La esclavitud en tiempos del Imperio

Aunque cuestionada por algunos pensadores de la antigüedad, la esclavitud era una institución vigente en la sociedad durante los primeros años de la era cristiana.

Una plaga enraizada en el mundo antiguo fue la esclavitud. No puede juzgársela desde la pers-pectiva del tiempo en su rol de institución social, dado que aquella sociedad estaba organizada de modo que ni la vida pública ni la privada podían concebirse sin la exis-tencia de los esclavos en cantidades supernume-rarias.
El historiador Tácito afirma que no eran pocos entre los cristianos los que veían con preocupación el aumento de esclavos traídos en contingentes desde lugares distantes. En muchos casos, no conocían a su propio amo: sólo sabían el trabajo que debían realizar en obediencia al individuo que los supervisaba bajo pena del castigo corporal. Así, realizaban casi todos los trabajos del campo, especialmente los más pesados que los libres dejaban de lado, y de-licadas tareas en las principales casas señoriales de la ciudad, entre ellas el cuidado de los niños de la familia.

Sin leyes

Ninguna ley protegía al esclavo, el que estaba sometido al antojo de su amo. A menudo era considerado un objeto más entre sus pertenencias. Las pocas reglamentaciones dictadas en los primeros años del Imperio Romano rara vez fueron puestas en práctica y su eficacia, por tanto, resultó casi nula.
De Juvenal se ha re-cogido aquella máxima burlona que reza: "No ha hecho nada, está bien. Pero yo lo quiero, así lo mando; sirva la voluntad como razón".
Ocasionalmente, sin embargo, se dieron casos en los que entre esclavo y patrón se daba una re-lación de afecto y respeto mutuos en la cual ambos trabajaban a la par y no existía el castigo, aunque nunca era en un pie de igualdad. Un caso trascendente fue el del sabio Cicerón y su sir-viente Tirón.
La escuela estoica fue la que intentó introducir en el pensamiento y la vida de la sociedad una idea de cierta igualdad entre los hombres, partiendo del concepto de que todos formaban parte de un mismo universo creado por un solo dios, aún dentro del politeísmo vigente en el mundo de entonces.
Séneca decía: "Siervos, sí; pero hombres. ¡Siervos!, sí; pero co-inquilinos. ¡Siervos!, sí, pero amigos humildes... Recuerda que aquel a quien tú llamas siervo ha nacido de la misma raza humana, ha sonreído bajo el mismo cielo, respira, vive y muere como tú. Podrías verle libre, como él podría verte esclavo".

Según los pueblos

Pero estas eran ideas particulares de unos pocos espíritus nobles. Más aún, hubo grandes filósofos que se cuestionaron si los esclavos tenían alma racional. El mismo Séneca, cuyo discurso parece esclarecido y de avanzada, jamás accedió a libertar a sus esclavos.
Grecia y Asia Menor eran las regiones del mundo antiguo donde con mayor benignidad se trataba a los sirvientes. Y las leyes romanas, poco a poco, comenzaron a flexibilizarse en cuanto al trato de los esclavos. A Adriano se debe la abolición de ciertos castigos y el haber puesto coto al arbitrio de los amos.
Entre los antiguos judíos la esclavitud era mucho más humana, especialmente si se trataba de sirvientes de la misma nacionalidad que el amo, ya que la ley disponía que cada siete años debían a ser puestos en libertad
En el capítulo 33 del Eclesiástico se lee:
"El forraje, el palo y la carga, para el asno; el pan, la corrección y el trabajo, para el siervo".
Luego prosigue:
"Si tienes un siervo, trátale como a ti mismo; es para ti tan necesario como tú mismo. No te enfurezcas contra tu propia sangre. Si tienes un siervo, trátale como a ti mismo".

Marca

El esclavo, al fin de cuentas, sufría una degradación de por vida y parece ser que cuanto más jóvenes y socialmente encumbrados eran sus dueños, mayor era la humillación. Y aún cuando por alguna razón se emancipasen y abrazaran la libertad, su conducta estaba siempre bajo sospecha como una marca indeleble. Una manera de que el alma quedaba para siempre, de algún modo, presa de la antigua condición de la persona. De allí el sentido que se da hoy a los conceptos de libertino y libertinaje.


Esclavas


José es entregado como esclavo por sus hermanos. Festmények.Galería Magyar Nemzeti. Budapest



La hora de la tentación

La Iglesia primitiva debió enfrentar tentaciones múltiples. De las cartas de san Pablo surge la dedicación del apóstol en la lucha por ese flagelo.

La lectura de las diferentes epístolas apostólicas permite colegir que la Iglesia de aquellos primeros tiempos tuvo que abrirse camino dolorosamente en medio de muchas ten-taciones: la primitiva comunidad cristiana era infectada por los desvalores de la cultura grecorromana circundante. Así, la Iglesia del tiempo de los Apóstoles puede ser hoy un ejemplo inspirador, pero no tanto por la realización del ideal evangélico propuesto por Jesús, sino por el empeño que puso en convertirse permanentemente al mismo.

En Corinto

En casi todas sus epístolas san Pablo res-ponde a los muchos casos que le planteaban los fieles de las di-ferentes comunidades, y que él examinaba cuidadosamente para enseñarles a distinguir los comportamientos conforme al Evangelio y los contrarios a él. En la primera carta a los Corintios se refiere a divisiones dentro de la comunidad, discusiones acerca de quién seguía al apóstol más importante, litigar entre cristianos ante los tribunales paganos, libertinaje sexual argumentando la libertad que nos trajo Cristo, burlarse de los hermanos que no comían carne inmolada a los ídolos, celebrar la Eucaristía como si fuese una comida común, etc.
Pablo compara en su carta a la Iglesia de Corinto con el pueblo de Israel en su marcha por el de-sierto, con todas las maravillas obradas por Dios, pero también con todas las rebeliones de Israel contra él y los consecuentes castigos. Y dice: "Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. Ustedes no adoren falsos ídolos, como hicieron algunos de ellos... No forniquemos, como algunos de ellos... No provoquemos al Señor, como hicieron algunos de ellos... No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirviera de lección a los que vivimos en el tiempo final". Y a continuación les advierte a sus fieles sobre el impulso de creerse seguros de sí mismos, incapaces de caer ellos en la tentación.

La Iglesia de Galacia

Así como los cristianos corintios eran tentados por la cultura grecorromana, la Iglesia de Galacia, era acicateada por un excesivo aprecio de la tradición judía. Mayoritariamente paganos, a raíz de la vi-sita de un falso apóstol, los gálatas, se sentían menospreciados porque no cumplían la costumbre judía de la circuncisión.
Con la palabra del falso predicador, muchos comenzaron a practicarla, relegando de hecho el valor redentor de la cruz de Cristo. Por ello el apóstol Pablo los reprende con su carta: "Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? ¿Han sido tan insensatos que llega-ron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne?... Si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada... Si us-tedes (que son de origen pagano) buscan la justicia por medio de la Ley (de Moisés), han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia... En cuanto a aquél que los está perturbando, será castigado, sea quien sea".

Energía, humildad y paciencia

Pero Pablo sabe muy bien que además de energía hace falta también mucha humildad y paciencia para hacer reaccionar a quien cae en tentación. Por ello recomienda a su grey: "Si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes los que están animados por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado. Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada".

Lección para el presente

Por lo general los cristianos no sabemos hacer una lectura pastoral de la Biblia. Solemos leer los sucesos del Antiguo o el Nuevo Testamento como si fuesen simples anécdotas del pasado, pero sin ninguna relación con el presente. Sin embargo, los escribas y fariseos que tentaban a Jesús siguen estando presentes en los que hoy sobrevaloran sus razonamientos teológicos y no adoptan un espíritu de conversión al Evangelio. La actitud de los corintios sigue vigente en los que adoptan la cultura posmoderna sin someterla a ninguna crítica. La actitud de los gálatas revive en los que defienden a ultranza todas las costumbres anteriores al Concilio Vaticano II, sin reparar que en ellas no todo era evangélico.

Fuente: Mensaje Cuaresmal del Arzobispo de Resistencia Carmelo Giaquinta, 6 de marzo de 2005


William Blake. Cristo es tentado por Satanás.

 


Gustavo Doré. La tentación de Cristo.

Centro de Difusión de la Buena Prensa

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