el nombre de Santiago de León de Caracas).
- Santiago de Guayaquil (Ecuador).
- Santiago de Cuba
- Santiago de Cali, Colombia
- Santiago de Guatemala
- Santiago de Veraguas (Panamá)
- Santiago de Chiuitos (Bolivia)
- Santiago de los Caballeros (República Dominicana)
- Provincia de Santiago de México
- Saltillo Coahuila (México)
- Santiago de Sesimbra (Portugal)
- San Felipe y Santiago de Montevideo (Uruguay)
¡Gran Apóstol Santiago, familiar cercano de nuestro Señor y aún más cercano a Él por lazos espirituales! Al ser llamado por Él entre los primeros discípulos y ser favorecido con Su especial intimidad, tu respondiste con gran generosidad, dejándolo todo para seguirle a la primera llamada. También tuviste el privilegio de ser el primero de los Apóstoles en morir por Él, sellando tu predicación con tu sangre.

"Atronador" en el entusiasmo en la tierra desde el cielo, te has mostrado defensor de Su Iglesia una y otra vez, apareciendo en el campo de batalla de los Cristianos para derrotar y dispersar a los enemigos de la Cruz, y llevar a los descorazonados Creyentes a la Victoria. Fuerza de los Cristianos, refugio seguro de aquellos que te suplican con confianza, oh, protégenos ahora en los peligros que nos rodean.

Que por tu intercesión, nuestro Señor nos conceda Su Santo Amor, filial temor, justicia, paz y la victoria sobre nuestros adversarios, tanto visibles como invisibles, y sobre todo, que un día nos conceda la felicidad de verlo y tenerlo con nosotros en el cielo, en tu compañía y la de los ángeles y santos para siempre. Amén.


Basílica de Zaragoza, España.

 


Tumba del Apóstol Santiago.


Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago Apóstol.

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