|
|
|
|
|
|
La
lectura de las diferentes epístolas apostólicas permite colegir que la
Iglesia de aquellos primeros tiempos tuvo que abrirse camino dolorosamente
en medio de muchas ten-taciones: la primitiva comunidad cristiana era
infectada por los desvalores de la cultura grecorromana circundante. Así, la
Iglesia del tiempo de los Apóstoles puede ser hoy un ejemplo inspirador,
pero no tanto por la realización del ideal evangélico propuesto por Jesús,
sino por el empeño que puso en convertirse permanentemente al mismo. En Corinto En casi todas sus epístolas san Pablo res-ponde a los muchos casos que le planteaban los fieles de las di-ferentes comunidades, y que él examinaba cuidadosamente para enseñarles a distinguir los comportamientos conforme al Evangelio y los contrarios a él. En la primera carta a los Corintios se refiere a divisiones dentro de la comunidad, discusiones acerca de quién seguía al apóstol más importante, litigar entre cristianos ante los tribunales paganos, libertinaje sexual argumentando la libertad que nos trajo Cristo, burlarse de los hermanos que no comían carne inmolada a los ídolos, celebrar la Eucaristía como si fuese una comida común, etc. Pablo compara en su carta a la Iglesia de Corinto con el pueblo de Israel en su marcha por el de-sierto, con todas las maravillas obradas por Dios, pero también con todas las rebeliones de Israel contra él y los consecuentes castigos. Y dice: "Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. Ustedes no adoren falsos ídolos, como hicieron algunos de ellos... No forniquemos, como algunos de ellos... No provoquemos al Señor, como hicieron algunos de ellos... No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirviera de lección a los que vivimos en el tiempo final". Y a continuación les advierte a sus fieles sobre el impulso de creerse seguros de sí mismos, incapaces de caer ellos en la tentación. La Iglesia de Galacia Así como los cristianos corintios eran tentados por la cultura grecorromana, la Iglesia de Galacia, era acicateada por un excesivo aprecio de la tradición judía. Mayoritariamente paganos, a raíz de la vi-sita de un falso apóstol, los gálatas, se sentían menospreciados porque no cumplían la costumbre judía de la circuncisión. Con la palabra del falso predicador, muchos comenzaron a practicarla, relegando de hecho el valor redentor de la cruz de Cristo. Por ello el apóstol Pablo los reprende con su carta: "Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? ¿Han sido tan insensatos que llega-ron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne?... Si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada... Si us-tedes (que son de origen pagano) buscan la justicia por medio de la Ley (de Moisés), han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia... En cuanto a aquél que los está perturbando, será castigado, sea quien sea". Energía, humildad y paciencia Pero Pablo sabe muy bien que además de energía hace falta también mucha humildad y paciencia para hacer reaccionar a quien cae en tentación. Por ello recomienda a su grey: "Si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes los que están animados por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado. Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada". Lección para el presente Por lo general los cristianos no sabemos hacer una lectura pastoral de la Biblia. Solemos leer los sucesos del Antiguo o el Nuevo Testamento como si fuesen simples anécdotas del pasado, pero sin ninguna relación con el presente. Sin embargo, los escribas y fariseos que tentaban a Jesús siguen estando presentes en los que hoy sobrevaloran sus razonamientos teológicos y no adoptan un espíritu de conversión al Evangelio. La actitud de los corintios sigue vigente en los que adoptan la cultura posmoderna sin someterla a ninguna crítica. La actitud de los gálatas revive en los que defienden a ultranza todas las costumbres anteriores al Concilio Vaticano II, sin reparar que en ellas no todo era evangélico. Fuente: Mensaje Cuaresmal del Arzobispo de Resistencia Carmelo Giaquinta, 6 de marzo de 2005 |
|
|
|