Los lugares de los Hechos

Efeso, Tesalónica, Corinto, Patmos, Filipos... Cuando oímos estos nombres en nuestras iglesias sentimos deseos de preguntarnos si realmente tales lugares han existido o si forman parte de un hermoso sueño. Son nombres que, de tan oídos, parecen formar parte más del universo de los cuentos que la realidad, nacidos de quién sabe qué piadosa mitología.
Y, sin embargo, ni Pedro ni Pablo se movieron por un mundo de sueños. Dejaron su sudor y su sangre por caminos reales de un mundo real. Ahí están aún las ciudades en las que vivieron y su-frieron, o están, al menos, sus ruinas y sus recuerdos, que siguen siendo parte de aquella historia, como un quinto evangelio.

EFESO
Efeso se llama hoy Secuk y es una pequeña aldea (9000 habitantes) de Turquía. Aquí estuvo, sin embargo, la antigua magnífica capital de la provincia romana de "Asia", con más de 200.000 habitantes. Su nombre ha cambiado, pero el pueble-cillo de hoy sigue unido a los recuerdos de la Igle-sia primitiva y a los nombres de Pablo, de Juan y de María.

ATENAS
Esta ciudad era el gran sueño de Pablo. Ya desde su primera epístola a los Corintios se plantea el problema de la fe, que vencerá a la inteligencia de los inteligentes y a la sabiduría de los sabios. La inteligencia y la sabiduría eran, para Pablo y para sus contemporáneos, Atenas. Cuando la vi-sitó el Apóstol en el año 49, era una ciudad some-tida y sus murallas estaban derruídas, pero mantenía alto el pabellón del espíritu.
Atenas

MALTA
"Una isla llamada Malta..." A ella arrojará una tempestad el navío que conduce a Pablo encadenado. Esta isla, con nombre de ninfa, entrará así, casualmente, en la historia de la Iglesia primitiva: el viento sopla donde quiere, el de las tempestades del Espíritu Santo.

CORINTO
Tras haber huído de Atenas, esa ciudad "entregada a la idolatría", Pablo va a visitar la segunda gran ciudad de Grecia: Corinto, capital de la provincia romana de Acaya, célebre desde hacía siglos por su lujo y sus lugares de placer. Allí, sin embargo, fundará Pablo una de las más importantes y florecientes comunidades cristianas.

FILIPOS
Filipos será la primera ciudad del continente europeo que recibirá la Buena Nueva de labios de Pablo. Era en aquel tiempo una colonia romana y contaba con una muy pequeña comunidad judía -tan pequeña que no contaba siquiera con sinagoga-, y será fuera de las puertas de la ciudad donde Pablo tendrá que hacer su gozoso anuncio del Cristo resucitado.

TESALÓNICA
La ciudad que hoy llamamos Salónica, y que ha recobrado, tras la segunda guerra mundial, su viejo nombre, tenía una vida muy intensa cuando Pablo visitó por primera vez en el curso de su segundo viaje misionero. Los romanos la habían hecho capital de la provincia de Macedonia y con ello la habían conducido a una gran prosperidad.

PATMOS
"Yo estaba en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo..." Sin este versículo del Apocalipsis, muchos pasarían hoy de largo ante esta pequeña isla perdida en el mar Egeo, ante sus tierras calcinadas, quemadas por el sol, que no ofrecen a la mirada del navegante más que un aspecto desolado. Pero el recuerdo de Juan y la magia del Apocalipsis parecen latir, vivos aún, en esta desolación.


Efeso


Atenas


Isla de Malta


Patmos


Valor Histórico de los Hechos de los Apóstoles
San Lucas fue muy meticuloso en la elaboración de este libro

La desconfianza que, entre los críticos racionalistas, tuvo la historicidad de los Hechos, ha cedido en las últimas décadas. Para los críticos católicos y para la tradición cristiana, el libro de san Lucas ha tenido siempre un altísimo valor histórico. Lucas muestra haber hecho una labor de recopilación, valoración e interpretación de fuentes muy profunda, seria y rigurosa que le califican, humanamente hablando, como gran historiador. La síntesis que él nos ofrece, ha resistido excelentemente las objeciones de conjunto y aun de detalle de los más exigentes críticos se-rios de la actualidad. Claro está que a él no le interesaba la "pura historia científica" como interesa a un investigador moderno; Lucas no pretende hacer "historia por la sola historia" sino que es un escritor religioso, que parte de aconte-cimientos realmente sucedidos. Aunque muchos de sus relatos no pueden confrontarse con otras fuentes historiográficas, las coordenadas geográficas, cronológicas, sociológicas, y políticas, confrontadas con la historia profana, la geografía y arqueología, y aun los otros escritos neotestamentarios, especialmente las cartas de S. Pablo, son muy sólidas, y presentan coincidencias exigibles para concederle la mejor veracidad histórica.
Esta meticulosidad por lo realmente sucedido se observa también en lo relativo a la trasmisión de los muy numerosos discursos, sobre todo de Pedro y Pablo, comentados en los Hechos. Causa admiración la coherencia de contenido, estructuras y fórmulas de cada uno de esos discursos con las circunstancias que críticamente hoy día pueden reconstruirse cada uno de ellos. De tal modo esto es así, que podemos afirmar el sumo cuidado con el que Lucas se informó de los discursos en los que él no fue testigo. En conclusión, los discursos publicados ofrecen un altísimo grado de historicidad y credibilidad, al mismo tiempo que patentizan la ejemplar honradez con la que Lucas supo informarse y resumir el contenido de cada uno de ellos.
Tal grado de credibilidad histórica refuerza el valor de los Hechos como testimonio doctrinal de la fe de la primitiva Iglesia Cristiana, regida por los Apóstoles y guiada a cada paso por la fuerza invisible y muchas veces también visible del Espíritu Santo: de ahí el alto valor paradigmático de este libro para la fe y la doctrina de la Iglesia de todos los tiempos.
Finalmente, unas palabras sobre los llamados sumarios que aparecen en los Hechos. Los suma-rios son resúmenes que sintetizan, compendian o generalizan en muy pocas palabras, series de episodios, a los que van unida, de modo más o menos importante, una interpretación o valo-ración doctrinal. Existen en casi todos los libros canónicos del Nuevo Testamento. En los Hechos se exhiben muchos (por ejemplos, 2,42-47; 4,34-35; 5,42; 8,25; etc.). Los mismos sirven para dar estructura coherente a los episodios pormenorizados y no distraer la atención del lector de otros muchos detalles, de los que el hagiógrafo no estima oportuno entretenerse. Lucas hace en ellos una labor verdaderamente inteligente y original, aunque para una cierta parte de ellos puede ha-berse basado en ciertos sumarios ya confeccionados, bien por escrito o bien en la tradición oral precedente.


Fuente: Enciclopedia GER.

 

 

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